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Calendario marista - marzo

Nuestra Señora de La Salette

 

Patrona de Dominica

Salette. Un niño llamado Maximino Giraud, de once años y Melanie Mathieu de quince años estaban cuidando elganado. Melanie estaba acostumbrada y entrenada a este tipo de trabajo desde que tenía nueve años de edad,pero todo era nuevo para Maximino. Su padre le había pedido que lo hiciera como un acto generoso paracooperar con el granjero que tenía a su ayudante enfermo por esos días.Narración de la Aparición según la vidente MelanieEl día 18 de septiembre, de 1846, víspera de la Aparición de la Santísima Virgen, estaba yo solacomo siempre cuidando el ganado de mi amo, alrededor de las once de la mañana vi a un niñoque se aproximaba hacía mí. Por un momento tuve miedo, pues me parecía que todos debensaber que evitaba todo tipo de compañía. El niño se acercó y me dijo:http://www.corazones.org/maria/salette.htm (1 of 11) [9/27/2005 12:30:22 PM]saletteHey niña, voy a ir contigo, soy de Corps. A estas palabras mi malicia natural se mostró y le dije:No quiero a nadie a mi alrededor. Quiero estar sola. Pero el, siguiéndome, dijo: Mi amo meenvió aquí para que contigo cuidara el ganado. Vengo de Corps. Me separé molesta de el,dándole a entender que no quería a nadie alrededor mío. Cuando estaba ya a cierta distancia mesenté en la hierba. Usualmente de esta forma hablaba a las florecitas o al Buen Dios.Después de un momento, detrás de mí estaba Maximino sentado y directamente me dijo: Déjameestar contigo, me portaré muy bien. Aún en contra de mi voluntad y sintiendo un poco de lástimapor Maximino le permití quedarse. Al oír la campana de la Salette para el Angelus, le indiquéelevar su alma a Dios. El se quitó el sombrero y se mantuvo en silencio por un momento. Luegocomimos y jugamos juntos. Cuando cayó la tarde bajamos la montaña y prometimos regresar aldía siguiente para llevar al ganado nuevamente.Al día siguiente, sábado,19 de septiembre, de 1846, el día estaba muy caluroso y los dos jovencitos acordaroncomer su almuerzo en un lugar sombreado. Melanie había descubierto que Maximino era muy buen niño, simpley dispuesto a hablar de lo que ella deseara. Era muy flexible y juguetón, pero si un poco curioso. Llevaron elganado a una pequeña quebrada y encontrando un lugar agradable decidieron tomar una siesta. Ambosdurmieron profundamente. Melanie fue la primera en despertar. El ganado no estaba a su vista, entoncesrápidamente llamó a Maximino. Juntos fueron en su búsqueda por los alrededores y lo encontraron pastandoplácidamente.Los dos jóvenes volvían en la búsqueda de sus utensilios donde habían llevado su almuerzo y cerca de laquebrada en donde habían hecho la siesta divisaron un globo luminoso que parecía dividirse. Melanie pregunta aMaximino si el ve lo que ella esta viendo. ¡Oh Dios mío!, exclamó Melanie dejando caer la vara que llevaba. Algofantásticamente inconcebible la inundaba en ese momento y se sintió atraída, con un profundo respeto, llena deamor y el corazón latiéndole más rápidamente. Vieron a una Señora que estaba sentada en una enorme piedra.Tenía el rostro entre sus manos y lloraba amargamente. Melanie y Maximino estaban atemorizados, pero laSeñora, poniéndose lentamente de pie, cruzando suavemente sus brazos, les llamó hacía ella y les dijo que notuvieran miedo. Agregó que tenía grandes e importantes nuevas que comunicarles. Sus suaves y dulces palabrashicieron que los jóvenes se acercaran apresuradamente. Melanie cuenta que su corazón deseaba en esemomento adherirse al de la bella Señora.La Señora era alta y de apariencia majestuosa. Tenía un vestido blanco con un delantal ceñido a la cintura, no sepodría decir que era de color dorado pues estaba hecho de una tela no material, más brillante que muchos soles.Sobre sus hombros lucía un precioso chal blanco con rosas de diferentes colores en los bordes. Sus zapatosblancos tenían el mismo tipo de rosas. De su cuello colgaba una cadena con un crucifijo. Sobre la barra delcrucifijo colgaban de un lado el martillo y del otro las tenazas. De su cabeza una corona de rosas irradiaba rayosluminosos, como una diadema. En sus preciosos ojos habían lágrimas que rodaban sobre sus mejillas. Una luzmás brillante que el sol pero distinta a éste le rodeaba.Le dijo a los jovencitos que la mano de su Hijo era tan fuerte y pesada que ya no podría sostenerla, a menos quela gente hiciera penitencia y obedeciera las leyes de Dios. Si no, tendrían mucho que sufrir. La gente noobserva el Día del