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Voluntario marista de la Provincia Brasil Centro-Sul

Cmi

02/05/2014: Sri Lanka

Presentamos una intervista, realizada por el diario “Folha de Londrina”, con el laico marista Gabriel Bernardo da Silva, de la Provincia Brasil Centro-Sul. Es abogado y técnico social. Hace dos meses  marchó a Sri-Lanka, a través del Secretariado de la Colaboración Misionaria Internacional. Su experiencia durará hasta septiembre próximo y la describe a través de un blog, en portugués: http://daquiprala.com/

 

¿Cómo surgió la posibilidad de ir a trabajar en Sri Lanka? 

Hago parte de un nuevo programa de voluntariado del Grupo Marista, pero antes de mi, otras personas vivieron la experiencia de voluntario en otros países. Todo empezó al mudarme para Londrina, hace diez años. Desde esa época, participé en las actividades de voluntariado solidario promovidas por el núcleo de pastoral del colegio. A partir de esas experiencias, me sentí “llamado” a vivir una nueva entrega en el voluntariado.


¿Qué impresiones tiene del país? 

Sri Lanka es un país bien joven, conquistó su independencia en 1948, pasó por una guerra civil de casi 30 años que acabó en el 2009. En el 2004 fue asolada por el tsunami, que mató cerca de 50 mil personas. Es un pueblo formado por dos grandes etnias (cingaleses y tamiles), y cuatro grandes religiones (hinduismo, islamismo, catolicismo y budismo). La cultura y la sociedad son muy diferentes de lo que estoy acostumbrado en el Brasil, desde el modo de vestir, las comidas, la lengua, todo es muy diferente, pero muy lindo. Las personas de Sri Lanka son muy simpáticas y amables, siempre sonrientes y solícitas.


 class=imgshadow¿Y cuál es su misión? 

Trabajo en una casa/escuela junto con los Hermanos Maristas, en una ciudad llamada Kalpitiya, en el noroeste de Sri Lanka. Nuestro trabajo aquí es dar clases de inglés para los niños de la comunidad y ser presencia significativa y transformadora en sus vidas. La escuela obligatoria va hasta los 16 años. La enseñanza se da en cingalés o en tamil. Para pasar a la Escuela Media, el alumno tiene que franquear una prueba, como un vestíbulo. Si aprueba, tiene la posibilidad de ir a la Escuela Media, continuando sus estudios. Ocurre que ese vestíbulo hay que pasarlo en inglés. Donde estamos, las clases de lengua son muy deficitarias y si no aprueban ese examen, los niños aquí no tienen nada qué hacer a menos de ser pescadores o cultivar cocos como sus padres. Kalpitiya es una ciudad bien pequeña y su economía gira entorno a eso.


¿Qué es salir de su “zona de confort”?

¡Mire, es muy desafiador! Todo aquí es un gran desafío. Absolutamente todo. Pues no hay algo que esté “tranquilo” y eso hace que cada día tenga que superarme. Cosas que en el Brasil son sencillas y muchas veces la gente las hace sin darse cuenta, aquí vuelven a ser un gran desafío, como por ejemplo decir a alguien “buenos días”. Me estoy esforzando mucho en aprender la lengua que hablan los alumnos, pero incluso el alfabeto es diferente. La comida también es un gran desafío. La costumbre gastronómica de Sri Lanka y en general de toda esta parte de Asia es de utilizar muchos condimentos, muchos aliños, mucha pimienta y yo no estaba acostumbrado a ello.


¿Y la nostalgia de la familia?

La nostalgia es algo también con la cual he tenido que ver bastante. Dejé en el Brasil familia, novia, amigos y siento mucha falta de ese contacto. Pero tengo la certeza de que están muy felices de mi y apoyándome para que vuelva pronto, lleno de historias bellas para contar. En realidad, salir de la zona de confort es un gran encuentro consigo mismo, con sus limitaciones y potencialidades. Cuando uno se “vacía” de sí mismo, de su cultura, de sus costumbres, entonces uno consigue entrever mejor quién es uno mismo.


¿Cuáles son, hasta ahora, las experiencias más significativas? 

Durante estos dos meses que estoy aquí tuve muchas experiencias significativas. El día a día con los alumnos es siempre un momento estupendo. Los niños se acostumbraron ya a mi presencia, mas siempre que me ven quieren conversar, preguntar alguna cosa en portugués. Por ser brasileño, quieren jugar al futbol conmigo todo el tiempo. Un momento que me marcó fue mi primera clase. Era un grupo de siete alumnos, en una sala muy sencilla, pero el interés y el afán de los niños me marcaron.
Otra experiencia impactante fue una visita a un orfanato de niños que perdieron sus padres en la guerra o en el tsunami. Niños marcados por los desastres horribles y que no dejan de tener brillo en su mirada, aquella pureza, ¿sabe? Pensé que venía para “dar” mucho de mi, pero he percibido, en estos dos primeros meses que estoy recibiendo mucho más con las experiencias que he tenido en forma de autoconocimiento y de sentimientos positivos.


¿Cuáles son sus planes y proyectos?

Por el momento, el plan es de estar en Sri Lanka el tiempo previsto y desenvolver el trabajo lo mejor posible con esos niños, sea dando clases, estando con ellos, jugando al futbol o al cricket, que es la afición nacional. Muchas veces, tenemos aquella necesidad de “hacer, hacer, hacer” para sentir que nuestro trabajo se está realizando. Sin embargo, con esos niños, en esa experiencia, el “estar juntos”, ser presencia significativa en sus vidas y en la vida de los jóvenes cuenta mucho. 

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Folha de Londrina, Paraná - Brasil

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