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Del encuentro con Cristo a la evangelización

 

I Congreso Misionero Asiático: del 19 al 22 de octubre

Cmi

16/11/2006: Tailandia

Experimentar el encuentro personal con Jesús Resucitado y compartir esa vivencia en el continente asiático, según las circunstancias de cada país: ese es el compromiso del I Congreso Misionero Asiático recién clausurado, el primero de este tipo que se celebra en el Continente asiático, organizado por la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia ( FABC)

Una de las más pequeñas Iglesias de Asia, la de Tailandia, ha acogido uno de los acontecimientos más importantes para la misión de las Iglesias del Continente. Del 18 al 22 de octubre, en la ciudad de Chiang Mai se ha celebrado el primer Congreso misionero asiático, con la asistencia de más de mil delegado de todas las comunidades cristianas de Asia, además de observadores, huéspedes y periodistas del mundo entero, el cual ha estado presidido por el cardenal Crescenzio Sepe presiente, delegado papal y el cardenal Iván Dias, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos.

El tema del Congreso, “Contar la historia de Jesús en Asia… una celebración de la fe y de la vida” pretende profundizar el valor de la fe católica en un continente dominado en su mayoría por budistas, hindúes, musulmanes y donde los católicos son una minoría. Al mismo tiempo, quiso dar un nuevo impulso a la misión y al anuncio del Evangelio en Países que en gran parte prohíben por ley la conversión a otra religión. Estas dificultades no han impedido la presencia de delegados procedentes de países tan diversos y distantes como el Líbano o Kazakhistan, Mongolia o Indonesia, aunque faltaron representante de muchas Iglesias del Oriente Medio y de China impedidos por las circunstancias que viven en estos momentos..

El I Congreso Misionero de Asia surgió como respuesta a una intuición de Juan Pablo II. Al comenzar su exhortación «Ecclesia in Asia» (6 de noviembre de 1999), el fallecido pontífice confesaba esta esperanza: «Como en el primer milenio la cruz fue plantada en Europa y en el segundo milenio en América y África, así en el tercer milenio se pueda recoger una gran cosecha de fe en este continente tan vasto y con tanta vitalidad».

Las cifras confirman la profecía de Papa Wojyla. El anuario estadístico de la Iglesia muestra que del 1978 al 2004 los sacerdotes asiáticos han aumentados casi el 100%, de 27.700 han pasado a 48.222; los seminaristas han aumentado de 11.536 a 29.220, más del 153%. A esto se debe añadir las vocaciones asiáticas ingresadas en los institutos religiosos. Una gran esperanza se cierne sobre Asia, el continente más poblado del mundo con 3.900 millones de habitantes y con el 50% de la población menor de 25 años. En medio de este inmenso continente el anuncio de Cristo “nacido, muerto y resucitado en Asia” todavía tiene pocos seguidores, pues los católicos son apenas el 11% del continente. A esta situación ha contribuido ciertamente la historia y la política: de 52 Países asiáticos, al menos 32 limitan de algún modo la misión de los cristianos. También existe la tentación del gueto. El sentirse en minoría y el temor de ser tachados de proselitismo son causa de cierta timidez en declararse cristiano.

El Congreso, estructurado con testimonios por la mañana y reuniones de los grupos de trabajo por la tarde, ha tratado de fortalecer el orgullo de ser católico en Asia y el testimonio respetuoso para con el próximo en la caridad, en el diálogo, en la alegría, estimulando a los fieles a tener la valentía de contar la propia historia del encuentro personal con Jesús. El tema de narrar historias de fe compartida subraya que la misión se comunica compartiendo la experiencia personal que lleva al compromiso de la persona.
Este procedimiento catequético de proponer la misión ha sido definido como método asiático, en oposición a un método occidental, tal vez más racionalista. Tal método es en el fondo el mismo que encontramos en el Evangelio cuando se invita diciendo: ven y ve.

Efectivamente los testimonios presentados han enseñado que la misión es competencia de todos: del empleado hindú que se convierte; del pobre emigrante que se reúne para la plegaria a escondidas en un País islámico, del ejecutivo que salva el trabajo de sus dependientes prestando fe a la doctrina social de la Iglesia.

Un tema un tanto silenciado ha sido el del martirio y la persecución. Los organizadores explican que no han querido afrontar temas conflictivos relacionados con el poder político y han preferido subrayar más los temas del diálogo y el respeto. No obstante, el cardenal Sepe, en su homilía final, ha subrayado en cambio en su oración que la sangre de los mártires de Asia sea hoy y siempre la semilla de vida nueva por la Iglesia en cada rincón del Continente. Por otra parte, entre las comunidades más vivas en Asia están justo aquellas Iglesias cuyos mártires han sido canonizados por Juan Pablo II: Corea, China, Japón, Vietnam, Filipinas. Justo estos Países tienen a misioneros esparcidos por toda Asia y por el mundo entero.

La presencia de nuestros hermanos en Davao, preparándose para la misión ad gentes en Asia, imprime un interés particular a este encuentro de las Iglesia del Continente asiático. El hermano Michel Flanigan, que colabora con el equipo de formadores de Davao se hizo presente en este primer congreso compartiendo con los participantes la noticia de la ampliación de la colaboración del Instituto marista con la Iglesia misionera de Asia.

Página oficial del Congreso

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