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Boletín marista - Número 132

 

Entrevista al hermano Luis García Sobrado, Vicario general
18/03/2004

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Entrevista al hermano Luis García Sobrado, Vicario general
QUEMAR LA VIDA PARA LA NUEVA HUMANIDAD

H. Lluís Serra

El 20.º Capítulo general es ya un hecho histórico. Sus conclusiones constituyen un desafío para que los hermanos maristas y sus colaboradores las traduzcan en realidad aquí y ahora. Con una perspectiva de tiempo, se analizan en esta entrevista los temas principales del documento “Optamos por la vida”.

Hace aproximadamente un año, se celebró la clausura del 20º Capítulo general que apostó por la vitalidad. ¿Qué balance realizas de este primer año en el Instituto marista?
Terminamos el Capítulo el 13 de octubre del 2001. Octubre y noviembre fueron meses de transición para los miembros del Consejo general: algunos eran Provinciales, otros responsables de obras o proyectos. Necesitamos unos dos meses para encontrar los nuevos responsables. Luego había que iniciarlos en sus nuevas tareas. Diciembre del 2001 y enero y febrero del 2002 fueron meses de perfeccionamiento de lenguas: unos trabajando el inglés y otros el castellano.
Cuando nos juntamos en marzo para las primeras plenarias del nuevo Consejo general todos entendíamos el inglés y el castellano y todos nos comunicábamos en inglés o en castellano.
Durante la primera sesión plenaria de marzo y abril 2002, hicimos un esfuerzo deliberado de desarrollar un espíritu fuerte de comunidad. Realizamos un Plan de Vida de Comunidad de una docena de páginas. Está funcionando.
Salimos de esa plenaria con un plan claro de acción y un calendario detallado hasta la Conferencia general de septiembre del 2005. Se ha hecho una primera visita de contacto a todas las Unidades Administrativas y la primera visita “fuerte” de todas las Unidades de África. Entre tanto hemos seguido acompañando los procesos de restructuración, asistiendo a reuniones y capítulos que hemos juzgado particularmente significativos, tenemos ya la primera circular en borrador, y podría añadir un largo etcétera. Ha sido un año bien empleado.

El documento capitular “Optamos por la vida” fue la herencia que el Capítulo nos legó. ¿No te parece que se trata de un resultado escaso si se tiene en cuenta que fueron 118 capitulares que trabajaron en él tras 40 días de reunión?
La idea de producir un solo documento capitular propiamente dicho fue decisión del mismo Capítulo. A cualquiera que haya leído los boletines que describían el caminar de los capitulares día a día , le resultará fácil darse cuenta de la calidad de reflexión y la actividad intensa de esos cuarenta días. El libro de Actas de este mismo Capítulo tiene 168 páginas de contenido profundo con muchos subsidios y reflexiones de las comisiones, grupos de trabajo, grupos de discernimiento y también de diferentes hermanos, como el discurso profundo y equilibrado de inauguración de Benito y el discurso tan rico en intuiciones y en análisis de la experiencia del Capítulo que nos regaló Seán.
Fueron 40 días intensos.
El documento capitular ha querido convertirse en un mensaje claro, lleno del calor de la fraternidad y busca tocar el corazón de los hermanos y, a través de ellos, a los laicos maristas: es una llamada clara a la santidad, a una transformación personal así como de nuestras comunidades y obras apostólicas desde el encuentro profundo y apasionado de Jesucristo.
Era importante que este mensaje no se diluyese entre muchos otros papeles y que apareciera claramente como “el documento del XXº Capítulo General”.

