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Boletín marista - Número 219

 

El terromoto de Pakistán - El Huracán Stan - El Sínodo de los obispos
27.10.2005

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EL TERREMOTO DE PAKISTÁN

Hno. Michel de Waas
Provincial de la Provincia de Sri Lanka y Pakistán


Escribo estas líneas diez días después de que el terremoto devastara las regiones del norte de Pakistán. Cada día recibimos noticias de aldeas destruidas, infraestructuras arruinadas y un número de muertos en aumento. Es difícil para nosotros hacernos una idea de la tragedia, la peor que haya golpeado jamás a Pakistán. La pérdida de los hijos, una generación entera en algunas localidades, ha venido a añadir un inmenso dolor a esta gente que ha perdido todos sus bienes materiales.
Los efectos se han sentido principalmente en la región de las colinas que están al pie de las grandes cadenas montañosas. El centro del temblor estaba en la parte de Cachemira que controla Pakistán, pero la destrucción se extiende hasta entrar en territorio indio y en Afganistán. Las comunidades maristas se encuentran en la Provincia de la Frontera Noroeste (en Peshawar, tres hermanos) y en la Provincia de Punjab (en Sargodha, dos hermanos, y en Faisalabad, otros dos) Aparte de Islamabad donde se vivieron abajo varios edificios y hubo pérdidas humanas, en las demás zonas de estas provincias que están en la llanura apenas hubo daños y no hubo que lamentar ninguna muerte. Así que los hermanos, sus familias, los jóvenes formandos, las escuelas y otras instituciones, no experimentaron las consecuencias desastrosas del temblor.
Tengo que añadir, de todos modos, que hemos visto cosas positivas por todo el país. La forma en que la comunidad mundial ha acudido con sus unidades de rescate, equipos médicos, abastecimiento de comida, tiendas de campaña, maquinaria pesada, helicópteros etc. ha situado a la comunidad pakistaní mucho más cerca de los demás países. La cooperación entre India y Pakistán en las labores de rescate y rehabilitación contribuirá sin duda a profundizar en el espíritu de reconciliación que se viene construyendo de un tiempo a esta parte. Hay esperanzas de que todo este trabajo conjunto que se está desarrollando dentro del país para prestar ayuda en estas circunstancias impulsará un mayor espíritu de armonía. La Conferencia Episcopal Católica hizo un llamamiento a los católicos para que aportaran el sueldo de un día de trabajo como contribución personal en los esfuerzos de socorro. Todas las iglesias cristianas están trabajando para ayudar a su gente en las áreas devastadas.
Los hermanos no han tenido una participación directa en la organización de los servicios de ayuda pero están encauzando colaboraciones de todo tipo a través de las agencias especializadas tanto de la Iglesia como del Estado. Tengamos presentes en nuestras oraciones a esta gente a la que se le presenta un invierno duro y un futuro difícil.

