Inicio > Laicos > Vocación laical > Identidad del laico marista

 


 


 



 


Emili Turú - La Valla: casa de la luz

Emili Turú
Superior general



 

FMSI

Conectarse

Hermanos maristas

RSS YouTube FaceBook Twitter

 

Foto de hoy

Francia: Comisión europea Hermanos Hoy, Paris

Hermanos maristas - Archivo de fotos

Archivo de fotos

 

Últimas novedades

Archivo de novedades

 

Calendario marista

27 mayo

Santos: Agustín de Cantorbery y Cirilo.

Calendario marista - mayo

Identidad del laico marista

 

III asamblea provincial América central y Puerto Rico
2004-19-12: Prov. América Central

Bajar WORD (50 kb)

IDENTIDAD CRISTIANA LAICAL


Identidad del Laico

Somos fieles cristianos que vivimos en familia y estamos inmersos en las actividades del mundo.  Estamos incorporados a Cristo mediante el bautismo, y unidos  con los sacerdotes y religiosos formamos  el  Pueblo de Dios.  Como bautizados  somos  participes de la función profética sacerdotal y real de Jesucristo.  Por tanto, estamos llamados a anunciar con alegría y esperanza  la buena nueva del Reino, denunciamos las situaciones de pecado e injusticias que existen en el mundo de hoy.  Celebramos nuestra fe en familia y en comunidad y por voluntad de Dios somos herederos del Reino.     (cfr LG 31).  

 

Nuestra Vocación

Nos sentimos llamados a vivir el compromiso de nuestro bautismo desde el lugar donde nos encontramos y de acuerdo con el estilo de vida cristiana por el que hemos optado. Aunque no todos en la Iglesia marchan por el mismo camino, sin embargo, todos están llamados a la santidad. (cf. 2 Pe 1,1) (LG 32).  Estamos llamados, a pleno título, a esta común vocación, sin ninguna diferencia respecto de los demás miembros de la Iglesia: Todos los fieles de cualquier estado y condición están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, todos los fieles están invitados y deben tender a la santidad y a la perfección en el propio estado. (cfr LG 39-42)

Al encontrarnos con nuestros hermanos nos sentimos llamados a dar frutos desde el lugar donde estemos, siguiendo la propia vocación. No somos simplemente los obreros que trabajan en la viña, sino que formamos parte de la viña misma: «Yo soy la vid, ustedes los sarmientos» (Jn 15, 5), dice Jesús.

 

Nuestra Responsabilidad

Nosotros como laicos nos sentimos responsables de la proyección del Reino. Estamos llamados a construir un Reino de verdad,  justicia,  amor, paz, vida y  santidad.  Pío XII decía: «los laicos, deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia; es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra». 

 

Identidad del Laico Marista

Un laico llega a ser Marista cuando se compromete y asume el modelo de María. 

            Como laicos marista procuramos vivir nuestra  adhesión al proyecto de Jesús al estilo de María: desde la sencillez del trabajo cotidiano, desde la escucha, la fraternidad y la oración.

Acogemos con gratitud el Don que Jesús hizo a la humanidad desde la Cruz: “ Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, María... Jesús viendo a su madre y junto a ella el discípulo que amaba dice a su madre: Mujer ahí tienes a tu hijo y luego dice al discípulo: ahí tienes a tu madre, y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. ”  (Jn 19, 25a-, 26 27) y sintiéndonos hijos suyos procuramos tenerla como modelo de fidelidad, obediencia y confianza a Dios.

Al estilo de Champagnat somos testigos de la ternura de Dios a todas las personas, de modo especial damos testimonio de este amor entre los niños, los jóvenes y los necesitados. Es aquí donde queremos anunciar, con nuestra vida y nuestras acciones que Jesús sigue vivo y que nos ama.

Sentimos que al acercarnos a la Comunidad Marista hemos encontrado una manera diferente de vivir. En el encuentro con los hermanos, en la misión compartida, en las reflexiones conjuntas y en la fraternidad  descubrimos un dinamismo que nos humaniza y nos potencia. En el discernimiento conjunto descubrimos nuevas formas de hacer realidad desde nuestras posibilidades, el proyecto del Reino.

Desde nuestras comunidades y familias queremos responder a los diferentes llamados que la iglesia nos hace: a Evangelizar, a servir,  a construir relaciones fraternas, solidarias y cálidas y a celebrar la fe.