Según lo que dices, parece ser que en la vida religiosa y en la misma Iglesia existe una inflación de textos y normativas. Se trata entonces de dar las pautas mínimas y de poner el acento en la vida, en la transformación de la realidad. ¿Es así?
No estoy de acuerdo con esta apreciación. Mi mamá me solía escribir una carta casi cada semana. A veces yo lo resentía, porque me obligaba a encontrar tiempo para responder. En retrospectiva, veo aquellas cartas como una expresión de amor y de ternura. Muchas veces inspiraban mi oración y más de una charla que daba a los escolásticos. A veces me ayudaron a remontar una crisis.
Cualquier texto inspirado en una necesidad concreta y en el amor fraterno produce frutos buenos. Están ya llegando ecos a la carta que Seán acaba de escribir a los hermanos jóvenes. Ha ayudado a más de uno a encontrar paz y sabiduría en una situación de discernimiento.
Detrás de este tipo de escritos hay muchas horas de oración, de reflexión, de fatiga, horas avanzadas de la noche y horas tempranas de aurora. Son un ejercicio concreto del amor fraterno. En fin, no creo que la producción de textos nos haga daño. Lo que es importante es que estos textos se inspiren en la sabiduría y el amor que vienen de Dios. Entonces son como brasas que atizan el fuego adormecido de nuestro fervor. El documento del Capítulo tiene mucho de amor y responde a necesidades concretas del corazón del marista de hoy.

Cuando tú miras al mundo de hoy ¿qué ves?
En mi opinión, el fenómeno más transformador de este comienzo de siglo 21 es el de la urbanización-emigración. Es un fenómeno compuesto. Estamos en los estadios finales del proceso de urbanización de la humanidad. Africa, el último continente rural, se urbaniza a un ritmo jamás experimentado antes en la historia. Este fenómeno de urbanización se está ahora prolongando en un fenómeno socialmente inquieto e inexorable de emigración que no ha hecho más que comenzar. Es una continuación y hasta cierto punto consecuencia de la formación de las megápolis de los años 60, 70 y 80. Junto con la revolución de la tecnología de comunicaciones nos coloca a todos en un nuevo modo de ser y de relacionarnos. Y nace el joven global: en Mwanza junto al lago Victoria en Tanzania, o en Fidji, en São Paulo o en Nueva York o Madrid o en Seoul, los jóvenes consumen los mismos videos, se visten de la misma manera, y no acaban de fiarse ni de los políticos ni de las autoridades. Y todos buscan ansiosamente un modo más feliz de vivir y un sentido para sus vidas. Este desplazamiento global de masas nos mete necesariamente en la multiculturalidad y la internacionalidad con una nueva visión de realidades tan profundas como son las relaciones interpersonales, las religiones, el ecumenismo, la familia, la misma forma de ser hombre y de ser mujer.

Ante la diversidad de campos y tareas que se apuntan ¿no puede desdibujarse el perfil de la misión marista aquí y ahora, de manera que no se sepa bien para qué sirve un hermano marista?
Tu pregunta toca un tema central de nuestro último Capítulo, la misión. ¿Para qué servimos los maristas hoy?
Los orígenes de la AT & T (una de la Compañias con más éxito en la historia de la telecomunicación) comienzan con una visión nueva sobre el futuro de los Ferrocarriles de Norte América. El Consejo de Gestión se dividió en dos: los que veían el futuro de la Sociedad como una producción siempre mayor y mejor de vías y de trenes; y los que veían el futuro como un salto cualitativo: “el futuro no es cuestión de transporte, el futuro es cuestión de comunicaciones”. Los transportes no son más que un medio entre otros muchos de comunicar personas, ciudades. La misión marista es educación de los jóvenes. La escuela formal y la forma de trabajar en esa escuela es un medio entre otros muchos. Lo importante es quemarse la vida para contribuir de un modo significativo a educar la nueva humanidad, la nueva sociedad: una sociedad fundamentalmente urbana, global, profundamente secularizada. El XXº Capítulo general fue incluso más allá, en mi opinión: identificó la educación marista como una misión de evangelización. Desde esa identidad, veo la diversidad como un elemento importante de la búsqueda marista de nuestra forma corporativa de ser evangelio para los jóvenes y la sociedad del siglo 21.

