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Boletín marista - Número 179

 

H. Mervyn Perera -Entrevista con el H. Dominic Pujia
28.01.2005

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El Hno. Mervyn Perera, viceprovincial de la Provincia de Sri Lanka y Pakistán, llegó a la Casa General el pasado 4 de enero, para unirse a la comisión preparatoria de la Conferencia General que se celebrará en Sri Lanka en el próximo mes de septiembre. Este viaje estaba planificado mucho tiempo antes de que los mortales maremotos golpearan la región del sureste asiático. El Hermano dedicó parte de su tiempo a hablarnos de la crisis que ahora se cierne sobre su país.


Hno. Mervyn, usted acaba de llegar de Sri Lanka. ¿Nos puede describir la situación que se vive en su país en este momento?
La situación en mi país es todavía caótica y la gente está desorientada sin saber cómo abordar la situación actual y hacer frente a ella. El pueblo y el gobierno están evaluando la situación. Aun hoy, dos semanas después de la tragedia, todavía se están encontrando cadáveres en las áreas afectadas. Como nación, estamos luchando para hacer frente a esta situación.

¿Cómo se enteró del maremoto y de sus terribles consecuencias en su país?
Me enteré primeramente a través de los medios de comunicación locales y extranjeros. Después visité algunas de las áreas más gravemente afectadas.

¿Cómo ha afectado esta tragedia a los Hermanos de Sri Lanka, a sus familias y a sus colaboradores?
El único lugar directamente relacionado con los Hermanos y que se vio afectado fue el pequeño pueblo pesquero de Kalutara, a unos 48 kilómetros de Colombo, la capital de Sri Lanka. Los Hermanos dirigen allí un colegio marista para muchachos de seis a diecinueve años. Son unos 1.600 muchachos aproximadamente los que asisten al colegio en este lugar. Como había muchos otros niños que deseaban venir a este colegio, los Hermanos abrieron una escuela filial a unos pocos kilómetros del colegio, en un lugar llamado Paiyagala. Esta escuela se encuentra muy cerca del mar. El maremoto del día 26 de diciembre destruyó esta escuela filial que fue completamente barrida por las olas. Algunos de nuestros profesores han perdido sus casas, pero, gracias a Dios, no hemos perdido a ninguno.

¿Cómo ve a las personas ahora?
Las personas están conmocionadas. En unos minutos, más de 40.000 personas perdieron la vida, muchos de ellos niños. Las personas han perdido parientes, posesiones, casas y, lamentablemente, sus ilusiones y sueños. Produce tristeza hablar con la gente y escuchar sus historias. Da la impresión que muchos de los supervivientes han perdido las ganas de vivir. Algunos de ellos han confesado a los medios de comunicación que si vieran venir otras olas semejantes, ya no huirían de nuevo.

Se dice que las tragedias despiertan también la auténtica fuerza interior de las personas. ¿Qué nos puede decir de esa fuerza interior del pueblo cingalés?
Es cierto lo que dice. Cuando miro hacia atrás y veo mi país, me sobrecojo. En los últimos años, mi país ha sufrido muchas divisiones. Existe una fuerte división política en el norte. Muchos han muerto en combates y disturbios políticos. Durante los últimos treinta años, ha habido una guerra que se continúa entre dos grupos étnicos. Han muerto muchos miles de personas por ambas partes. En tiempos recientes, ha habido también muchos conflictos entre cristianos y budistas.
Sin embargo, al menos de momento, las personas de Sri Lanka han olvidado todas sus diferencias y están unidos reconstruyendo el país. Estamos percibiendo algunos signos alentadores en medio de esta tragedia. Nuestro pueblo se está cuestionando el porqué de la existencia de diferencias entre nosotros. Algunos dicen: ¡Basta ya! Debemos trabajar juntos.

Ahora que usted y los Hermanos comienzan a hablar de lo ocurrido, ¿qué tipo de respuesta piensan ustedes se necesitaría para reconstruir el país?
Como se puede ver en las estadísticas que vienen ahora de la región, el 40% de los muertos de Sri Lanka eran niños. Y un gran número de otros niños ha perdido a su papá o mamá, y en algunos casos, han perdido a los dos y a otros parientes. Como Hermanos y discípulos de San Marcelino Champagnat, tenemos una gran responsabilidad: preocuparnos y atender a todos estos críos que no tienen a donde ir. Tendremos que proporcionarles una atmósfera segura para seguir viviendo y estar seguros de que no caerán en los lazos de la explotación. Deben regresar a la escuela lo más pronto posible. Los profesores necesitarán una formación especial para ayudar a estos niños y niñas que han quedado marcados emocionalmente. Sabemos que es un camino a largo plazo, pero tenemos que comprometernos a hacerlo. Estamos muy preparados y resueltos a hacer lo que podamos por el bien de estas inocentes criaturas.

Como religiosos y laicos maristas ¿qué podemos hacer para ayudarles a usted y a los Hermanos a dar una respuesta a las muchas necesidades que están encontrando?
Por supuesto, confiamos en sus oraciones. Todavía llevará algún tiempo saber exactamente lo que se necesita. Hay muchas organizaciones humanitarias en el área coordinando la ayuda. Vamos a trabajar con ellos para no duplicar los servicios. Pero aún así, sabemos que tendremos muchas necesidades. Obviamente, tenemos que reconstruir la escuela. Queremos ayudar a algunos de nuestros profesores que han perdido sus casas. Los alumnos necesitarán material escolar, uniformes, libros. Es una situación de emergencia muy difícil. Nos llevará tiempo recuperarnos de esto. ¿Cómo pueden ayudarnos? Una vez que los medios de comunicación dejen de hablar del tema, esperamos no quedar olvidados del resto del mundo. Y la generosidad que han manifestado las personas al llamamiento del Hno. Sean de hace unas semanas nos ayudará enormemente a devolver a la normalidad las vidas de estas personas.

¿Tiene alguna otra cosa que decirnos?
Sólo palabras de gratitud y de agradecimiento. Esta terrible tragedia que nos ha tocado a nosotros y a muchos países del sudeste asiático ha hecho que nos detengamos a pensar para preguntarnos por el sentido de la vida. Todos hemos quedado tocados al ver lo frágil que puede ser la vida. Me siento sobrecogido ante el torrente de ayuda y afecto que tantísimas personas del mundo nos han mostrado en estas últimas semanas. Es un testimonio de esa solidaridad que nos liga a todos nosotros como familia marista. Esta solidaridad va a constituir un factor importante para que se dé esa sanación que debe tener lugar ahora.

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