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Boletín marista - Número 140

 

HENRI VERGÈS
06/05/2004

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A los 10 años de su muerte
HERMANO HENRI VERGÈS

ITINERARIO DE UNA VIDA

Principio
Henri nació el 15 de julio de 1930 en Matemale (Pirineos Orientales), en un pequeño pueblo del Capcir, del alto valle de l’Aude, a 1500 metros de altitud.
Fue el primero de seis hermanos, del hogar de Joseph Vergès y de Matilde Bournet, aldeanos modestos. Su padre fue elegido alcalde del pueblo. Su madre, mujer de su hogar, era muy atenta con sus vecinos más pobres. De estas raíces humanas, Henri sacó su sentido del trabajo, de sencillez de vida, de rectitud, de resignación, de compartir con los otros.

Vida escondida
Dejó a los suyos a la edad de doce años, para comenzar a estudiar para ser Marista, primero en Espira de l’Agly, cerca de Perpignan, después en Saitn-Paul-Trois-Châteaux, en el Drôme de Provence. Hizo la primera profesión religiosa en 1946, que fue seguida de un año para preparar el examen del Brevet elemental, en Notre-Dame de l’Hermitage, cerca de Saint-Chamond (Loire), en la casa construida por el Padre Champagnat, el fundador de los Hermanos Maristas
Henri comenzó su apostolado de hermano de la enseñanza en octubre de 1947, en Saint Genes-d’Olt, en el Aveyton. Su salud no resistió el trabajo intenso y la frugal alimentación. Celebró su vigésimo cumpleaños en Osseja, un sanatorio cerca de su tierra natal. Fue un tiempo de profundización de su vida religiosa.

Madurez
El día 26 de agosto de 1952, Henri emite sus votos perpetuos como Hermanito de María. Comienza una nueva etapa de educador y de maestro en varias escuelas del Ardéche, en Cheylard y en Aubenas. Desde 1958 a 1966, ejerce de submaestro de novicios en Notre-Dame de Lacabane, en el Corrèze. Con la tenacidad de un campesino, continúa su formación hasta conseguir una licenciatura en filosofía. Después del Capítulo general de 1967-1968. en el que participó como delegado de su Provincia de origen, el Superior le pidió ir a Argelia. Henri aceptó de todo corazón. Desde hacía mucho tiempo deseaba ir a las misiones. Se puso con todo tesón a estudiar el árabe durante sus vacaciones en la familia, y desembarcó en Argel el 6 de agosto de 1969, fiesta de la Transfiguración.

Floración
Su presencia en Argelia, durante 25 años, tiene tres etapas:
. 1969-1976: escuela de San Buenaventura, en Argel. Henri asume la dirección durante seis años, hasta la nacionalización.
. 1976-1988: Sour-El-Ghozlane, principalmente como profesor de matemáticas.
. 1988-1994: Argel, calle Ben Vhened, en el barrio de la Casbah, como responsable de la biblioteca que frecuentaban más de mil jóvenes, hombres y mujeres. Fue asesinado en su despacho de trabajo, a mediodía del 8 de mayo de 1994, con la Hermana Paul-Hélène.

Resplandor
“El querido H. Henri ha sido un testigo auténtico del amor de Cristo, del desinterés absoluto de la Iglesia y de la fidelidad al pueblo argelino”.
(Palabras del Cardenal Duval, en los funerales, en Notre Dame de África, el 12 de mayo de 1994, fiesta de la Ascensión del Señor).


