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Entrevista al H. Seán Sammon

19/04/2014: Estados Unidos

El Hno. Sean Sammon, Superior General del Instituto Marista de 2001 a 2009, reside actualmente en la ciudad de New York. En marzo pasado, el Hno. Sean ofreció una entrevista a la Hermana Camille D’Arienzo, publicada en National Catholic Report. Quisimos compartir un fragmento de ésta, en la que el Hermano habla de la vida religiosa. Para leer la entrevista completa, en inglés, pinche aquí.

________________________

Hna. Camille: Sus créditos profesionales incluyen un doctorado en psicología clínica y un puesto como director clínico internacional en House of Affirmation, de 1982 a 1987. Ha publicado 10 libros y, con frecuencia, ha colaborado como ponente en conferencias de todo tipo. ¿En cuál de estas áreas ha encontrado los más grandes desafíos?

Hno. Sean: Mi trabajo como director clínico internacional en House of affirmation, fue enriquecedor y exigente. Para comenzar, tuve el privilegio de trabajar con colegas excepcionales y muchos de quienes llegaban a la casa para seguir sus programas residenciales y educativos eran también una fuente de inspiración. Eran personas dispuestas a enfrentar importantes preguntas sobre la vida y sobre los cambios que estaban sucediendo en nuestras iglesias y en sus órdenes religiosas. 

Pero nunca ha habido una “era dorada” en la vida religiosa, sino que cada era ha tenido sus propios desafíos. Necesitamos canalizar nuestras energías para responder a los retos de hoy, incluyendo aquellos cambios que pocos acogen. 

 

Hna. Camille: ¿Qué impacto han tenido estos cambios?

Hno. Sean: Hemos aprendido mucho de todo lo que ha sucedido. Por un lado, la vida religiosa nunca pretendió ser una fuerza laboral eclesiástica. Por otro lado, nuestro estilo de vida pertenece a la iglesia carismática y no a la iglesia jerárquica. Además, la vida religiosa está concebida para ser la consciencia de la iglesia, para recodarle a este gran cuerpo su verdadera naturaleza, lo que anhela ser, puede ser y debe ser.

Los jóvenes que llegan hoy a la vida religiosa nos recuerdan que la comunidad y una vida vibrante de oración son parte importante para nuestra vida religiosa, como lo son los apostolados para nuestra congregación.

El desafío que enfrentamos hoy es construir el futuro de la vida religiosa- soñar, tomar riesgos, estar dispuestos a cambiar, para que este estilo de vida pueda continuar y pueda seguir siendo la levadura que debe ser dentro de la iglesia y de la sociedad. 

 

Hna. Camille: ¿Qué lo llevó a la vida religiosa?

Hno. Sean: El contacto personal con los Hermanos Maristas. Cuando conocí a los Hermanos, me sentí completamente atraído por su estilo de vida y por el trabajo que realizaban. Ellos parecían muy humanos, tenían un fuerte sentido de comunidad y eran muy amables entre sí y con nosotros, sus estudiantes. Encontré un verdadero sentido de familia entre ellos, más aún, su expresión de fe me pareció muy relacionada con la vida de todo los días.

 

Hna. Camille: ¿Cuáles han sido para usted las gracias y los desafíos de la misión internacional marista?

Hno. Sean: Ayudar a los jóvenes a enamorarse de Dios es una bendición y al mismo tiempo un reto en estos días. A nuestro fundador Marcelino Champagnat le gustaba decir “Para enseñar a los niños y jóvenes hay que amarlos primero, y amarlos a todos por igual.”

Aunque muchos asocian a los Hermanos Maristas con las escuelas, nuestro trabajo ha sido siempre la evangelización de los jóvenes, especialmente de los jóvenes más desfavorecidos. Nuestro fundador nos dio el nombre de “Hermanitos de María” y, honestamente, es el que prefiero. En su momento, él pensó en escuelas como medio de evangelización, pero no previó establecer un sistema educativo. 

Hoy, unos 4.000 Hermanos Maristas y unos 40.000 laicos aproximadamente trabajan con 650.000 jóvenes en instituciones maristas en 80 países, en los diferentes rincones del mundo.

También tenemos una oficina ante el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, donde promovemos y defendemos los derechos de los niños. Hoy nuestros apostolados son diferentes y van de escuelas primarias a grandes universidades. Tenemos una escuela para niños de la calle con minusvalías en Phnom Penh, Camboya. Trabajamos con los niños soldados y realizamos un programa internacional de voluntarios para los jóvenes que deseen servir por uno o dos años.

Tomamos seriamente la recomendación de nuestro fundador: “un hermano es un hombre para quien el mundo no es bastante grande”.

 

Hna. Camille: Usted ha ocupado diferentes posiciones dentro y fuera de la comunidad marista. De todas ellas ¿cuál le ha ofrecido mayores retos y satisfacciones?

Hno. Sean: Como comenté previamente, he sido lo bastante afortunado como para haber disfrutado de todo lo que se me ha pedido que haga en mi vida. Cuando fui presidente de la Conferencia Superiores Generales nuestro equipo: Hermano Cristiano Paul Hennessy, Padre Marianista Patrick Tonry, Padre Roland Faley [miembro de la Tercera Orden Regular de San Francisco] y Padre Sulpiciano Jerry Brow – fue, anualmente, a la Congregación para Religiosos y a otros dicasterios del Vaticano. Durante muchos años fuimos a Roma con los delegados de LCWR. Para mí, estos viajes colectivos fueron los más efectivos que pudimos haber hecho. La Hna. Janet Roesner, era la directora ejecutiva en ese momento, mientras que la hermana Dominica Nadine Fley y la Hermana de la Providencia Kathleen Popko, fueron presidentas sucesivamente. Los miembros de la Conferencia de Superioras Religiosas me enseñaron mucho acerca del amor de las hermanas por este estilo de vida y su celo por la misión fue de gran inspiración. 

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