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Boletín marista - Número 149

 

H. Michael Flanigan
11/06/2004

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H. Michael Flanigan,
Director Titular del colegio marista Mount Saint Michael, de Nueva York
NUESTRO COLEGIO PERDIÓ 9 EXALUMNOS EN EL ATAQUE A LAS TORRES GEMELAS

El hermano Michael Flanigan, 47 años, nació en Nueva York. Diplomado en inglés y francés por la Universidad Fordham en el Bronx y licenciado en Teología por la misma universidad. Se ha dedicado a la educación enseñando diversas materias, se ha encargado durante cinco años de la pastoral vocacional de su Provincia, y ha sido tres años viceprovincial. Ha participado como director en un programa para la reinserción social de jóvenes en período de condena. Actualmente es director titular del colegio Mount Saint Michael, en el Bronx, Nueva York, USA.

H. Lluis Serra

El Bronx, en las películas americanas como “La Feria de las Vanidades”, aparece como un lugar peligroso, incluso sórdido. Usted que vive allí, ¿cuénteme como es?
El Bronx es parecido en cualquier gran ciudad. Tiene algunas zonas muy peligrosas por su alta delincuencia, y otras, muy bonitas. La ciudad de Nueva York recibe a muchísimas personas de todo el mundo y, a menudo, se agrupan en grupos específicos. Por ejemplo, en la zona en que se encuentra el colegio, hay una amplia población de origen jamaicano. Pero, de ahí a describir el Bronx como un lugar del todo peligroso, va un abismo.

Dígame los datos básicos de su colegio.
Disponemos de un bonito campus de 22 acres (unas 9 ha) en el norte del Bronx. Abrimos nuestras puertas en 1926 como colegio internado y, desde los años 70, es sólo colegio. Se puede conocer cómo es nuestro colegio visitando nuestra página web: www.mountstmichael.org
Actualmente tenemos 1119 alumnos matriculados con edades que van de los 12 años (grado 6) hasta los 18 (grado 12). Hay 964 alumnos en bachillerato (grados 9 a 12) y 155 alumnos en secundaria (grados 6 a 8). Cada etapa tiene su coordinador, uno para bachillerato y otro para secundaria. Mientras que la sección de secundaria es ligeramente distinta, la sección de bachillerato está compuesta por un 40% de alumnos latinos, un 37% de afro-americanos o caribeño-americanos, un 19% de origen caucásico y un 3%, asiático. La población católica es del 64% y un 33% pertenece a otra confesión cristiana.

¿Qué tipo de jóvenes acude a las aulas de su colegio?
Nuestros alumnos se preparan para ir a la universidad. Somos un colegio privado que prepara para la universidad. Pero muchos de nuestros alumnos tienen dificultades para pagar la matrícula. Las escuelas católicas de los EE.UU. no reciben ayudas del Estado, y, por ello, los alumnos deben pagar la matrícula para entrar en el colegio. Por otra parte, los exalumnos y otros benefactores ayudan enormemente a mantener bajo el coste de la matrícula. El año pasado, más de una tercio de los alumnos recibió algún tipo de ayuda económica y se entregaron ayudas por valor de 730.000 dólares. Por eso, muchos de nuestros chavales son pobres, y muchos no podrían costearse una educación católica si no dispusieran de esta ayuda.
Pero se respira un aire especial en nuestros alumnos. ¡Me siento tan orgulloso de ellos que podría decir que, cuando uno se encuentra con alguno de ellos, termina por destacar la cortesía y el interés que muestran!

Las diferencias raciales y lingüísticas ¿representan una dificultad a la hora de constituir una comunidad educativa?
Es verdad que el idioma puede constituir un problema, pero no es algo que no pueda superarse. Por ejemplo, en una reciente reunión con padres de alumnos, se me acercó una madre que no había traído a su hijo consigo y que no sabía hablar inglés. Así que me fui con ella al profesor para que tradujera cada vez que necesitara ayuda. Siempre nos las apañamos como sea. Por lo que se refiere a la raza, nuestros alumnos reflejan la realidad de nuestra ciudad y del Bronx. Pocas veces existen problemas por causa de la raza. Los alumnos se sienten orgullosos de ser alumnos del colegio Mount Saint Michael, y esto es lo que los une.

