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Bugobe, 10 años

20/11/2006: Casa general

El 31 de octubre hemos celebrado el décimo aniversario de la muerte violenta de nuestros cuatro Hermanos de Bugobe: Servando, Miguel Ángel, Fernando y Julio. En muchas Provincias y comunidades ha significado un momento de oración intensa, mezclada de emoción y admiración, sentimientos experimentados delante de grandes modelos, personas totalmente lógicas con su fe.

Aquí va un breve resumen de las iniciativas tomadas con esta ocasión en la Congregación.
1-Muchos de entre nosotros siguieron los textos cotidianos que aparecieron en la página web durante todo el mes de octubre, textos que nos conducían al décimo aniversario.
2-Una celebración enviada a todas las Provincias, ayudó a muchas comunidades a vivir un tiempo de oración centrada en el ejemplo que nos han dejado.
3-En el mundo marista han sido numerosas las iniciativas para hacer presentes a nuestros cuatro Hermanos: misas con los alumnos, padres y simpatizantes; concursos de cantos, poemas, obras de teatro, catequesis y presentaciones en power-point, que hacían reflexionar sobre el espíritu de generosidad y de fe.
4-La Provincia Mediterránea preparó oraciones y reflexiones para todos los días del mes de octubre, tanto para alumnos de primaria como de secundaria, y el 28 de octubre se tuvo en Sevilla un gran encuentro de reflexión, mesa redonda, eucaristía, en el que participaron centenares de personas: Hermanos, profesores, animadores.
5-El Hermano Provincial de la Provincia Ibérica es muy expresivo: «Julio era de nuestra Provincia. Todos los años, en esta fecha, solemos tener celebraciones litúrgicas en nuestros centros educativos, en las organizaciones de solidaridad y en las semanas de solidaridad. Es una fecha que nos resulta muy querida y oportuna para fortalecer la vocación misionera en la Familia marista de nuestra Provincia»
6-En la Provincia de Santa María de los Andes, en Chile, la pastoral de catequesis del año entero estaba centrada en el ejemplo y los textos del H. Fernando de la Fuente, y ello iba acompañado de concursos de canto, pintura, poesía y mini-juegos olímpicos.
7-En la Provincia de Cruz del Sur, los colegios tomaron iniciativas semejantes, más centradas en el H. Miguel Ángel Isla. Y también han publicado un CD muy hermoso sobre los cuatro Hermanos titulado Amaron hasta el final.
8-La España marista ha vivido con especial sensibilidad este aniversario: han aparecido artículos en algunos periódicos y han compuesto un bello poema, Cristo de mis rezos, sobre el crucifijo roto del oratorio de los Hermanos en Bugobe, por no mencionar las misas y oraciones en las escuelas.

Las iniciativas aquí enumeradas son las que nos ha llegado a Roma. Ciertamente hay muchas más. Pero ya con esto podemos hacer alguna reflexión.

1-La fama de santidad es justamente esa realidad que emerge espontáneamente y de múltiples maneras, que se expresa con sentimientos de emoción, de admiración, de legítimo orgullo, o a través de oraciones, reflexiones, acción de gracias a Dios y peticiones de intercesión. La fama de santidad atrae la atención de un gran número de fieles y crea en ellos el deseo de alabar a Dios y servirle con la audacia de los servidores que les inspiran. Es lo que hallamos cuando estamos atentos al lugar que estos cuatro Hermanos de Bugobe tienen en los corazones, en las oraciones y en una generosidad que se inspira en la de ellos. La fama de santidad es una de las primeras cosas que la Iglesia pide cuando se quiere abrir una causa: ¿qué impacto tienen los siervos de Dios en el pueblo de Dios? ¿Qué ventajas puede obtener el pueblo de Dios si estos siervos son propuestos como modelos? ¿Qué espontaneidad e intensidad lleva esta fama?
Pero la fama de santidad es también una señal de Dios mediante la cual él nos dice: «Ahí recibís un don excepcionalmente rico, recibís modelos de vida cristiana que son para todo el pueblo de Dios y de los cuales vosotros sois responsables»

