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Dimensión femenina de nuestra espiritualidad

 

La Misión ad gentes y la presencia de la mujer

Cmi

15/07/2010: Casa general

No veo el futuro de la Misión ad gentes sin la presencia de los laicos y en particular, sin la presencia femenina de varias laicas maristas que podrían convertirse en laicas maristas misioneras. ¿Y por qué? Esencialmente por tres motivos.

1. La dimensión femenina de la Espiritualidad Marista

Durante el tiempo en que trabajé en la animación de la Comisión de Vida Religiosa y del libro Agua de la roca, descubrí lo que llamé la dimensión femenina de nuestra espiritualidad. Esta dimensión femenina viene de María y se concretiza de manera especial en los millares de mujeres que trabajan en nuestras obras y que se sienten con un corazón marista. Están lejos de ser todas las que trabajan con nosotros, pero hay muchas que viven la espiritualidad y la misión marista. Necesitamos mujeres en Misión ad gentes. Rosana, Neiva, Agnes, Alice y Christine que ya se encuentran en el grupo “Davao 2010” son un buen comienzo de esta presencia femenina. No debemos perderla. Por el contrario, debemos desarrollarla.

Así, necesitamos mujeres que tengan una excelente madurez humana y cristiana. Y en el momento de partir para la formación específicamente asiática de Davao, también es importante que ya posean un conocimiento marista razonable, que después se desarrollaría en la formación de Davao. Ese “conocimiento marista razonable” debe ser dado en la Provincia en un primer momento.

2. El rostro mariano de la Iglesia

Un segundo motivo por el que la presencia femenina es muy necesaria en nuestro proyecto es la posibilidad que tiene la mujer de dar una visibilidad más directa al ROSTRO MARIANO de la Iglesia del que tanto se habla ahora en el mundo marista. Todos somos responsables de ese rostro mariano. Pero ¿quién, más que la mujer, puede actualizarlo y hacerlo visible?
Nuestro libro de Espiritualidad Agua de la roca es muy claro: “María inspiró en los primeros maristas una nueva visión de ser Iglesia que era el reflejo de la de los primeros cristianos. Esta Iglesia mariana tiene un corazón de madre, que a nadie deja abandonado” (AdR 114). Entonces aquí la mujer con su corazón materno actualiza mejor que ningún otro ese rostro mariano de la Iglesia. Es tangible, es visible. Las cinco candidatas que tenemos en Davao podrían aquí hablar a partir de ejemplos muy concretos que ya han tenido, de la ternura y del cariño que pueden ayudar al otro, al niño en particular, a crecer, a volverse más persona, a sentirse amado con y por un corazón materno.

3. “Desead la leche espiritual”

Habría un tema bíblico que tanto el hombre como la mujer pueden actualizar. Pero pienso siempre, que la mujer puede actualizarlo de un modo que complementaría muy bien el modo masculino de vivir la espiritualidad. Estoy refiriéndome al texto de la Epístola de San Pedro que habla de la “leche espiritual”: “Como niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura, a fin de que, por ella, crezcáis para la salvación, si es que habéis gustado que el Señor es bueno”. (1 P 2, 2-3).

Me parece que estos versículos son de una belleza extraordinaria. Pedro nos habla de un crecimiento en la vida espiritual, un progreso en la vida interior, que no se realiza de una vez por todas. Es en el día a día, que se alcanza la plenitud de la vida espiritual, un poco como el niño que se amamanta con la leche materna para crecer físicamente. Pedro pasa del registro físico al registro espiritual, pero el simbolismo permanece: así como el niño crece alimentado por la madre también el hombre y la mujer espiritual crecen “amamantados” por la Palabra de Dios.

“Crecen”: no están hechos, no aparecen hechos. Esto da al crecimiento espiritual (como al crecimiento físico también) la belleza del cambio para mejor, la dinámica de un sentido espiritual más profundo que nos acerca de Dios. Ahora bien, yo creo que en todo esto, la mujer que está siempre más cerca de la vida, que siente la vida en todo su ser, en la dinámica de crecimiento y de maduración, puede convertirse, de modo especial, en la consciencia de esta plenitud de vida a la que estamos llamados. Ella puede decirnos también de manera especial el sentido de comunión de vida al que estamos llamados por el hecho de estar bautizados (y en nuestro caso por ser maristas).

En la continuación del mismo texto, Pedro habla de las “piedras vivas de un edificio espiritual y de un sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios”. Hasta aquí, esto no es específico de la mujer, pero ella puede decirlo con una profundidad “diferente” que completaría la capacidad del hombre de ofrecer también sacrificios espirituales. Ya al comienzo de la Biblia la mujer fue creada para la comunión, para “estar con”, para vivir con el hombre esta peregrinación hacia Dios que se traduce en sacrificios espirituales. No quisiera dejar perder este signo de los tiempos de la presencia de la mujer en nuestra vida y en nuestra espiritualidad. Vamos a leerlo en la perspectiva de fe y de comunión, para ser capaces de exclamar en el mundo marista, repitiendo de manera actualizada las palabras de Adán: “Bienvenida seas, hermana mía en la fe, compañera de la jornada, juntos vamos a caminar hacia Dios, viviendo como hermanos y hermanas la espiritualidad que Marcelino nos dejó y que nos une, nos convoca, nos alimenta y nos invita a ir siempre más allá por los caminos Misión ad gentes”.

Hay tantas razones para acoger a la mujer (de hecho ya lo estamos haciendo) en el mundo de la espiritualidad marista y concretamente en Misión ad gentes que todavía necesita una mayor consolidación. La mujer sigue siendo esa “fuerza hermana” que nos invita a una mayor plenitud, al pensar en la presencia de Dios en nuestras vidas. Ella nos da a beber esa leche espiritual que necesitamos de una manera única e insustituible.

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H. Teófilo Minga
Coordinador de Misión ad gentes
Roma, 20 de Junio de 2010

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