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Misión Ad Gentes: Testimonio del Hno. Hilario desde Bangladesh

 

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24/07/2009: Bangladesh

 

hspace=5Hace más de dos años que estoy en Bangladesh, un país de 150.000 km. cuadrados y 150 millones de habitantes y el 85% son musulmanes. Superpoblado, inundable y pobre. Los católicos son 0.2 %. Las escuelas católicas son las mejores pero benefician más a los mu-sulmanes porque los cristianos son pobres. El año pasado en Saint Gregory School de los Holy Cross Brothers, asistí a alguna catequesis islámica de un Imán y los grupos eran nume-rosos y en las catequesis cristianas había 4 ó 5 chicos. No parece fácil saber cómo llevar adelante una misión evangelizadora amplia y sistemática. Habrá que aprender a partir de lo sencillo. Los encuentros ocasionales son una forma de transmitir la fe cristiana. Lo que sigue es un diálogo ocasional con un musulmán en un autobús y en la calle; no una cátedra…

El 15 de Julio acompañé al Hno. Luis G. Sobrado al aeropuerto de Dhaka para continuar con su peregrinar por las comunidades de Asia. En el autobús de regreso, tomado a empujones, un joven me cedió el asiento. Son muy gentiles con personas que consideran mayores.

Otro jovencito musulmán sentado a mi lado me preguntó Desh Kotae? (=dónde está su país). Respondí: Amar desh Argentina, kintú ekon teké, amar Desh Bangladesh. (=mi país es Argentina pero desde ahora mi país es Bangladesh). Reaccionó eufórico: Maradona, Lionel Messi…Y siguió: Apnar Bangladesh balolague? -- He, amar Bangladesh Khub balolague… (=Sí, yo quiero mucho Ban-gladesh…). Y me preguntó si yo hablaba bengalí, le dije sonriendo: amar Bangla tomar ingreyi moto (=mi bengalí es como tu inglés)… y agregué que era una lengua clara y suave y la escritura muy artística pero difícil de aprender…

Este jovencito llegó a destino y ocupó la escena un hombre también musulmán que viajaba parado siguiendo la conversación y hablaba inglés. Y empezó preguntando mi nombre: Apnar nam? -- Amar nam Hilario. Luego me preguntó por qué yo viajaba en un autobús tan sobrecargado ya que había otros medios más cómodos –-no entienden que un bideshi (=extranjero) viaje como ellos--. Yo le dije que porque así podía hablar con la gente como lo estaba haciendo con él. Me preguntó cómo veía al país y a la gente de Bangladesh. Le dije que el país era muy bonito, siempre verde y rico pero muy chico para tanta gente y a la gente la veía otitiporaión (=hospitalaria) y cercana. El asintió com-placido porque les gusta que alguien les diga eso. Y preguntó sobre mi profesión, qué estaba haciendo en Bangladesh, dónde vivía, cuánto tiempo hacía que estaba, qué pensaba yo de él, que yo le caía bien, y no sé cuánta cosa más… Para nuestro estilo son quizás demasiado curiosos.

Después preguntó si vivía solo y le dije que con unos amigos que estábamos aprendiendo bengalí porque nuestra intención era trabajar en alguna escuela para gente pobre. Y me preguntó si tenía familia y le dije que tenía hermanos y hermanas. Pero él quería saber si estaba casado y le dije que no. Para un musulmán esto es incomprensible e inaceptable en un hombre, aunque aceptable en una mujer… Y me identificó inmediatamente como cristiano y me preguntó si lo era. Le dije que sí. Y me preguntó también por qué no estaba casado. Le dije que porque Jesús, El Profeta mencionado en el Corán, había vivido así… Y aquí se produjo un silencio prolongado… y él se colocó audífonos MP3 y no habló más… Lo percibí como un poner distancia de mí por algo que él no entendía y no podía aceptar y tal vez también porque había incursionado en el Corán para responder a su pregunta de por qué no

estaba casado… Y como el tiempo estaba pesado, el autobús sobrecargado, hacía mucho calor, yo empecé a dormitar…

Respeté su silencio y no pensé más en reabrir el diálogo. Y chequeando para mí lo que hab-íamos hablado me vino a la mente que mi diálogo hubiera expresado más profundamente lo que yo soy, de mi identidad, si hubiese introducido una referencia a Jesús Hijo de Dios. Que esto tampoco lo aceptan.
Bajamos en el mismo lugar. El caminaba un poco más adelante y de repente se volvió hacia mí y me preguntó cómo hacía para vivir sin mujer. Le dije que eso era explicable y entendible hasta cierto punto, pero que era una respuesta que algunos cristianos y cristianas daban a un especial don de Dios que los hace capaces de vivir como su Hijo Jesús, totalmente para Él y para los demás, como Madre Teresa... Dios es capaz de dar plenitud al corazón humano sin esa maravillosa mediación del amor compartido con una mujer…Y eso requiere una vida centrada en Dios, una donación concreta a los otros, una sana ascesis corporal y disciplina de los sentidos, especialmente ojos, mente y corazón, y que sin esto no se superan las inclinaciones naturales y las debilidades humanas tomarán la delantera tarde o temprano... Me preguntó si conocía el Corán y le dije que tenía un ejemplar y que me gustaba lo que leí sobre el Profeta Jesús. Y le dije que en mi país hay una comunidad islámica significativa y que tiene una mezquita grande y hermosa.

En este punto del diálogo él reafirmó dos veces que el Islam era la mejor religión y por qué yo no me pasaba al Islam. Le dije que como él amaba el Islam yo también amaba mi ser cristiano y que respetaba las otras religiones como diferentes caminos en la búsqueda sincera del Dios ver-dadero…

Le dije que lo importante para mí era que un musulmán fuese un buen musulmán, un hindú un buen hindú, un cristiano un buen cristiano… y un día el Dios de Jesús se nos revelará a todos como Él es verdaderamente.

Llegamos al punto donde debíamos separarnos físicamente, yo entrando en un cibercafé y él cruzando un puente sobre una avenida. Le deseé lo mejor con el saludo musulmán “Asa-lamualaikum” (=la paz de Alá esté contigo) y él contestó “oalaikum asalam” (=y también contigo), y nos separamos. En realidad este saludo se usa al encontrarse pero lo usé al final porque cerraba bien con nuestro diálogo.

Fue un encuentro ocasional en el autobús y en la calle, y un diálogo respetuoso y convencido. Me llamó la atención que él tomó siempre la iniciativa y eso me permitió responder con respeto y sin retaceaos. Por su invitación de pasarme al Islam no creo que haya entendido mucho porque eso supone un largo camino para él. Pero no se trata de entender y mucho menos de convertir sino de dar razón y testimonio de la propia fe. El Señor Jesús, el gran misionero del Padre, hará el resto. ¿Será que hay quienes nos ven y nos buscan más como a personas espirituales que como meros bideshi o agentes sociales?
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Hno. Hilario Schwab fms
Dhaka (Bangladesh) - Asia
Julio de 2009

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