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Boletín marista - Número 135

 

CON UNA MIRADA PASCUAL
11/04/2004

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CON UNA MIRADA PASCUAL
Seán D. Sammon, FMS

Se dice que, una vez, se pidió a tres canteros que describieran el trabajo que realizaban. -Yo estoy tallando la piedra, contestó el primero. Poco tiempo después, respondió su otro compañero: -Yo levanto paredes. Pero el tercero, después de pensárselo, dijo, a continuación, con orgullo: -Yo estoy contribuyendo a erigir catedrales para gloria de Dios.
Tres hombres.
Tres respuestas singulares.
Tres formas distintas de entender la vida.
¿Y qué relación tiene esta historia con la resurrección de Jesús que hoy celebramos? El relato de los tres canteros nos recuerda que para encontrar la meta y el sentido de la vida tenemos que mirar dentro de nosotros mismos. Los tres realizaban prácticamente el mismo trabajo, pero lo que experimentaba cada uno era algo propio.
Como cristianos, vosotros y yo proclamamos que Jesús ha resucitado y que nos ha salvado. Pero la vida de algunos de nosotros, refleja a duras penas eso que afirmamos creer. En realidad, nos parecemos más a aquella gente del Viernes Santo que a la muchedumbre del Domingo de Pascua.
¿Y qué justificación hay para que se dé esta diferencia? Como con los canteros, depende de la visión que tengamos. Nos cuesta creer que Dios nos haya amado primero, y no sólo primero, sino además incondicionalmente. Es cierto: Dios nos ha amado primero e incondicionalmente. No tenemos que hacer nada para ganar el amor de Dios: se nos da copiosamente, Dios derrocha su amor con nosotros.
Recordad, por unos instantes, aquella época de vuestra vida en la que os sentíais enamorados. ¿Tenía que hacer algo especial la persona objeto de vuestro afecto para ganárselo, o más bien os sentíais ya contentos por poder gozar de su presencia? Pues bien, con Dios sucede lo mismo.
Marcelino también fue un hombre pascual, a pesar del jansenismo y del rigorismo que marcaron su época. ¿Cómo habría podido repetir tan insistentemente aquello de Amar a Dios, sí, amar a Dios y hacerle conocer y amar: tal debe ser la vida de un hermano?” Es sencillo, ¿no? También le gustaba repetir: No puedo ver a un niño sin decirle cuánto lo ama Dios.
Hoy nosotros celebramos el fruto de ese amor. La muerte y resurrección de Jesús transformaron nuestro mundo para siempre y a nosotros nos toca actuar en consecuencia. Eso significa tomarse en serio el evangelio y cambiar nuestros fríos corazones de piedra.
Jesús lo expresó de una manera sencilla: -Ama a Dios y ama al prójimo como a ti mismo. Esta Pascua, cambiemos nuestra mirada y contemplemos nuestro mundo con los ojos del tercer cantero. Sí, miremos nuestro mundo con una mirada pascual. Será, en verdad, una Buena Nueva que todos oirán. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

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