El Capítulo define la primera llamada así: “Centrar apasionadamente nuestras vidas y nuestras comunidades en Jesucristo, como María. Y para ello, poner en marcha procesos de crecimiento humano y de conversión”. ¿Qué procesos pueden facilitar que Jesucristo sea verdaderamente el centro de la vida de un hermano, ya que parece un ideal muy elevado?
Veo esta pregunta, una vez más dirigida a la necesidad de crecer en nuestra identidad. Si la anterior pregunta buscaba definir el “¿para qué servimos los maristas hoy?”, ésta invita a responder a la pregunta: ¿”Qué da sentido a nuestras vidas hoy?”, y se refiere tanto a los individuos como a las comunidades maristas.
Me encanta la autodefinición de Jesús en el evangelio de Mateo: “Venid a mí. Soy bueno y humilde de corazón”. Seán nos está repitiendo continuamente que nuestras comunidades no se renovarán si no entramos profundamente en un proceso de reconciliación y de conversión personal e institucional. Estamos en el corazón de la espiritualidad marista, necesariamente apostólica. Creo que como Institución estamos entrando lentamente en este proceso de crecer en la bondad profunda del corazón y en la humildad de quien se siente radicalmente dependiente de Dios. María es camino e inspiración para llegar a esa experiencia del Jesús bueno y humilde. Esta experiencia transformante se va dando en el servicio sencillo de los más necesitados – de ellos aprendemos la humildad y el sentido de la providencia. Al mismo tiempo nos vamos transformando en diálogo humilde –compartiendo nuestras heridas– con los hermanos. No hay curación, no hay conversión sin esta interacción profunda en la comunidad, en la cercanía a los necesitados, en la comunicación humilde de nuestra experiencia de Jesús.

Hay mucha literatura y muchos discursos sobre la espiritualidad y la misión compartidas entre hermanos y seglares. En concreto, ¿existen realizaciones que nos indiquen que vamos por buen camino?
Los maristas tenemos nuestra forma, yo la llamaría carismática, de funcionar. Creo que hay que respetar esta “naturaleza” marista, sino corremos el riesgo del rechazo “carismático”, como el cuerpo que rechaza un miembro transplantado. Como miembro del Consejo general me he encontrado al menos en tres ocasiones distintas tanto con los hermanos de La Salle como con los Marianistas. También con los otros Institutos Maristas. Y siempre acabamos charlando de los seglares lasalianos, de los seglares marianistas, de los seglares de la Tercera Orden Marista. Los hermanos de La Salle así como los Marianistas evolucionaron a lo que son ahora desde un grupo inicial de fundación puramente seglar: un grupo de seglares animados por un sacerdote y al servicio de la educación y de la evangelización, preferentemente de los jóvenes. La Tercera Orden – asociación compuesta de seglares – apareció en el proyecto de fundación de los fundadores maristas. Los hermanos maristas no: no comenzaron desde un grupo de seglares, no fueron contemplados como parte de la fundación marista. A Marcelino, finalmente, le dijeron: “pues que te parecen tan importantes, ¡ocúpate tú de fundar hermanos!” Nacimos como un instituto religioso, con votos religiosos, desde el comienzo. No tenemos raíces “seglares”. Entonces, estamos dando los primeros pasos, tratando de encontrar nuestro camino a esa llamada profunda que sentimos por todas partes a compartir el carisma marista con los seglares. Hay muchas experiencias. El talante del hermano marista siempre ha cautivado a muchos profesores, a muchas de las personas que han colaborado o que colaboran con nosotros. El fenómeno de “las hermanitas” creo que es ilustrativo: se sienten cautivadas por nuestro carisma y no consiguen identificarse con el carisma de las hermanas maristas, por ejemplo. Las formas que se están ensayando un poco por todas partes van desde el vivir en comunidad con un grupo de jóvenes, o el compartir vida y misión con matrimonios llenos de celo apostólico a muchas otras formas de agrupación y colaboración más o menos formal. Es importante crear canales de participación en la espiritualidad y misión del hermano marista. Dejar que la práctica nos vaya ayudando a encontrar lo que Dios quiere que seamos para y con los seglares.

