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El Escorial - 05 al 16 de marzo 2012

26/03/2012: España - Álbum fotográfico

Tiempo de Patrimonio Espiritual Marista ha sido este conjunto de días transcurridos en nuestro grupo de Animadores Comunitarios del Escorial. Primero fue una experiencia de taller de dos días en casa, animado por el hermano Patricio, miembro de nuestro grupo, y luego una experiencia de peregrinación a los lugares maristas, en torno al Hermitage, y en conjunto con el grupo de Animadores Comunitarios de Manziana, cerca de Roma.

Respecto al taller, tenía como objetivo ofrecernos la posibilidad de descubrir o redescubrir, algunos rasgos del Carisma marista que Champagnat  buscaba, encontraba y cultivaba con la comunidad fundadora de hermanos. Para esto nos servimos fundamentalmente de las 70 cartas que nuestro Fundador escribió a los hermanos de su época, de la legislación marista del período inicial y de las resoluciones y algunos otros escritos del tiempo del Fundador.

También el taller quería aportarnos la posibilidad de conocer los Lugares de Encuentro con Marcelino Champagnat (monumentos, documentos y oración) y un sencillo método inductivo, que nos permita seguir interiorizando y discerniendo en las fuentes documentales del carisma.

Fue un tiempo intenso de trabajo por duplas en torno a ocho preguntas relativas a un concepto de carisma basado en tres perspectivas complementarias: misión, espiritualidad y comunidad. En la síntesis final que compartimos reflejamos un rostro de Champagnat vivo, activo, de fe, en camino, lleno de ternura, paciencia y firmeza. Un Champagnat Padre y Madre, rostro de María, en quien confiaba plenamente y a quien acudía de continuo. Fuimos así preparando nuestro corazón para la peregrinación que emprendimos el día miércoles 7, con rumbo aéreo a Lyon.

Ya en camino, un primer momento importante fue la espera —en el aeropuerto mismo— de la llegada del grupo de Manziana y el encuentro con estos hermanos de habla inglesa. El saludo, viaje y llegada conjunta al Hermitage, acogidos tanto en el aeropuerto como en la casa madre por hermanos de la comunidad local, fue una experiencia interesante y provocadora: podíamos ser Babel o Cenáculo. El testimonio final que nos compartió el hermano Justin el último día, nos da cuenta que optamos mayormente por acoger la experiencia como un Cenáculo, en torno a María, y con la fuerza del Espíritu. Justin nos reflejó el esfuerzo que hicimos, desde el comienzo, para hablar y comprender la lengua del otro, en todo sentido.

Poco a poco se fue configurando nuestra comunidad internacional: los 30 que veníamos de Manziana y El Escorial, más los ocho hermanos y Colette, de la comunidad de acogida de Nuestra Señora del Hermitage; Renée, laica de México que nos dio la semana anterior un taller en casa, el capellán marista del Hermitage y los dos hermanos del gobierno general que hicieron de facilitadores: Eugén Kabanguka y César Rojas. Muchas lenguas, muchas nacionalidades, muchas maneras de encarnar un carisma y de buscar su continua renovación y vitalidad, muchas personalidades, muchos dones y límites. La mayoría del grupo ya tenía experiencia de estar en esta casa de tanta evocación.

La peregrinación externa, en estos días, fue primero por el interior de la casa y sus dependencias. La comunidad local lideró este cálido y sencillo caminar. En él pudimos captar la propuesta de la renovación que se ha hecho al edificio y a lo que contiene. En esta etapa del peregrinaje se nos invitó a buscar el tesoro de nuestras raíces en esta casa, tesoro que compartimos luego en la eucaristía, en la mesa y en la recreación.

Marlhes y Rosey marcaron la segunda etapa de nuestro recorrido. La caminata desde la parroquia y hasta Rosey, con un paisaje nevado, nos hizo palpar el camino que Marcelino y su familia hizo tantas veces y con tantos climas. Él vivió aquí 16 años de su vida: aquí se forjó su personalidad. Después de la eucaristía y la mesa, un video sobre su familia nos ayudó en la comprensión de este proceso en su vida. El grupo de Manziana animaba esta etapa, y nos invitó a compartir en grupos interculturales nuestras propias raíces familiares. El regreso lo hicimos vía Saint Sauver-en-Rue, donde vivió Marcelino su preparación para ingresar al seminario, y Bourg-Argental, donde vino Marcelino con Estanislao a visitar al joven hermano Juan Bautista, que estaba enfermo. Desde aquí subimos a la Maison Donett, lugar ahora derruido, pero que aquella noche, en medio de la tormenta de nieve, fue luminoso y acogedor. Cantamos allí el Acordaos. Cerramos esta experiencia visitando el lugar del encuentro con el joven Montagne: Les Palais de Bessat. Recordamos ahí a nuestros Montagnes de hoy.

Un día en casa marcó la siguiente jornada de peregrinación. Ayudados por la viva iluminación del hermano Alain Delorme, nos fuimos abriendo a la realidad de vida y de seguimiento de algunos de nuestros primeros hermanos. Pudimos percibir allí un carisma en construcción, con piedras vivas, en una empresa colectiva, liderada por nuestro Fundador, pero provocada por el Espíritu de Dios y sostenida por la mano de María. Además de la exposición del hermano Alain, un trabajo grupal por lenguas sobre los rasgos de Champagnat que descubrimos en el testimonio del hermano Lorenzo, nos ayudó a interiorizar esta parte del camino.

