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Boletín marista - Número 138

 

Hermano Christian Gisamonyo
28/04/2004

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Christian Gisamonyo, hermano marista congoleño
MI ACCION APOSTÓLICA TIENE QUE INTENTAR PROMOVER LOS VALORES EVANGÉLICOS DE RECONCILIACIÓN Y DE PERDÓN

H. Lluís Serra

El hermano Christian Gisamonyo nació hace 42 años en Gatovu, República Democrática del Congo. Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Gregoriana de Roma. Ha trabajado como profesor en el Congo, República Centroafricana, Camerún y Kenya. Su dedicación prioritaria se ha producido en el campo de la formación de jóvenes hermanos maristas. Es profesor y formador en el MIC (Marist International Centre), que se encuentra en Kenya. Actualmente, dispone de un tiempo sabático de cinco meses en el centro de Manziana, Italia.

¿Cómo llegó a conocer a los hermanos maristas, cuando en Gatovu, su aldea natal, no existe ninguna comunidad o escuela marista?
Gatovu, pueblo donde nací, y Burungu, pueblo en donde crecí, son desconocidos y escondidos en el mapa del Congo. Se encuentran a 80 km de Bobandana, en donde hay una comunidad y una escuela secundaria marista. Dos hermanos míos son antiguos alumnos de esta escuela. Los contactos que tuve con personas que conocían a los Hermanos, me permitieron tener una idea de la clase de apostolado que hacían.

¿Qué motivos le decidieron a formar parte del Instituto marista?
Seguí estudios secundarios en Buhimba, un seminario menor cerca de Bobandana. En un retiro organizado con ocasión de Pascua, leí un folleto ilustrado sobre la vida de un cierto Beato Champagnat. Su vida me impresionó mucho, sobre todo su amor a los jóvenes.

Usted es una persona encarnada en su pueblo, ¿cómo ha vivido la guerra que oficialmente ha terminado y que ha producido más de dos millones de muertos?
Viví la guerra del Congo como un drama. En primer lugar a causa del número elevado de pérdidas en vidas humanas. Luego, porque tuvo consecuencias desastrosas sobre mi familia. Dos meses después del inicio de la guerra, mi familia se encontró desperdigada, refugiada y sin recursos. Como mis padres eran bastante ancianos, sufrieron terriblemente a causa de la larga marcha por la selva, cuando se alejaban de la zona de combates.

¿Qué consecuencias ha producido esta guerra olvidada?
En primer lugar, esta guerra ha retrasado cincuenta años el desarrollo del Congo. Las consecuencias son enormes: muerte diaria, pobreza, niños soldados, analfabetismo, refugiados, etc.

¿Puede ayudar, como hermano marista, a solucionar los problemas ocasionados por esta guerra tan dura?
Como marista, mi contribución se parece a la de cualquier religioso comprometido en el Congo. Mi acción apostólica tiene que intentar promover los valores evangélicos de reconciliación y de perdón. Tengo que hacer todo lo posible para suscitar en las personas la tolerancia y el respeto a la diferencia, al diálogo y a la cultura de la paz.

Me pregunto por sus sentimientos… ¿Siente odio hacia sus adversarios, indignación ante los intereses internacionales, impotencia ante tanto dolor?
Me siento más bien animado por un sentimiento de frustración cuando veo que una parte de la humanidad no cree ni en la paz ni en el diálogo. Es lógico indignarse también por la lentitud con la cual la comunidad internacional interviene para prevenir y resolver los conflictos. Hay que continuar sensibilizando a los líderes africanos para que promuevan el desarrollo y la paz para sus pueblos.

En su vida y en sus estudios la Palabra de Dios es un referente clave. ¿Cómo interpretar a la luz de la Palabra de Dios estas realidades sociales y políticas?
Es verdad que el estudio, la lectura y la escucha de la Palabra de Dios ocupan un lugar predilecto en mi vida. La interpretación atenta de esta misma Palabra ilumina estas realidades políticas y sociales. Cuando leemos palabras como: Caín, ¿dónde está tu hermano?… Mete la espada en la vaina…, la parábola del buen samaritano…, no podemos quedarnos indiferentes. Como apóstoles, no podemos dejar de ser iluminados por ellas.

Usted es un formador de hermanos maristas jóvenes. ¿Qué les quiere transmitir para que sean buenos apóstoles y educadores?
Hay que formarles para que puedan realizar una revolución del corazón, como dice el Hermano Seán en su primera circular. Hay que acompañarles en el descubrimiento de su identidad de hermano y en la lectura atenta de los signos de los tiempos. Pienso que entonces serán capaces de enfrentarse con las realidades concretas de sus países.

¿Cómo resuelve el hecho de que en el MIC se encuentren personas de distintas procedencias, culturas y sensibilidades?
La internacionalidad es una de las riquezas del MIC, ahí vivimos la diversidad día tras día. La vida está hecha del compartir las riquezas culturales. Pienso que es ahí donde vemos realizado el sueño del P. Champagnat que decía: Todas las diócesis del mundo entran en nuestras miras. Pero, como en cualquier sociedad humana, la diversidad es un reto si no se cultiva con discernimiento. Vivir y crecer juntos es un valor, sobre todo en un mundo en el que la globalización está a la orden del día.

¿Qué valores encuentra en los jóvenes hermanos?
En ellos se descubre la alegría de vivir, la generosidad, el compartir, la fe, el amor al Padre Champagnat, et.

No le faltarán desafíos en una tarea tan importante como la suya. Dígame algunos retos más significativos.
Los retos son numerosos. Como formador y educador, me hago las siguientes preguntas: ¿Cómo llevar a nuestros hermanos jóvenes a realizar una revolución del corazón en sus circunstancias propias? ¿Cómo despertar en ellos la pasión por Cristo y una visión clara de su identidad como apóstoles maristas? ¿Qué estrategia hay que seguir para que tomen conciencia de que deben amar a los pobres y a los marginados? Estas preguntas constituyen retos para mí.


¿Cuál es la percepción africana del carisma marista, que encuentran en él para que puedan consagrar su vida como hermanos?
El carisma marista se encuentra perfectamente a sus anchas en tierra africana. Lo que empujó al Padre Champagnat a fundar el Instituto en 1817 continua tan actual en África como lo era en Francia en la época del Padre Champagnat. Los misioneros, en África, nos invitaron a tomar el relevo, y nos corresponde a nosotros, hermanos africanos, continuar la carrera. Tenemos que estar empeñados en que el carisma marista eche raíces en África. Ciertamente, esto le corresponde a todo el Insituto, pero es un deber, sobre todo, para nuestros hermanos africanos.

¿Cuáles son los signos de esperanza que se viven en África?
Existe, primeramente, el sentido de la solidaridad a escala continental. Los hermanos que trabajan en él han comprendido que el carisma marista es un don que hay que vivir juntos. Por esta razón, el proceso de reestructuración de las unidades de África se ha llevado a cabo con gran serenidad y gran espíritu de discernimiento. Lo que ha facilitado en parte este proceso, es el hecho de que la mayor parte de los hermanos de menos de 40 años hayan hecho el postnoviciado juntos en Nairobi. Luego, nos dimos cuenta progresivamente de que no podíamos vivir nuestro carisma con profundidad si no se daba una sensibilización adecuada. De esta manera, el compartir de experiencias que ha habido en la Conferencia de Superiores de África constituye un paso en la buena dirección. Por último, el África marista no se siente sola en su caminar. La solidaridad de todo el Instituto se vive como testimonio de unidad y signo de esperanza.

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