EL HURACÁN STAN

Hno. Adolfo Cermeño
Provincial de la Provincia de América Central


Unas líneas nada más para informarles de los últimos acontecimientos que hemos vivido y seguimos viviendo por estas tierras centroamericanas.
Saben que en estos días hemos estado sufriendo las consecuencias del paso del huracán Stan. Han sido días de intensa lluvia trayendo como consecuencia derrumbes y desbordamiento de ríos. Ha dejado a su paso destrucción y muerte.
En estos momentos son más de 300 los muertos en El Salvador y en Guatemala pueden llegar a más de mil doscientos. Son muchas las familias que han quedado sin casa y sin nada. Varias aldeas han sido arrasadas y sepultadas por aludes de tierra. Las vías de comunicación han quedado seriamente dañadas. Varios pueblos en estos momentos están aislados y se hace difícil llegar a ellos para abastecerles de los más indispensable, estos momentos carecen de alimentos y agua potable.
Nuestras obras no han sido afectadas, pero hay tres colegios que han sido refugio para muchas familias y en dos de ellos en estos momentos tenemos refugiados a más de doscientas personas. Hay un pueblo de El Salvador que sigue incomunicado en el que hay una comunidad. Los hermanos con su vehículo hacen los que pueden para transportar comida desde el lugar que es acarreada por las personas a hombros.
Una vez más nos encontramos con el misterio del dolor, que siempre se ensaña con las personas más pobres y desprotegidas. Lo interesante es descubrir en todas ellas el coraje de seguir pensando que hay futuro y que la vida vale la pena en medio de lo dura que pueda parecer.
Agradezco grandemente a todos los hermanos que se han interesado por la situación y las ofertas de colaboración que han llegado. Lo más duro viene ahora, hay que buscar, entre todos, medios para conseguir que la gente que ha quedado al desamparo tengan un lugar digno donde vivir y seguir luchando.
Una vez más gracias y confío en sus oraciones para que el Dios misericordioso llene de consuelo a aquellos que más afectados han quedado.


SÍNODO DE LOS OBISPOS SOBRE LA EUCARISTÍA


UN DÍA EN EL SÍNODO DE LOS OBISPOS
El Sínodo de los obispos se está convirtiendo en la oportunidad más adecuada desde el inicio de pontificado para que Benedicto XVI tenga un panorama global y de primera mano de la vida de la Iglesia en los diferentes continentes. En estos días de asamblea sinodal sobre la Eucaristía, comenzada el pasado 3 de octubre, el Papa no ha podido participar en todas las congregaciones a causa de sus compromisos de trabajo, pero salvo alguna excepción, nunca se pierde ni la primera ni la última de la jornada. La última, de 18,00 a 19,00 es la sesión de intervenciones libres, en las que cada quien toma la palabra durante tres minutos para afrontar algunos de los temas del Sínodo. Es también una manera para el Papa para tomar el pulso a la vida de la Iglesia y a los diferentes puntos de vista.
El Santo Padre está participando también en la oración de la mañana y primera sesión, que queda interrumpida por una pausa para tomar el café. El Santo Padre la aprovecha para conversar personalmente con los obispos divididos según los grupos de trabajo (círculos menores) por idiomas. Este encuentro se ha tenido todos los días en una sala cercana al Aula de las audiencias generales Pablo VI. Participan unas cuarenta personas. Cada uno de los presentes, no sólo los obispos, sino todos los participantes en el Sínodo, saludan al Papa y conversan con él durante un minuto.
El Papa se preocupa por cada uno, por su vida. A cada uno le consagra totalmente su atención durante esos momentos, revela Catela, quien al igual que los otros portavoces, también ha participado en estos encuentros. Los obispos aprovechan para transmitirle detalles de la vida de sus diócesis.
Mientras tanto, entre las 10,30 y las 11,00 de la mañana, el resto de los participantes en el Sínodo conversan tomando un café, un zumo de fruta, o pastas. Es la oportunidad para intercambiar opiniones sobre el Sínodo, para saludar a viejos amigos, o para hacer nuevas amistades entre los nuevos rostros episcopales que han llegado a esta asamblea. Otro momento para tomar el café tiene lugar al inicio de la tarde.
Tanto en la mañana como en la tarde, a petición de la asamblea sinodal, se puede tener una hora de adoración ante la Eucaristía, en la capilla que se encuentra en el mismo edificio del aula del Sínodo. La mayoría de los participantes están alojándose en la Casa Santa Marta (la misma en la que se alojaban los cardenales durante el cónclave) o en el Instituto Maria Niña, ambos en territorio vaticano. En el Sínodo participan 252 padres sinodales. Están vacías las cuatro sillas de los obispos chinos que habían sido invitados por Benedicto XVI y que no han podido venir.
A partir del próximo jueves, deberían comenzar las sesiones de trabajo por grupos lingüísticos para comenzar a redactar las primeras propuestas de proposiciones. Éstas, después de haber sido discutidas y corregidas en la asamblea general deberán recoger las conclusiones de este Sínodo. Se presentarán al Papa para que le puedan servir de base para la redacción de la carta apostólica postsinodal.
El Sínodo se clausurará el 23 de octubre, Domingo Mundial de las Misiones.