ALGUNOS TEXTOS DE HENRI

A petición del H. Basilio Rueda, Superior general, Henri escribió una autobiografía, fechada el primer domingo de Adviento de 1978. He aquí el final:

Historia de amor
“... Dios sea bendito, y también la Virgen María, por haberme llamado, por haberme dado la gracia de la fidelidad sencilla, a la que intento responder lo mejor que puedo. Gracias a mis hermanos, que me han permitido, por su fidelidad, a veces por su debilidad, poder contestar mejor a la llamada de Dios. Teniendo en cuenta también a algunos que han dejado el Instituto y que me son aún muy queridos...Misterio...Gracias a mis padres, a mi familia, a tantos amigos-sobre todo sacerdotes y religiosos (as)-que me han entrenado en este camino del Amor. Historia de Amor que continúa. Y que el buen Dios nos dé la gracia de serle fieles. FIAT, MAGNÍFICAT”.

Unos diez años más tarde, Henri aceptó describir su itinerario espiritual: “En la casa del Islam”. Termina así:
“Resumiendo, ha sido mi compromiso marista el que me ha permitido, a pesar de mis limitaciones, insertarme harmoniosamente en el medio musulmán, y mi vida en ese medio se ha realizado más profundamente como cristiano marista: ¡Dios sea loado!” (Argel, Navidad de 1989).

Al celebrar el centenario de la llegada de los primeros Hermanos Maristas a Argelia (marzo de 1891), Henri ya llevaba diez años en ese lugar. He aquí algunos extractos:
· Nueva etapa este año: Bab-el-Oued, la Casbah... perdidos discretamente en el corazón de la multitud, henos aquí, Maria, cerca de los pobres, cerca de los jóvenes, humilde presencia que quiere ser siempre disponible, proyección de tu Hijo...Y con encuentros de VISITACIÓN. Magníficat.
· La biblioteca, esos más de mil jóvenes que acogemos .. esas decenas de miles que nos rodean...multitud aún impregnada de la fe, pero que duda de su futuro... juventud del tercer mundo, a veces desamparada... ¡Oh Madre, que podamos encender la esperanza en esos corazones jóvenes!
· El RIBAT, lazo de paz, ese grupo que nos acoge, deseoso de un acercamiento más espiritual del Islam y de los musulmanes, en la vida de cada día. Tú viajas con nosotros, María, a veces en la exaltación de esas maravillas que se cumplen en la base, signos proféticos en el espíritu de la fraternidad de Asís, a la que se abre la Iglesia de tu Hijo”.

Algunas anotaciones de Henri que traicionan su camino espiritual en su última etapa.
“Vigilar sobre ese don que Dios me hace de una simple mirada de adhesión total en lo más profundo de mi ser, y lo que él quiere en todo momento, en todas las circunstancias: sencillamente ser sincero, en el amor, en su presencia. Con La Virgen Maria, mi recurso, en la irradiación de la Eucaristía” (Tibhirine, 17-12-1983).

“Tres criterios del apostolado para el Instituto: orientación hacia los pobres, educación mariana, llamadas de la Iglesia” (3.4.1984).

“Fija tu corazón en Dios y en María”.

“Señor Jesús, me he entregado a ti para ser entregado en ti y contigo, todo entero, al Padre, en el amor del Espíritu Santo. Que mi voluntad sea la del Padre sobre mí, y que pueda cumplirse cada día, hasta el final”.

1986: año de arabización intensa.
Clarisses, Argel, 22.03.1986.
“Dejar que la paz de Cristo me invada más y más en lo más íntimo de mi ser. Paciencia, dulzura conmigo mismo, paciencia, dulzura con todos, en particular con los jóvenes que el Señor me confía. Virgen María, haz de mí un instrumento de paz en el mundo”.

“Esfuerzo particular, este año, por una atención muy especial hacia los más “desfavorecidos” entre mis alumnos. Desde el comienzo, conocer a cada uno por su nombre. Adaptar mejor mis enseñanzas, sobre todo para los más desprovistos”, como se lo he escrito al P. Champagnat” (N-D de l’Hermitage, julio de 1987).

