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Boletín marista - Número 225

 

¡Toda hermosa eres, María
8.12.2005

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En la fiesta de nuestra madre, la Virgen Inmaculada en su Concepción, ofrecemos a nuestros lectores esta hermosa reflexión del Padre Cantalamessa, franciscano, predicador de la casa pontificia.

Al decir que María es la Inmaculada afirmamos de ella dos cosas, una negativa y otra positiva: la negativa es que ha sido concebida sin la mancha del pecado original; la positiva, que ha venido al mundo llena ya de toda gracia. En esta palabra tenemos la explicación de todo lo que María es. El evangelio de la fiesta lo subraya haciéndonos escuchar las palabras del ángel: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
La palabra gracia puede ir en dos sentidos. Puede significar favor, perdón, amnistía, como cuando decimos de un condenado a muerte que ha obtenido la gracia. Pero también puede significar belleza, fascinación, amabilidad. El mundo de ahora conoce muy bien este segundo sentido de gracia. Digamos, más bien, que es el único que conoce.
También en la Biblia encontramos este doble significado. La gracia indica, primero y ante todo, el favor divino gratuito e inmerecido, que, en presencia del pecado, se traduce en perdón y misericordia; pero luego indica igualmente la belleza que deriva de este favor divino, lo que llamamos estado de gracia.
En María encontramos estos dos significados de gracia. Ella está llena de gracia sobre todo porque ha sido la destinataria de un favor y una elección únicos; y también es agraciada, es decir, salvada gratuitamente por la gracia de Cristo (ha sido preservada del pecado original en previsión de los méritos de Cristo) Pero es también la llena de gracia porque Dios, al elegirla, la ha vuelto resplandeciente, sin mancha, toda hermosa, tota pulchra, como canta la Iglesia en este día.
La Inmaculada Concepción es la fiesta de la gracia y de la hermosura, y en esto tenemos también un mensaje muy importante para nosotros hoy. La belleza nos llama a todos, es uno de los resortes más profundos del actuar humano. El amor por la belleza nos agrupa a todos. Podemos no estar de acuerdo en qué o en dónde está la belleza, pero la belleza nos atrae a todos. El mundo se salvará por la belleza, dijo Dostoevskji. Pero tendremos que añadir a continuación, el mundo también se puede perder por la belleza.
¿Por qué la belleza se transforma tantas veces en una trampa mortal y en la causa de delitos y lágrimas amargas? ¿Por qué tantas personificaciones de la belleza, a partir de la Elena de Homero, han sido causa de lutos y tragedias tan crueles, y tantos mitos modernos de belleza -el último, el de Marilyn Monroe- han terminado de una manera tan triste?
Pascal dice que existen tres órdenes de grandeza, o categorías de valores, en el mundo: el orden de los cuerpos y de las cosas materiales, el orden de la inteligencia y del genio, y el orden de la bondad o santidad. Al primer orden pertenecen la fuerza y la riqueza material; al segundo, el genio, la ciencia y el arte; y al tercero, la bondad, la santidad, la gracia.
Entre cada uno de estos niveles y el que le sigue hay un salto cualitativo casi infinito. Al genio ni le da ni le quita nada el hecho de ser rico o pobre, hermoso o feo; su grandeza reside en un plano distinto y superior. Del mismo modo, al santo no le da ni le quita nada el hecho de ser fuerte o débil, rico o pobre, genio o iletrado; su grandeza se coloca en un plano distinto e infinitamente superior. El músico Gounod decía que una gota de santidad vale más que un océano de genialidad.
Todo lo que Pascal dice de la grandeza en general, se aplica también a la belleza. Existen tres especies de belleza: la belleza física o corporal, la belleza intelectual o estética, y la belleza moral y espiritual. También aquí entre un plano y el que le sigue media un abismo.
La belleza de María Inmaculada se coloca en el tercer plano, el de la santidad y la gracia, del que constituye el vértice, después de Cristo. Es belleza interior, hecha de luz, de armonía, de correspondencia perfecta entre la realidad y la imagen que tenía Dios al crear a la mujer. Es Eva en todo su esplendor y perfección, la nueva Eva.

¿Puede darse que los cristianos despreciemos o tengamos miedo de la belleza, en el sentido ordinario del término? En absoluto. El Cantar de los Cantares celebra esta belleza en la esposa y el esposo, con entusiasmo insuperable y sin complejos. La belleza es también creación de Dios, digamos más bien que es la flor misma de la creación material. Pero hay que añadir que tiene que ser siempre una belleza humana, y por tanto reflejo de un alma y de un espíritu. No puede rebajarse al rango de belleza puramente animal, reducida a puro reclamo de los sentidos, instrumento de seducción, sex appeal. Eso sería deshumanizarla.
Todos podemos hacer algo para transmitir a las generaciones siguientes un mundo más hermoso y limpio, escogiendo bien lo que dejamos entrar en nuestra casa y nuestro corazón a través de las ventanas de los ojos. Lo que para María fue el punto de partida, debe ser en la vida del creyente el punto de llegada. De hecho, también la Iglesia está llamada a presentarse un día sin arruga y sin mancha, santa e inmaculada(Ef 5, 27)

P. Raniero Cantalamessa, OFMCap
Predicador de la Casa Pontificia

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