 

CARISMA MARISTA

Una Opción de Vida

Somos laicos que hemos optado por el estilo de vida marista, al cual nos hemos sentido llamados a seguir día tras día y el que nos motiva a vivir las virtudes de María, nuestra Buena Madre, ya que su amor es el que nos da fuerza en nuestra jornada como se la dio a Marcelino Champagnat “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (sal. 126).

            Desde la experiencia laical descubrimos los siguientes elementos como parte de nuestro carisma marista: Espíritu de sencillez, espíritu de familia, amor al trabajo, presencia de Dios y Amor a María.

           

ESPÍRITU DE SENCILLEZ

 

Valor Evangélico

La sencillez y la humildad son virtudes esenciales del  carisma marista que nos ha heredado San Marcelino. Seguimos el modelo de Jesús, quien por amor, se despojó de todo y vivió con sencillez hasta morir en la cruz.

Este valor evangélico, debemos reflejarlo en una vida que implique sencillez de hecho y de espíritu, viviendo y enseñando a vivir sin excesos, logrando un trato espontáneo y cercano con Dios y el prójimo. Reconociendo nuestras limitaciones nos abandonamos con plena confianza en el  Señor.

 

Un Estilo de Vida

Optamos por la sencillez como un elemento fundamental de nuestro estilo de vida a través de la disponibilidad inmediata, desinteresada y de la transparencia en nuestro actuar, como decía nuestro fundador: “Haciendo el bien sin ruido”.

Con humildad y gran sensibilidad, debemos desarrollar la empatía con los demás, con una mente abierta al cambio y con capacidad para crecer con la ayuda y las experiencias de los otros. Valorando la alegría como la manifestación más palpable de una vida sencilla.

 

Autenticidad

            Como laicos maristas nos esforzamos en conocernos, aceptarnos y amarnos, fortaleciendo una relación auténtica con los demás.

            Desarrollamos un trato sencillo con Dios, los hombres y las cosas, de manera que vivamos el desapego y el rechazo a las falsas apariencias, que amenazan nuestra relación con el prójimo.

 

ESPÍRITU DE FAMILIA

 

La Fraternidad, Identidad del  Cristiano

            La fraternidad es una característica, definida como un estilo de vida, con un espíritu de familia cuyo modelo es el Hogar de Nazaret. Esta característica ha estado en la iglesia desde el principio, en Juan 17, 21 nos dice: “que todos sean uno, como Tú, Padre, en mí , yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros para que el mundo crea que Tú nos has enviado”; y  más adelante en Hechos de los Apóstoles , nos menciona acerca de la primeras comunidades cristianas, que compartían los bienes, la oración, las enseñanzas y la Eucaristía ( cfr. Hech. 2,42-47).


Elementos de la Fraternidad

            La fraternidad marista va más allá de lazos familiares y fronteras geográficas, la compartimos con todos aquellos que se sienten identificados con el carisma marista. El trabajo en equipo donde los talentos individuales se integran en talentos comunitarios permite la superación de las diversas dificultades que nos presenta la vida y compartimos con alegría nuestros éxitos.

            La Iglesia, comunidad de comunidades,  nos permite vivir la Palabra de Dios en fraternidad. 

Vivir en fraternidad es fundamental para la integración de los otros valores que definen el carisma marista como: sencillez, humildad, solidaridad, fidelidad, etc. “Nuestras comunidades se convierten así en un ámbito de amistad y de intercambio en el que se desarrollan las cualidades humanas y espirituales de cada uno de sus miembros” (cfr. C.H.M. 51).

La vida en fraternidad se desarrolla sobre actitudes tales como: respeto y corresponsabilidad, fidelidad humana, aceptación de  los otros, disponibilidad, capacidad de perdón y entrega a los demás.

 

Frutos de la Fraternidad

            “Un solo corazón y un mismo espíritu” (cfr.T.E.) es el resultado de vivir en fraternidad, compartiendo y generando vida, misión y fraternidad a nuestro alrededor. La solidaridad afectiva y efectiva enmarca estos resultados.

            Experimentar la vida en fraternidad centra nuestra vida en la persona de Jesús manifestándose en nuestro deseo de vivir el carisma marista.

 

AMOR AL TRABAJO

 

Dignidad del Trabajo

            El trabajo dignifica al hombre y promueve su autorrealización, considerada como una necesidad humana que nos hace ser mejores personas con nosotros mismos y con los demás.