2-Su asesinato, su martirio, nos sorprendió ; fue algo imprevisto y repentino. Pero pensándolo bien, esto sólo es cierto en parte. Quiere decir que nuestros cuatro Hermanos no corrieron en busca del martirio, que se abatió sobre ellos sin desearlo expresamente. Pero los cuatro vivieron una larga marcha de aproximación a su gran generosidad, que les condujo a los campos de refugiados de Nyamirangwe. Cuando leemos de nuevo sus notas, descubrimos a unos Hermanos que estaban ya bien abiertos a la voluntad de Dios, que eran amigos cotidianos del Señor. No improvisaron su santidad cuando se encontraron con los refugiados, aunque su vida entre ellos les llevara a sentirse aún más fuertemente llamados a un amor total. Tenemos un texto del H. Miguel Ángel Isla, La experiencia de Dios, de un misticismo deslumbrante y profundo, que data de 1977. Muchos apuntes del H. Julio, que hablan de su relación con Dios, se encuentran en libretas que escribió en el año 1984 y siguientes... Ninguno es mártir por casualidad. El martirio es una vocación que se va preparando a través de una gran generosidad. Es una lógica final, no una sorpresa. El corazón del mártir está dispuesto mucho antes de que el cuerpo sea inmolado. El martirio es la conclusión de una vida que estaba ya acostumbrada a darse.

3-¿Son mártires? ¿En qué sentido?
Nosotros nos inclinamos a decir que sí, conscientes de que la Iglesia no se contenta con emociones, sino que quiere un conjunto de pruebas que demuestren el martirio. Aunque no estemos más en los primeros pasos y no haya ninguna causa abierta, he aquí algunas razones que nos llevan a decir que sí.

1-El don de la vida.
Como el Señor, ellos dieron su vida antes de que se la quitaran. Como para el Señor, aquellos a quienes dieron su vida son los que se la arrebataron de manera violenta. Y la vida estaba donada en totalidad, sin reservas, y el don se tornaba amor y servicio sin límites, con la conciencia de que en aquella violencia y miseria que había en el campamento, su vida corría peligro.

2-La kénosis.
Y la vida estaba donada en un contexto muy inhumano, una verdadera kénosis, al igual que con el Señor; un testimonio de amor extremo. Ellos dejaron hermosos colegios o misiones tranquilas, para venir a este campo de Nyamirangwe donde reinaba la miseria, el dolor, la violencia, las privaciones, las injusticias, la inseguridad permanente. Ellos respondieron al hambre de humanidad, de presencia, de amor, de respeto, de cultura, de fraternidad... Oyeron el clamor de los desventurados, y se hicieron solidarios compartiendo la vida de los refugiados. Es el martirio de la caridad.

3-Una misma pasión.
Pero el crucifijo que tenían en el oratorio también fue masacrado, le rompieron las piernas y los brazos. Contra él, Dios inocente, se volcó el odio de todos los que matan a los mártires, un odio satánico. Nuestros cuatro Hermanos murieron por el odio hacia el Señor, compartieron la misma pasión: él mutilado, tirado por tierra; ellos, arrojados en un pozo séptico. Si miramos en totalidad lo que sucedió, el Cristo fue torturado y asesinado al mismo tiempo que los Hermanos. Es el martirio clásico.

4-El perdón
El Hermano Benito, Superior General, que conocía el amor tan fuerte que tenían a los refugiados, ‘su verdadera familia’ como solían expresarse al escribir a los de casa, no duda del perdón que ofrecieron a sus asesinos. Él mismo, como Superior de todos los Hermanos, también en aquellos momentos perdonó y rezó por ellos. El Hermano Albert Nzabonaliba, rwandés, que les había precedido en el campamento como responsable de la comunidad de los Hermanos, no duda de su perdón, porque, como dice, «su corazón vibraba al unísono del de Cristo» El perdón es un elemento del martirio, el mártir es un hombre de reconciliación, en su muerte rehace la unidad de la humanidad. Con el perdón proclama que aquel que le mata sigue siendo su hermano. En todo martirio se renueva la epifanía de la Cruz: Cristo vuelve a ser llevado a la muerte y perdona como en la Cruz; se convierte en el Salvador, el que abate los muros del odio.

Los Hermanos Servando Mayor, Julio Rodríguez, Fernando de la Fuente y Miguel Ángel Isla son ciertamente modelos y pueden ser considerados como pioneros de lo que vivimos hoy en el Instituto, la «missio ad gentes». Podríamos llegar hasta decir que son también intercesores en este nuevo empeño misionero que estamos viviendo.

Tres puntos resaltan con fuerza:
1-Ellos dijeron “sí” a una misión difícil.
2-Amaron a los refugiados sin límite hasta el punto de que aquéllos se convirtieron en «su familia».
3-En este “sí”, en este amor, encontraron una muerte violenta.
Coinciden tres dones: la voluntad, el corazón, la vida.
Éstos son los modelos que busca el mundo de hoy..

H. Giovanni Maria Bigotto, Postulador.

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