Cuaresma 1988.
“Con la gracia del Señor, acompañado de la Virgen María:
§ Calma, paz en presencia de Dios (sobre todo en el momento de oración).
§ Bondad con los alumnos.
§ Ayuno: en particular, sin postre en la cena.
§ Aligerar cada día un poco nuestros “pertrechos”.
“Mi presencia en ese lugar, en ese momento, es solamente necesaria en la medida que Dios lo ha querido para mí y para mis hermanos. Como Jesús, estar totalmente disponible a la voluntad del Padre. Ser la pequeño flor que se abre allí donde el Señor la ha plantado o trasplantado en la tierra de los hombres, pero siempre regado por el agua de vida del Espíritu Santo. En todo y siempre ser un sí en y dentro del SÍ de Jesús, como la Virgen María” ( Escrito en Sour-el-Ghozlane, entre 1986 y 1988).

“Ser transparencia del Evangelio, transparente en el Evangelio. Ser una semilla oculta en la tierra de los hombres donde podrá brillar el fermento del Evangelio. Dejarme transformar un poco cada día por la Palabra viva del Evangelio: No dejarme debilitar por la desvitalización de la rutina, de la distracción, de la instalación en la comodidad. Que pueda hacer brotar constantemente, en mí, el hombre nuevo. Ser siempre más Palabra de Evangelio” (Ibid.).
“Que sea más verdadera una palabra que yo viva, que una palabra que yo diga. Aspirar siempre a una irradiación del ser” (Ibid.).

“Paciencia, perseverancia calmada y tranquila. Como el sembrador que confía su grano a la tierra y deja que el tiempo de Dios haga su trabajo. Actitud esencial para un educador, dado que yo no conozco el ritmo de desarrollo de cada joven. Dios me ha enviado sencillamente a sembrar el grano en el campo escogido por él: siembra en paz y deja que él cuide el crecimiento. Sin asombrarse de la presencia de la cruz, como en la vida de Jesús” (Ibid.).

“La semana de oración, con Jean-Marie, ha sido para mí una ocasión de conversión personal. Deduzco algunas convicciones: si el corazón desea a Dios, entonces la oración ha sido buena... Tener ese deseo en lo más profundo de uno mismo y pujarlo siempre más lejos. Cristo debe irradiarse por medio de nosotros. El 5º evangelio que todo el mundo puede leer, es el de nuestra vida” (Encuentro nº. 12 de Ribat, 31 de octubre a 2 de noviembre de 1984).

En Sourd-el-Ghozlane, Henri se interroga:
“ ¿Por qué aquí?
-. Porque me ha enviado Dios.
-. Porque hay un designio misterioso de Dios sobre el pueblo del Islam, un templo de su presencia donde me invita a entrar, una apertura recíproca que favorecer, un diálogo entre creyentes que promover, que desarrollar. Nuestros caminos hacia Dios no pueden sino converger. ...
-. Porque mi vocación marista está especialmente adaptada a esta presencia escondida de humilde servicio, con fundaciones bien ancladas sobre las que descansa el futuro; en este país joven - nosotros que existimos para los jóvenes –, con María, ella también presente en el corazón del Islam”.

ALGUNOS TESTIMONIOS SOBRE HENRI

El 5 de julio de 1994, el Padre Christian-Marie de Chergé, prior de Tibherine, escribía a su Abad general:
“Yo estaba muy unido al H. Henri. Su muerte me parece muy natural, muy conforme a una larga vida, toda entera entregada. Me parece que pertenece a la categoría que yo llamo “los mártires de la esperanza”, aquellos de quien nunca se habla, porque es en la paciencia de lo cotidiano que derraman toda su sangre...”. (Cita hecha por Dom Bernard Oliveira, Abad general de los Trapenses, en una carta enviada a todas las comunidades cistercienses, el 27 de mayo de 1996, después de la muerte de los siete monjes de Notre Dame de l’Atlas, entre ellos, Christian-Marie de Chergé).

