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Guía de Formación

 

1993

Inglés: Reedición 2006 - PDF - 655 kb
1993 - Word - 1 MB | PDF - 412 kb | RTF - 1.1 MB
Español: Reedición 2006 - PDF - 633 kb
1993 - Word - 703 kb | PDF - 330 kb | RTF - 1.2 MB
Francés: Reedición 2006 - PDF - 666 kb
1993 - Word - 673 kb | PDF - 303 kb | RTF - 483 kb
Portugués: 1993 - Word - 264 kb | PDF - 228 kb | RTF - 521 kb

____________________

BenitoMis queridos Hermanos:
 Al presentarles nuestra Guía de Formación, mi pensamiento se dirige en primer lugar a los numerosos Hermanos que han contribuido directamente a este trabajo. Reciban todos ellos el agradecimiento que les manifiesto en nombre del Instituto, por este servicio que le han prestado.

Se ha recorrido un camino muy largo desde que en 1982 el Consejo General nombrara una Comisión para preparar una Guía de Formación, que había de presentarse al 18° Capitulo General, y desde que en junio de 1986 se publicara un texto ad experimentum. Al hacer la presentación de este texto, el Hermano Charles Howard dec1araba: «Toca ahora a cada uno de nosotros hacerlo eficaz, desarrollando todo lo que propone para nuestras Provincias y para nuestras vidas».

El texto preparado por el 19° Capitulo General fue aprobado por el mismo Capítulo el día 23 de octubre de 1993. Con esta aprobación, la Guía de Formación pasaba a formar parte de nuestro Derecho Propio (cf El Derecho Propio y la Guía de Formación en las Actas del 19° Capítulo General).

Nuestra Guía tiene por objetivo proporcionar a nuestros candidatos los elementos y los recursos necesarios para que puedan llegar al estado de «hombres capaces de entregar toda su vida a Dios en el seno de una comunidad apostólica marista» (C 95) y a los Hermanos para que se esfuercen por «llegar a ser adultos a la medida de Cristo» (C 110). No está, pues, esta Guía dirigida solamente a las personas en formación y a los formadores, sino a todos los Hermanos. Tal como lo expresaba yo mismo en la alocución de c1ausura del 19° Capitulo: «La Guía... es un valioso instrumento para este camino de crecimiento del formando y del Hermano. Proporciona a nuestra formación unidad, progresión, continuidad, solidez y seriedad». Si nuestras Constituciones nos guían por las sendas abiertas por Marcelino Champagnat: «SEGUIR A CRISTO COMO MARÍA» (C 3), la Guía de Formación nos explica estas sendas.

Para el Instituto, la formación continúa siendo una prioridad. Si queremos seguir siendo fieles al Señor que ha suscitado el carisma marista, a nuestra misión en la Iglesia, a los signos de los tiempos, así como a los aspirantes y a los Hermanos, llamados a crecer y a madurar, nuestra formación inicial y permanente debe ser adecuada, sólida, completa, personalizada y coherente. La Comisión capitular de Formación, en el documento que presentó al 19° Capitulo General, manifestó su convicción de que la «la Guía de Formación es un camino definido de crecimiento para el Hermano marista de cualquier edad». Éste es el documento que les invito a leer, a estudiar y a poner en práctica. En estos tiempos difíciles pero henchidos de esperanza, sepamos comprometernos a vivir el ideal de nuestras Constituciones y dejémonos interpelar por el proceso permanente de conversión al que nos invita esta Guía de Formación.

No me resisto a recordarles el espíritu y la fuerza del artículo 94 de nuestras Constituciones, referente a la pastoral de las vocaciones. Una gran parte de nuestra Guía carece de sentido si no tenemos candidatos, y éstos son el fruto de una pastoral vocacional consistente, en la que todos los Hermanos están implicados. Lo están, ante todo, en calidad de testimonio de nuestra vida, decididamente comunitaria, sencilla, alegre y comprometida con los pobres. Supone, además, una presencia cercana a los jóvenes, espacios serios de evangelización en nuestras obras, y la revitalización o creación de las estructuras necesarias para la pastoral de las vocaciones. Confío en que la lectura atenta de la Guía de Formación estimule a las Provincias, Distritos y Sectores para que opten decididamente por unos planes de pastoral vocacional y de formación serios y coherentes y que nos motive para hacer un uso creativo y audaz de nuestros recursos para llevar a la práctica esos planes, siendo capaces de poner medios importantes al servicio de unos asuntos que son urgentes y prioritarios.

En algunas regiones, tal vez convenga crear proyectos interprovinciales, a fin de asegurar la calidad de la formación y aprovechar mejor nuestros recursos.

Mis queridos Hermanos, pongo en sus manos y en sus corazones esta Guía de Formación, pidiendo a Maria, nuestra Buena Madre, que inspire nuestra pastoral vocacional y que nos enseñe a acompañar a los formandos con amor, perseverancia y discreción, procurando la conservación y el acrecentamiento de esta obra que es su obra.

Con mi profundo y fraternal afecto,

Hermano Benito ARBUÉS
Superior General

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