LOS SIETE GRANDES TEMAS DEL SÍNODO
El Sínodo de los Obispos dedicado a la Eucaristía ha concluido la primera de las tres semanas de duración y un primer balance podría caber en siete temas, según Isidro Catela, informador en lengua española durante esta asamblea de obispos en Roma.
Catela advirtió que estos temas no agotan el Sínodo sino que son los puntos más mencionados por los padres sinodales durante estos días. De hecho, aclaró, hay otras cuestiones que no han salido porqué se está siguiendo cronológicamente el instrumento de trabajo y serán abordadas en los próximos días. El tema que más interés ha suscitado es el de la dimensión sacrificial de la Eucaristía y de hecho el Papa dedicó su intervención libre del jueves a esta cuestión.
Así, sacrificio y banquete son dos menciones recurrentes por los miembros del Sínodo. En este contexto se enmarcan las experiencias de martirio contemporáneo, no sólo de personas conocidas sino también del sufrimiento cotidiano de tanta gente, dijo Catela, quien es también director de la Oficina de Información de la Conferencia Episcopal Española.
El segundo tema es el de las finalidades de la Eucaristía, su dimensión vertical --encuentro con Dios-- y su dimensión horizontal --comunitaria-- en un mundo que tiene hambre material y espiritual. Aquí encaja la cuestión de la Eucaristía y vida, afrontado en el número 73 del Instrumentum Laboris en el que se hace referencia a la coherencia de políticos y legisladores creyentes, así como al compromiso de todo cristiano en la vida pública.
El tercer tema se refiere a cuestiones normativas y de abusos, con algunas referencias al Concilio Vaticano II y con alguno al Concilio de Trento en lo que concierne a la presencia real de la Eucaristía.
El ars celebrandi o arte de la celebración es el cuarto tema en el que se discute, por ejemplo, sobre la oportunidad de recibir la comunión en la mano o en la boca, el lugar central que debe tener el sagrario en una iglesia, o la necesidad de la adoración y el silencio.
El quinto tema es el del diálogo ecuménico y la intercomunión --la posibilidad de administrar la comunión sacramental a cristianos de otras confesiones--, que según Catela despierta un gran interés, y variado, en las intervenciones libres.
Catela indicó que también se está discutiendo sobre el contexto de secularización e indiferencia religiosa, así como las liturgias en espera (y no en ausencia, según han recalcado muchos obispos) de sacerdotes y el celibato en la Iglesia.
El sexto tema hace referencia a la relación de la Eucaristía con los demás sacramentos, pues la Eucaristía es sacramento de sacramentos, dijo Isidro Catela, aclarando que los padres sinodales quieren que se insista particularmente en la relación de Eucaristía y Penitencia y que se haga una catequesis integral, capaz de vincular los diferentes sacramentos entre sí. Alguna intervención en el Aula Sinodal ha pedido que se convoque un Año de la Penitencia y, en otros casos, que se amplíe el Año de la Eucaristía y que se relacione con la Familia.
El séptimo y último tema es el de la reconciliación que debe llevar a la paz. Los participantes insisten en la necesidad de que la Iglesia sea instrumento de reconciliación, y que la Eucaristía sirva como experiencia.
Algunos testimonios de países africanos han hecho saber que en la Eucaristía es el único lugar de encuentro en etnias distintas y enfrentadas. Varios padres sinodales han pedido que se haga, en el mensaje final, mención a Jerusalén y Tierra Santa, por su vinculación con la Eucaristía y con la ansia de paz.
El Sínodo de obispos del mundo sobre la Eucaristía, que cuenta con la participación de 256 prelados de 118 países, será clausurado el 23 de octubre.