            Debemos trabajar con disponibilidad, responsabilidad y alegría; de esa manera ponemos los dones que el Señor nos ha regalado al servicio de los demás y colaboramos con la transformación del entorno.

            Trabajando con amor, generamos actitudes positivas y somos copartícipes de la creación y por tanto, de la construcción del Reino de Dios.

 

Pedagogía del Esfuerzo

            Es importante el trabajo en equipo, educando con la pedagogía del esfuerzo y la tenacidad, para que el amor al trabajo se vea realizado en la planificación y evaluación de cada uno de los proyectos que se realicen.

            El desempleo es una grave amenaza para lograr la autorrealización de las personas, por lo que debemos ser creativos para fomentar en ellos la dignidad, autoestima y perseverancia para encontrar, mantener y valorar el trabajo.

 

PRESENCIA DE DIOS

 

Jesús, Centro de Nuestra Vida

            Heredamos de Marcelino Champagnat el sentido de la presencia de Dios; él entendía ésta como la certeza de que Dios nos acompaña en todo momento de nuestra vida, tal como lo podemos ver en los márgenes de los manuscritos del padre Champagnat, donde  encontramos garabateada la frase “Vous le savez mon Dieu” (Tú lo sabes Señor).

            En cuanto a la facilidad de contacto del padre Champagnat con Dios, conocemos bien esta reflexión del fundador en donde afirma que, para él, le es tan fácil recogerse en las calles de Paris como en los bosques del Hermitage. Su biógrafo subraya igualmente la apertura de esta alma a las relaciones con Dios.

            “La oración era su elemento y se entregaba a ella con tanta facilidad y alegría que parecía como que le era natural” (Vida, II parte, cap. IV p.52).

            El centro de nuestra vida es la persona de Jesús y su evangelio, desde esta experiencia se ilumina toda la vida. Nuestro ser y actuar cobran pleno sentido en esta experiencia cristocéntrica.

 

Espiritualidad Apostólica

Nuestra espiritualidad, el modo de relacionarnos con Dios, es de carácter apostólico. Surge del valor de la humildad que nos hace sentirnos pequeños ante Dios, como niños necesitados. Nos lleva a descubrirnos a  nosotros mismos y a los demás como imagen e hijos de Dios y el encuentro con el hermano se convierte, de esta manera, en sacramento. Mantenemos unas relaciones de acogida, respeto y transparencia con los demás.

            Mediante momentos fuertes de oración personal y comunitaria, la lectura asidua de la palabra de Dios y la comunión frecuente, buscamos “taladrar” nuestra propia realidad. Descubrimos a Dios presente en toda nuestra vida y ésta presente en el amor de Dios.

            “A ejemplo del fundador, vivimos en presencia de Dios y sacamos nuestro dinamismo del misterio de Belén, de la Cruz y del Altar. El éxito de nuestro trabajo lo esperamos sólo de Dios, persuadidos de que si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los constructores” (CHM No.7)

 

Compromiso por el Reino

Cautivados por el amor de Jesús y María, a ejemplo de Marcelino Champagnat (CHM No.2), nos comprometemos en la construcción del Reino ahí donde el Señor nos ha puesto participando de esta manera en la misión evangelizadora de Jesús: “Vayan y anuncien la Buena Nueva a todas las naciones”.

 

CON MARIA COMPAÑERA DE CAMINO

 

Imitamos sus Virtudes

            Al igual que el padre Champagnat “contemplamos la vida de nuestra Madre y Modelo para impregnarnos de su espíritu.  Sus actitudes de discípula perfecta de Cristo inspiran y configuran nuestro ser y nuestro actuar” (CHM 4): 

En la Anunciación, María acoge la palabra de Dios y se abandona a la acción del Espíritu Santo (Cfr. CHM 18). 

En el Magnificat, María nos revela su corazón y nos da ejemplo de servicio y disponibilidad, sirviendo a su prima Isabel. 

            María en Belén, nos enseña a hacer presente a Jesús entre los hombres.

            Al igual que  en las bodas de Caná, descubrimos la fuerza intercesora de nuestra madre, que nos motiva a invitar a los demás a “hacer lo que Él nos diga”.

            María oculta en la vida pública de Jesús, nos enseña a ser sencillos.

            Con María al pie de la cruz descubrimos el sentido del dolor, capacidad de perdón y nos solidarizamos con la miseria del mundo.

            Finalmente con María, Madre y compañera de la Iglesia, en Pentecostés, aprendemos a crear comunidad.

