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Emili Turú - La Valla: casa de la luz

Emili Turú
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Boletín marista - Número 102

 

Hermano Francisco, primer superior general del Instituto marista
13.11.2003

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14 de noviembre de1934: introducción de la causa del hermano Francisco en Roma

Gabriel Rivat (1808 – 1881)
BIOGRAFÍA BREVE DEL HERMANO FRANCISCO,
PRIMER SUPERIOR GENERAL DEL INSTITUTO MARISTA


H. Manuel Herrero Montes

H. Manuel Herrero Montes, 77 años, nació en Campos (Palencia, España). Desde 1981 es gerente de la Editorial GRAM en Buenos Aires, Argentina. Ha escrito una breve biografía del hermano Francisco a través de una Elaboración y síntesis inspirada en las obras de: “Un héroe humilde” del hermano Gabriel Michel, “Hermano Francisco” de Guy Chastel, “Vida de Marcelino Champagnat” del hermano Juan Bautista, y otras publicaciones. Con motivo de la celebración del Año del hermano Francisco, hacemos llegar a nuestros suscriptores esta biografía breve, publicada en GRAM Editora.


ORIGEN Y NIÑEZ
Gabriel Rivat, quien más tarde sería el hermano Francisco en la Congregación marista, nació en Francia en 1808 en una pequeña aldea llamada “Maisonnettes” cercana al pueblecito de La Valla y éste no lejos de la ciudad de Lyon.
“Maisonnettes” era un caserío en donde vivían unos 40 habitantes distribuidos en cuatro o cinco casas con pequeñas praderas alrededor y más arriba, hacia la montaña, grandes bosques de pinos.
Su padre, Juan Bautista Rivat y su madre Francisca, eran labradores de una pequeña granja de varias hectáreas en cuyos terrenos cultivaban lo necesario para vivir ellos y sus 7 hijos, cuatro varones y tres mujeres. Poseían cinco o seis vacas, algunas cabras, cerdos y gallinas.
Otra de las posibilidades que se ofrecía a los agricultores para su subsistencia durante los meses de invierno, era la fabricación de clavos para las industrias de la ciudades vecinas.
Pero los Rivat, profundamente cristianos, que ponían en práctica cada día la oración de la mañana y de la tarde, el rosario, la oración antes de las comidas con la mayor diligencia, se consideraban especialmente ricos en su religiosidad y honradez educando a su familia con dignidad y amor al trabajo. Tanto los varones como las niñas recibían una cuidadosa formación. Francisca, la madre, manifestaba que la vida diaria tenía un sentido religioso bien determinado por la Providencia.
Gabriel era el menor de los varones, y siendo muy niño su mamá lo consagró a la Virgen en el santuario de Valfleury. Luego lo confía al Padre Marcelino Champagnat al poco tiempo de llegar a la parroquia de Lavalá, para que lo eduque. “Haga de él lo que desee, pertenece a la Virgen; se lo he dado y consagrado infinidad de veces a Ella”.

El Padre Marcelino comenzó muy pronto su tarea pastoral en la parroquia. Primero con los niños invitándolos al catecismo. Y allí acudió Gabriel cuando tenía 8 años. Cumplidos los diez, le permitió hacer la primera comunión advirtiendo su piedad y excelentes cualidades a tan temprana edad, cuando normalmente se hacía a los doce o a los trece en aquella época.
También el Padre Marcelino Champagnat advirtió con dolor, la carencia de educación y una ignorancia religiosa muy preocupante entre los niños, los jóvenes y aun los adultos de su parroquia causados por la falta de maestros preparados y las ideas anticristianas diseminadas por la Revolución francesa.
El proyecto de crear una Congregación con maestros religiosos que se ocuparan de la enseñanza, comenzó a preocuparle ya en el seminario. Recibió el apoyo de sus compañeros sacerdotes quienes se habían consagrado a la Virgen Nuestra Señora de Fourvière en el santuario de Lyon y más tarde formarían la “Sociedad de María” dedicada a la predicación y a las misiones.
Instalado ya como vicario en La Valla en agosto de 1816 comenzó su obra invitando a dos jóvenes a vivir como religiosos consagrados a María, y los instaló en una humilde casita situada cerca de la parroquia. Era el 2 de enero de 1817, dando así comienzo la Congregación de los “Hermanitos de María” o Hermanos Maristas como hoy se los conoce.

