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Boletín marista - Número 154

 

Hermano Lorenzo Ndawala
10/07/2004

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Hermano Lorenzo Ndawala: El ambiente religioso está siempre presente en las escuelas maristas de hoy

EL APOSTOLADO DE LOS HERMANOS MARISTAS EN MALAWI

El hermano Lorenzo Ndawala, de 43 años, nació en Balaka, Malawi. Trabajó como profesor y director del juniorado, que era una escuela preparatoria para los futuros hermanos en Mtendere, y está licenciado en Vida Religiosa por el Claretianum de Roma. Participó en el curso para formadores celebrado en Valpré, Francia, y fue miembro del XX Capítulo general como delegado de la Provincia Marista de Southern Africa (África Austral). En la actualidad, trabaja en el noviciado de Kutuma (Zimbabue), en donde hay 28 novicios de siete naciones africanas.

Principio del apostolado marista en las escuelas de Malawi

Los hermanos fueron invitados a ir a Malawi en 1946 por el entonces obispo Fady, de la diócesis de Lilongwe, Zimbabue. Desde entonces han estado trabajando en colegios y escuelas de formación del profesorado. La misión de Mtendere, ahora escuela secundaria en la propiedad de Mtendere, fue la cuna de los hermanos maristas en Malawi.

En 1949, los hermanos se responsabilizaron de la escuela de formación del profesorado Saint John, de los Padres Blancos, situada en Likuni. Más tarde, la escuela del profesorado fue trasladada a Lilongwe y, en 1975, los hermanos maristas entregaron la escuela a la diócesis de Lilongwe. Por aquella época, la escuela de Likuni se había convertido en un colegio de secundaria.

En 1953, los Padres Blancos de la diócesis de Chipata, Provincia Oriental de Zambia, entregaron el colegio de secundaria de Chass a los Hermanos Maristas, quienes siguen administrándolo de parte de la diócesis.

A petición de los Padres Monfortianos del Colegio Católico de Secundaria de Zomba, los Hermanos Maristas asumieron la dirección de la escuela en 1954, y la siguen dirigiendo en representación de la diócesis.

El último centro educativo que recibieron los hermanos fue el Colegio de Secundaria San Carlos Lwanga, de Balaka. Los Padres Monfortianos de la diócesis de Mongochi pidieron a los hermanos que trabajaran en Balaka.

Al mismo tiempo que los hermanos se involucraban en el sector público,
abrieron una casa de formación en Mtendere, en 1949, algunos años después de su llegada a Malawi. El juniorado es ahora un colegio privado de enseñanza secundaria.

Colaboración entre los misioneros y el gobierno

Al principio, las escuelas eran dirigidas totalmente por los misioneros.
Al decir misioneros, estoy hablando de los católicos y de los protestantes. Los misioneros tenían su propio sistema de reclutamiento de profesores por medio de las Escuelas de Formación del Profesorado que habían creado. En un momento dado, el gobierno decidió ayudar a los misioneros en esta noble tarea, y se ofreció para facilitarles profesores y ayudas económicas que ayudaran en el funcionamiento de las escuelas.

Según las condiciones del Acuerdo, estas escuelas fueron llamadas Centros escolares subvencionados y recibieron una subvención per capita para ayudar en la administración de la escuela. Las escuelas cobraban una matrícula para cubrir el déficit de la administración. El gobierno asignaba profesores a las escuelas sin parar mientes en el carácter confesional de la misma. Las confesiones religiosas tenían el derecho a nombrar al director y al subdirector.

Después de la independencia, la selección de alumnos para las escuelas fue una prerrogativa del gobierno. A finales de los 90, las escuelas confesionales concertadas podían seleccionar al 15% de su alumnado.

La dimensión religiosa de las escuelas maristas actualmente

El ambiente religioso está siempre presente. Grupos como Jóvenes
Estudiantes Cristianos (YCS) y otros grupos juveniles, están haciendo un buen trabajo. Los encuentros de oración son una actividad en algunos días específicos. Algunos hermanos y seglares son los monitores de estos grupos. Grupos de un carácter religioso específico, que si no son católicos, reciben ayuda de fuera de la escuela. La fiesta del Fundador (Champagnat Day) recibe una atención muy especial por parte de los hermanos. Resumiendo: a estas escuelas nunca les faltan las celebraciones religiosas. Por ejemplo, se celebra la eucaristía dos o tres veces a la semana abierta a católicos y a todos los que deseen asistir.


Participación de los laicos en el espíritu de Marcelino

Falta con frecuencia esa participación de los seglares en el espíritu de Marcelino. Se necesita una iniciación o catequesis sobre la espiritualidad de Marcelino. Se puede decir que a duras penas hay profesores en las escuelas maristas que deseen asumir la espiritualidad de Marcelino como estilo de vida. Los hermanos son, a menudo, los responsables de esta situación.

1.- Es posible que la mayoría de los hermanos no haya visto esta necesidad. Hemos estado trabajando con los seglares sin una catequesis formal sobre la espiritualidad de Marcelino. Por lo general, las escuelas misioneras son las mejores del país, y los padres aprecian la formación que reciben sus hijos en ellas.

2.- Los hermanos necesitan formación. Deben mirar a su entorno y ver lo que otros están haciendo. Nos enriquecemos cuando compartimos ideas con personas de otros lugares. Debemos esforzarnos y ver lo que otros hacen.

3.- Los hermanos tienen que redescubrir y apreciar la espiritualidad de Marcelino. Deben darse cuenta, especialmente hoy, que su número es reducido en comparación con los seglares que hacen el mismo trabajo en la escuela. ¿Cómo se puede dirigir una escuela sin un espíritu marista que implique a la mayoría de los profesores?

4.- El porcentaje de profesores católicos en nuestras escuelas es muy bajo. Constituye un peso cuando la mayoría de los profesores, uno de cada quince o más, no entienden lo que pretendes. Posiblemente haya profesores con buena voluntad que aprecian lo que se hace, pero no son muchos. La mayoría se consideran empleados del gobierno, no como profesores que pertenecen a la religión de una escuela particular.

5.- Debemos admitir también que hay algunos hermanos que no están interesados o que están un tanto pasivos por el tema. Se consideran unos profesionales de la enseñanza que cuando terminan sus clases, se sientan y esperan sentados a que comience un nuevo día.

Quizás sean éstas las razones que expliquen la falta de entusiasmo para hacer que el espíritu de Marcelino sea conocido y vivido por nuestros profesores. Al mismo tiempo, pienso que algo se puede hacer sobre esta cuestión, porque, pronto o tarde, los seglares nos tomarán la delantera. La situación nos obligará a buscar alternativas, como ha acontecido en otros lugares del mundo marista. Rezo para que no esperemos hasta entonces para compartir el espíritu de Marcelino con todos los que trabajan y viven con nosotros.

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