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Remodelación de La Valla en Gier

21/02/2013: Francia
La reconstrucción de La Valla

Mañana jueves (7 febrero), tengo visita de obras. La noche invernal, hoy es muy fría. Pero no me resisto a abrir unos momentos  la ventana de mi habitación para saludar al Gier, que me habla. Su rumor suave como la brisa, descubre el eco de mi propio Gier. Y escucho: “Quien tenga sed venga a mí y beba”.

He salido de Barcelona hace pocas horas. Vengo a la obra, que me llama. Pero también vengo a saciar “otra sed”, interior. Porque, como escribe san Agustín, una cosa es ir de un lugar a otro con mi cuerpo, y otra distinta es caminar con mi corazón, mudando mí afecto.

Viajo con cierta fatiga, pero contento. Experimento la sana tensión que la obra conlleva, a pesar de los contratiempos. Una obra que debe ser quizás de las más pequeñas y humildes que este año ejecuta el Instituto Marista: el arreglo de una pequeña casa, la Maison Bonner, perdida en las estribaciones del macizo central francés. El constante trajín de ir y venir con mis planos y dibujos, no impide que lleve simepre conmigo a mi hombre interior, el Joan, que tiene ansias vehementes de vivir, de amar y ser amado. El pequeño Joan  que, sorprendentemente en La Valla, encuentra una fuente distinta, menos evidente, que le sacia.

Amanece (7 febrero). L’Hermitage hoy despierta cubierto de nieve. ¡Tendremos un día épico! Llegar a La Valla no será fácil. La pequeña carretera estará limpia pero va a exigir mucha atención.

Champagnat, nos recibe con sotana blanca, como br. Neville Solomon, el hermano australiano con el que he compartido tantos momentos estos tres últimos años en el Hermitage.  

La obra también esta blanca: la carretilla, la grúa, la calle... Sólo el fuego amigo, que compite con la nieve, da color y calor.

La La
La La

Imagino los inviernos vividos aquí por nuestros pioneros. ¡No serían fáciles! ¿Qué fuerza unía aquellos jóvenes y a su maestro, para sobreponerse y seguir adelante con su proyecto? ¿Lo llamarían proyecto? ¿Tendrían miedo, como muchos de nosotros, ante tiempos inciertos, de cambios, tiempos nuevos? O simplemente, vivían siguiendo el impulso, el halito del espíritu que quemaba en su interior, como este fuego?

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Christophe, con el hermano Michel Morel,  nos informa que todo está en orden. “Ça marche!”. En el interior, Thyerri, l’économiste, se pone el delantal y sirve café. Se agradece. Stéphane e Yves, mis compañeros arquitectos de Lyon, empiezan el repaso de temas. Mientras tanto, los jóvenes obreros, abrigados como osos, trabajan en el interior gélido como un frigorífico.

Christophe nos tiene reservada una sorpresa: Hay agua en el interior de la casa, en el sótano, cerca de la cava, en “el espacio escondido”.  Surge a través de la roca, por las vetas de los esquistos del subsuelo excavado. Estoy atónito. Estos días de lluvia, en el seno de La Casa ¡ha brotado una fuente! Y un riachuelo de agua viva, fresca y cristalina, atraviesa alegremente toda la estancia. Esta fuente debía existir desde un tiempo inmemorial pues en el suelo han aparecido trazas de surcos labrados en la roca por los antiguos moradores. Por ellos corre el agua hasta un desagüe cercano. Según me explica fr. Louis Destombes, superior de la comunidad de La Valla, los hermanos ya la canalizaron hace mucho tiempo.

La La

Hoy, removiendo el subsuelo, ha vuelto a aparecer.

Si hasta hace poco La Valla era -para mí- encontrar la Mesa y, a través de ella, a Marcelino y los primeros hermanos,  hoy intuyo que en un futuro muy próximo, la vitalidad de La Valla nos va a “desbordar” a todos, valga la expresión.  

Es obvio que los arquitectos no debemos dejar aguas que corran sueltas por el interior de las casas, faltaría más. Pero, me conmueve esta pequeña incidencia temporal. Veo en ella que nuestro Origen sigue vigoroso. Y así de simple nos lo manifiesta.  

Observo en silencio el riachuelo. Y retorna el susurro de anoche, de mi Gier. Con él, brota el resto del texto de Juan: “… De su seno correrán ríos de agua viva…”.

Esta palabra se cumple hoy.

Maristas de todo el mundo: no teman los tiempos nuevos que vienen, alégrense.

¡El Señor nos está hablando de Vida renovada a través de estos pequeños signos!

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M. Joan Puig-Pey, architecte

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Joan Puig-Pey: Mi gente de la obra - 15 de enero 2013

La reconstrucción de La Valla

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