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La Misión ad gentes y la “nueva tierra”

Cmi

02/08/2010: Casa general

Hace ya algún tiempo, alguien que quería bromear conmigo, sabiendo que yo seguía en Roma, después de haberle expresado mi alegría por regresar a Portugal, me preguntó: “Finalmente ¿cuál es tu “nueva tierra”? Probablemente esperaba que la respuesta fuese: “Mi nueva tierra es Misión ad gentes”. Pero le respondí con el mismo tono de broma y con palabras que parecen una paradoja: “Mi nueva tierra es el mismo despacho”. De hecho, he cambiado de función, pero conservé el mismo despacho. Apenas si cambió la placa indicativa de la puerta. De “Comisión de Vida Religiosa” pasó a ser “Misión ad gentes”.

Pero, más allá de la broma, había algo muy claro: era el mismo despacho y la misma persona. Pero cambiaba el trabajo, cambiaba el pensamiento y hasta inclusive el método en relación con lo que hacía anteriormente. Aparecen nuevos planes y nuevas perspectivas en mi trabajo. Y todo esto exige una nueva disposición interior de apertura y de escucha. Trabajaré en el mismo espacio físico. Pero el mundo de mi trabajo es otro. Y tiene que ser otra mi actitud interior para responder a nuevas llamadas. Una actitud, en el fondo, de obediencia, es decir, una actitud de escucha de las nuevas llamadas de Dios y de los hombres. Y todo esto tiene algo de “nueva tierra”.

Con todo, la pregunta, hecha para bromear, se puede prestar a una reflexión más seria y más completa. Y sin querer hacerme el exégeta, podemos dar varias interpretaciones a esa pequeña expresión que llamó la atención de todos lo capitulares. Tanto es así que quedó en el título del documento capitular: “Con María salid de prisa a una nueva tierra”. Estoy pensando en tres posibilidades.

1. La Misión ad gentes

Es tal vez el sentido más visible de esta “nueva tierra”. Pero tiene la misma importancia que los otros sentidos que podamos adivinar en esta expresión. Hablar de Misión ad gentes significa necesariamente desplazarse hacia otro país o hacia otra zona, dentro del mismo país. Debemos partir porque “La misión ad gentes, propiamente dicha, se dirige a pueblos, grupos humanos, contextos socio-culturales en los que Cristo y su Evangelio no son conocidos” (Redemptoris Missio, 33). En el Evangelio ese desplazamiento se traduce por la palabra envío: “Como el Padre me envió, también yo os envío” (Jn 20, 21). Pablo, el apóstol de los gentiles comprendió bien que “la promesa de salvación es (también) para todos los que están lejos” (Hech 2, 39) y no dudó en comenzar sus viajes misioneros para llevar la salvación “hasta el fin de la tierra” (Hech 13, 47).

2. El hombre renovado (conversión)

Ya en el mismo Capítulo, alguien hacía notar que la nueva tierra puede ser el hombre convertido, renovado (hecho nuevo por Dios, ‘nueva tierra’ en la que Dios habita y es el centro). Me pregunté si quien hizo esta intervención sería algún biblista acostumbrado a meditar la Palabra de Dios, quizás inclusive en hebreo. De hecho la primera página histórica de la Biblia comienza con el llamado de Dios a Abraham que se adapta muy bien a la idea polifacética de “nueva tierra”. “Dijo Dios a Abram: ‘Ve para ti (=leq-leka) de tu tierra … a la tierra que yo te mostraré (Gn 12,1).

Abraham partió de su país. Pero no se trata solamente de un viaje geográfico. Sale hacia su propia persona y su capacidad de transformarse en una persona libre. Notemos que el texto no dice simplemente: “Sal de tu tierra”, sino “ve para ti de tu tierra”. Esta expresión no suena muy bien en nuestras lenguas y aún en la gramática hebrea es una locución especial llamada “dativo ético”. Se trata de un viaje diferente, no solamente físico, sino un viaje que nos hace volver al interior de nosotros mismos, para descubrir nuestro propio yo y ver donde estamos. Para después comenzar el trabajo de nuestra propia liberación hasta llegar a ser verdaderamente libres como el evangelio nos propone. Así transformados, esto es, renovados por Dios, nos transformaremos en seres acogidos y acogedores. Y acogeremos la bendición de Dios en nuestras vidas como sucedió con Abraham. Somos bendecidos y bendecidores. Y el texto bíblico continúa: “Yo te bendeciré y en ti serán bendecidas todas las naciones de la tierra” (Gn 12, 3).

Las nuevas experiencias y las nuevas esperanzas

La nueva tierra puede ser también la novedad de algunos temas que, de algún modo, ya se viven en el Instituto. Además de los dos aspectos mencionados (Misión ad gentes y conversión) el Capítulo se hizo eco, con una fuerza fuera de lo común, de algunos de estos temas. Indico estos cuatro:

• El tema de la vocación de los laicos y las experiencias comunes de vida, de formación y de misión que ya se hacían en el Instituto;
• Dio nueva fuerza y vigor también al tema mariano, visto desde la perspectiva de la Visitación: “Con María, id deprisa…”
• El tema de internacionalidad y de la multiculturalidad ya presente en muchas partes del Instituto, pero que tiene que seguir desarrollándose y consolidándose; y muy en relación con este tema está el tema de la solidaridad ad intra y ad extra de la Congregación.
• El mismo tema de la urgencia sobre el que el Capítulo insiste también con fuerza y vehemencia. Muchos de estos temas, no son completamente nuevos. El sentido de urgencia (¡donde quiera que estemos!) se impone porque parece que ya es tiempo de comenzar a cosechar algunos frutos y que éstos parecen tardar. Hace más de 40 años, ya nuestro querido hermano Basilio hablaba, usando la bella expresión de Yves Congar, de una “nueva aurora que debía nacer”. Esta expresión es muy amplia y en ella podemos ver la necesidad de conversión, de misión renovada, de ánimo en la esperanza, de solidaridad creativa… y tantos ecos de este Capítulo y de los Capítulos anteriores.

Entonces es tiempo ya de partir y de prisa, para que no se pierda lo nuevo que está apareciendo. El Capítulo es una invitación a descubrir esta nueva tierra que puede ser polifacética. Puede estar lejos. Pero también puede estar a la vuelta de la esquina de nuestra casa. O más cerca todavía: dentro de nosotros mismos.

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H. Teófilo Minga
Coordinador de Misión ad gentes
Roma, 14 de abril de 2010

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