VOCACIÓN PRECOZ
Al poco tiempo llamó la atención del niño Gabriel Rivat, el grupo de estos jóvenes que rezaban, trabajaban y estudiaban junto al Padre Champagnat para ser un día religiosos maestros. Quiso unirse a ellos y estudiar como ellos. El Padre Champagnat lo admitió y fue el sexto del grupo. Los demás eran mayores que él, pero eso no importaba, ya que el Padre Marcelino se preocupó de manera especial de la formación intelectual de Gabriel.
A todos les daba una preparación pedagógica sencilla pero suficiente para situarse al mejor nivel de los escasos maestros de escuela de los alrededores. En cambio, en su formación espiritual fue muy exigente.
A partir de 1818, los jóvenes aspirantes emiten promesas que les preparan a la posibilidad de consagrar su vida totalmente al Señor, especialmente a través de una obediencia sin réplica, la puesta en común de los bienes y la aceptación de enseñar gratuitamente a todos los alumnos que el señor cura párroco considere indigentes.
Gabriel, decidido a hacerse Hermanito de María, se prepara para este compromiso y el 8 de septiembre, fiesta del nacimiento de Nuestra Señora, hace las promesas de los Hermanitos de María. Tiene once años. Recibe ese día el hábito que los distingue de la gente común y toma un nuevo nombre: Hermano Francisco, en recuerdo de su madre Francisca. Lleva a cabo este acto con una delicada conciencia y gran responsabilidad.

MAESTRO A LOS 12 AÑOS
La obediencia manifestará pronto sus exigencias. El Padre Champagnat necesita un tercer Hermano para la escuela de Marlhes y propone al Hermanito Francisco para ese puesto. Un día de enero en el que ha nevado en abundancia se encaminan dos Hermanos a Marlhes. En un determinado momento el Hermanito Francisco no puede caminar, debido seguramente, a una ampolla en un pie. El Hermano Lorenzo que lo acompaña y ya tiene casi treinta años, debió echárselo a los hombros hasta llegar a casa.
A pesar de su juventud, el Hermanito Francisco es capaz de dar clase. Por las tardes se ocupará de los más atrasados para enseñarles la lectura, el catecismo y las oraciones. En aquel tiempo los niños sólo frecuentaban la escuela algunos meses, durante el invierno; pero, visto el entusiasmo de los Hermanos, y que lo hacían tan bien, hasta los mozalbetes de catorce y quince años, que no sabían leer ni escribir, desearon aprovechar la oportunidad. Para el Hermanito Francisco no era fácil presentarse ante aquellos jovenzuelos. Se cuenta que colocaba una piedra debajo del escritorio para aparecer un poco más alto.¡Experiencia dura, por cierto!

