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La segunda tanda, de trece Hermanos

Cmi

07/02/2007: Filipinas

Así como en la corta historia de nuestro Instituto hubo generaciones de Hermanos llamados (a veces, forzados por las circunstancias) a asumir el reto de abandonar su tierra para ir a ofrecer una presencia evangélica a otros lugares del mundo, es posible que en los últimos años esa audacia se haya visto atemperada por la invitación a mantener y desarrollar las excelentes instituciones educativas que levantaron aquellos anteriores misioneros. Los miembros del 20º Capítulo General, en seguimiento de la llamada a Optar por la Vida, declararon que había llegado el momento de escribir un nuevo capítulo en la historia misionera de nuestra congregación.

En la Conferencia General celebrada en Sri Lanka el año 2005, el Hermano Seán y el Hermano Luis presentaron a los Provinciales las líneas de un proyecto muy audaz, la propuesta de enviar a 150 Hermanos en el plazo de cuatro años a varios países de Asia. La Conferencia mostró su apoyo decidido y Seán hizo una llamada personalizada a todos y cada uno de los Hermanos del Instituto en carta enviada en enero de 2006. En un corto período de tiempo había sido designado un equipo de apoyo y animación del proyecto, y hacia la mitad de ese mismo año llegaba a Davao el primer grupo de diecisiete Hermanos dispuestos a iniciar un proceso de discernimiento para la misión. Al año de haber sido hecha la llamada general al Instituto, tenemos ya a los primeros Hermanos preparándose para formar las nuevas comunidades en Asia y adquiriendo algunas destrezas necesarias para la tarea.

La segunda tanda, de trece Hermanos, llegó a Davao a mediados del pasado mes de enero. Procedentes de los cinco continentes, de siete países diferentes, pocos de ellos con el inglés como lengua materna, los componentes de este grupo se han integrado con rapidez asumiendo el reto de construir una comunidad multicultural. Curiosamente, en una experiencia de discernimiento que hemos realizado se ha puesto de manifiesto que entre los participantes hay miembros de todos los números del Eneagrama. Las edades oscilan desde el más joven de 31 años al más veterano de 63. Venimos de contextos diversos, algunos con una amplia experiencia en cargos de responsabilidad, otros en el primer tramo del camino; algunos bien inmersos en distintas culturas, otros con muchos años de trabajo dentro de su propia cultura; algunos con un gran conocimiento del mundo educativo formal, otros con una dedicación destinada a otros campos, frecuentemente en áreas de marginación. Desde luego no existe un solo “tipo” de Hermano que caracterice al grupo.

No constituimos ninguna élite. Somos Hermanos que nos hemos esforzado, algunos durante muchos años, en la buena labor que se realiza en los países respectivos. No tenemos nada de “especial”. Enseguida salta a la vista que somos Hermanos corrientes que tratan de discernir lo que Dios quiere de nosotros. La primera zambullida en el proceso ha sido suave. El equipo orientador ha puesto un gran empeño en inspirarnos la convicción de que todos, sea cual sea nuestra historia personal, daremos cumplida respuesta a las exigencias iniciales del plan de Davao.

Como grupo somos muy conscientes del sacrificio que han hecho nuestras Provincias cuando nos hemos ido, dejando nuestras tareas en manos de otros Hermanos y seglares maristas. Ellos son quizá los que están dando mayores muestras de abnegación en principio.

Y ¿qué puede pasar si, al final de la experiencia de Davao, tanto nosotros como el equipo orientador estimamos que nuestro lugar no está en la acción misionera de las nuevas comunidades que se van a formar en Asia? Hay otras opciones. Una es incorporarse a iniciativas que ya se han puesto en marcha y en las que se agradecería el apoyo de una presencia sencilla; otra es regresar a la Provincia de origen a continuar con el apostolado anterior, eso sí, con una renovada conciencia de la misión del Hermano en el mundo de hoy, y el deseo de promover el afán misionero en el lugar respectivo.

El Capítulo General declaró que todos estamos llamados a escribir una nueva página en nuestra historia misionera, ya sea a través de este proyecto o dentro de la propia Provincia. El equipo orientador del programa de Misión Ad Gentes tiene ya planificados los cursos que darán comienzo a mediados de 2007 y a principios de 2008. Queridos Hermanos y seglares, el mensaje que os transmitimos los que estamos en Davao es éste: si creéis que el Señor os está llamando a esta aventura, no lo dudéis, ¡lanzaros al agua!

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