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El don de tener un corazón Marista

16/08/2013: Guatemala - Álbum fotográfico

Inicio compartiendo la sorpresa y emoción vivida desde la invitación a participar de esta experiencia. Sucede algunas veces que la persona implicada es la última en enterase y ésta vez no fue la excepción. Así que de sorpresas tuvo mucho. Luego de notificarme oficialmente fue experimentar la dicha y la gratitud al depositar en mí tal confianza. Esto sin esperarlo… pero sé que las cosas de Dios son las que menos se esperan.

De la experiencia CHANGE resalto el don de tener un corazón Marista y el valor del lenguaje del Amor; cuando al comunicarnos una mirada, una sonrisa, una mano, un abrazo valía más que una palabra. El idioma no es una barrera para hacer familia, les digo que he vivido un pentecostés “cada quien hablaba en su lengua y sin embargo se entendían” pues el espíritu les animaba. Y es este mismo espíritu el que nos une.

Fue experimentar una vida Marista sin fronteras, tengo la certeza que vale la pena ser Marista, que vale la pena dejarse amar por Jesús y María, vale la pena estar junto al niño y joven más necesitado, vale la pena apostar por el servicio, vale la pena porque esto es lo que me ha hecho realmente feliz.

Hago mía la frase de un hermano que dijo: “Jóvenes son la generación del SÍ” deseo para nosotros que este tiempo sea una primavera permanente; de florecer, relucir y renovar compromisos. Y como sabemos la primavera siempre trae consigo un CHANGE que transforma y da esperanza que un mundo mejor es posible. Acojo este don y me dispongo a vivir mi primavera junto a los niños y jóvenes que acompaño y que ocupan mi corazón.

Hemos sido acogidos con el amor de jóvenes, hermanos y laicos que comparten el mismo carisma y alegría. Hay vida! lo he experimentado y que bien se siente. Hermanos sigamos caminando juntos, confíen en nosotros y nosotros confiamos en ustedes. Me quedo con el deseo profundo de vivir la experiencia de comunidad, seamos familia y amigos que hacen vida la misión y el servicio voluntario motivados por Champagnat y Jesús.

De la JMJ me queda la certeza que debemos ser una sola Iglesia, las banderas, los logotipos representativos no deben ser motivo de competitividad y separación. La Iglesia como como comunidad debe ser nuestra casa. No hay que tener miedo a vivir una Iglesia joven, cultivemos la fraternidad y la comunión para salir de este mundo fragmentado. Comparto la invitación a ser una comunidad de fe, de amistad, apoyo, de vida espiritual, que se solidariza con los pobres, una Iglesia Mariana que incluye a toda persona e involucra al compromiso. En palabras del Papa Francisco “Jesús no les dijo: Ve y haz mis discípulos a todas los pueblos, les dijo: Vayan y hagan mis discípulos a todos los pueblos” no vamos solos, no tengamos miedo, solamente necesitamos hacerlo juntos en comunidad. La responsabilidad de evangelizar es de todos, así que seamos como el samaritano estemos abajo junto al que lo necesita y no arriba como egoístas y aficionados.

Ahora que lo he visto, oído, escuchado y vivido. ¡Yo soy responsable! ustedes junto conmigo somos responsables de que esto no sea solo un consumismo de experiencias. Estoy en la “jugada” el Señor ha confiado en mí, deseo que mis frutos sean para bien de los demás. 

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