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Dos Hermanos han tomado la opción de ser misioneros en Canadá

 

El proyecto «misión ad gentes» y la provincia de Canadá

Cmi

04/04/2007: Canadá

Es posible que más de uno se pregunte qué relación puede haber entre este proyecto y la provincia de Canadá. No es una cuestión trivial.
¿Cuál es la situación actual de la Provincia de Canadá? ¿Por qué esta Provincia ha pedido ayuda en un sentido misionero?

La media de edad de los Hermanos de Canadá se sitúa alrededor de los 72 años. Somos 190 Hermanos en la Provincia y los más jóvenes están por encima de los 55 años. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Evidentemente tenemos que dar una respuesta. Trataré de aportar algunos elementos que ayuden a entender esta realidad.

La provincia civil de Québec, donde se encuentran todos los maristas canadienses, fue una zona muy católica hasta los años sesenta. Todos eran católicos, o casi todos. No había necesidad de luchar a favor de la fe. Era un hecho natural que la gente practicara su religión católica, ya que el ambiente era enteramente propicio a los valores evangélicos. La Iglesia ocupaba un lugar importante en la sociedad de Québec. Cuando los obispos hablaban, la gente escuchaba y los políticos también, y se adherían al mensaje recibido.

Con la llegada de los años sesenta empezaron a producirse grandes cambios sociales en todo el mundo y también en Québec. Las cosas dieron un giro radical. Fue una época en la que el individuo se colocó en el centro, en la que se dio cabida a todo tipo de sentimientos y a su libre manifestación, aunque no coincidieran con la opinión de la mayoría. Fueron los tiempos de “es el comienzo de una nueva era, la tierra arranca ahora desde el año cero etc. etc.”.

Los cambios sociales se produjeron a velocidad acelerada, sobre todo en Québec, y tomaron a todo el mundo por sorpresa, tanto a la Iglesia como a las demás instituciones. Eran cambios absolutamente inesperados, no se les veía venir. Por ejemplo, en Québec las comunidades religiosas masculinas acababan de tomar la decisión de reagrupar sus fuerzas fundando escolasticados intercongregacionales. Se pusieron en marcha dos, uno en Montreal y el otro en Cap-Rouge, en la comarca de la ciudad de Québec. Había grandes proyectos. Se decía que muchos jóvenes iban a optar por la vida religiosa. Por eso se habían levantado enormes edificios que pudieran acoger a varios centenares de jóvenes religiosos.

Pues, al final fue todo lo contrario. A partir del año 1965, las vocaciones a la vida religiosa disminuyeron con rapidez, limitándose a unas pocas entradas en determinadas comunidades diez años más tarde. Hubo grupos que quedaron en completo desierto, entre ellos los hermanos maristas. La última profesión religiosa temporal en la provincia de Iberville fue en el año 1970, con la única excepción de uno que se ha hecho Hermano con 65 años bien cumplidos.

Las comunidades tuvieron dificultades en reaccionar, pero eso no significa que no hayan trabajado para combatir la tendencia general. Los Hermanos siguieron empeñándose en la pastoral vocacional, haciendo campamentos y convivencias de fin de semana con los jóvenes, ocupándose de los movimientos juveniles. Sin embargo los jóvenes no respondían a la invitación a hacerse religiosos. El nuevo contexto social les ofrecía tantas cosas atrayentes que la vida religiosa y sus exigencias se quedaban aparcadas a un lado.

Con los años, al no renovarse, las comunidades religiosas han perdido casi todo contacto con los jóvenes. Los Hermanos han ido envejeciendo y se ha abierto una gran brecha generacional entre ellos y los jóvenes.

¿Quiere esto decir que ya no hay jóvenes que tengan vocación a la vida religiosa? Yo creo que sí los hay, pero da la impresión de que nosotros no sabemos buscarlos. ¿Dónde están esos jóvenes. ¿En los mismos ambientes donde reclutábamos anteriormente? Parece que no es ahí, porque no conseguimos respuesta positiva.

Yo pienso que debemos plantearnos las cosas seriamente y dirigirnos a las categorías de Hermanos que venían a las comunidades en los tiempos de nuestra fundación. Aquellos jóvenes no eran ricos, vivían con sencillez y cuando los Hermanos tenían una presencia significativa, ellos respondían a la llamada a la vida religiosa.

¿Qué decimos, entonces? Debemos acercarnos a los jóvenes desfavorecidos, los inmigrantes, los desatendidos, y proponerles un sentido de la vida que pueda responder a sus expectativas. Si nosotros nos hacemos significativos para ellos, algunos optarán por la vida religiosa.

Evidentemente, si queremos hacernos presentes entre ellos, debemos ir hacia ellos, es decir tenemos que aceptar que nuestro modo de vivir ha de cambiar de tal forma que no parezcamos meros buscadores de vocaciones. Ir hacia ellos significa vivir en medio de ellos, es decir, abandonar nuestras residencias actuales para irnos a estar con ellos. Y no sólo nuestras residencias, tenemos también muchas otras cosas que los pobres no tienen, y que crearán una barrera entre ellos y nosotros si no nos desprendemos de ellas. No voy a hacer una lista ahora, pero cada uno puede imaginársela.

Estar con ellos para responder a sus necesidades y no crear necesidades para ellos. Eso significa tomarse tiempo para conocerles, conocer sus necesidades y tratar de encontrar con ellos los medios de darles respuesta, respetándolos tal como son. Probablemente harán falta años para que ellos a su vez se cuestionen el conocernos mejor para hacer una opción de vida religiosa. Un proyecto de vida se construye a base de tiempo. Primero hay que llegar a ser humano antes de pensar en hacerse religioso.

¿Por qué, entonces, hacemos un llamamiento a la “misión ad gentes” para Canadá? Como decía antes, la media de edad de los Hermanos supera los 70 años, y los más jóvenes están por arriba de los 55. Si queremos invertir nuestro tiempo con los jóvenes de estos contextos, hemos de pensar en un plan de varios años. Ahora bien, sin la ayuda de Hermanos más jóvenes, que vengan de otro lado, nosotros no podemos planificar las cosas a largo plazo. La pura lógica nos lo dice. Así pues, a partir de esa situación es donde la Provincia de Canadá ha solicitado al Consejo general que le proporcione Hermanos más jóvenes para que tomen parte en este nuevo proyecto.

Tenemos ya con nosotros a dos Hermanos jóvenes españoles que estaban en el primer grupo de Davao, y que han optado por ser misioneros en Canadá. El Consejo General nos habla de otros tres o cuatro más que se nos unirán sin pasar por el curso de Davao, en Filipinas. Junto con otros dos canadienses, habrá finalmente un grupo de 7 u 8 Hermanos dedicados a este sueño.

¿En qué consiste el nuevo proyecto? En abandonar los senderos ya recorridos para ir hacia lo desconocido en busca de los jóvenes desfavorecidos, los pobres e inmigrantes, para vivir con ellos y andar el camino junto a ellos, ayudándoles a construirse un futuro lleno de sentido. Con el tiempo, si nosotros somos significativos para ellos, algunos optarán por la vida religiosa marista.

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