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Hermano, simplemente hermano

 

H. Emili Turú - Revista

Coloboración mensual del H. Emili Turú con la revista Vida religiosa

Custodios de laicidad
Marzo 2016

Carlo Molari, gran teólogo italiano, preside una eucaristía con motivo de los 200 años de la fundación del Instituto marista. Al inicio de su homilía, comparte una reflexión a propósito del testimonio de 5 antiguos alumnos (3 hombres y 2 mujeres), que habían explicado, pocos momentos antes, cómo intentaban vivir su fe en medio del mundo, tanto en su vida familiar como en el ejercicio de su profesión.

Según Molari, esos 5 testimonios de compromiso social ponen en evidencia que la mejor aportación que hacen los hermanos maristas a la Iglesia es su carácter laical, pues -y esto es ya mi propia interpretación- no formamos a los laicos para que perpetúen la institución eclesial, sino para servir al mundo.

Se trata, siempre según Molari, de combatir el clericalismo, esa plaga de la Iglesia que consiste en el hecho de que “los laicos tienden a asumir las funciones de los sacerdotes y los sacerdotes buscan invadir y dominar las actividades que los laicos tendrían que desarrollar”. En palabras del Papa: “Sin darnos cuenta, hemos generado una elite laical creyendo que son laicos comprometidos sólo aquellos que trabajan en cosas ‘de los curas’ y hemos olvidado, descuidado al creyente que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe. Estas son las situaciones que el clericalismo no puede ver, ya que está muy preocupado por dominar espacios más que por generar procesos”.

Creo que, justamente por nuestro carácter laical, los religiosos hermanos y, por supuesto, las religiosas, estamos llamados, de manera especial, a esa delicada tarea de ser custodios y promotores de laicidad en el seno de la Iglesia. Primero con nuestra vida, evitando la tentación de dejarnos “sacralizar” con funciones, lenguajes, estilos de vida, vestimentas… que no nos corresponden, y luego facilitando que laicas y laicos puedan ser realmente “los verdaderos protagonistas de la historia. No por una concesión nuestra de buena voluntad, sino por propio derecho y estatuto. Los laicos son parte del Santo Pueblo fiel de Dios y, por lo tanto, los protagonistas de la Iglesia y del mundo; a los que nosotros estamos llamados a servir y no de los cuales tenemos que servirnos” (Papa Francisco, 19/3/2016).

 

Post-truth
Febrero 2016

Post-truth (post-verdad) ha sido elegida como palabra del año 2016 por los lexicógrafos de los Diccionarios Oxford ya que, según ellos, su uso se incrementó en un 2000 % a lo largo del año que termina.

Post-truth significa que la verdad y los hechos objetivos son irrelevantes, y que tienen menos influencia en la creación de opinión que las llamadas a la emoción o a las creencias personales. En otras palabras: se miente descaradamente, si esto es útil para ganar votos. Los ejemplos que usaron para apoyar su elección de post-truth como palabra del año fueron las campañas pro-Brexit y la del Sr. Trump.

Me pregunté durante días qué influencia estaba teniendo esta época post-truth en nuestras vidas y qué significaba para la vida religiosa. En este sentido, mi participación en la Asamblea de la Unión de Superiores Generales (USG) del 23 al 25 de noviembre me resultó muy iluminadora.

De manera especial, la intervención de Michael Anthony Perry, superior general de los Franciscanos (OFM), el cual nos explicó, con toda sencillez y transparencia, su experiencia de fracaso institucional, concretamente sobre una mala gestión financiera. Podían haber optado por esconder el problema y buscar soluciones alternativas, pero prefirieron optar por la verdad y la transparencia porque -decía- la verdad contiene un poder escondido, y sólo a través de la búsqueda de la verdad será posible vivir la auténtica naturaleza de nuestra vocación, que es carismática y profética.

Prefirieron la verdad, porque lo contrario significaba sacrificar la propia dignidad, identidad y autenticidad, así como la llamada a ser una voz profética ante el mundo.

¿No es esta la respuesta a mi pregunta sobre cuál es el papel de la vida religiosa en este mundo donde post-truth se convierte en palabra del año?

Ante la tentación de reproducir lo que ocurre en nuestras sociedades, estamos llamados a adoptar la postura profética de ir contra-corriente, especialmente cuando se trata de nuestros propios pecados institucionales. Ante la tentación de ignorar la realidad o de proteger a la institución a toda costa, optamos por la verdad y la justicia, que no están reñidas, evidentemente, con la misericordia. La misericordia y la verdad se encuentran; la justicia y la paz se besan (Sal 85,10).

 

Un secreto de la Iglesia
Enero 2016

Es simplemente un hermano. Esto es lo que he escuchado más de una vez, cuando alguien se refería a un religioso hermano. Creo que la frase refleja una cierta mentalidad, bastante difusa, de que el religioso hermano se quedó a mitad de camino de algo superior que, por supuesto, sería la ordenación sacerdotal.

Constatamos que no siempre la vocación del religioso hermano y, como consecuencia, de las religiosas, es bien comprendida y estimada dentro de la Iglesia. Así dice la introducción al documento Identidad y Misión del Religioso Hermano en la Iglesia, publicado hace un año por la CIVCSVA.

Ese documento, que nació con la finalidad de aportar luz sobre la identidad del religioso hermano y sobre el valor y la necesidad de esta vocación, ha sido publicado en Nairobi por una editorial de una Congregación religiosa. En su portada, debajo del título, una foto de sacerdotes en clergyman. Y por si no fuera suficientemente evidente, en la contraportada se explica que son sacerdotes cantando y danzando en la Plaza de San Pedro… ¡Maravillosa manera de contribuir a aportar luz sobre la identidad del religioso hermano!

Bien está que se haya publicado el documento, aunque no está claro quién se lo ha leído, ¡empezando por la casa editora de Nairobi! Lo que no me parece tan claro es que este tipo de documentos vaya a afectar mucho a la imagen mental que muchos en la Iglesia tienen sobre los religiosos varones, según la cual lo normal es que estos sean ministros ordenados. Una imagen mental que expresa una pobre teología de la vida religiosa y que se refuerza por la manera cómo vivimos la liturgia: ¿recuerdan la foto de la eucaristía final del año de la vida consagrada en la Basílica de San Pedro, donde los religiosos sacerdotes revestidos con alba ocupaban al menos la mitad de la nave central?

En este contexto, esta columna mensual quiere ser un humilde recordatorio de que todos, en la vida consagrada, debiéramos privilegiar nuestro ser hermanos, simplemente hermanos, porque forma parte de nuestro DNA. De eso y de otras cosas intentaré escribir durante este año, desde mi vocación de hermano, uno de los secretos de la Iglesia mejor mantenidos, según John L. Allen.

¡Feliz año 2107!

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