MENSAJE FINAL DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS SOBRE LA EUCARISTÍA
La Eucaristía, pan vivo para la paz del mundo es el título del mensaje final del Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía.
El documento, de 17 páginas y 26 párrafos, traducido en cinco idiomas (la versión original es en francés), fue discutido por la asamblea general, que aportó algunas modificaciones.
El texto comienza con un saludo a los diferentes estados de vida y ministerios en la Iglesia, aclarando que el mensaje busca ante todo dar impulso a la pastoral eucarística en la Iglesia.
Se agradece a los hermanos de las Iglesias orientales su participación y se expresa el deseo de que llegue el día de la plena unidad visible de la Iglesia.
Los obispos expresan su reconocimiento a Juan Pablo II, quien ideó este Sínodo y lo preparó con el Año de la Eucaristía, y a Benedicto XVI, que ha seguido su preparación inmediata y su desarrollo.
Monseñor Giorgio Constantini, portavoz para los periodistas de lengua italiana, explicó que el documento recuerda los sufrimientos del mundo, como el hambre, la pobreza y las injusticias, los desastres naturales, las guerras, las situaciones difíciles en África y Oriente Medio.
Los padres sinodales lamentan la indiferencia religiosa de Occidente y hacen un llamamiento a los responsables de las naciones para que se preocupen por la dignidad de los individuos, defiendan la vida desde su concepción, y promuevan el progreso humano y social.
El mensaje registra los motivos de consuelo actuales para la vida de la Iglesia: la renovada conciencia de la misa dominical, el aumento de las vocaciones de sacerdotes y religiosos en muchas zonas del mundo, el descubrimiento y profundización en la fe de muchos jóvenes -reconocimiento de la obras de las Jornadas Mundiales de la Juventud-.
Se habla también de los abusos y se hace una advertencia, referida por monseñor Constantini: que nadie se considere dueño de la liturgia de la Iglesia, sino que todos, empezando por los obispos y sacerdotes, se esfuercen por recuperar el sacramento de la Reconciliación.
El Sínodo pide a los fieles coherencia pública con lo que profesan y que promuevan activamente la pastoral de las vocaciones sacerdotales.
Se reafirma la imposibilidad del acceso a la comunión sacramental para los divorciados que han vuelto a casarse, argumento que ha creado particular interés entre los medios de comunicación.
Durante la discusión de este viernes sobre el mensaje, varios obispos ofrecieron aportaciones para que la redacción manifestara todo el reconocimiento de la Iglesia por sus sufrimientos y frustraciones interiores.
Los padres sinodales invitan a estas parejas a no sentirse excluidas de la vida de la Iglesia y a participar en la misa dominical y en la escucha de la Palabra de Dios.
El mensaje concluye con dos imágenes: la de los cristianos del siglo IV, en particular la de los mártires de Abitene, en el Norte de África, quienes clamaron: Sin el domingo no podemos vivir y la de los discípulos de Emaús.

LOS JÓVENES
De entre los destinatarios del mensaje destaca a los enfermos, a las familias y a los jóvenes a quienes les dice:
El Santo Padre Benedicto XVI os ha dicho e insistido que no perdéis nada dándoos a Cristo. Repetimos sus palabras fuertes y serenas de la Misa de comienzo de su ministerio que os orientan hacia la verdadera felicidad, respetando por completo vuestra libertad: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida. Confiamos en vuestras capacidades y en vuestro deseo de desarrollar los valores positivos del mundo y de cambiar lo que es injusto y violento. Contad con nuestro apoyo y nuestra oración para que juntos nos enfrentemos con el reto de construir el futuro con Cristo. Sois los centinelas de la aurora y los exploradores del futuro. No dejéis de beber en la fuente de la fuerza divina de la Sagrada Eucaristía para realizar las transformaciones necesarias.

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