 

 

Amor y  Devoción, Herencia de Marcelino Champagnat

            Nuestra devoción a María, al igual que la del padre Champagnat tiene sus orígenes en la fe sencilla de nuestros pueblos.  Descubrimos en el rezo del rosario una práctica que nos acerca a ella.  Celebramos con gozo las fiestas marianas que nos propone la Iglesia.

            Marcelino Champagnat nos enseña a confiar en María como Buena Madre y Recurso Ordinario;  la  sentimos presente en la historia del Instituto y en nuestras vidas. Junto a los hermanos afirmamos que Ella lo ha hecho todo entre nosotros.  “Queremos hacerla conocer y amar como camino para ir a Jesús” (CHM 4).

 

María, Modelo de Mujer

            La vida de María nos lleva a reconocer el valor de la mujer como persona, madre, esposa y amiga. Respetamos a todas las mujeres de igual manera; nos esforzamos por enseñar ese respeto y amor hacia ellas,  procurando un mundo sin desigualdades, especialmente de género.

 

LAICO MARISTA EN MISIÓN

 

Laico en el Mundo

            Nuestra identidad y carisma como laico marista nos impulsa a ser respuesta a las interpelaciones que nos hace el mundo.  A través de la vivencia de los valores de sencillez, espíritu de familia, amor al trabajo y testimonio de vida pretendemos ser agentes de cambio en nuestra familia, trabajo, escuela y realidad social, convirtiéndonos en constructores del Reino.  Nuestra misión es amar a Jesucristo y hacerlo amar al estilo de María.

 

 

MISIÓN EN FAMILIA

 

El Laico en Familia

“A donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo es el mío, tú Dios es mi Dios; donde tú mueras allí moriré y allí me enterrarán.  Sólo la muerte podrá separarnos.” (Ruth 2, 16-18)

El laico marista, al igual que el hermano,  acepta la llamada de Dios para vivir su vocación marista desde la familia siguiendo el modelo de Nazaret caracterizado por la sencillez, la confianza, la alegría, el olvido de sí, el perdón y la ayuda mutua.  El amor por Cristo es el centro en torno al cual gira la vida familiar.  La familia no es un conjunto de individuos que se encuentran por casualidad: son personas que se unen para vivir una experiencia común desde su vocación y construir un camino de vida y fe.

La vivencia de las virtudes maristas y la fraternidad nos ayudan a relacionarnos en familia y a vivir en Iglesia como María, compañera de camino y Buena Madre.  La sencillez es uno de los elementos claves del carisma y por lo tanto de la identidad del laico y la familia marista. El deseo de Champagnat fue ver a los hermanitos de María siempre unidos en un solo corazón y  un mismo espíritu.

El espíritu de familia marista se vive compartiendo nuestros valores, fundamentados en el amor a través de actos concretos de la vida diaria. 

 

Espiritualidad Marista

Como laicos maristas promovemos la oración, la comunión y el crecimiento en la fe.  Nos identificamos como miembros activos de la Iglesia.  Los laicos maristas se hacen presentes y operantes en la Iglesia , en los lugares y condiciones donde ella no puede ser sal de la tierra sino a través de nosotros, convirtiéndonos en testigos e instrumentos vivos de la misma Iglesia.  Las obras y proyectos apostólicos, la vida conyugal y familiar, el trabajo cotidiano, el descanso, incluso las molestias de la vida se convierten en hostias espirituales presentadas a Jesucristo.  Los laicos somos llamados por Dios para contribuir desde dentro a modo de fermento a la santificación mediante el ejercicio de nuestras propias tareas. 

 

Compartir en Familia

Estamos llamados a ser llama viva en los hogares.  La familia es nuestro primer campo de apostolado, en el cual transmitimos y compartimos nuestra espiritualidad marista.  Vivimos la transparencia en nuestros hogares para que florezca la comunicación y crezcamos en amor fraterno.    De esta manera la familia será un lugar de entrega, encuentro profundo y oración.  Educamos a nuestros hijos de manera cristiana, inculcando los valores maristas de sencillez, solidaridad y amor al trabajo.  Les ayudamos a que descubran y respondan a su vocación en la Iglesia y en el mundo.  Compartimos la experiencia de fe, descubriendo el rostro de Dios en los acontecimientos de cada día.