OTRAS RESPONSABILIDADES
Después de estas primeras experiencias de la vida real va quemando etapas al lado del Padre Champagnat. Ya vimos su iniciación como maestro a los 12 años en la escuela de Marlhes; a los 17 es director de otra escuela; a los 19, superior de la casa madre y noviciado del “Hermitage” y brazo derecho del Fundador a quien reemplazaba en las ausencias y viajes que debía realizar a París para el reconocimiento oficial del Instituto.
Como director de las clases del noviciado en el Hermitage, será testigo de todos los acontecimientos que marcaron la historia de esta casa, desde su construcción, y a la cual dará el nombre de “gran relicario del Padre Champagnat”.
A los 31 años, sus cohermanos lo eligieron Director General en 1839, es decir, sustituto del venerado Padre Marcelino Champagnat cuya vida estaba próxima a extinguirse, abrumado por los achaques, la enfermedad, el trabajo intenso y las responsabilidades cada día mayores.
Ya desde joven el Hermano Francisco es un hombre que no pierde el tiempo. Encuentra los medios para adquirir buenos conocimientos en la gramática y las matemáticas, y en otras disciplinas como la agrimensura, la química, o la literatura. Una rama que no cesará de apasionarle será la farmacéutica. Aprende a elaborar remedios; esto le permitirá ejercer como enfermero una buena parte de su vida. Se conserva un volumen suyo de 850 páginas donde ha recogido el nombre de muchas enfermedades, su diagnóstico y su tratamiento: un conjunto impresionante que puede servir a un investigador para conocer algo de la medicina y los remedios prácticos de la época. El enfermero se perfecciona poco a poco; elabora ungüentos y hasta una bebida compuesta de nueve plantas mezcladas con aguardiente. Esta composición dará a otro hermano la idea, y después originó la fórmula de lo que sería más tarde la fabricación artesanal de un licor famoso, el “arquibuse” como se llamó en Francia, y más tarde “alpestre” en Italia, a base de numerosas plantas aromáticas y con propiedades medicinales.
El hermano Francisco tuvo una salud débil desde su juventud. Por ese motivo recibió una continua y estimable ayuda cuando era Superior General, por parte del Hno. Luis María y del hermano Juan Bautista en el gobierno del Instituto, pues fueron sus asistentes y consejeros. Los tres formaron un equipo homogéneo con unidad de criterio y de mando, de tal modo que fueron admirados y respetados y se les llamó los “tres uno”.

TAREAS IMPORTANTES COMO SUPERIOR
Desde un primer momento se dedicó a resolver con urgencia algunas cuestiones importantes: una de las más urgentes fue la fusión con la Congregación de los Hermanos de la Doctrina Cristiana de Valence. Se trataba de la unión completa de las dos Congregaciones con la intención principal de liberar a los Hermanos Maristas del servicio militar. Éste, por entonces, duraba seis o siete años. Un período tan largo aparecía nocivo y peligroso para la vocación de los hermanos.
Los Hermanos Maristas por esos años no tenían la aprobación legal, pero la Congregación antes nombrada, siendo menos numerosa, había obtenido la autorización en un período afortunado (1823) beneficiándose con la exención del servicio militar. La fusión definitiva se logró en 1842. En un departamento o región vecina se plantea un problema parecido con los Hermanos de la Doctrina Cristiana de Viviers, y esta unión se hace en 1844, con lo cual nacieron dos “Provincias maristas” florecientes y prósperas pues se desarrollaron de manera extraordinaria.
En aquellos años la Congregación crece rápidamente: en 1844 cuenta con 370 hermanos, 126 novicios y 75 postulantes; ocupan el centro y norte de Francia y ya hay 9 hermanos misioneros en Oceanía.
El hermano Francisco no se siente con la cultura necesaria para redactar largas circulares doctrinales. Pero va a escribir cosas muy sencillas, profundamente sentidas, sobre la devoción a la Virgen, la educación, la catequesis a los niños y la oración.

RECONOCIMIENTO LEGAL DEL INSTITUTO MARISTA
Acontecimientos políticos resonantes se suceden en Francia en el año 1848. Llega al poder Carlos Luis Bonaparte y durante su presidencia concluyen las gestiones con vistas al reconocimiento legal de la Congregación. Y como había profetizado el P. Champagnat del modo más favorable posible. Las negociaciones fueron largas y penosas y el hermano Francisco debió pasar meses en París para seguir de cerca las gestiones, visitar a las personas que debían dar su apoyo y finalizar los trámites de modo satisfactorio.
El 20 de junio de 1851 el decreto firmado por el Príncipe-Presidente del Estado era una brillante victoria para los Hermanos Maristas, pues en él se reconocía:
· El carácter religioso de la Asociación.
· Su existencia civil, como entidad de utilidad pública.
· Su extensión a Francia entera, con todos los derechos civiles.
El hermano Francisco fue plenamente consciente de que acababa de recibir un favor excepcional del cielo y debía demostrar y manifestar toda la gratitud posible. Por este motivo prescribió a toda la Congregación numerosas oraciones de acción de gracias. Y como recuerdo perenne de tal acontecimiento compró una estatua de Nuestra Señora de las Victorias que hizo colocar en los jardines de la casa del Hermitage, como expresión e invitación constante y duradera hacia todos los hermanos, a agradecer en el curso de los años esta gracia singular. Con el mismo fin se ubicó cerca una estatua de San José a quien se había rezado mucho, quedando así unido a María en la gratitud general.

