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Nuevas claves en el proyecto de ‘Comunidades internacionales para un nuevo comienzo’

Cmi

26/05/2016: Italia

En la segunda semana en San Martino a Monte (16-22 mayo) nos han acompañado Enrique Martínez Lozano -acercándonos la teoría transpersonal y el modelo dual de cognición para una relectura de la espiritualidad- y los laicos Pep Buetas (co-director del Secretariado de laicos del Instituto) y Ana Sarrate (colaborada del Secretariado de laicos y coordinadora de la Comisión de laicado marista en la provincia Ibérica) -invitándonos a encender nuestras lucecitas en la mesa de la comunión-.

La espiritualidad nos permite responder adecuadamente a la pregunta decisiva: “¿quién soy yo?”, Si todo es no-separado, es el camino de la sabiduría, tal como ya se leía en el templo de Delfos: “Hombre, conócete a ti mismo, y conocerás al Universo y a los dioses”. Para acceder a nuestra verdadera identidad -a aquella dimensión profunda que constituye la fuente de lo humano, y que hemos llamado “espiritualidad”-, necesitamos acallar la mente y adiestrarnos en el Silencio para saborear lo que es. Eso requiere meditar, aprender a tomar distancia de la mente, silenciarla, hasta reconocernos en la consciencia que somos.

La espiritualidad es el saber que nos introduce en ese Territorio, que es Plenitud y que de una manera bellamente paradójica constituye nuestra verdadera identidad.

“Si pudieras estar quieto y dejar de correr de un lado para otro en busca de Dios, lo encontrarías y lo verías que Él es tu Fondo”. No se trata de alcanzar a Dios, sino caer en la cuenta de que somos en Dios.

Nuestra historia de vida la podemos vivir como historia de salvación. Dios a cada uno, nos dice algo nuevo, personal… que son “destellos” de su Presencia entre nosotros. En esa historia en algún momento se nos hizo presente un modo y un estilo de vivir a ese Dios amor, que es el estilo de María que heredamos de Champagnat. Forma parte del relato de nuestra vida que se ha ido tejiendo de experiencias, encuentros y personas.

Algo está pasando, algo se está moviendo en nuestra historia marista. Es una invitación a dejarse encontrar, a confluir sinergias y pasos, a reconocer y vivenciar la diversidad, a poner color en la vida, a permitirse sentir la música, a ensayar los compases de un nuevo baile… es el tiempo que tenemos, es el tiempo de una nueva relación que llamamos comunión.

Hemos podido profundizar en las implicaciones de nuestras propias vocaciones, de reconocer la riqueza y vivencia de las mismas que nos hablan de relaciones interpersonales, de conexión con la vida, de vivencia familiar, de la perspectiva femenina (y la presencia movilizadora de la mujer), del compromiso por los más pequeños, de la vida de fraternidad, de la entrega generosa, del discipulado, de una vida que se adentra y emerge desde la interioridad. Tenemos que seguir cuidando estos tiempos de diálogo, de escucha, de contemplación; subrayamos la necesidad de vivir en autenticidad y a fondo la vocación (proyecto de vida); queremos despojarnos de actitudes, gestos y pensamientos que no ayuden a construir comunidad; queremos aprender a contemplar y celebrar la vida; el liderazgo se vive de manera compartida y horizontal; nos sentimos invitados a encarnarnos en los contextos donde somos y nos movemos, con un estilo mariano.  Juntos, mujeres y hombres, somos llamados y nos reconocemos en comunión, somos una bella y sagrada historia entretejida de relatos.

En torno a Champagnat celebramos su cumpleaños y nos sentimos biendecidos compartiendo el carisma marista que se transmite vivo y actual, sin fronteras, con un mismo Espíritu. “No existe coincidencia, sino diosidencia”.

 

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