El niño y el joven son parte íntegra de la familia.  En ella encuentran un lugar de apoyo y crecimiento.  Invitamos a los jóvenes a un diálogo de vida que los ponga en relación con la palabra de Dios.  Respetamos y animamos a que expresen, en su propio lenguaje, sus aspiraciones, planteamientos y decisiones.  Los jóvenes aportan sus esperanzas e ideales juveniles y se comprometen en el logro de la armonía, unidad familiar y ayuda al necesitado. (Cfr. Movimiento Champagnat 16) Su presencia confronta nuestra vida y nos interpela.

 

Proyección Apostólica

La vivencia familiar marista nos invita a ver la realidad y actuar ante ella bajo el apoyo de la fe, ser verdaderos testimonios de vida, esperanza y caridad. Fieles cristianos que apoyados en la fe ejercemos una misma misión; viviendo nuestra espiritualidad inspirados en  San Marcelino Champagnat.  “Somos familias para la misión y queremos abrirnos al servicio del mundo.  Buscamos estar atentos a las necesidades de nuestro entorno e insertarnos en la iglesia local”. (XX Capítulo General 25)  Como institución base de la sociedad, nuestro ser familia nos lleva a transformar el mundo desde la vivencia de nuestros valores.

 

MISIÓN EVANGELIZADORA Y EDUCADORA

 

Evangelizar a Través de la Educación

El centro de la misión del Padre Champagnat era “dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar”.  Los laicos nos sentimos coherederos del carisma del Padre Champagnat y compartimos la misión de los hermanos maristas, inspirados por el Espíritu de Dios, de dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar.

Nuestros jóvenes son el centro de nuestro interés, ayudándoles a adquirir conocimientos y desarrollar sus capacidades y crecer en valores, prestamos especial atención a los más débiles y vulnerables.  Tratando de crear situaciones de aprendizaje, donde todos y cada uno puedan aceptar y sentirse seguros personalmente. (Cfr. MEM 130,132)

En cada una de nuestras realidades seguimos a Marcelino como anunciadores de la Buena Nueva, presentes entre los jóvenes, viviendo con fidelidad al evangelio, con nuestro particular estilo marista.  Sentimos dentro un impulso incontenible que nos invita a “revelar a los hombres el rostro del Dios-Amor y el sentido de la vida humana” (C 79).

Nuestra vocación, como educadores en estas labores pastorales y sociales, es una llamada a ser profetas en el mundo actual, especialmente en el mundo de “los pequeños”, de aquellos que se encuentran al margen de la sociedad.(Cfr. MEM 210).

 

Formación Integral

En su sentido más amplio la educación es nuestro marco de evangelización: en escuelas, en programas sociales y pastorales, y en encuentros informales. Buscamos acrecentar la fe, compromiso, sensibilidad y solidaridad social, evangelizándoles a través de nuestras vidas y nuestra presencia entre ellos, siendo ejemplos de amor al trabajo, sencillez y devoción mariana, que nos transforma en educadores audaces, creativos e innovadores.  Ofrecemos una educación integral, sustentada en la visión cristiana del desarrollo personal y humano, educándoles para que sean agentes de cambio social, despertando en ellos un espíritu crítico y ayudándoles a tomar decisiones basadas en los valores del Evangelio. (Cfr. MEM 76,77)

Concedemos especial importancia a la formación para el uso adecuado de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, tratamos de formarles para que participen plenamente en la sociedad actual y procuramos que sean conscientes del grado de influencia que ejercen los medios para bien y para mal.(Cfr. MEM 138)

 

Presentes entre los Jóvenes con Carisma Marista

Estamos presentes de la misma manera que Jesús estaba con sus discípulos en el camino de Emaús, respetando las diferencias culturales que se cruzan en nuestra misión, afirmamos lo que tienen de positivo y nos mostramos críticos con otros valores que influyen en su conducta y en sus prioridades. (Cfr. MEM 78,81). Cada niño y cada joven es diferente.  Los diversos contextos culturales y las variadas circunstancias sociales plantean sus propias posibilidades, nos interpelan, llevándonos a desarrollar metodologías apropiadas para cada contexto.

Hacemos propio el pensamiento del Padre Champagnat de que “para educar bien a los niños hay que amarlos, y amarlos a todos por igual”, con presencia, sencillez, espíritu de familia, amor al trabajo y teniendo a María como modelo.  Con una presencia que nos lleva a acercarnos a las vidas de los jóvenes, saliendo a buscarlos en sus propios ambientes.  Sencillez que se manifiesta en el trato con los jóvenes a través de una relación auténtica y directa.

