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Estudiante musulmán en una escuela católica

 

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St Joseph’s Marist School, Rondebosch, Ciudad del Cabo

29/11/2006: Sudáfrica

Estas líneas fueron escritas por un joven de Bangladesh que vino al colegio St Joseph hace tres años para cursar el 10º grado y ha rematado sus estudios hace poco terminando el 12º. Él tenía bastantes reticencias para venir a nuestro colegio, pero su padre insistió y le animó a entrar diciéndole: “En el St Joseph conocerás el mundo”. Al final de su estancia, el Hermano Laurence le preguntó qué pensaba ahora. Saif respondió: “Estaba equivocado, me alegro de que mi padre tuviera razón”.

Mucha gente me ha preguntado: “Saif, ¿qué tal te fue como estudiante musulmán en una escuela católica?” Aunque no se puede dar una respuesta con un simple adverbio o adjetivo, la verdad es que estudiar en el St. Joseph’s College fue una experiencia sorprendentemente agradable. La excelente ubicación del colegio, los distintos alumnos y sobre todo su brillante profesorado, creaban una atmósfera tan grata y amistosa, que no recuerdo haberme sentido extraño ni por un minuto. Lo que realmente me impresionó era el énfasis puesto en la educación religiosa en el centro. En tiempos como éstos en que los seres humanos, la mayor creación de Dios, se están volviendo cada vez más materialistas y obsesionados con la riqueza y el poder, yo recibí allí lecciones inapreciables en cosas como la piedad, la humildad y buenas costumbres. Yo creo que esas lecciones son universales y a mí me servirán de guía moral en mi camino hacia el futuro.

El musulmán hace oración cinco veces al día. La oración de la tarde del viernes es la más importante. Que yo sepa, en muchas otras escuelas no musulmanas se da a los alumnos musulmanes la facilidad de acabar sus clases pronto los viernes para que puedan cumplir con su precepto. Sin embargo, lo que distingue al St. Joseph de los otros centros por su tolerancia y estima de las otras religiones es que el señor Hugh Fynn, director de la institución, lleva en coche a los estudiantes musulmanes a una mezquita cercana todos los viernes y los recoge cuando termina el servicio de oración. En el nombre de todos los alumnos musulmanes del colegio, doy las gracias al señor Fynn por su alentador esfuerzo. También estoy agradecido a la anteriora directora, la Sra. Jenny Marshall, y al señor Tom O’Reilly por haber adecuado una sala de oración en el colegio para estudiantes musulmanes y de otros credos.

En un mundo donde muchos musulmanes inocentes, seguidores de una religión de paz, se ven estereotipados diariamente, a mí me trataban con atento respeto en el St. Joseph’s College. Y lo que más me admiró fue que yo, estudiante musulmán, recibí el premio de Educación Religiosa de los Hermanos Maristas. Creo que el mensaje que había detrás de aquel gesto era que en nuestro colegio, todos los alumnos de cualquier religión que fueran, eran tratados equitativamente, con igualdad y respeto. Yo lo viví de esa manera. Sin embargo, el orgullo de ganar aquel premio no fue lo más agradable. Lo que me hizo sentir verdaderamente honrado es que los pequeños conocimientos de un musulmán que aprendía su religión eran reconocidos y galardonados por una institución católica.
No se puede expresar en unas líneas todo lo que disfruté durante mi estancia en el St. Joseph. El aspecto de la oración católica que más profundo me parecía era cuando los que rezaban se daban la mano en la capilla y decían “la paz sea contigo”. Incluso para un estudiante no católico como yo, aquello no era un gesto cualquiera. Era una sensación de estar comunicado con otro ser humano en un plano espiritual. Nunca podré pagar suficientemente al colegio todo lo que me dio, pero estoy de acuerdo con el Hno. Laurence cuando relacionaba el catolicismo con las palabras de un poeta irlandés, que dijo una vez: “Ser católico significa Aquí estamos todos”.



Mohammed Saif Islam
Saif entró en el St Joseph’s College en enero de 2004, y terminó recientemente la secundaria superior.

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