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Boletín marista - Número 123

 

LOS HERMANOS MARISTAS EN NUEVA ZELANDA
05/02/2004

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El hermano Edward Clisby ha sido profesor en los colegios de Nueva Zelanda, Tonga y Kiribati. Ha investigado y traducido la correspondencia de los hermanos pioneros en Oceanía y es en la actualidad archivero e historiador de la Provincia de Nueva Zelan-da.

Los hermanos pioneros
Los primeros miembros de la recién fundada Sociedad de María salieron de Francia en la Nochebuena de 1836, camino de las islas del Pacífico y con el cometido de comen-zar una misión en la parte occidental de Oceanía. Al frente estaban monseñor J. B. Pompallier, cuyos restos mortales han retornado recientemente a Nueva Zelanda, y san Pedro Chanel, el primer mártir de la Sociedad y de Oceanía (1841), y se contaban entre ellos cinco sacerdotes y tres hermanos. Estos eran miembros de los Pequeños Hermanos de María fundados por san Marcelino Champagnat. En enero de 1838, el H. Michel Colombon fue el primer hermano en pisar suelo neozelandés. Entre 1838 y 1841, le siguieron otros 13 hermanos, entre los que se encontraban Claude-Marie Bertrand, primo segundo del Fundador, y Euloge Chabany, martirizado entre los mao-ríes en 1864.

Los hermanos pioneros acompañaban a los sacerdotes misioneros principalmente co-mo catequistas, pero debido a las exigencias de la vida en las islas remotas del Pacífi-co, tuvieron que dedicarse a una gran variedad de cometidos: cocina, agricultura, carpintería, construcción, sastrería, confección de botas, medicina, imprenta y encua-dernación, por citar algunas. Algunos tuvieron la ocasión de seguir su vocación de en-señantes en las primeras escuelas de la misión. Durante este período, de 1838 a 1870, los hermanos trabajaron con y bajo la dirección de los padres maristas. Por esta razón, figuran también en los registros de la Sociedad como hermanos coadjutores.

Hermanos para las escuelas

Desde 1870, se enviaron algunos grupos de hermanos para que se hiciesen cargo de las escuelas de las misiones. Los primeros en arribar en 1876 a Nueva Zelanda con esta misión fueron dos franceses y un inglés. En 1877, abrieron la primera escuela en la capital, Wellington. A principios del siglo XX, los hermanos dirigían siete escuelas de primaria y una de secundaria, precursora de la Sacred Heart College, que este año ce-lebra su centenario. En 1917, cuando Nueva Zelanda se convirtió en una Provincia se-parada de Australia, poseía 20 escuelas, ya sea en el propio país o en las misiones de Fiyi y Samoa, con 68 hermanos que daban clase a 2500 alumnos.

Durante la primera mitad del siglo XX, la educación primaria constituyó el centro de atención de la Provincia. Pero, después de la Segunda Guerra Mundial, hubo una gran demanda de escuelas secundarias y de internados. Por eso, se puso un gran énfasis en el reclutamiento y en la formación universitaria de los hermanos. Muchos niños y jóvenes pasaron por los centros de formación: el juniorado de Tuakau, el noviciado de Claremont y el escolasticado de Auckland. A finales de los años 60, había casi 300 hermanos que daban clase a unos 10.000 niños en 36 escuelas de la Provincia.

En la última parte del siglo XX, hubo dos acontecimientos muy importantes para los Hermanos Maristas: el Concilio Vaticano II y la Ley de Integración de las Escuelas Pri-vadas de 1975, por la que se incorporaban las escuelas católicas al sistema estatal de educación. Esta integración produjo varias consecuencias: un descenso en el número de religiosos y de vocaciones, el predominio de los laicos en las escuelas católicas y una mayor variedad de apostolados entre los jóvenes y los pobres. Los hermanos se implicaron en muchos campos: institutos de pastoral, equipos de retiros, pastoral de jóvenes adultos, proyectos para jóvenes en riesgo, capellanías en escuelas, hospita-les, prisiones, casas de retiro, trabajo con jóvenes con dificultades de aprendizaje y con discapacitados físicos y mentales. A pesar del número menor y edad de los her-manos, la influencia marista sigue siendo importante en escuelas y asociaciones de antiguos alumnos, en la animación de padres y profesores, en las actividades de los grupos Remar y, en sentido amplio, en los clubes deportivos maristas que han surgido en toda Nueva Zelanda y en las islas del Pacífico tras el paso de los hermanos.

La misión entre los maoríes
Los primeros maristas vinieron a Nueva Zelanda para evangelizar a los maoríes, un pueblo polinesio que se había establecido en el país unos mil años antes. En 1860, había una población católica maorí bastante considerable, diseminada por toda North Island. Pero la expansión de la colonización europea condujo a enfrentamientos con los maoríes por problemas de tierra y de soberanía y estalló la guerra en varias partes de la isla. Durante uno de esos enfrentamientos, el H. Euloge fue muerto en el río Whanganui en 1864. La guerra supuso un retroceso muy costoso para las misiones, puesto que disminuyeron los conversos y se destinó a los sacerdotes y a los hermanos a servir a las comunidades de colonos. El último de los hermanos pioneros de la mi-sión, el H. Basile Monchalin, murió en Meeanee, Hawkes Bay, en 1898.