Muchos hermanos por edad están alejados de la actual generación de niños y jóvenes. ¿Cómo saltar esta distancia existente para que se produzca cercanía y diálogo?
La edad no es obstáculo a la relación con los jóvenes, es mi convicción profunda. Cuando era Director del Escolasticado de Nairobi, el hermano José Ronzon de Beaucamps St. Genis, con sus setenta y pico años, vino a ayudarnos unos meses a perfeccionar el francés. Luego se quedó dos años porque los escolásticos pidieron que se quedara. El hermano Joseph Ronzon se convirtió en uno de los hermanos con mayor influencia positiva en los escolásticos: les escuchaba con gran compasión y les ayudaba a superar sus dificultades. Al mismo tiempo venía a verme regularmente para estar seguro que lo que estaba haciendo no interfería con los procesos de formación. Un hermano de edad, bueno y sabio, es una joya en cualquier sitio. Frecuentemente el hermano de edad ha llegado a desarrollar el arte de la relación interpersonal. Los jóvenes sienten tales presencias como un don enriquecedor al que se abren con confianza. Yo me pregunto si no es eso lo que los hermanos jóvenes, los profesores y profesoras, los alumnos y alumnas, los muchachos de la calle en muchas de nuestras instituciones y la gente de la calle buscan con mayor anhelo: personas buenas y sabias que nos hacen sentir la presencia de Dios.

¿Crees que la reestructuración va a beneficiar la vitalidad del Instituto teniendo en cuenta que las áreas geográficas son mayores y que este hecho puede amenazar la inculturación y provocar una dispersión de energías?
La restructuración, tal como se ha organizado entre nosotros ya ha producido un fruto evidente: ha ayudado a muchos hermanos y a muchos seglares maristas a mirar nuestra vida y misión más allá de las fronteras provinciales y, en la mayoría de los casos, más allá de las fronteras nacionales. Esta realidad en sí misma es ya un ejercicio de conversión que facilita la vitalidad. Preparar el Instituto Marista para el siglo XXI significa entre otras cosas abrirlo estructuralmente a la multiculturalidad y a la internacionalidad. La antropología cultural nos muestra que no se da una verdadera inculturación – enriquecimiento y desarrollo de la propia cultura – sin correr el riesgo de entrar en un diálogo vital con otras culturas: es el principio de las “misiones culturales”. Estoy convencido que un elemento necesario para la vitalidad es esta apertura de la comunidad marista a la multiculturalidad en la vida diaria.

Seán y tú formáis un buen tándem complementado por el equipo del Consejo general. ¿Dónde vais a poner el acento en vuestra acción de animación y de gobierno? ¿Qué podemos esperar de vosotros en estos próximos años?
Una de mis convicciones crecientes es que la Virgen nos da los líderes que necesitamos en cada momento histórico de nuestro caminar institucional. Seán llega en el momento oportuno en este comienzo del siglo XXI. Es un maestro en el arte de las relaciones interpersonales, un escritor de calidad, un gran comunicador, con una capacidad de trabajo que parece inagotable. Trabajar con él es un desafío constante, pero al mismo tiempo una invitación al diálogo respetuoso, al trabajo en equipo, o mejor aún al trabajo comunitario. Nos está ayudando tanto a mí como a los Consejeros a formar comunidad y a hacer nuestra labor de animación y gobierno en comunidad. Quizás esto es lo que el Instituto puede esperar de nosotros: un Consejo unido, trabajando en equipo y feliz de ser hermano entre hermanos.
Por lo demás, que Jesús, María y Marcelino nos vayan inspirando la fidelidad creativa de cada hora.

(FMS Mensaje 32, mayo 2003)

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