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Emili Turú - La Valla: casa de la luz

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Desde Chiapas a Canadá

 

Un nuevo refuerzo para la Misión ad gentes

Cmi

14/12/2007: Casa general

El hermano Jorge Carrasco fue enviado en misión el día 1 de diciembre de 2007 acompañado por todos lo miembros de la Comunidad de la Administración general y por los hermanos del Consejo que estaban presentes en la casa. El acto se celebró en la Capilla de los superiores, junto a la estatua de la Buena Madre. El hermano Jorge ha vivido unos meses intensos de preparación misionera en la Universidad Salesiana de Roma. Veterano en los campos del apostolado en Chiapas ahora encamina sus pasos a Canadá. Durante el acto de envío confesó los motivos que le han impulsado para ofrecerse a ir a las misiones:

“1. La invitación del hermano Superior general. En un primer momento pensé que no era para mí, por la edad. Cuando vi que el promedio de edad de los hermanos en Misión ad gentes era dos años superior a la mía, resolví que sí debía responder. Sentí que era el llamamiento de Dios: - Irás a donde quiera que yo te envíe y dirás todo lo que yo te voy a decir. Jer. 1, 7. Esta palabra me preparó en 1969 para ir a Chiapas hace 38 años como misionero.

2. Recordé mi primer llamamiento a las misiones en el extranjero cuando tenía 10 años, además recibí la invitación para irme de marista. Un año después entré al juniorado en 1954.

3. La disponibilidad de María me ha movido siempre y me sigue moviendo a ponerme en manos del Señor: - He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu Palabra, Lc 1, 38

4. He pedido mucho a Santa Teresa del Niño Jesús:

Del Niño Jesús Teresa
Tu lluvia de rosas danos,
La llamada misionera
Suplicantes te imploramos.

5. La obra es de Dios, que quiere despojarme de mí para que aprenda que Él es el Centro y Autor de su obra, y yo, un siervo inútil.”

Y comentó que el símbolo que le va a acompañar en esta nueva etapa de su vida serán “el Ayate de María de Guadalupe y el himno a la Comunidad”, elaborado por los catequistas y catecúmenos de Chiapas tras las primeras catequesis que impartieron los hermanos. Dos símbolos “para vivirlos en mi corazón y llevarlos a nuestros hermanos más pobres y necesitados”.

El hermano Seán Sammon, Superior general, pronunció las siguientes palabras con ocasión de la celebración de este envío misionero:

“Tengo que confesar que estos días estoy pensando en el Padre Champagnat más que nunca. Y esto me pasa, sobre todo, cada vez que reflexiono en nuestro proyecto de Misión ad gentes.
Cuando veo los pequeños obstáculos que surgen, o advierto las dificultades que tienen algunos para aprender una lengua nueva, o la reacción que el programa ha suscitado en algunas partes del Instituto, mi mente se traslada a los primeros tiempos de nuestros orígenes, con la capilla instalada en el bosque, la falta de recursos materiales, o sea, de dinero, la incomprensión de algunos miembros del clero, y tantas otras contingencias de aquellos momentos fundacionales.

Y de pronto, en medio de mis cavilaciones, he aquí que aparece en escena alguien como Jorge, un hombre lleno de vida, inflamado por el Espíritu, dispuesto a emprender una nueva aventura misionera, a una edad en que otros piensan más en cómo pasar sus años de jubilación. Y esto es una oleada de puro aire fresco.

En mis visitas a las Provincias y Distritos del Instituto, suelo hablar a los profesores y a los estudiantes, y les digo que en una escuela marista se debe enseñar a los jóvenes a soñar, a acariciar grandes sueños sobre cómo podemos mejorar nuestro mundo, juntos, en el nombre de Jesús y su Buena Noticia. Pero ¿cómo van a aprender a soñar estos jóvenes, si nosotros no les enseñamos el camino?

La lectura del evangelio que acabamos de escuchar está tomada de las primeras líneas que pueden ser atribuidas a Lucas. En ellas se recoge el relato en que el Señor designa a los 72 discípulos y los envía a predicar, indicándoles con claridad que lleven poco equipaje para el camino, que coman y beban lo que les den en las casas. Es decir, que vivan con sencillez.

Estas instrucciones tienen hoy la misma validez que tenían en tiempo de Jesús. Porque todo aquel que quiera empeñarse en cambiar este mundo, evangelizándolo en el nombre del Señor, tiene que viajar ligero de equipaje, recibir con agradecimiento lo que le ofrezcan, y llevar una vida sencilla.
En estos meses en que hemos convivido con Jorge, hemos podido comprobar que es un hombre que sabe acoger amablemente a todos. Pero también hemos visto que tiene, en abundancia, esas cualidades que hemos mencionado: la capacidad de andar por los caminos llevando pocas cosas consigo, un corazón siempre agradecido, y un verdadero compromiso de vida sencilla.

Yo creo que nuestro proyecto de Misión ad gentes es obra del Espíritu de Dios, y que será uno de los elementos que nos ayuden a traer al Instituto esa renovación que tanto deseamos. No por el hecho en sí, sino porque con ello se crea una atmósfera en la que se puede producir ese cambio de corazón necesario. Uno de los retos que tenemos hoy ante nosotros, como Instituto, es el de acertar a recrear esa misma atmósfera en cualquiera de las circunstancias en que nos encontremos. Lo mismo da que trabajemos como administradores, traductores, profesores, cocineros, conductores de autobús... en cualquiera de las circunstancias. La cuestión es que sepamos vaciar nuestro corazón, para que el Señor, con su vida y con su amor, entre a morar en él.

Para conseguir esto, tenemos que llevar una vida de sacrificio y abnegación, tenemos que rezar con regularidad y mostramos cercanos y compasivos con los pobres. Aunque estas cosas puedan sonar un poco a pasadas de moda, sean cuales sean las circunstancias en que nos encontremos, tenemos que saber sacrificamos, orar y ser sensibles hacia los pobres.

Doy las gracias a la Provincia de México Central por compartir la persona de Jorge con nosotros, y con el mundo marista en su sentido más amplio. El Padre Champagnat también estaría encantado al ver esta generosidad, y el envío misionero de Jorge hoy. Yo pido a Dios que le colme de bendiciones en su nueva misión, y mantenga su corazón eternamente joven. Su destino será Canadá. Allí pasará a formar parte de la nueva comunidad que se ha establecido para colaborar con los hermanos en la renovación de la vida y la misión marista de aquel país. Rezo para que Jorge, con palabras y con obras, nos siga dando esa lección continua de sencillez y alegría de vivir. Y pido, igualmente, que dondequiera que se haga presente, la Palabra del Señor suene clara para los que estén alrededor, y les lleve a todos a la plenitud de vida”.

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