Dígame si es verdad o es un mito. ¿Tienen ustedes detectores metales en su colegio para controlar a los alumnos cuando ingresan cada mañana?
Tengo que decir que me causó gracia y me eché a reír cuando leí la pregunta. Pero, sé por qué me la pregunta. Hay muchos institutos estatales en el Bronx que sí tienen detectores de metales. En nuestro colegio, existe una verdadera conciencia de comunidad y de confianza entre alumnos y profesores. Y no me lo he planteado siquiera. No, no tenemos; cuando los alumnos llegan cada mañana al colegio, se cruzan con miembros del personal que suelen estar situados en las diferentes puertas de acceso y los saludan. ¡Los únicos problemas que tenemos se refieren a recordar a los alumnos que se arreglen la corbata y que se quiten los pendientes!

No hay problemas quizá porque estamos hablando de un colegio clasista…
Si observa nuestra escuela, quizás piense que somos un colegio privado muy elitista. Una vez que esté dentro, descubrirá que recibimos a todos, y que nos esforzamos por llegar a quienes no podrían ni soñar con recibir una educación católica.

Hace años leí el llamado Informe Coleman en el que se afirmaba que la riqueza de la escuela católica en los EE.UU. dependía de las buenas relaciones (capital social) entre profesores, familias y alumnos… ¿Es esto así?
En general, sí es así en nuestros colegios, y puedo dar fe de que existe un espíritu de familia en nuestro centro. Hablé recientemente a la asociación de padres sobre los valores maristas, y, cuando mencioné la importancia que tiene para el progreso de sus hijos el que todos los grupos trabajen unidos y que esto no se da en todas las escuelas, pude ver que muchos asentían y estaban de acuerdo con esta idea. Pienso que esto es esencial para que se haga realidad lo que san Marcelino Champagnat quería de nosotros sobre cómo educar a los jóvenes.

¿Por qué cree que las familias escogen su colegio para la educación de sus hijos?
Primeramente, porque somos un colegio bien dotado. Gracias a nuestras estupendas instalaciones, tenemos muchas oportunidades para la práctica del deporte y para otras actividades. Pero sería tendencioso si dijera que ésas son las únicas razones por las que los padres quieren traer a sus hijos aquí, o porque aquí se respira un ambiente de seguridad. Me admira y me alegra ver a tantos padres que, cuando vienen a visitar el colegio, se alegran de que exista una programación religiosa con retiros durante los cuatro años, que existan horas de religión de 45 minutos todos los días y de que se pidan 60 horas de servicio social cristiano como requisito para la graduación.

¿Qué valores destacaría más en sus alumnos?
Nuestros alumnos son, sorprendentemente, sinceros. Y digo sorprendentemente, no porque me sorprenda personalmente, sino porque iría contra lo que la mayoría de las personas esperaría de ellos. Estos críos son duros, son chavales de la ciudad de Nueva Cork que saben sobrevivir en ambientes urbanos hostiles. Conocen a las personas nada más verlas. Saben reconocer lo auténtico y lo que es fingido. En mi trato con ellos, yo me he sentido confundido al ver realmente su sinceridad y franqueza. Hay una sencillez y confianza en ellos que es alentadora.

¿Cómo han afectado en el campo educativo los hechos acaecidos el 11 de septiembre?
Es algo curioso. Me ha llevado más tiempo del que quería responder a esta entrevista, pues una de las cosas que quería evitar era esta pregunta. No nos gusta pensar en lo que ocurrió hace dos años el 11 de septiembre. Y todavía seguimos viviendo con esto. Nuestros alumnos son ahora probablemente más conscientes de lo que está pasando en el mundo. La mayoría conoce al menos a una persona que murió en el ataque. Nuestro colegio perdió a 9 exalumnos en el ataque a las Torres Gemelas.