EL INSTITUTO MARISTA SE DESARROLLA
En el momento del reconocimiento legal la Congregación cuenta con 826 hermanos y los pedidos de fundación de escuelas se multiplica. No es posible atender a todos, porque las vocaciones han de tener una formación más larga y sólida.
Así lo siente y lo decide el hermano Francisco pues desea para sus hermanos que se formen bien y se mantengan en el primitivo fervor religioso. De esa manera quiere ser la “imagen viviente” del P. Champagnat imitándolo cuanto sea posible y trabajando como él.
Llega al 12º año de su mandato. Durante este período se ha logrado superar las dificultades y progresar en número; pero todas las Congregaciones deben tener lo que se llama un Capítulo General, es decir, una reunión de delegados que van a reflexionar sobre lo que se ha hecho, lo que no satisface, lo que hay que reformar y actualizar.
Este Capítulo General tiene tres sesiones: en 1852 se llega a la edición de las “Reglas comunes” que sólo conocieron ligeras modificaciones durante más de un siglo. En 1853, tiene lugar una segunda sesión del Capítulo concerniente a las cuestiones pedagógicas y que dará lugar, después, a un libro titulado: “Guide des Écoles” o “Guía del Maestro”, llamado así en nuestro idioma. Hubo una tercera sesión en 1854, y esta vez se le otorgó ampliamente al hermano Francisco el título de Reverendo hermano Superior General.
Llegado el año 1858, los hermanos reciben una breve circular que insiste sobre la biografía del P. Champagnat. “No es más que la narración detallada de las bondades y favores de María sobre él y su obra”.
Durante ese año y el siguiente se dedica a realizar con el hermano Luis María, las arduas gestiones para obtener la aprobación oficial de la Santa Sede en Roma y a visitar las Comunidades cada día más numerosas.
Siente que sus fuerzas decaen y convoca a un nuevo Capítulo General para pedir que se otorgue al hermano Luis María plena autoridad y los poderes necesarios para la administración y el gobierno del Instituto. La votación es favorable y la proposición es aceptada. Luego el hermano Francisco se despide y se retira al Hermitage. “Para ser superior, dice, he dispuesto de 20 años para prepararme y de 20 años para ejercer. ¿Dispondré de otros 20 para reparar?” Sí, en realidad los tuvo.

Allí es nombrado superior de la Comunidad. También se ocupará de la huerta y del jardín de plantas medicinales. Consagró mucho tiempo a la lectura y a escribir sus recuerdos relativos a la casa. Rezaba mucho y edificaba a todos con su ejemplo.
En 1863 al ser aprobadas las Constituciones por Roma, el Capítulo General ordinario debió proceder a la elección de un Superior General para poner fin a la situación provisoria creada en la votación de 1860. El hermano Luis María fue nuevamente elegido como Superior General. El hermano Francisco, oficialmente, volverá a ser uno más entre sus hermanos; no deseaba otro título que el de Hermanito de María o también el de “abuelito”.
Expresa su resolución “de consagrar al bien del Instituto en las mismas condiciones de los demás hermanos, todo el tiempo que me quede de vida”.

