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Boletín marista - Número 177

 

Carta del Superior general, Seán D. Sammon, FMS
11.01.2005

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Queridos Hermanos y cuantos comparten el carisma de San Marcelino:
Todos estamos al corriente de lo que ha pasado. Durante las primeras horas del día 26 de diciembre de 2004, tuvo lugar un fuerte terremoto en el fondo del Océano Índico, no lejos de las costas de Indonesia. Se formó enseguida un maremoto con olas gigantes que viajaron a gran velocidad hacia las costas de los países de la región. Al final de esa mañana, las olas habían llegado a tierra firme. En sólo unos minutos, más de 140.000 personas fueron barridas de la superficie junto a sus casas, sus pueblos, los paraísos turísticos, las ilusiones y sueños de toda una generación.
Hoy nosotros, como miembros de la comunidad internacional y eclesial, compartimos la tarea de ayudarlos a volver a comenzar. Debemos encontrar la forma de curar a los heridos, de rehacer sus espíritus y de restablecer la esperanza en el día de mañana. Como Hermanos fundados por Marcelino, tenemos una especial responsabilidad ante los dos últimos retos señalados: rehacer los espíritus heridos y restablecer la esperanza, en especial entre los muchos niños que se han quedado huérfanos y sin hogar por esta calamidad. Sólo en Sri Lanka, el 40% de los muertos han sido niños.
Como decía en mi carta de la semana pasada, la presencia marista en el área afectada se encuentra principalmente en la India (Tamil Nadu) y en Sri Lanka. Afortunadamente, ninguno de nuestros Hermanos de la región ha perdido la vida en esta tragedia o ha resultado tan siquiera herido. Desgraciadamente, no todos sus familiares han sido tan afortunados, y nos están llegando noticias de que hay algunos heridos entre ellos. Nos hemos enterado, además, de que algunos de los edificios que utilizan los Hermanos para su apostolado han resultado dañados, -uno al menos ha sufrido una destrucción importante- como consecuencia de la enorme fuerza de las aguas cuando llegaron a tierra.
A pesar de la confusión, del miedo que atenaza a las personas de la región y de los problemas técnicos que limitan las comunicaciones, el personal del BIS y varios miembros del Consejo General se han puesto en contacto regularmente con nuestros Hermanos de la India y de Sri Lanka para saber cómo los podemos ayudar.
Todos han hablado con criterios realistas. Por ejemplo, no queremos duplicar la ayuda que ya están proporcionando muchos organismos internacionales presentes en la región. Pero al mismo tiempo, queremos ser solidarios con nuestros Hermanos y sus conciudadanos durante este tiempo de muerte y sufrimiento. E igualmente importante: queremos echar una mano donde podamos, ahora y en los próximos días, cuando muchos otros grupos dejen la región y lo ocurrido ya no sea de tanta actualidad.
Naturalmente, con la confusión existente en la región en este momento, nuestros Hermanos no pueden evaluar la extensión total del daño que se ha producido, pero están trabajando en la evaluación no sólo de las pérdidas físicas sufridas por aquellos a quienes atienden, sino también el coste espiritual y emocional que esta tragedia humana se ha cobrado. Por nuestra parte, queremos estar preparados para ayudarles cuando nos informen específicamente de lo que les será de mayor ayuda.
Hermanos y amigos, al recordar su extraordinaria generosidad en el pasado y lleno de gratitud por ello, les escribo esta tarde para solicitar su ayuda. (...) Agradezco a los Hermanos Dominick Pujia y a los miembros del BIS, Marcela Ossandon y Riccardo Ducci, así como a los miembros del Consejo General, los Hermanos Emili Turú y Peter Rodney, y al Hermano Antonio Martínez, Administrador General, por el excelente trabajo que han hecho en la elaboración de esta documentación. Nos ofrece una visión general de la situación actual, un resumen con información sobre la Campaña, y una descripción de cómo podemos ayudar, sea con nuestra oración, sea dando a conocer a otros esta Campaña, o bien haciendo donaciones directamente para esta causa.
Con frecuencia, se nos da mejor reconstruir edificios que ayudar a recuperar el sentido de la vida perdido. Pero, en esta crisis, se requieren esfuerzos en ambos frentes. Por ello, cuando ayudemos con nuestra aportación económica e interés, sigamos rezando por los niños sin hogar de la región, por las personas que han perdido a su esposa o esposo, y por los que han perdido a la mayoría de sus familiares en el maremoto. Oremos por quienes están ahora con Dios. Pero también para que su misericordia y su paz sean fuente de consuelo a quienes han quedado en la tierra.
Les agradezco por adelantado toda la ayuda que van a proporcionar. Ojalá que este Nuevo Año sea un tiempo de mayor paz en nuestro mundo.

Con todo el afecto de mi corazón,
Hermano Seán D. Sammon, FMS,
Superior General

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