Nuestra forma de relacionarnos con los jóvenes siendo hermano o hermana para con ellos, como una buena familia, creamos en nosotros un clima de compañerismo ayudándonos unos a otros y ofreciéndonos apoyo y ánimo mutuamente. En un mundo consumista elegimos enseñar a la juventud a descubrir la dignidad del trabajo, con nuestro ejemplo. Mediante el mismo, los jóvenes aprenden que el trabajo es un poderoso medio de realización personal que da significado a la vida. (MEM 114).

 

Educar al Estilo de María

María es el modelo perfecto para el educador marista, como lo fue para Marcelino.  María, mujer laica, primera discípula de Jesús, orienta nuestro camino en la fe e inspira nuestro estilo educativo.  Llevamos la dimensión mariana a nuestras catequesis y momentos de oración con los jóvenes. Les enseñamos a amar y honrar a María y les animamos a que acudan a ella frecuentemente en la oración.

 

MISIÓN EN EL MUNDO DE HOY

 

Somos Iglesia

Como cristianos formamos la iglesia, somos iglesia y no sólo  pertenecemos a ella. Llamados a cumplir nuestra vocación como laicos  en el mundo de hoy, como “sarmientos radicados en Cristo, verdadera vid, convertidos por El en una realidad viva y vivificante” (Chl 9).

 

Somos Maristas

Nos sentimos acogidos por la vida y espíritu de Marcelino, por el amor de Jesús y María que nos mueven a ser laicos comprometidos con la misión de anunciar el Reino desde nuestros lugares de acción; sensibles y dispuestos a las necesidades de quienes nos rodean “Con María de Caná (Jn 2, 1-11), somos sensibles a las necesidades de los demás...En este tiempo en que reina el egocentrismo, nos preocupamos por los demás.”(MEM pág.79)

Esta vocación de laico, identificado con el carisma marista, nos llama a hacer una clara opción por la vida y sus implicaciones, invitándonos a ser vida y generarla en todos los espacios que toquemos con nuestra presencia, fieles al evangelio “Si alguien cree en mí, el agua brotará en él...” (Jn 7, 38)

Queremos responder a la invitación del XX Capítulo General de “Ensanchar el espacio de la tienda”, ser protagonistas y responsables de la misión marista en C.A y Puerto Rico; desde nuestra experiencia de familia, de estudiante, de profesional, de cristiano, para trabajar de manera compartida por los más desatendidos y marginados de una sociedad cada vez más materialista y menos humana.

“Los que compartimos la misión marista estamos invitados a comprometernos libre y generosamente con el mismo carisma, ya sea en calidad de religiosos  consagrados, o como laicos célibes o casados, cualquiera que sea nuestra situación o cultura. Vivimos el carisma de maneras diferentes pero complementarias. Juntos somos testigos de una unidad de historia, de espiritualidad, confianza mutua y empeño común.”(MEM 38)

 

Somos Llamados

Desde este contexto nos sentimos llamados a responder con actitud crítica y propositiva a algunos de los problemas que enfrentan nuestros países hoy, desde nuestras posibilidades y realidades concretas. Situaciones relacionadas con el irrespeto a la dignidad humana en la pobreza y la marginación, que generan violencia e injusticia; con la desintegración de la familia; con el abuso y corrupción de nuestros niños y jóvenes; con la integración acrítica de los medios y recursos tecnológicos; con la falta de fe y esperanza; con la crisis de valores humanos y sobre todo, cristianos.

 

Queremos Ser Respuesta

A la luz del evangelio y de nuestra identidad marista nos sentimos comprometidos a  formarnos y actualizarnos para responder con eficiencia y eficacia en nuestras comunidades, como agentes de transformación en la propia realidad.

Ser signos de esperanza frente a un mundo que pierde la fe. Ser santos desde nuestra realidad, nuestro trabajo, nuestro quehacer diario, desde lo cotidiano. Ser testimonio de vida desde la familia al resto de ambientes para hacer vida el compromiso de anunciar el Reino y enfrentar los acontecimientos con sensibilidad y sentido crítico.

            Fortalecidos y guiados por la acción del Espíritu Santo, acogidos por el amor de nuestra Buena Madre y animados por la fraternidad de los hermanos, nos sentimos confiados en continuar la obra de Marcelino Champagnat.

5347 visitas