VIDA OCULTA Y HUMILDE
Antes de dejar la nueva Casa Generalicia para volver al Hermitage, el hermano Francisco bendijo al hermano Luis María con esta bella fórmula: “Que el Señor os dé la autoridad de un padre, la ternura de una madre, y os conceda la gracia de conducirnos al cielo”.
El hermano Francisco siente que en adelante, su vocación será especialmente contemplativa.
De sus reflexiones y enseñanzas resumimos las que se refieren a la oración en la vida del religioso. “El religioso debe ser esencialmente hombre de oración. La oración debe transformarse, por su práctica habitual, en su ocupación familiar; debe ser como su respiración, su elemento, su vida, su alimento”.
El 6 de mayo de 1872, una nueva inundación del río Gier dará la oportunidad al hermano Francisco de manifestar su espíritu de fe. Pone sus dos escapularios en la ventana de la habitación y su rosario en otra ventana. Al instante, cuentan, la lluvia cesa y desciende el nivel del río, el cielo se aclara y el temor desaparece. El muro del noviciado es destruido en una decena de metros, pero el edificio principal queda intacto.
Pocos años después, tuvo un ataque de apoplejía fulminante, con parálisis del lado derecho. El pronóstico es grave, casi desesperado. El Señor y las oraciones múltiples, hicieron que desapareciera el peligro, se recuperó y vivió otros cinco años más.
Después de haber sido modelo del Hermanito, del maestro, de director, del Superior General, del enfermero, será modelo del enfermo, por su paciencia, por su dulzura, su regularidad a todos los actos de comunidad, su oración por los pecadores y por los difuntos.
En esos años fueron muriendo sus compañeros de la primera hora, los hermanos Estanislao, Luis, Lorenzo y Juan Bautista. También el hermano Bartolomé. Quedaba él solo esperando la llamada del Señor.
Esa llamada llegó el 22 de enero de 1881. Al mediodía se notó su ausencia en la visita comunitaria al Santísimo Sacramento. Fueron a verlo a su habitación y lo encontraron sin conocimiento, de rodillas, al borde de la cama. Se le administró el sacramento de la Unción de los enfermos y hacia las 6 de la tarde entregaba su alma a Dios.
Su cuerpo fue expuesto en el recibidor de la casa sobre una cama adornada con rosas. Así pudo ser venerado por la multitud de hombres y mujeres que acudieron al Hermitage al difundirse la noticia de su muerte. Muchas personas tocaban con sus objetos de piedad los restos del hermano Francisco en señal de veneración.
La asistencia al entierro fue numerosa a pesar del intenso frío y de la espesa capa de nieve que cubría la tierra.
A la muerte del hermano Francisco como a la muerte del P. Champagnat las gentes de la región decían: “Ha muerto un santo”... Sin embargo, era apenas conocido con excepción de aquellas personas que venían a consultarle como sabio herbolario conocedor de muchos remedios elaborados a base de plantas. Sí, la gente le había visto poco, pero ello no impidió que se difundiese una misteriosa influencia y admiración hacia él. Los visitantes del Hermitage, aseguraban que “su figura se iluminaba al recibir la Comunión y cuando volvía a su puesto su rostro parecía transfigurado”.
Su tumba, como era natural, estuvo al lado de la del P. Champagnat. Hoy solo queda una placa recordatoria, ya que en 1984, como consecuencia de la introducción de la causa de Beatificación, sus restos fueron inhumados y transferidos a la capilla donde se encuentran actualmente.
El Papa declaró Venerable al hermano Francisco en 1968; esto significa que la Iglesia reconoce que practicó todas la virtudes en forma heroica, especialmente la fe, la esperanza y la caridad.

Hay que rezar al hermano Francisco. Puede ser perfectamente el patrono de los ecologistas o de las enfermeras, pero sobre todo, de las almas que tratan de santificarse en cualquier situación que se les presente.


INVOCACIÓN

¡Venerable hermano Francisco!
Dios te llamó en su seguimiento
desde tu infancia,
para que le sirvieras
con una vida verdaderamente santa.
Haz que sepamos llegar, como tú,
“a Jesús por María”,
con la buena voluntad,
la sencillez y el abandono filial.
Que tu intercesión,
unida a la de María, nos obtenga el favor
que hoy te pedimos...
y la gracia de alabar al Señor
que siempre escucha
nuestras oraciones,
de forma visible o invisible. Amén

¡Venerable hermano Francisco!
Ruega por nosotros.

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