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Boletín marista - Número 182

 

Historias de los niños de Payagala - Tsunami en el sudeste asiático
17.01.2005

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La Historia de Yashita
Me llamo Yashita. Vivo en la parte meridional de Sri Lanka. Estoy en cuarto grado y estudio en el colegio Holy Cross de Kalutara.
El día 26 de diciembre de 2004, participaba con mi familia en la misa de la parroquia. La misa se alargó un poco debido a las celebraciones de la Navidad. Yo estaba muy contenta porque era el segundo día después de Navidad. Después de la misa, cuando salíamos de la iglesia, vi la primera ola que venía hacia nosotros. Con voz fuerte grité a mi madre Viene el agua. Nos entró el pánico. No sabíamos a dónde ir y cómo escapar. Todos estábamos desconcertados y corríamos de aquí para allá. Los padres gritaban a sus hijos y los niños lloraban de miedo.
Mi mamá me tiró del brazo y corrimos hacia la carretera. Por desgracia, el agua llegaba de la misma dirección, por lo que nos resultó muy difícil alcanzar la carretera. Las olas llegaban como gigantes. Yo nunca había visto tanta cantidad de agua dirigiéndose hacia la ciudad. La ola me golpeó tan mal que no pude mantener el equilibrio y caí al agua. A pesar de eso, vencimos a las olas, llegamos a la parada del autobús y conseguimos meternos en un autobús y escapar.
En ese día mi familia entera quedó desparramada. No sabíamos a ciencia cierta lo que podría haberles pasado a los otros. Mi mamá y yo nos abrazamos y lloramos. Yo estaba muy asustada y preocupada de la suerte de mi hermana más pequeña, de mi hermano y de mi papá. A lo largo del día, pensé que quizá ellos habían sido víctimas de las olas. Fue por la noche cuando nos encontramos de nuevo los unos a los otros y vimos que todos habíamos resultado ilesos. Yo estaba muy contenta.
Ahora, por las noches, oigo los gritos de las personas y el estruendo de las olas gigantes. Esto me asusta y no consigo dormir. Es posible que no olvide esta terrible escena en toda mi vida.
Al cabo de unos días, cuando regresamos a ver nuestra propiedad, vi que nuestra casa ya no estaba allí. Había sido completamente arrasada. La tele, los libros, bolis, pinturas, la mochila, la bici, mi bate y pelota y el estuche para coleccionar: todo había sido arrastrado lejos. También mis sueños se habían visto rotos; pero creo que Dios me ayudará de alguna manera.
Ahora necesitamos una nueva casa, comida apropiada y cosas para la escuela. Mi padre ya no puede ir a pescar y no tiene trabajo. ¿Quién nos proporcionará estas cosas? No lo sé.

La Historia de Rasanjan
Mi nombre es Rasanjan. Ahora nuestra familia vive en el campamento de Magonna. Anteriormente, vivíamos en Katukurunda donde estaba nuestra casa. Estoy en el grado 12 en el colegio Holy Cross de Kalutara.
Tras el tsunami, perdí a mi padre, a mi abuela y mi casa. Mi padre era paralítico. Yo solía lavarlo y llevarlo al baño. Nuestra casa estaba próxima al mar. Sólo mi madre trabajaba en una pequeña empresa. Obtenía un modesto salario que no era suficiente para que funcionase nuestra familia, pero, de alguna manera, nos apañábamos con ese dinero. ¿Qué más podíamos hacer? Mi padre no podía trabajar. Pero, a pesar de todo, vivíamos una vida feliz.
El 26 diciembre, en las primeras horas del día, estaba yo sentada en el exterior de nuestra casa y mirando el mar cuando, de repente, vi una gran ola que venía hacia mi casa. En ese momento, mi madre no estaba en casa, sólo mi padre y mi abuela.
Cuando llegó la ola, corrí desde la casa hacia la carretera que está en una zona más alta. Al salir corriendo precipitadamente, me olvidé de mi papá y de mi abuela. Sólo cuando la ola retrocedió hacia el agua pensé en ellos. Entonces corrí hacia mi casa, pero cuando llegué allí, la casa estaba destruida. Yo no veía ni a mi papá ni a mi abuela. Me asusté enseguida y grité con todas mis fuerzas, pero no había nada que yo pudiera hacer. Sólo después de un largo tiempo, pudimos extraer los cuerpos. No sé lo que me pasará por esto.
Ahora mi madre y yo vivimos en el campamento de Magonna. No sé cuánto tiempo tendremos que quedarnos aquí. No deseo decir ya más.

