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Emili Turú - La Valla: casa de la luz

Emili Turú
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Bicentenario - Recursos

Dios, Padre misericordioso, por tu bondad, elegiste a Marcelino Champagnat para enriquecer a la Iglesia y a la humanidad, con una nueva familia religiosa, los Hermanitos de María.

Han pasado doscientos años desde aquél providencial 2 de enero de 1817. Hoy, Hermanos y laicos bendecidos por la mediación de nuestro padre y fundador y motivados por su coherencia de vida, celebramos el glorioso Bicentenario de nuestro nacimiento. Lo hacemos en clave de alabanza, de agradecimiento y de perdón.

  • Te alabamos y bendecimos Señor, por la intrépida figura de Marcelino, padre bondadoso con feligreses y Hermanos, y celoso hasta el heroísmo, del cumplimiento de su misión pastoral de vicario de La Valla.
  • Te agradecemos Espíritu Santo, cuanto hizo Marcelino para ser fiel a la inspiración fundacional. Gracias por sus sueños, por la visión de futuro; gracias por sus alegrías y sinsabores.
  • Te alabamos Señor, por la presencia de María en la incipiente comunidad. Ella, la Buena Madre, el Recurso Ordinario, es garante de nuestra fidelidad y animadora de nuestras obras y fraternidades.
  • Gracias, Maestro de Galilea, por confiar a Marcelino la fundación de una sociedad de educadores. Gracias, por esa pedagogía de la presencia que instituye a cada marista en custodio de niños y jóvenes, cercano a sus vulnerabilidades.
  • Alabanza y gloria a Ti, Dios Providente, porque a lo largo del bicentenario caminar marista, nos has regalado vocaciones, jóvenes que seducidos por la figura y santidad de Marcelino, optaron por lo nuestro.
  • Te glorificamos Trinidad Santa, porque día a día ensanchas los horizontes de nuestra misión a nuevas geografías y a impostergables necesidades de los niños. Gloria y amor, porque el carisma de Marcelino está vivo y en cada amanecer busca renovarse y hacerse nuevo.
  • Cuántas gracias debemos darte Señor, por la santidad, la pedagogía y la espiritualidad de San Marcelino que cada día convocan a más laicos: docentes, exalumnos, familias, alumnos, etc., a compartir nuestro carisma y nuestra misón educativa. Son preciado patrimonio y certeza de la presencia de María y Champagnat entre nosotros.
  • Te alabamos Señor, con la pléyade de Hermanos y laicos, aprendices del evangelio, que consagran sus vidas a ser humildes sembradores del bien, de la justicia, de la verdad, de la honestidad; anunciadores de la vida y del amor de Jesús, en cada surco de la labranza marista.
  • Te agradecemos la vida y misión de quienes partieron hacia tu casa, Padre. Honramos su memoria y les recordamos en nuestras plegarias.
  • Reconocemos con devota admiración, a quienes coronaron sus vidas con el martirio y a quienes, en fecundo silencio y profícua actividad pastoral, vivieron en fidelidad su vocación, al mejor estilo de Champagnat.
  • Señor Dios de bondad, este Bicentenario nos compromete a pedir perdón; nos reclama abrir el corazón y con humilde sinceridad sanarnos con tu misericordia.
  • Perdón Señor, por nuestras cobardías, por nuestros egoísmos. Perdón, por adaptar el carisma primigenio a nuestros gustos y fantasías. Por recrear un Marcelino a nuestra medida. Perdón por nuestros enfermizos pesimismos; por la carencia de sueños, de proyectos, de alegrías. Perdón, por los miedos a vivir el evangelio de Jesús con radicalidad “marceliniana”. Perdón, por los olvidos, las “amnesias” frente a quien “ha hecho todo entre nosotros”, la Buena Madre.Perdón, por nuestros miedos a las nuevas necesidades de niños y de jóvenes, por huir de esas geografías dolorosas, que interpelan nuestro confortable aburguesamiento.
  • Trinidad Santísima, que con tu gracia, el tierno y tímido brote marista del 2 de enero del 1817, siga creciendo como árbol frondoso y fecundo, ofreciendo un cálido hogar a quienes se cobijen bajo su sombra.
  • Señor Jesùs, te bendecimos y agradecemos por este Bicentenario, don de tu gracia y bendición a nuestros esfuerzos.
  • Más allá de nuestras fragilidades, hemos cumplido una rica misión educativa, armonizando fe y cultura; integrando el ser con el hacer; mostrando a cada educando el camino de tu casa, el cielo.

Permítenos, Señor Jesús, estrenar el tercer centenario con una contagiosa esperanza, que anime, alegre e impulse a quienes nos sentimos discípulos tuyos e hijos de San Marcelino. Así será, si el estreno lo hacemos junto a María, tu Madre y la nuestra. Amén.

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H. Eugenio Magdaleno