Continuamos ascendiendo a Maisonnettes y La Valla en nuestro peregrinar. En la casa de Francisco compartimos también en grupos y luego caminamos hasta La Valla, rehaciendo un camino que muchas veces hicieron Marcelino y los primeros hermanos, para dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar entre los habitantes dispersos del campo. En La Valla, un cálido encuentro con el lugar fundacional y también con la comunidad local de hermanos. Celebración apretada en torno a la misma mesa, la que hicieron Marcelino y los primeros hermanos para nosotros. Luego, compartir la comida y caminar hasta La Pieta. Allí oramos con insistencia a María por las vocaciones maristas de hoy, de hermanos y laicos. Recordamos con cariño a los jóvenes que están en nuestras casas de formación o en procesos de búsqueda. Bajamos después a la Croix Rouge, contemplando allí nuestras misiones actuales y orando por ellas.

El lunes se nos invitó a hacer un cambio de foco, a mirar desde otra perspectiva la encarnación de nuestro carisma: hicimos un viaje a Ginebra, Suiza, para reconocer allí un intento de encarnación actual de la misión marista: el FMSI y su oficina, cerca de la ONU, para procurar estar presente, a nivel mundial, en el tema de la promoción y defensa de los derechos de los niños y adolescentes. Nos acogió la comunidad local e internacional en la casa parroquial que ocupan; comimos con ellos, nos explicaron lo que hacen y cómo, y luego peregrinamos a la ONU, para una visita guiada a la misma. Descubrimos un complejo mundo de foros internacionales en busca de la promoción y defensa de los derechos humanos, entre otros temas de desarrollo y progreso. Mercedes nos acompañó en esta visita y nos ayudó a ver las dos caras de la moneda. Al salir de allí, una rápida visita a la oficina compartida de FMSI y otra visita al centro histórico de la ciudad, con su lago.

Al día siguiente, el hermano André Lanfrey nos introdujo en el amplio mundo de la Sociedad de María desde la triple perspectiva de la mística, utopía e institucionalidad que tiene todo carisma en la Iglesia. Nos ayudó a comprender el lento camino —por etapas— que fue recorriendo nuestra congregación —dentro de la Sociedad de María—, para madurar tanto la intuición fundacional como la respuesta concreta a la misma, en su época. Nos ilumina así, nuestro horizonte respecto al camino que nosotros estamos haciendo hoy de cara a la renovación del Carisma en nuestro instituto, ahora tan amplio y diversos, e inserto en una realidad cultural tan compleja y global. Por la tarde, peregrinamos a La Neylière, casa madre, en su tiempo, de los Padres Maristas, y lugar donde Colin compuso la Regla y pasó los últimos años de su vida terrena. Visitamos ahí el museo de los Padres y el museo de Oceanía. Celebramos la eucaristía junto a la tumba del Padre Colin. En el camino pasamos por Valfleury, lugar de peregrinación del hermano Francisco (su madre lo consagró allí a María) y de Marcelino (sus últimas resoluciones, de 1828, están hechas y firmadas en el santuario), y también por Saint Symphorien sur Coise, lugar medieval donde Marcelino funda la 7ª escuela en 1823, con el hermano Juan María Granjon como director, y al cual dirige la primera carta que conservamos de él, en diciembre de ese año.

La cúspide de nuestro caminar se dio en Fourvière, santuario mariano de la Iglesia de Lyon y de Francia, y lugar de la promesa de la Sociedad de María. Celebramos allí la eucaristía en fraternidad y luego recorrimos los diversos lugares de interés marista o cultural. Lo hicimos de manera personal o por grupos espontáneos. Como lugares maristas de la ciudad, además del santuario, está la catedral donde fue ordenado Marcelino, y junto a ella, el palacio episcopal, que él visitaba con cierta frecuencia, tanto para trámites eclesiásticos o relativos a la congregación, como para buscar consejo de alguno de los vicarios, o confirmación de las respuestas carismáticas que él iba dando con su naciente comunidad de hermanos. También nos marcaron en el recorrido posible la providencia de Saint Nizier, donde Marcelino y los primeros hermanos se hicieron cargo de un hogar de huérfanos que funcionaba allí. Lugares no marcados en el plano que se nos dio son la providencia Dénuzière y el Seminario Mayor de Saint Iréné que acogió a Marcelino por tres años y que hoy es un parque público.

Cerramos la experiencia peregrinante con un retiro en silencio por la mañana, una oración mariana a mediodía en torno a las tumbas de nuestros primeros hermanos y un compartir grupal, por lenguas, a media tarde, para ayudarnos a leer la experiencia vivida en todos estos días y proyectarla en nuestros lugares de vida y misión. Un micrófono abierto antes de la eucaristía final nos dio la posibilidad de expresar lo que nos llevábamos en el corazón y la celebración nos permitió agradecer y ofrecernos junto al sacrificio de Cristo, lugar tan deseado por Marcelino para nosotros. La bendición la recibimos junto a sus reliquias.

Todo esto fue lo exterior, la propuesta de animación de este caminar. Cada uno de nosotros vivió también su peregrinación interior, e interpretó los signos del camino desde su realidad. El cierre en torno a la recreación de la noche y la despedida de la mañana siguiente dan cuenta de otros procesos y lazos que se fueron tejiendo, como una red del Espíritu que recoge toda clase de peces o como el caminar de María, que nos invita a salir de prisa.

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