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Hallado el Transumptum de la causa

 

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Hermanos mártires en China

10/06/2009: Casa general

A veces la gente pregunta: “¿Qué pasa con nuestros hermanos asesinados en Pequín, en 1900, durante la revolución de los Bóxers? ¿Por qué no son santos, si los franciscanos muertos en las mismas circunstancias ya han sido canonizados?

Cuando hablamos de este grupo de hermanos, nos referimos a los siguientes:
Jules André Brun, Visitador, 37 años, asesinado el 12 de agosto de 1900; Joseph Félicité Planche, director de un orfanato, 28 años, asesinado el 18 de julio de 1900; Joseph Maria Odon, hermano chino, 26 años, asesinado en Chala, el 17 de junio de 1900, y del postulante Paul Jen, asesinado en Chala, el 17 de junio de 1900.

No hay que confundir este grupo con los hermanos Léon, Louis Maurice, Prosper Victor, Joseph Amphien y Marius, que fueron asesinados en Nanchang, en 1906, en un contexto muy diferente.

Los hermanos de Pequín fueron asesinados por los Boxers, al mismo tiempo que cuatro Padres Lazaristas y un gran número de cristianos chinos.

El proceso diocesano de este grupo de mártires empezó en Pequín, el 1° de enero de 1913, y acabó el 28 de mayo de 1935. Dos copias de las actas del proceso fueron enviadas a Roma. La primera se llama Transumptum y se queda en el Vaticano; la segunda se llama Copia Pubblica y se entrega a la Congregación religiosa responsable de la causa: los padres lazaristas. Pues bien, dicha Copia Pubblica se había perdido y, al parecer, nunca fue entregada a la Congregación de los Lazaristas. Al no disponer de los documentos del Proceso diocesano, poco a poco, lazaristas y maristas nos fuimos olvidando del proceso de esos mártires. Pero, recientemente, el nuevo Postulador de los padres lazaristas consiguió encontrar el Transumptum o primera copia de las actas del proceso diocesano. Se hallaba en los archivos del Vaticano. Los responsables de dichos archivos han accedido a preparar un CD con todos los documentos: 1.500 páginas, manuscritas y en latín. Habrá que digitalizarlas y traducirlas en una lengua actual: francés o italiano, y lograr que la Congregación para las causas de los santos reconozca ese trabajo como Copia Pubblica. Seguidamente empezará la fase romana del proceso.

Este grupo de mártires cuadra muy bien con el estilo que los hermanos buscamos para hoy; en torno a los 4 padres lazaristas y a los 4 hermanos maristas, hay un gran número de cristianos de la joven Iglesia de China, cientos de hombres y mujeres de todas las categorías y edades. La diferencia de edad va de 77 años a 2: familias enteras fueron exterminadas.

El movimiento de los Bóxers fue, sin duda, un movimiento patriótico, a favor de una China totalmente independiente. Hay una dimensión política en todo esto. Pero son muy raros los casos de mártires carentes de dimensión política. La razón oficial de la condena a muerte del Señor es política; se había proclamado rey: “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos”. Los cristianos chinos que no apostataban salvaban la vida, los que no renunciaban a Cristo eran asesinados.

El descubrimiento del Transumptum nos permite confiar en la apertura de la fase romana del proceso, en la cual testimonios, documentos, escritos, contexto histórico y razones del martirio serán estudiados por los teólogos… Es una fase larga pero posible, puesto que ahora tenemos los documentos. Aunque los primeros responsables de la causa sean los padres lazaristas, vamos a colaborar con ellos.



Carta que solicitaba la apertura de la causa

Entre los documentos de este grupo de mártires se encuentra una carta de 1912, de un hermano de China, el H. Antonin, que le pide al Reverendo hermano Estratónico que abra la causa. Es interesante conocer su contenido.

Changhai, 17 de mayo de 1912

Reverendísimo hermano:

Cuando salí para China, hace tres años, usted tuvo la amabilidad de entregarme una carta que debía servirme de introducción ante Monseñor Ferrant, en caso de que fuera posible instruir la causa de los hermanos de Nanchang (1906). Ya conoce usted el resultado de mis gestiones ante monseñor; le escribí acerca de ello en octubre de 1909, si mal no recuerdo.

Hoy, reverendo hermano, le quisiera hablar no de nuestros hermanos mártires de Nanchang, sino de los de Pequín, de 1900: los queridos hermanos Jules André, Joseph Félicité, Joseph Marie Adon y el postulante Paul Jen.

Reverendo hermano, mis gestiones están motivadas por su circular. La lectura del informe sobre la causa del querido hermano Francisco me ha animado a seguir adelante en una idea que me persigue desde hace mucho tiempo y que me parece debo poner en práctica: la introducción de la causa de nuestros mártires de Pequín, si los Superiores se muestran favorables a ello.

Dado que me faltaba información sobre una cuestión tan nueva para mí, consulté a un reverendo padre Jesuita muy experimentado en la materia, que ha sido postulador en más de diez causas. El buen padre no sólo me ha animado, sino que además me ha proporcionado información sobre la manera de proceder. Me ha dicho igualmente que la causa de los padres jesuitas, asesinados en Tchéli Sud Est, en 1900, había sido ya probablemente introducida, y que él no veía ninguna razón para que la de los hermanos no lo fuera, muy al contrario. Finalmente me ha dicho que para él –que tiene mucha experiencia en el asunto- no se podía dudar en absoluto del martirio (el martirio de nuestros hermanos de Pequín, se entiende).


Si las cosas son así, reverendo hermano, me parece que la causa es buena.

Como información importante, el Padre Rossi (Principe Rossi) me ha dicho lo siguiente: “Basta con que su Superior general pida un postulador de la casa ante la Congregación de Ritos. Dicho postulador, si es escogido en Europa, nombrará a un vicepostulador en China, que hará todas las gestiones necesarias; ese vicepostulador puede ser un hermano.”

Esa es, reverendo hermano, la importante cuestión de la que quería hablar hoy con usted.

Los hermanos que han conocido a los hermanos Jules André y Joseph Félicité sienten por ellos la mayor veneración y los consideran unos santos. Monseñor Tiberguien, que estaba de paso en Pequín, quiso arrodillarse ante la tumba de estos hermanos y nos recomendó que abriéramos su proceso cuanto antes; es mucho más fácil cuando todavía quedan testigos.

Reverendo hermano, con toda sencillez someto este asunto a su consideración. Esperando que concluya felizmente, tengo el honor de ser, reverendo hermano, su muy humilde y obediente servidor.

Hermano Antonin

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