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Comunidad Internacional de Siracusa

03/05/2017: Italia

Del 2 al 5 de marzo, el hermano Brendan Geary, Provincial de la Provincia Europe Centre-Ouest, visitó la comunidad Lavalla200> de Siracusa, acompañado por su amiga Moira Macfarlane. Moira fue cónsul británico en Florencia durante más de diez años y sigue sintiéndose involucrada en los acontecimientos culturales de la ciudad. Cuando Moira regresó a Escocia, escribió un artículo sobre su visita.
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Un silencio pesado reinaba en la habitación del elegante hotel de Bolonia. Clientes y personal de servicio miraban horrorizados la pantalla del televisor. Se había hundido un barco en el Mediterráneo con más de 100 pasajeros. No había supervivientes y la mitad de los naufragados eran niños. Todos opinaban que había que hacer algo – escribir al gobierno, hacer donaciones a las organizaciones de solidaridad. ¿Lo hicieron? ¡Tal vez!

Estas imágenes de naufragios nos parecían impactantes e inhumanas pero nuestras reacciones se bloquearon rápidamente con el paso del tiempo. ¡Nos tapamos los ojos! No pasa un solo día sin que los medios de comunicación nos muestran imágenes de niños aterrorizados caminando entre los escombros de sus casas derrumbadas, familias arrastrándose penosamente en la nieve en búsqueda de refugio en Europa del Este, jóvenes colegialas secuestradas, personas golpeadas y amontonadas en barcos peligrosos, como si fueran ganado. Nos parece espantoso, pero seguimos tranquilamente ocupándonos de nuestras ocupaciones diarias. “¡Sí, ciertamente, tenemos que hacer algo!

Los hermanos maristas pasaron de las palabras a la acción. El proyecto Lavalla200>, enmarcado en el Bicentenario de la congregación, se puso en marcha con el fin de prestar ayuda a los niños y jóvenes que viven en situaciones difíciles, en todo el mundo. Abrieron una nueva comunidad en un antiguo orfanato, en Siracusa. Su objetivo es acoger a los menores que huyen de su país, destruido por la guerra. La comunidad cuenta con tres miembros y está dirigida por el hermano Onorino Rota como superior. Está acompañado por dos jóvenes voluntarios, Gabriel Bernardo da Silva y Mario Araya que han interrumpido sus carreras para comprometerse, al menos por dos años, con el proyecto Lavalla200>. Tuve la oportunidad de pasar cuatro días en Siracusa con el hermano Provincial, Brendan Geary. Estos días me marcaron profundamente y me recordaron la reacción vivida, unos años atrás, en el elegante hotel de Bolonia. Esta comunidad está dispuesta a poner su experiencia y todas sus energías al servicio del proyecto. Su experiencia les permitió establecer, en breve espacio de tiempo, unas relaciones constructivas con las autoridades civiles, las organizaciones humanitarias, las iglesias y otras congregaciones religiosas en la zona. Lograron adaptarse rápidamente a las realidades locales.

La mayoría de los menores no acompañados presentan traumas severos. Han sufrido durante su peligrosa travesía por la Europa occidental y han sufrido graves abusos por parte de los traficantes libios, antes de ser amontonados en embarcaciones poco fiables intentando llegar hasta Sicilia. Carecen de familia, están desprovistos de todo y no son reconocidos oficialmente. Lloran sus seres queridos, les asaltan todo tipo de pesadillas y están preocupados por su incierto futuro. Sobretodo temen que se les niegue el asilo y que sean devueltos a Libia, un verdadero infierno para ellos. Conseguir que las autoridades italianas decidan su destino puede durar 18 meses y, mientras tanto, estos jóvenes necesitan una vivienda y de alguien que los tome a su cargo. Necesitan acompañamiento escolar para prepararse a la vida europea. Algunos no saben leer ni escribir, hablan el árabe, aunque algunos pueden hacerse entender en francés o en inglés además del árabe. Ignoran completamente la cultura y las tradiciones europeas. Además, la escolarización normal no es posible, a pesar de lo que han tenido que vivir y de sus enormes carencias escolares. La única respuesta consiste en mostrarse abiertos y acogedores y acompañarles en sus ocupaciones. Hay que decir que la comunidad marista sobresale en este tipo de trabajo. La comunidad garantiza el trabajo de cercanía con 90 adolescentes en el centro residencial “Casa Freedom”. Lo primero que te impacta al entrar en este centro es la alegría y la confianza que muestran los jóvenes hacia los miembros de la comunidad. Los miembros de la comunidad, acompañando a los jóvenes en sus actividades diarias, les proporcionan la posibilidad de formarse y de resolver sus problemas, fuera de todo marco oficial.

La comunidad también se implica, junto a la iglesia local, en un programa diseñado para informar a los jóvenes menos favorecidos sobre sus derechos y sobre las ayudas a las que pueden tener acceso. Los hermanos ofrecen albergue en su “Casa Caritas”, a un reducido número de jóvenes inmigrantes no acompañados que ya han encontrado trabajo, pero que todavía necesitan de la acogida.
La fuerza de la comunidad marista radica en el hecho de que los hermanos llegaron en Siracusa sin un programa bien definido. Se tomaron tiempo para adaptarse a las realidades locales y comenzaron a trabajar junto a otras organizaciones. Se dedican a principalmente a acompañar a los jóvenes, antes que a orientarlos en una u otra dirección. Así, consiguieron ganarse la confianza de estos jóvenes a quienes las experiencias del pasado les han vuelto suspicaces.

El proyecto Lavalla200> es un desafío, no sólo emocionalmente. Se requiere sabiduría, sensibilidad y paciencia. He podido captar esas cualidades en los hermanos cuando estuve con ellos y les deseo mucha suerte en esta misión crítica para tantos jóvenes. Gocé del gran privilegio de pasar cuatro días con estas personas maravillosas y darme cuenta del trabajo realizado. A este privilegio... ¿seguirá ahora una respuesta positiva por mi parte?
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Moira Macfarlane – marzo del 2017

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