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Boletín marista - Número 187

 

El cantautor Roberto Bignoli narra sus Jornadas Mundiales de la Juventud
23.03.2005

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Se acerca la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia (Alemania). Una vez más, esto representará para muchos jóvenes una etapa significativa en su camino de fe. El cantautor cristiano, Roberto Bignoli, ha tenido la dicha de participar como artista en algunas Jornadas Mundiales de la Juventud de los años pasados. Roberto, portador de una discapacidad, vivió de niño la experiencia de la pobreza y de la enfermedad, y pasó después a experimentar la droga y la cárcel... Luego, su encuentro con Jesús, que le cambió radicalmente la vida, mostrándole un nuevo camino. He aquí algunas preguntas que le hemos hecho:


¿Qué recuerdos tienes de tu participación en las anteriores Jornadas Mundiales de la Juventud?
La primera vez que participé en las JMJ como artista fue el año 1997, en París, con una serie de conciertos en varias plazas, palacios feriales y estadios. En el año 2000, celebré un concierto en Tor Vergata (periferia de Roma) para los voluntarios de la JMJ. En el año 2002, participé en una larga gira que se concluyó con una actuación en la vigilia con el Santo Padre en Toronto. En todas las JMJ, lo que me ha impresionado más ha sido la presencia de tantos jóvenes unidos por un ideal.
No todos frecuentan asiduamente las realidades religiosas o los movimientos, pero aprovechan esta ocasión para vivir una experiencia nueva de enriquecimiento interior. Siempre he visto mucho respeto y amor por el Santo Padre. Los jóvenes lo acogen con sinceridad y entusiasmo, porque ven en él a un auténtico testigo del Amor, de la Esperanza, de la Fe en Jesucristo y en el Evangelio.

¿Qué sentido puede tener, en la vida de un joven, la participación en estos encuentros con el Pontífice?
Creo que nadie puede quedar indiferente ante una presencia tan comprometedora. El Papa consigue penetrar directamente en lo profundo del alma. He visto jóvenes conmoverse, reír, manifestar actitudes de gran solidaridad y sensibilidad, la alegría de estar juntos y de compartir las propias experiencias de vida y de fe con otros.
Todo esto deja rastro. Luego, hay quien lo cultiva y quien, en cambio, prefiere esperar, guardándolo como un pequeño tesoro dentro de sí. También hay quien se avergüenza de manifestar lo que ha experimentado o percibido. Pero, estoy convencido de que, en el corazón de cada joven, ha entrado un germen de esperanza.

Cuando escuchas al Papa, ¿qué sientes?
Escucho al Papa y me parece escuchar a un Padre bueno. Un gran papá para todos los jóvenes. He tenido la suerte de tropezarme con él cuatro veces en mi camino, y siempre ha sentido una gran emoción. He percibido en él una fuerte presencia de lo sobrenatural. Sus ojos, llenos de luz; su sonrisa y su rostro nos hablan de la autenticidad de su espiritualidad y su presencia es realmente gracia y amor. Te sientes acogido y comprendido. Pero, sobre todo, te sientes amado por lo que eres. Es como si el Papa te viera por dentro y te dijera: te amo porque eres así. Es, precisamente, esta sensación la que sienten los jóvenes durante las JMJ. El Papa logra transmitirles el infinito amor de Cristo.

¿De qué manera tus conciertos se convierten en una ocasión de diálogo con los jóvenes?
Me gusta definirlos como conciertos-testimonio. No se limitan únicamente a las canciones, sino que relatan también la historia de mi vida y mi conversión. A menudo, después del concierto, algunos jóvenes vienen a hablarme y se establece con ellos una relación de auténtico diálogo. A veces suceden episodios maravillosos, inesperados. Por ejemplo, recuerdo emocionado lo que me ocurrió después de un concierto en una cárcel de Panamá. Los internos eran todos jóvenes de entre catorce y veinte años. Estos jóvenes, al final, quisieron rezar unidos conmigo. Me confirmó que mi testimonio les había impactado y que había sido una experiencia importante para su situación y para afrontar los problemas con más esperanza.
Generalmente, la relación con los jóvenes no se acaba con el final del concierto. Muchos me escriben por Internet. Con bastantes de ellos ha nacido una amistad, que hoy todavía continua.

¿Puede ayudar verdaderamente la música a los jóvenes y ofrecerles un mensaje de esperanza?
Hoy, la música se puede considerar un gran medio de comunicación, capaz de alcanzar el corazón de tantísimos jóvenes. Por esta razón, creo que es fundamental presentar canciones que tengan contenido y que transmitan valores.
Personalmente, me esfuerzo por tratar temas evangélicos, o de recordar la importancia de la solidaridad y de la oración. Pasito a pasito, trato de ayudar a los jóvenes a que entiendan que no se vive sólo de pan, sino que hay muchas más cosas en la vida de una persona.

¿En tu último CD “Te necesito hablas de tus “compañeros de viaje”. ¿Quiénes son?
En mi vida, experimento cada vez más fuerte la presencia de Jesús y de María: ellos son mis compañeros de viaje. Con esta canción, me gustaría que todos los que la escuchasen percibieran la presencia de Dios en su vida de cada día. Es también una invitación a fiarse de Dios y a dejarse acompañar, porque sólo Él puede dar color a la historia del mundo, sólo Él acoge nuestra pobreza.

¿Por qué cantas?
Por medio de la música, intento esparcir semillas. Y si Dios lo quiere, fructificarán. Este es el sentido que trato de dar a mi actividad artística, junto a mi manager, la Providencia.

Gracias, Roberto... y hasta Colonia.

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