Desde su llegada en 1876, los hermanos enseñantes estuvieron muy ocupados fun-dando escuelas en los municipios que crecían, respondiendo así a las peticiones de los padres maristas para ayudarles en la educación de la juventud maorí. Los niños mao-ríes frecuentaron las nuevas escuelas, especialmente la Sacred Heart College, que educó a más de 200 en la primera parte del siglo. Hubo que esperar hasta 1946 para que los hermanos se involucraran de nuevo directamente en la misión maorí. Fue en ese año cuando se hicieron cargo de la enseñanza en el colegio maorí San Pedro, en Auckland, dirigido por los Padres de Mill Hill. En 1972 el colegio, conocido como Hato Petera (nombre maorí de San Pedro), y bajo el total control de los hermanos, fue el mayor y uno de los más conocidos colegios maoríes del país. Los hermanos siguen hoy viviendo en la propiedad y facilitan al colegio un director, en la persona de un hermano maorí, y varios profesores.

En la segunda parte del siglo XX, se produjo el éxodo maorí a las ciudades, lo que tra-jo consigo un incremento en el número de jóvenes maoríes a los colegios de los her-manos. Este hecho atrajo la atención de los hermanos hacia las necesidades que tenía la gente de las remotas zonas rurales de las que venían los alumnos. Por eso, se es-tablecieron algunas comunidades en esas zonas rurales – Panguru en Hokianga (1983- una zona asociada con las primeras misiones maristas), Moerewa-Kawakawa (1986) y Kaitaia (1993) en Northland y Tolaga Bay en la costa este (1997). Aunque ahora es reducido el número de hermanos comprometidos en este apostolado, les alegra saber que están continuando la misión para la que vinieron los primeros her-manos a este país. Todos los años, la Provincia recuerda este acontecimiento en una celebración conjunta, hermanos y amigos, de la fiesta del Fundador; ésta tiene lugar en la Casa Pompallier, en Bay of Islands, la restaurada editorial de la misión marista construida por sus predecesores en 1841.

Las islas del Pacífico

Como miembros de las misiones maristas de Oceanía, los primeros hermanos trabaja-ron en Wallis y Futuna (1837), Tonga (1842), Nueva Caledonia ( 1843), Islas Salomón (1845), Samoa (1846), Rotuma (1846) y Fiyi (1848). Ellos prepararon el camino a sus hermanos enseñantes que abrieron la primera escuela (para catequistas) en Apia, Samoa, en 1871. Las contiendas locales les obligaron a marcharse seis años más tar-de, pero regresaron en 1888 para comenzar más de un siglo de dedicación en favor de la educación católica en Samoa. Ese mismo año, los hermanos abrieron su primera escuela en Fiyi. En 1917, la nueva Provincia de Nueva Zelanda asumió la responsabili-dad de las misiones de Samoa y Fiyi. En ambos países, las escuelas dirigidas por los hermanos han proporcionado líderes eclesiales y locales, profesionales en el campo de los negocios, la abogacía, la medicina y en otras áreas de la vida. Especialmente en Fiyi, los hermanos fueron pioneros y líderes en educación multirracial.

A través de los años, los superiores han recibido, por parte de obispos de otros luga-res del Pacífico, peticiones de hermanos. Hubo que esperar hasta 1970 para tener los hombres necesarios para esos nuevos proyectos. En 1978, los hermanos regresaron a Tonga para hacerse cargo de una escuela secundaria en Lapaha, Tongatapu. En 1982, se fundó una segunda comunidad en Ha’apai para dirigir el colegio comunitario local. En 1984, la Provincia contestó a una petición del obispo de Tarawa-Nauru para ayu-dar en la gestión de una escuela secundaria al sur de Tarawa, Kiribati. De 1994 a 1996, hubo también una comunidad en otra de las islas exteriores, Marakei.

Como en Nueva Zelanda, los hermanos del Pacífico, aunque siguen comprometidos con los colegios, han diversificado su apostolado. En Fiyi, hermanos neozelandeses y hermanos fiyianos están comprometidos en la enseñanza o en la dirección de la edu-cación primaria y secundaria, y en un proyecto preparado para alumnos con necesida-des especiales. En Samoa, hermanos neozelandeses y hermanos samoanos están tra-bajando principalmente en el apostolado escolar, igual que los hermanos en Tonga. En Kiribati, los hermanos trabajan en la enseñanza, en la formación y en la orientación. La presencia de un destacado número de jóvenes isleños en las diversas etapas de formación marista constituye un signo de esperanza para los Hermanos Maristas y pa-ra la Iglesia de las islas del Pacífico.

Los hermanos nunca han tenido miedo a salirse de las fronteras de su Provincia. Algu-nos han trabajado en los centros de formación de Manila y de Nairobi, otros en solida-ridad con escuelas y proyectos de Pakistán y de India. Actualmente uno forma parte de la comunidad internacional de Timor Oriental.

H. Edward Clisby, diciembre 2003

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