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Boletín marista - Número 214

 

Entrevista al Padre Marista Joaquín Fernández
22.09.2005

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H. Antonio Martínez Estaún

El P. Joaquín Fernández, padre marista español, fue miembro de su Consejo general de 1981 a 1989 y Superior general desde 1993 a 2001. Participa en la Conferencia general como capellán. Desde su habilidad para los lenguajes así como su fraternidad y cercanía, hace un valioso aporte para el desarrollo de la Conferencia. Su presencia discreta la sentimos como auténticamente marista: de hermano entre hermanos. Con sencillez responde a nuestras preguntas.

P. Joaquín, estamos terminando los trabajos de la segunda semana de la Conferencia. ¿Cómo ves el grupo humano, el trabajo, la planificación, el ambiente, desde tu puesto de observador?
Desde el principio me ha parecido un grupo bien integrado, viniendo de lugares y experiencias tan distintas. Es un signo de que no es la primera vez que se encuentran juntos, al menos la mayoría. Me llamó la atención el número de hermanos Provinciales y Superiores de Distrito de edad media más bien baja, el predominio de hermanos de lengua española, no sólo entre los superiores, sino también entre los traductores y personal de apoyo.
Las reuniones están preparadas al segundo en sus horarios, y también en sus temas con documentos bien elaborados como base de información, reflexión y discusión. La primera semana pensé que iba a ser un trabajo muy duro, pues los momentos de reflexión personal y de grupo eran muy cortos para lo que yo estaba acostumbrado en otras reuniones parecidas. Creo que lo mismo pensaron muchos participantes. Pero en la segunda semana se vio que esa distribución estaba calculada y sólo valía para la primera semana, que era de introducción y de presentación del contexto general. Esta segunda semana está mucho más equilibrada y los tiempos son mucho más adecuados.
El ambiente es, pues, agradable, sereno, de intercambios frecuentes. Hay también mucho interés por el contexto del país, su historia, monumentos, costumbres, las consecuencias del tsunami, etc. Esto me parece que es consecuencia de que muchos hermanos residen y trabajan o han trabajado fuera de sus países de origen. Considero este aspecto muy importante en estas reuniones internacionales.

La Conferencia se inició con la exposición de una visión de la Iglesia y de la vida marista en Asia. ¿Cuál fue tu percepción del servicio que nos pide a los hermanos la Iglesia en Asia?
En la segunda exposición del P. Pieris se dio mucha importancia a la educación de los niños y jóvenes, y esto es de capital importancia en un continente eminentemente joven. Hay un campo inmenso de trabajo en la misión específica de los hermanos maristas. Para mí ha sido importante descubrir la presencia de hermanos en tantos países de Asia. No es una presencia masiva como en otras partes, pero indica que están en los lugares adecuados para la realización de su misión.
Eso también indica el tipo de misión de los colegios o instituciones educativas que han de integrar niños y jóvenes de distintas culturas y religiones. Asia debería ser en este momento el continente que diera un ejemplo de convivencia, de respeto, de interacción y de aprendizaje entre distintas culturas y religiones. El mundo lo necesita.
Quizás no lo puedan hacer los mismos hermanos, pero para eso está otro trabajo importantísimo que han realizado en otros países, que es la formación de maestros seglares que puedan integrar y seguir la misma dinámica y espíritu de los hermanos. Es un efecto multiplicador que debe ser considerado.

¿Qué intuiciones te despiertan los desafíos que tenemos planteados los hermanos en este continente?
La primera se refiere a la misión propiamente dicha de evangelización de las culturas. A veces queremos realizar la misión desde presencias y trabajos que son puntuales e incluso marginales a la cultura, a las actitudes y a los valores de las personas o grupos sociales. Son acciones importantes, con resultados momentáneos, pero que no tienen impacto a largo plazo. La educación sí es a largo plazo, no sólo en la aparición de los frutos, sino también en la permanencia de los mismos.
Esta realidad tiene unos desafíos importantes para los Hermanos: qué tipo de educación se debe transmitir en estos países y dónde hacerse presentes. No se trata de materias académicas que suelen estar reglamentadas desde los gobiernos. Son esos otros campos de la formación de la persona que debe alimentar lo que el P. Pieris llamaba la espiritualidad propia de estas culturas frente a la técnica predominante en otras. La realidad es muy distinta a la que se da en los países desarrollados o de cultura llamada occidental, y no hay por qué repetir los mismos esquemas ni llegar a los mismos resultados.
Y luego está el lugar de esa presencia que, siguiendo a Marcelino Champagnat, no será en los ambientes que ya disponen de medios suficientes, sino en los que no tienen otras posibilidades de desarrollo personal y social. Los hermanos originarios de los diferentes lugares de Asia tienen una tarea muy importante y decisiva en estos campos y deben dedicarlos tiempo suficiente.

Los padres maristas nacen con una clara vocación misionera. ¿Qué opinión te merece el proyecto ad gentes que se ha propuesto en la Conferencia?
Mi primera reacción fue de sorpresa y de envidia. Los hermanos se nos están adelantando en un campo que los padres tuvimos como prioritario durante muchos años y fue parte de la misión y el dinamismo de la congregación. Todo ello se perdió o se redujo al mínimo al llegar a la madurez la misión en Oceanía en los años 70. Sé que nuestro Consejo general está estudiando volver a relanzar ese aspecto de la misión frente a las misiones locales o en países evangelizados, aunque se hayan desevangelizado.
El plan presentado es ambicioso, pero no imposible. Puede ser que el programa de preparación tenga que ser revisado, pero eso es lo menos importante.
Me preocupa lo que se ha dicho en la Conferencia, que muchos hermanos jóvenes salen de su período de formación poco concientizados de los valores de la internacionalidad y de la misión fuera del propio país. Quizás haya que revisar los planes concretos de formación. Por otro lado, durante el periodo formativo se debería dar a conocer expresamente mucho más la presencia de muchos hermanos desplazados en distintos países y la riqueza que eso supone para ellos y para las provincias de origen.

¿Cómo te sientes como capellán de la Conferencia?
Realmente me encuentro a gusto y satisfecho de poder ofrecer este pequeño servicio a los hermanos. Ojalá sea un ejemplo para ayudarnos más entre los miembros de la misma familia. Conocía ya a unos cuantos de los participantes y otros me conocían por las celebraciones de la canonización de San Marcelino en Roma.
Por otro lado, las celebraciones eucarísticas están perfectamente preparadas en los folletos, por lo que el trabajo es realmente fácil. Basta seguir las indicaciones de los folletos y de los hermanos encargados de la Eucaristía de cada día. Con un poco de obediencia y un poco de preparación de las lecturas y oraciones en la lengua del día, tengo mi trabajo hecho.
Lo más importante para mí es la convivencia con hermanos venidos de todas las partes del mundo y la escucha de lo que los hermanos dicen y comparten. Estoy recordando cosas y aprendiendo muchas otras. Tengo mucho que agradecer al Consejo general por la invitación que me hicieron y a mis hermanos de comunidad que me lo facilitaron.

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