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Un trabajo de pionero en medio de la tribu Bara

15/09/2006: Madagascar - Álbum fotográfico

El Ihorombe, al sur de Madagascar, es la región de la tribu bara, tribu nómada, un poco semejante a los Masai de Kenia. Su riqueza ha estado constituida siempre por el gran número de manadas de cebúes. Debido a su nomadismo, los bara han sido proverbialmente refractarios a las escuelas. El porvenir de los niños y jóvenes estaba detrás de los rebaños.

Cuando los hermanos maristas se hicieron cargo del colegio de Ihosy -capital de los bara-, en 1985, se plantearon enseguida el problema de los jóvenes que no iban a la escuela. Los primeros acercamientos apostólicos con los jóvenes de la tribu vinieron de la mano del Hermano Alexandre Ramarosandratana. Pero fue el Hermano Tiana, él mismo un merina, el que se hizo un bara entre los bara, hasta que ellos lo adoptaron como uno de sus jefes, lo que le permitió trabajar hasta el 100% de la educación en la tribu. En 1996 la misión bara se pone en marcha.

El Hermano Tiana empieza fundando escuelas pequeñas: 2 ó 3 aulas, ya que las aldeas de estas gentes nómadas también son pequeñas. Actualmente funcionan 19 escuelas con cerca de 900 alumnos. Algunos de ellos se están aproximando ya a la universidad.

Cuando uno piensa que las carreteras casi ni existen, que hay que andar muchos kilómetros a pie, que hay que contentarse con la comida frugal de los nómadas, construir 19 escuelas, buscar dinero para pagar las obras, y para conseguir profesores en estos parajes perdidos, la conclusión es que estamos ante un éxito colosal. Para realizar este trabajo de pionero hay que ser visionario y audaz.

El cuidado de la educación entraña también el de la salud, ya que el paludismo y el neuropaludismo son frecuentes, como lo son las enfermedades que se transmiten con una piel poco sana. Con frecuencia las escuelas llevan anejo un pequeño dispensario con los medicamentos más habituales. A ello suele añadirse la excavación de pozos para disponer de un agua verdaderamente potable.

El Hermano Tiana se ha convertido también en el abogado de estas gentes ante los conflictos que surgen a veces con las autoridades. Los nómadas no se han preocupado nunca de obtener papeles de certificación para las tierras que les pertenecen. Por eso, ante este vacío jurídico, las multinacionales están al acecho para apropiarse de estas tierras, y el gobierno, si puede, está dispuesto a venderlas. Pero también hay bandas armadas que matan y roban rebaños enteros. A veces la situación se vuelve muy tensa. El Hermano Tiana sabe que no puede defender a los bara sin poner su vida en juego.

En el silencio de la oración, cuando despunta el día sobre la meseta del Ihorombe, Tiana se reúne con el Señor, recobra fuerzas para volver a entregarse a sus gentes bara, y el esfuerzo crece y la lucha continúa, con el gozo de ver cómo vienen cada vez más jóvenes a las escuelas y cómo cada día son más los que continúan los estudios. Se está formando una élite mejor para la tribu. Varios centenares de miles de baras comienzan a soñar en un porvenir diferente. (H. Giovanni Maria Bigotto).

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