La Historia de Dilath
Yo soy Dilath, de Payagala. Tenemos tres niños en la familia. Mi padre es pescador y teníamos nuestra propia barca y redes para pescar.
En la mañana del día 26, mi madre estaba preparando el desayuno y todos nosotros nos preparábamos para ir a misa. Fue entonces cuando vi venir el agua del mar cerca de la vía del ferrocarril. Allí había algunas personas de pie, mirando lo que estaba ocurriendo. Después de unos minutos, hubo otra ola de unos 5 metros de altura aproximadamente acercándose a las casas. Cuando yo la vi, empecé a correr con mi familia. Mientras corríamos, miré hacia atrás y vi una ola gigantesca, quizás tendría 15 metros de altura, que venía hacia nosotros. Grité a mi familia para que corriera a toda velocidad y por todas las partes, había gente gritando y corriendo. Conseguimos salvarnos, pero, por la tarde, cuando regresamos a verlo, todo había sido arrastrado lejos. Había gente llorando y otros estaban sentados atónitos allí donde una vez estaban sus casas.
De nuestra casa, no quedó nada de nada: ni casa, ni barca, ni redes, ni libros, ni ropa. Nada absolutamente. Yo me puse a pensar: ¿Qué ha quedado? Nada. ¿Cómo estudiaré ahora? ¿Qué comeremos? ¿Dónde viviremos? A nuestro alrededor, sobre la carretera, estaban los cuerpos de los animales muertos. Luego, nos fuimos al campamento de Magonna. Había muchas familias. Algunos habían perdido a familiares; otros, a sus hijos y la mayoría de nosotros habíamos perdido nuestras casas y negocios. Yo sé que con el tsunami se me fue mi futuro, mi ilusión de ser alguien en la vida. Mis padres han perdido su trabajo. ¿Cómo podrán atender y cuidar adecuadamente de su familia?
Cuando me entrevistaban los Hermanos de la escuela y me pedían que les hablase del tsunami, me puse de nuevo a llorar y a pensar: ¿Qué voy a decir? ¿Por dónde empiezo? Después de escuchar mi historia, los Hermanos me aseguraron que nos ayudarían de alguna manera. No sé lo que va a ocurrir. Viviendo en el campamento es muy difícil creer en este tipo de vida. No sé por cuánto tiempo tendremos que vivir aquí y cómo vamos a construir nuestra casa. Mi padre no tiene un trabajo con el que pueda ganar dinero para que nosotros vivamos. ¿Quién nos va a ayudar? No vislumbro que vaya a ocurrir nada especial en un futuro próximo; solamente nos queda vivir en el campamento y esperar que venga alguien.

La historia de Saleem
Me llamo Saleem. Ahora estoy viviendo en el campo de refugiados de Magonna. Yo vivía en Kalutara. En la escuela estoy en el undécimo grado. En mi familia éramos 4; ahora sólo quedamos mi hermana y yo. Mis papás murieron.
Cuando ocurrió lo del tsunami, mi papá se estaba preparando para ir a pescar y mi mamá le estaba ayudando. Mi hermana y yo jugábamos en la playa. Mi mamá me pidió que fuera al mercado a comprar arroz, pan y verduras. Mi hermana pidió permiso para acompañarme y nos fuimos juntos. No nos habíamos alejado mucho de la casa cuando oímos gente gritando y corriendo hacia nosotros. Yo no sabía que hacer. Regresé a nuestra casa que estaba muy cerca del mar. Estaba llena de agua. Mi hermana y yo nos pusimos a llorar y a gritar llamando a nuestros padres. No los pudimos encontrar.
Uno de nuestros vecinos vino y nos llevó consigo. Nosotros seguíamos llorando. Yo vi una ola enorme, de más de 6 metros de altura viniendo detrás de nosotros. Entonces, mi vecino tomó en brazos a mi hermana y corrimos. Afortunadamente, nos salvamos del tsunami, pero se llevó la vida de mis papás y de mucha otra gente.
Cada vez que veo el mar, me acuerdo del tsunami. Un tío mío se encargará de nosotros y tendremos que irnos a vivir a la ciudad de Puttalam, muy lejos de aquí.

La Historia de Sumar
Soy Sumar y vivía entre la laguna y el mar en Kalutara. Era domingo y me estaba preparando para ir a un centro de clases particulares. Estaba todavía en la casa, cuando oí gente gritando fuerte. Pensé que podría tratarse de una pelea, pero casi al mismo tiempo, vi el agua entrando en mi casa. Me di cuenta que algo iba mal.
Salimos de la casa y vimos la segunda ola viniendo hacia nosotros. Estábamos asustados y comenzamos a correr para salvarnos. Después de esta segunda ola, el mar comenzó a retirarse más de lo normal. Algunas gentes corrieron al ver esto. Se había retirado más de 30 metros de su nivel normal. Entonces vino la tercera ola con una enorme velocidad. Era enorme. Golpeó y destruyó todas nuestras casas. Fui a ver mi casa y no había nada. Mi padre fue a buscar nuestra barca, pero sólo encontró unos pedazos de madera.
Después de un tiempo, nos fuimos al campo de refugiados. Todo lo que podíamos hacer era llorar. En el campo de refugiados no puedo dormir bien. Los mosquitos son terribles y a veces no tenemos qué comer. Estoy yendo a la escuela y mis amigos me han prestado algunos libros para estudiar.

La Historia de Lakmal
Me llamo Lakmal, tengo 16 años. Somos 5 en mi familia: mamá, papá, dos hermanas y yo. Mi padre es pescador y mi mamá trabaja en casa. En la escuela estoy en el undécimo grado y mis hermanas están una en quinto y la otra en séptimo. Hasta el mes pasado, vivíamos en Payagala, pero ahora vivimos en Magonna, en un templo.
En la mañana del 26 de diciembre, cerca de las 9.30, regresamos a casa después de haber ido a misa. Nuestra casa está muy cerca del mar. Una de mis hermanas dijo que el mar estaba extraño y, después de 5 minutos, vimos una ola enorme levantándose en el mar y viniendo hacia nosotros. No había tiempo para pensar en nada, ni para coger algunas cosas de nuestra casa. Así que comenzamos a correr hacia tierra adentro.
Los 5 miembros de nuestra familia logramos salvarnos. En nuestra aldea algunos murieron y muchos resultaron heridos. Nuestra casa fue derribada por las olas. Teníamos dos barcas para pescar y ahora no tenemos nada. Lo hemos perdido todo.
En estos días estamos viviendo en un templo cerca de Magonna con otras gentes que perdieron sus casas. En este campo de refugiados es muy difícil estudiar y hacer las tareas de la escuela porque no hay electricidad. Pero las otras cosas están bien. Esperamos dejar este lugar lo más pronto posible y regresar a nuestra propia casa.

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