Del H. Michel Voute, compañero de Henri, calle Ben Cheneb, en Argel.
“... Todo era claridad en él, comenzando por su escritura, tan pura en la forma y en el estilo. Todo era un pretexto para que él glorificara al Creador. Un verdadero Francisco de Asís: la alabanza y la acción de gracias eran sus dos formas privilegiadas de oración. Sin embargo, cuando al comienzo de las comidas pensaba que su oración, sencillamente el signo de la cruz, podía sorprender al visitante, amigo argelino musulmán, se abstenía, pero empleaba un una fórmula de acción de gracias del Corán. ¡Qué delicadeza, qué deliciosas atenciones, sin afectación religiosa, pero actos siempre verdaderos, auténticos, respetuosos, brotaban de su corazón a la escucha del Otro y de los otros! Sí, Henri era un santo”.

Del H. André Thizy, Superior provincial del H. Henri. (Carta a los Hermanos, 17 de mayo de 1994):
“... Henri está bien preparado para ir al encuentro de su Señor. El domingo anterior a su muerte, había ido, con el H. Michel, a la Trapa de Thibhirine, para un último “lavado” (Testimonio del H Christian, prior de la Trapa). Su último testamento está fechado el 22 de abril de 1994. Falleció el mismo día de la clausura del Sínodo de África, en el cual él había puesto tantas esperanzas...
Permaneciendo solo en Argelia durante varios años, Henri estaba, a pesar de todo, en comunión con todos sus hermanos, quizás más unido que cualquier hermano de la Provincia. ¿Quién, entre los que le han conocido, no ha sido afectado por la extrema sencillez de vida del H. Henri? Verdadero asceta, sabía mantenerse con lo mínimo, tanto en lo referente a la mesa como en sus efectos personales. El jueves, al entrar en su habitación, vimos la desnudez que reinaba; solamente la presencia de un transistor y el Corán, la distinguían de la habitación del Padre Champagnat. “Aligerar cada día un poco nuestros pertrechos”. (Del cuaderno de resoluciones del retiro).
Sin duda, muchos de vosotros habéis podido pensar que Henri estaba en Argelia porque él lo quería. Los Superiores, que lo conocieron antes que yo, sabían que no era así. Henri era de una disponibilidad total. En mi último viaje, en marzo, cuando a pesar de los sucesos, él pensaba que su presencia era más importante que nunca, se puso a mi entera disposición, “para hacer la voluntad de Dios”. “Consejo de mi nuevo director espiritual: no pidas nada, no rechaces nada, acepta todo”. (De las resoluciones del retiro).

D.B., de Sour-el-Ghozlane y amigo de Henri, escrito el 9 de mayo de 1994:
“El H. Henri ha dejado un gran vacío. Este religioso, a quien conocía desde 1978, estaba animado de un fe sincera y encarnaba en sus acciones los valores morales de un cristiano convencido. Todos los que lo conocían, de cerca o de lejos, no pueden menos que apreciar su vida austera, su dedicación y su entrega a los más débiles, a los necesitados y a los excluidos”.

Del Padre Jean-François Berjonneau (Servicio nacional de pastoral de los inmigrantes):
“Yo percibí, en lo que él me dijo que había hecho de su trabajo como bibliotecario, una verdadera pasión: pasión por el encuentro, pasión por el servicio a los jóvenes, pasión que le unía tan fuertemente a ese pueblo. Llevaba esa pasión en el fondo de su ser”.

Después de la publicación del libro “Del Capcir a la Casbah, vida entregada, vida derramada”, sobre la vida del H. Henri, sus lectores reaccionan.

La Hermanita Marie-Nicole, de las Hermanitas de Jesús de Bab el Oued. Carta del 15 de 1996, aniversario del H. Henri:
“Henri permanece para todos nosotros como un hombre de fe y de bondad. Eso es lo que golpeaba los ojos de los que han podido vivir a su lado. Siento que este libro será como un tesoro donde se podrá encontrar siempre vida y fuerza para el camino”.

