Inicio > Noticias > Casa general: La primera encíclica del Papa Francisco

 

 

 



NoticiasElegir

  • Noticias
  • 2019 | 2018 | 2017 | 2016 | 2015 | 2014 | 2013 | 2012 | 2011 | 2010 | 2009 | 2008 | 2007 | 2006 | 2005 | 2004
  • Más populares | Estadística
  • Calendario
  • Última noticia

 


Conectarse

Hermanos maristas

RSS YouTube FaceBook Twitter

 

Foto de hoy

Australia: Lavalla200> Mount Druitt

Hermanos maristas - Archivo de fotos

Archivo de fotos

 

Últimas novedades

 


Llamadas del XXII Capítulo General



FMSI


Archivo de novedades

 

Calendario marista

22 marzo

Santos: Bienvenido, Zacarías y Octavio
1988, exhumación de los restos del Hermano Alfano en Ventimiglia para su sepultura provisional en el cementerio de Verano (Roma)
2002, La Congregación para las Causas de los Santos reconoce la validez del proceso diocesano relativo al Hermano Lycarion (1909)
Día Mundial del Agua (ONU)

Calendario marista - marzo

Lumen Fidei

 

Archivo

La primera encíclica del Papa Francisco

28/07/2013: Casa general

Tengo en mis manos la primera encíclica del nuevo Obispo de Roma, Francisco. Es una encíclica notable en la cual Francisco recibe mucho de su predecesor. “Asumo su precioso trabajo" (nº 7). ¿Cuáles son los grandes rasgos de LUMEN FIDEI? Veamos cuatro líneas principales, dejando en silencio muchas otras que no son menos importantes.

1. La fe: don de Dios que hay que alimentar

La idea aparece en el inicio de la Encíclica (cf. N º 1), pero se extiende a través toda ella. Por supuesto, el don es Jesucristo que viene al mundo como luz. Creer es aceptar el don de la fe que en el nº 19 aparece como "don originario y radical" (cf. también nº 12). Acoger este don implica una consecuencia extraordinaria: nos convierte en una nueva criatura, y la manera de ver las cosas, el mundo y las personas será la manera de ver de Jesús. Este "don recibido" (nº 22), "don sobrenatural" (nº. 4) llevado a sus últimas consecuencias, nos conduce a una total identificación con Jesús. Viene a la mente la frase paulina: "Y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí." (Ga 2, 20).

Si el don es Jesucristo, eso significa que somos invitados a acogerlo como CENTRO de nuestras vidas. Francisco nos dice que esa era la invitación fundamental del Concilio Vaticano II: "Ha sido un Concilio sobre la fe en cuanto nos ha invitado a poner de nuevo en el centro de nuestra vida eclesial y personal el primado de Dios en Cristo" (n ° 6). Pero esta tarea de centrar nuestra vida en Cristo no se consigue un día. Puede ser tarea de toda la vida, haciendo continuamente una llamada a una fe renovada. Por lo tanto, este don de Dios es, en cierto sentido, también una conquista. Es decir, "tiene que ser alimentado y robustecido para seguir guiando su camino" (nº 6).

2. La fe: luz en la transmisión de una "memoria"

El carácter luminoso de la fe (cf. n º 4) proviene del hecho de que sólo se puede ver en relación con Cristo, Sol de nuestras vidas (cf. nº 1). La fe nace del encuentro con el Dios vivo (cf. nº 4, 38) y se convierte en luz a lo largo del camino. No hacemos ese camino solos. La existencia del creyente se vive en comunidad, en Iglesia. La relación con Cristo ilumina nuestra relación con los demás. El cristiano es un ser en relación. De esa relación nace la necesidad y el deber de transmitir el "tesoro de memoria que la Iglesia transmite" (nº. 46) para que "la continuidad de la memoria en la Iglesia" (nº 49) esté garantizada. El nº 38 de la Encíclica subraya de una manera especial esta dimensión de la memoria. En este número, Francisco llega incluso a afirmar que "el conocimiento de uno mismo solo es posible cuando participamos en una memoria más grande." Cabe señalar, sin embargo, que la luz de la fe es la luz de una "memoria fundante" (nº 4, nos lleva al pasado, al origen, cf. también el nº 40, donde además de "memoria fundante" también aparece la expresión "memoria encarnada"), pero al mismo tiempo "viene del futuro", ya que, en la resurrección de Jesús, estamos seguros de nuestras vidas iluminados por Él, más allá de la muerte (cf. nº 4).La fe es también "memoria del futuro" (nº 9) y don que no puede ser retenido para sí (cf. n º 37)

