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Boletín marista - Número 191

 

Juan Velasco, marista, misionero en Masonga, Tanzania
14.04.2005

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LOS JÓVENES SIENTEN EL DESEO DEL CAMBIO

Lluís Serra Llansana


Juan Velasco, hermano marista, nació en Briseñas, Michoacán, México, hace 70 años. Maestro, licenciado en inglés y matemáticas. Realizó estudios de misionología en Roma. Ha ejercido como profesor y director en seminarios y en colegios maristas de diversas ciudades de México. Actualmente se encuentra en Masonga, Tanzania, en la misión que fundó en 1991. Le entrevisto a su paso por Barcelona.


¿Por qué se le ocurrió ir a África?
No se me ocurrió a mi, sino a los superiores. Cuando era niño tenía interés en conocer África, pero cuando me invitaron tenía 57 años y ya no entraba en mis proyectos.

Pero ¿fue obligado o a gusto?
Muy a gusto porque para mi fue una ilusión muy grande. La propuesta valió la pena.

Usted siempre ha estado en Tanzania. ¿Cuál es su misión allí?
Principalmente la evangelización y el trabajo con los jóvenes, que es lo más interesante.

¿Se ha sentido acogido por los jóvenes pese a proceder de otro país, con lengua distinta, etc?
Muy acogido porque los chicos acogen a los extraños con los brazos abiertos.

¿Le ha costado inculturarse?
Como mexicano no nos cuesta mucho inculturarnos. En cambio la lengua, el swahili, sí. A la edad que llegué no es fácil aprender un idioma. En estos momentos me comunico con ellos en swahili, pero en la escuela el inglés es la lengua vehicular.

Hábleme un poco de la escuela donde trabaja...
Cuando llegamos, el obispo nos propuso varias posibilidades de trabajo en su diócesis: trabajar en una granja, dar clases en el seminario o educar en una escuela. Elegimos la tercera porque va más acorde con nuestro carisma, pese a que existían dificultades como falta de electricidad y de agua corriente además de tener caminos intransitables... La escuela comenzó de cero. Tan sólo abrir las puertas había 400 solicitudes para 100 plazas. El impacto fue grande entre la población.

Y los datos actuales...
Se trata de una escuela de secundaria, con 320 alumnos, desde los 16 años hasta los 21 o 22. Producimos la luz eléctrica a través de placas solares. Construimos dos molinos, que nos proporcionan agua abundante, con la colaboración de los maristas de Catalunya y de la ONGd SED.

Al inicio fueron tres mejicanos. Ahora ¿conviven con hermanos de otras nacionalidades?
Siete hermanos de cuatro nacionalidades distintas: Congo, Rwanda, Italia y México. Tenemos un ambiente muy bueno. Los voluntarios y cooperantes se enamoran de la obra, como el hermano Sergio Pario, italiano, que colaboró por dos años y ahora se ha quedado con nosotros. Hemos tenido una buena experiencia con dos matrimonios (uno catalán y otro mejicano) que han venido como cooperantes durante tres años y se han integrado en nuestra vida comunitaria y en nuestra misión.

Ahora usted está de paso por Europa. ¿Qué piensa de esta desigual distribución de la riqueza en el panorama internacional?
Hay quienes tienen mucho y muchos que no tenemos nada. Las diferencias son muy grandes entre los países poderosos y el resto.

¿Cuentan con la suficiente solidaridad para resolver sus necesidades en la misión?
Los hermanos de Catalunya y de México colaboran para facilitarnos los medios que nos permiten la educación y la evangelización de los niños y jóvenes.

Pero ¿qué futuro tienen estos niños y jóvenes...?
Su futuro es un poco triste. Sólo hay dos universidades en todo el país por lo cual, a través de los exámenes nacionales se eliminan la mayoría de alumnos que no pueden acceder a este tipo de estudios. Pese a ello, los jóvenes se esfuerzan mucho y estudian para poder sacar buenas notas. El alumno desechado regresa a su aldea para dedicarse al pastoreo o a la agricultura o busca trabajo en la ciudad porque ya no puede seguir estudiando.

¿Se ha arrepentido alguna vez de haber dejado su patria?
Jamás.

¿Qué ha encontrado en Tanzania?
Tranquilidad, paz, acogida por parte de la gente sencilla, la satisfacción de encontrar muchachos y muchachas ávidos de recibir educación, algunos de los cuales para llegar a clase tienen que caminar nueve kilómetros y sólo cuando a media tarde regresan a casa pueden hacer su comida única al día. ¡Es admirable!

Se dice que la educación de la mujer es importante, ¿hasta qué punto?
Para nosotros tiene mucho sentido, pero la sociedad minusvalora totalmente a la mujer. Además de estudiar, tienen que acarrear leña, ir a buscar agua al lago Vitoria... por lo que disponen de poco tiempo y suelen ocupar las últimas plazas. Las chicas que entran en la escuela lo hacen con entusiasmo pero es fácil que queden embarazadas al primer año de secundaria, por lo que el mismo gobierno las aparta del sistema educativo. Como existe la poligamia, muy extendida en esta zona donde estamos, las chicas pasan a engrosar los núcleos familiares de los hombres con quienes han tenido su relación. Manos Unidas ha financiado un proyecto de un internado para que estas chicas puedan tener más oportunidades y esperamos que resulte porque es la primera experiencia que tenemos en este punto.

¿No les dan ustedes educación sexual?
Sí, se la demos, insistimos en las clases, colabora personal especializado que acude a las aulas... No obstante, se dice que el 60% de la población está contagiado de SIDA. No pasa semana que no se oigan llantos en una parte o en otra por la muerte de alguna persona por esta causa.

A sus 70 años, ¿no le entran ganas de jubilarse?
No he pensado jamás en la jubilación porque puedo hacer todavía algo por los demás.

¿En qué concreta su acción por los demás?
Siento que la presencia de los hermanos en medio de esta comunidad hace que los jóvenes sientan el deseo del cambio. Por ejemplo, los chicos ya no quieren tener varias esposas sino una sola y con ella tener sus hijos, buscan un trabajo digno...

¿Cree que habría que estimular en la Iglesia la existencia de vocaciones misioneras?
Me parece ideal que sea así, porque de este modo se favorece el cambio y se ayuda a zonas con mayores necesidades educativas y evangelizadoras.

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