La nueva escuela no pretende sólo obtener rendimiento académico, es decir, buenas notas, sino también formar la dimensión emocional de los alumnos. ¿Entra en su proyecto este objetivo educativo?
Por supuesto, una educación polifacética implica no sólo un saber académico, sino también una base espiritual y psicológica. Tenemos en el colegio un programa intensivo de orientación. Cada alumno tiene un orientador a quien visita al menos una vez al año y cada vez que lo desee el propio alumno. Además, tenemos un amplio programa pastoral en el colegio.

¿Qué aporta su escuela en el ámbito religioso?
Ya he hablado de nuestro servicio social y de las clases de religión. Tenemos personas que trabajan con dedicación plena a la pastoral colegial y que organizan todas las celebraciones religiosas, retiros y actividades de trabajo social. Algo especial para mí es ver cómo nuestros alumnos responden a las necesidades. Durante la época de Acción de Gracias, recogemos alimentos para alimentar a 57 familias pobres del Bronx. Cada semana, recaudamos dinero para las misiones. Muchos de nuestros alumnos no pueden permitirse dar mucho dinero, pero lo hacen porque saben que hay personas menos afortunadas que ellos. Apadrinamos a alumnos que participan en uno de los campos de trabajo misionero que tenemos con pobres en los Estados Unidos, el Proyecto Guadalupe, y que proporciona una educación católica gratuita a los más necesitados de Brownsville (Texas), en la frontera de México.

¿Cómo ven los adolescentes y jóvenes norteamericanos la figura de san Marcelino Champagnat?
Nuestros alumnos, y los de todos nuestros colegios y escuelas, se sienten muy atraídos por el P. Champagnat. Todos los años, durante el mes de octubre, algunos alumnos, a quienes se prepara previamente, pasan por las clases y hacen una presentación de la vida de Champagnat. Este último año, hubo 13 alumnos que hablaron en 55 clases. Los alumnos están muy interesados en conocer su vida. Cada mes, uno grupo de unos 20 alumnos se reúne en el colegio a las cinco y media para tener un tiempo de oración, de reflexión y para cenar juntos. Lo que se propone este “Grupo Juvenil Marista” es buscar nuevos cauces para fomentar la formación de los miembros de la comunidad escolar, de modo que todos se sientan maristas.

¿Se sienten los profesores y profesoras comprometidos con los valores maristas?
Sí, creo firmemente que nuestros profesores y profesoras aceptan los valores maristas y se consideran partícipes de nuestra misión y llamada. Apoyan mucho a alumnos, a sus familias y a los hermanos.

Cuénteme alguna intervención suya en la educación de los jóvenes que le ha dejado feliz.
Recientemente, fui a un retiro con 40 alumnos de la clase undécima (16 años). Una semana después de nuestro regreso, uno de los jóvenes faltó al respeto a un profesor, y cuando hablé con el profesor, me contó lo que había pasado y cómo el joven le había dicho que iba a ir a hablar conmigo. Cuando me senté a hablar con el alumno, me dijo que se sentía muy mal por lo que había hecho, pero que no había podido controlar su ira. Quería hablar conmigo, no porque yo fuera el director, sino porque yo era su hermano. Le mandé que hablara con el profesor; los dos fueron capaces de solucionar el problema, y el joven pidió disculpas al profesor. Una cosa que me hace feliz es que los alumnos consideren a los hermanos sus protectores, además de sus educadores.

Una fiesta que se celebra en USA y que me encanta es el Día de Acción de Gracias. Cuando usted celebró esta fiesta a finales de noviembre ¿a quién o de qué dio gracias?
Di gracias a Dios por todo lo que me ha concedido personalmente, y por las personas que ha puesto en mi vida. Le di gracias por mi familia, por el don de nuestra fraternidad marista, y por los alumnos, profesores y personal del Colegio Mount St Michael.

… Ahora me toca a mí. ¡Gracias, Michael!

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