3. La fe: camino y edificación

Es evidente que la fe es camino, una llamada a ponerse en camino. El Papa Benedicto XVI lo había recordado ya en la Carta Apostólica PORTA FIDEI, con la que convocó el Año de la Fe. En el nº 2 de este documento se habla de la exigencia de redescubrir el "camino de la fe" para iluminar con alegría y entusiasmo renovado nuestro encuentro con Cristo. En el mismo número aparece también la invitación a toda la Iglesia a "ponerse en camino." Invitación renovada en el nº 10, con una precisión: "para encontrar a Aquel que no buscaríamos si no hubiera ya venido." Este llamado a "ponerse en camino" tanto puede ser individual (cf. nº 8, Abraham) como colectivo (cf. nº 12, Israel).

El camino conduce a un lugar, a una "ciudad". Es lo que nos recuerda el capítulo IV de la Encíclica con el título: "Dios prepara una ciudad para ellos." Es decir, con palabras de Francisco: "La fe no sólo se presenta como un camino, sino también como un edificación, como la preparación de un lugar en el que el hombre pueda convivir con los demás" (nº 50). Aparece a la luz de la fe la relación entre fe y bien común. La fe ilumina la totalidad de las relaciones humanas.

Pero la fe ilumina también la última llamada a la invitación a la invitación bíblica "Sal de tu tierra" (cf. nº 56). Es decir, la muerte misma, iluminada por la fe, puede ser vivida como la última llamada de la fe. Roger Garaudy, en su libro Palabra de Hombre, habla de la muerte como el último acto de obediencia a Dios. La muerte finalmente iluminada por la "obediencia de la fe" (cf. Hb 11, 8; Rm 1, 5; 16, 26; 2 Co 10, 5-6) será el último instante, el último paso del camino de la fe que introduce al creyente en la "ciudad de Dios".

4. La fe: camino hacia el amor

La fe está llamada a convertirse en una "fe operante", recordando el texto clásico de Santiago donde la fe sin obras es una fe muerta (cf. St 2, 14-18). San Pablo recordaba a los Gálatas que la fe debe actuar por amor (cf. Ga 5, 6). Benedicto XVI en la Carta PORTA FIDEI decía que la fe había de ser el “nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre" (n º 6). Francisco va por la misma línea y añade: "Precisamente por su conexión con el amor, la luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz" (nº 51). Y también en el mismo número: "La fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas... y así ilumina el arte de la edificación, contribuyendo al bien común" La fe está llamada a dar frutos para crear un cielo nuevo y una tierra nueva (cf. 2 P 3, 13).

Es interesante notar que Francisco habla no sólo de la "luz de la fe", sino también de la "luz del amor" (cf. nº 31, 34). El número 34 menciona las dos expresiones diciendo que "luz del amor (es) propia de la fe" y la "luz de la fe unida a la verdad del amor es una luz encarnada que procede de la vida luminosa de Jesús."

El texto habla diversas veces de la esperanza (cf. nº 7, 9, 28, 51, 53, 57) sin utilizar la expresión "luz de esperanza". Creo que no estará fuera de propósito expresarse así, ya que Francisco, al hablar del servicio de la fe por el bien común, lo presenta como un "servicio de la esperanza" (nº 57) que mira adelante, hacia un futuro que viene de Jesús resucitado. La "luz de la esperanza" nos mantiene en el camino y nos da fuerza para edificar una sociedad más justa. Ese es el dinamismo de la esperanza.

Son cuatro rasgos de LUMEN FIDEI. En el texto aparecen muchos otros. Y todos ellos de gran importancia. La Encíclica es un alimento extraordinario para nuestra vida espiritual y apostólica. No faltan en ella referencias al Espíritu Santo (cf. nº 5, 7, 20, 21, 38, 39, 40, 43, 59),  a la eclesialidad de la fe (cf. nº 22), a la fe como escucha y visión (cf. nº 29-31), a los sacramentos y su importancia en la transmisión de la fe (cf. nº 40-45), así como a la oración (Padre Nuestro) y al Decálogo (cf. nº 46), para terminar con una referencia inevitable María (cf. nº 58), feliz porque ha creído (cf. Lc 1, 45). Un documento impresionante a ser explorado con inteligencia y amor, con un "corazón creyente", para usar la expresión paulina (Rm 10, 10, cf. No. 22, 26). Una palabra de agradecimiento a Francisco, por la profundidad de su reflexión sobre la fe y por compartirla con nosotros.

__________________
Rio de Janeiro, 12 de julio 2013, celebrando la fe con los jóvenes y con Francisco
H. Teófilo Minga

2819 visitas