Señor, continúan trabajando sin parar los Domingos. Tan solo unas mujeres mayoresvan a Misa en el verano. Y en el invierno cuando no tienen más que hacer van a la iglesia para burlarse dela religión. El tiempo de Cuaresma es ignorado. Los hombres no pueden jurar sin tomar el Nombre deDios en vano. La desobediencia y el pasar por alto los mandamientos de Dios son las cosas que hacenque la mano de mi Hijo sea más pesada.Ella continuó conversando y les predijo una terrible hambruna y escasez. Dijo que la cosecha de patatas sehabía echado a perder por esas mismas razones el año anterior. Cuando los hombres encontraron las patataspodridas, juraron y blasfemaron contra el nombre de Dios aún más. Les dijo que ese mismo año la cosechavolvería a echarse a perder y que el maíz y el trigo se volverían polvo al golpearlo, las nueces se estropearían,las uvas se pudrirían. Después, la Señora comunica a cada joven un secreto que no debían revelar a nadie,excepto al Santo Padre, en una petición especial que el mismo les haría.La Señora agregó que si el pueblo se convirtiera, las piedras y las rocas se convertirían en trigo y las patatas seencontrarían sembradas en la tierra. Entonces preguntó a los jovencitos: ¿Hacéis bien vuestras oraciones, hijoshttp://www.corazones.org/maria/salette.htm (2 of 11) [9/27/2005 12:30:22 PM]salettemíos? Respondieron los dos: ¡Oh! no, Señora; no muy bien.¡Ay, hijos míos! Hay que hacerlas bien por la noche y por la mañana. Cuando no podáis hacer más, rezad unPadrenuestro y un Avemaría; y cuando tengáis tiempo y podáis, rezad más.Con su voz maternal y solícita les termina diciendo: Pues bien, hijos míos, decid esto a todo mi pueblo. Luegocontinuó andando hasta el lugar en que habían subido para ver donde estaban las vacas. Sus pies se deslizan,no tocan más que la punta de la hierba sin doblarla. Una vez en la colina, la hermosa Señora se detuvo. Melaniey Maximino corren hacia ella apresuradamente para ver a donde se dirige. La Señora se eleva despacio,permanece unos minutos a unos metros de altura (aprox. 3-5 m.). Mira al cielo, a su derecha (¿hacia Roma?), asu izquierda (¿Francia?), a los ojos de los niños, y se confunde con el globo de luz que la envuelve. Este subehasta desaparecer en el firmamento.Al principio solo algunos creían lo que los jóvenes decían haber visto y oído. Los campesinos que habíancontratado a los jóvenes estaban sorprendidos que, siendo estos tan ignorantes, fueran capaces de transmitir yrelacionar tan complicado mensaje tanto en francés, el cual no entendían bien, como en patuá en el cualdescribían exactamente lo que decían.A la mañana siguiente Melanie y Maximino fueron llevados a ver al párroco. Era un sacerdote de edad avanzada,muy generoso y respetado. Al interrogar a los jóvenes, escuchó todo el relato, ante el cual quedó muysorprendido y realmente pensó que ellos decían la verdad. En la Misa del domingo siguiente habló de la visita dela Señora y su petición. Cuando llegó a oídos del obispo que el párroco había hablado sobre la aparición desdeel púlpito, éste fue reprendido y reemplazado por otro sacerdote. Esto no es sorprendente ya que la Iglesia esmuy prudente en no hacer juicios apresurados sobre apariciones.Melanie y Maximino eran constantemente interrogados tanto por los curiosos como por los devotos. Ellossimplemente contaban la misma historia, repitiéndola una y otra vez. A los que estaban interesados en subir lamontaña, les señalaban el lugar exacto donde la Señora se había aparecido. En varias ocasiones fueronamenazados de ser arrestados si no negaban lo que continuaban diciendo. Sin ningún temor y vacilaciónreportaban a todos los mensajes que la Señora había dado.Surgió una fuente cerca del lugar donde la Señora se había aparecido y el agua corría colina abajo. Muchosmilagros empezaron a ocurrir. Las terribles calamidades que fueron anunciadas se empezaron a cumplir. Laterrible hambruna de patatas de 1846 se difundió, especialmente en Irlanda donde muchos murieron. La escasezde trigo y maíz fue tan severa que más de un millón de personas en Europa murieron de hambre. Unaenfermedad afectó las uvas en toda Francia. Probablemente el castigo hubiera sido peor de no haber sido por losque acataron el mensaje de La Salette. Muchos comenzaron a ir a misa. Las tiendas fueron cerradas losdomingos y la gente cesó de hacer trabajos innecesarios el día del Señor. Las malas palabras y las blasfemiasfueron disminuyendo.

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http://www.mariologia.org/aparicioneslasalette.pdf