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La contribución de hermanos y laicos en la misión

 

La misión ad gentes como promotora de vitalidad en el Instituto

Cmi

28/02/2011: Casa general

Hace poco, exactamente el día 29 de junio de 2010, el Cardenal Claudio Humes, arzobispo emérito de Sao Paulo, publicaba una circular sobre “LA IDENTIDAD MISIONERA DEL SACERDOTE EN LA IGLESIA”. Publicaba este documento en su calidad de Prefecto de la Congregación romana para el Clero. Sintiéndome implicado en el nuevo Secretariado, creado recientemente en nuestra Congregación con el nombre de “COOPERACIÓN MISIONERA INTERNACIONAL” dentro del cual se encuentra todo el trabajo de ad gentes, he pensado en modificar un poco este título y escribir sobre “LA IDENTIDAD MISIONERA DEL HERMANO Y DEL LAICO MARISTA.

Ampliar así los horizontes no es equivocado porque, como aprendemos con las bases elementales de la Eclesiología, la misión es una dimensión constitutiva de la Iglesia. En otras palabras, no existe Iglesia sin misión. De hecho el Cardenal Claudio Humes comienza su carta con lo que yo llamaría un axioma eclesiológico: “La Iglesia peregrinante en su naturaleza es misionera”.

La congregación marista y sus miembros, hermanos y laicos, se encuentran por tanto integrados en ese dinamismo misionero de la Iglesia. Además cualquier congregación nace para una misión en el interior de la Iglesia y aún de la sociedad. Es bien conocida la misión de la congregación desde los tiempos del Padre Champagnat: la educación cristiana de la juventud. La frase tradicional que conocemos es que nuestra misión consiste en formar buenos ciudadanos y buenos cristianos. La Administración general actual es consciente de la misión dejada al Instituto como razón de ser de su existencia. Y lo expresó muy bien, expresando la misión con términos actuales de nuestro siglo XXI, de un modo más abarcador, pero considerando siempre a la juventud como campo propio: “Seguir desarrollando la misión marista, como parte de nuestra identidad y alimento de nuestra espiritualidad, especialmente en tres de los aspectos subrayados por el Capitulo general: una presencia más significativa entre los niños y jóvenes pobres, la evangelización y la defensa de los derechos de los niños y de los jóvenes”. No podríamos tener una formulación más clara de la “identidad misionera” de la Congregación.

 

Ad gentes, una misión dentro de la misión

Dentro de esta formulación abarcadora del Consejo y mirando a su organigrama, se da una atención especial a la misión ad gentes dentro de una realidad todavía más amplia: la cooperación misionera internacional. En el fondo lo que se quiere es poner en práctica las orientaciones del Capítulo general que en dos lugares, de modo muy explícito defiende la profundización y el desarrollo de la misión ad gentes, lanzada en la Conferencia general de Colombo (Sri Lanka) en 2005.

En el documento “Carta del XXI Capítulo general”, el Capítulo, proponiendo una mentalidad “amplia” que va más allá de las fronteras del propio país, dice: “Desarrollamos una mentalidad internacional e intercultural de la misión marista. El Proyecto ad gentes nos invita a fortalecer nuestro espíritu misionero en el Instituto” (Documento del XXI Capítulo general, pág. 23).Y en el capítulo de los“Horizontes de futuro” al hablar de la misión marista en un mundo nuevo, el Capítulo concretiza de modo general, pero sin dejar espacio para la ambigüedad o las dudas, 8 propuestas de acción. En el nº 7 se habla de ad gentes:“Dar un mayor impulso a la misión ad gentes en Asia, y extenderla a otras áreas donde el discernimiento nos haga ver que hay necesidad” (Documento del XXI Capítulo general, pág. 43).

Con otras palabras estamos hablando de vitalidad. “Discernir la necesidad” de una provincia o de una región es una invitación a actuar en consecuencia para que en esa provincia o región haya más vida, para que tenga más vitalidad. Así se expresaba el Proyecto ad gentes al formular sus objetivos en 2005. Después de formular el objetivo general se mencionaban seis objetivos específicos. El objetivo nº 4 decía: “Establecer comunidades maristas en países pobres de Asia donde hasta ahora no hay una presencia marista”. Y el nº 5 concretizaba: “Enviar un pequeño número de hermanos y laicos a provincias que todavía no tengan el suficiente nivel de vitalidad y viabilidad necesario para su desarrollo futuro”.

Podemos entonces resumir que desde el comienzo de la fundación del proyecto ad gentes hay tres elementos que son muy claros:

1.      El proyecto se integra en la tradición misionera del Instituto que nace con el nacimiento del Instituto. El Instituto nace misionero. Y la misión es la razón de ser del Instituto. Y desde el comienzo, podemos decir, la misión ad gentes estuvo siempre en la práctica del Instituto. Una práctica que se ha vivido a lo largo de los 200 años de historia del Instituto y que desde 2006 se sigue poniendo en práctica, con grupos de hermanos y laicos

2.      La misión ad gentes es parte constitutiva de la misión del Instituto y está dirigida a la viabilidad y vitalidad de las regiones o provincias más pobres donde ya hay una presencia marista. Pero está dirigida sobre todo a la implantación de nuevas comunidades en regiones o países, marcados por la pobreza, donde la vida marista todavía no existía. Con la esperanza de que la vida marista se pueda desarrollar y multiplicar allí.

3.      Desde el comienzo, el Proyecto Misión ad gentes fue concebido para hermanos y laicos maristas que deseen hacerse laicos misioneros maristas. El grupo número 7 que pasó por Davao el año pasado es un buen ejemplo de esa realidad: fueron enviados en misión 5 laicos y 4 hermanos.

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H. Teófilo Minga - Coordinador del proyecto ad gentes
Roma, 10 de febrero de 2011.

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