Claude Rault, Padre Blanco. Carta del 22 de abril de 1996:
“Abrí el libro esta mañana con mucha emoción, y me sentiré feliz al leer de nuevo el camino de este hombre del Evangelio que fue Henri Vergès. ¡Nos hemos conocido, nos hemos encontrado muchas veces! Permanecerá el testigo del amor universal para muchos argelinos”.

H. Alessandro di Pietro, antiguo Postulador general. Roma, el 14 de abril de 1996:
“El estilo de vida del H. Henri ha sido la mejor manera de hacerse musulmán entre los musulmanes, hasta límites que, la sola delicadeza evangélica le permitían franquear la gracia, al amor de Cristo y del hermano”.

Padre Bonaventure, Trapense, Aiguebelle, el 23 de febrero de 1966:
“El mártir habla más fuerte que el vivo. Y hablará mucho tiempo”. (El P. Bonaventure conocía al H. Henri desde su juventud marista).

Padre Bruno, Trapense, Roma, el 18 de agosto de 1996:
“Lo que nos impresiona del H. Henri y lo que yo admiro particularmente, es su aplicación o su apertura a la formación permanente...Es así que él se ha enriquecido a nivel profesional, pero más aún a nivel humano, cristiano y como Hermano Marista”.

Un amigo de Henri escribe al H. Jean Roche de Sour-el-Ghozlane, el 3 de diciembre de 1996:
“Debo decirle que los recuerdos del H. Henri Vergès son y serán siempre mencionados por la familia, en nuestros encuentros de amigos y en nuestras oraciones”.

Un amigo argelino, a Jean-Benoît Fanjaud, que fue compañero de Henri en Ben-Cheneb. Escribe el 22 de septiembre de 2000:
“ Me emocionan la lectura de ciertas páginas. Una vida santa en la luz, en la oración y en el servicio. Todos los testimonios que yo he leído en este libro, se unen a todo lo que he pensado siempre del H. Henri. Era discreto, recogido, servicial, de una amabilidad y de un tacto para confundir a reyes y pontífices.
Es muy posible que a sus asesinos ya les habrá perdonado, orando al Padre celestial que les perdone, como lo hizo Cristo sobre la cruz”.

H. François Chavanes, Dominico, en Orán-el-Maggari(Argelia). Carta escrita al H. Provincial, el 4 de noviembre de 2002, para pedirle un ejemplar del libro “Del Capcir a la Casbah”:
“Yo conocí al H. Henri cuando era director de la escuela San Buenaventura, en Argel, y después cuando se instaló en la calle Ben Cheneb. En 1987 ó 1988, me encontré con él en la reunión de los Focolares en Tlemcen, a donde había ido con un grupo de jóvenes. Me impresionó la alegría pacífica y sencilla que manifestaba. Después de su partida, me encontré muy feliz de haberlo visto y me dije: ‘He pasado el día con un santo’ ”.

N.B. El libro “Del Capcir a la Casbah, vida entregada, sangre derramada”, está disponible en Notre-Dame de l’Hermitage:
Frères Maristes, B:P: 9
F. 42405 – Saint Chamond cedex

O en Roma, en la Postuladuría:
Fratelli Maristi,
C.P:10250
I 00144 ROMA

ORACIÓN

Padre Santo, el H. Henri Vergès
ha entregado su vida, tras la huellas de Jesús,
en la paciencia de la vida cotidiana,
siempre disponible a tu voluntad.

En medio de los jóvenes,
fue un hombre de fe y de bondad,
servidor de los más pobres y excluidos,
testigo auténtico del amor de Cristo.

A su ejemplo, haz de nosotros
hombres y mujeres de diálogo
con nuestros hermanos del Islam,
en la discreción y el respeto.

Que la alegría pacífica y sencilla que él manifestaba,
fruto de su sencillez de vida
y de su proximidad a María,
viva en nosotros y lleve hacia tu Iglesia
a los que pones en nuestro camino.

Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo,
nuestro Señor y nuestro hermano. Amén.

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