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Boletín marista - Número 226

 

El hermano Gabriel Michel descubre a Suzanne Aubert
15.12.2005

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Ir. A. M. Estaún

El hermano Gabriel Michel es conocido en todo el Instituto por su obra de investigación sobre el Padre Champagnat. Ha escrito Né en 89 (3 volumes), La reconnaissance légale : époque Champagnat et époque Frère François, Les années obscures de M. Champagnat ou la Révolution à Marlhes, Pour mieux connaître M. Champagnat, Vie du Frère François, diverses notes darchives, entre otros. El retiro anual, organizado por la Provincia durante el mes de agosto, me ha permitido compartir unos momentos con el hermano Gabriel Michel que también participa en el retiro.

Durante muchos años usted estuvo en el Hermitage acompañando a los visitantes, a los estudiosos, investigando sobre los orígenes de la congregación y en especial sobre la vida del P. Champagnat. ¿Cuánto tiempo permaneció?
Comencé a hacer mis investigaciones sobre el P. Champagnat a partir de 1950. Y ha sido, sobre todo, a lo largo del período 1976-2004 cuando me he dedicado a acompañar a los grupos que venían al Hermitage, a la vez que acudía a diversos países a dirigir retiros con el tema del P. Champagnat primero, y después sobre el H. Francisco.

Su actual residencia es Saint-Genis, ¿desde cuándo?
Llevo en Saint-Genis-Laval desde fines de agosto de 2004.

¿Su biblioteca y sus apuntes le han seguido a usted en el nuevo destino?
He traído a Saint-Genis-Laval mis preparaciones de los retiros en francés, inglés y español.

Todavía dedica usted ocho horas diarias a un trabajo apasionante, pero me dice que solamente cuenta con un ojo para trabajar porque el otro lo da por perdido. ¿Cómo le responde la vista?
Estoy operado de catarata en el ojo izquierdo. Eso fue hace 7 u 8 años. El especialista también me ha hecho alguna cosa en el derecho recientemente. Necesito gafas para leer, pero fuera de la lectura las gafas me molestan. Así que suelo estar sin las gafas, lo contrario de lo que he hecho toda mi vida, desde que tenía 6 años.

¿Todavía sigue investigando? ¿Qué trabajos lleva entre manos actualmente?
Tengo empezado un Diccionario Champagnat que recoge algunas palabras sobre personas o personajes, lugares, doctrinas, acontecimients etc., que tienen relación con lo que Champagnat vivió y conoció. Lo tengo en mi ordenador. Y lo voy completando a medida que me vienen las ideas.

Usted ha investigado el ambiente histórico en el que vivió Marcelino. Ahora está trabajando apasionadamente en la traducción del inglés al francés de la vida de Suzanne Aubert.
Suzanne Auber ha sido el descubrimiento de mi vida, y bien reciente. Todo lo que concierne a Suzanne Aubert lo hago con inmenso agrado.

¿Cómo descubrió a esa mujer? ¿Por qué tanto interés por esta francesa que desarrolló su vida en Nueva Zelanda? Cuénteme algo de esa personalidad que tanto le ha cautivado.
Hace unos 10 ó 12 años, un hermano de Nueva Zelanda que pasó por el Hermitage me dijo:
- No parece que conozcas gran cosa sobre Suzanne Aubert.
- No tengo la menor idea.
- Sin embargo es uno de los personajes más importantes de la historia cristiana de Nueva Zelanda.
Ese comentario me puso un poco en alerta. Pero me olvidé enseguida.

Sin embargo, vuelve a recoger ese tema y emprende el trabajo.
Hace dos años quedé impresionado por la visita de los maoríes que vinieron a París a buscar los restos de Mons. Pompallier para enterrarlos en Nueva Zelanda. Yo tenía un concepto algo negativo de este hombre que, allá por el año 1832 o poco antes, había estado de capellán en el Hermitage, y según el H. Juan Bautista anduvo enredando para fusionarnos con los Clérigos de San Viator.
Casi a la vez que la visita de los maoríes pasó por el Hermitage una señora de Nueva Zelanda que había estado encargada de la Maison Pompallier de Auckland. Ella me envió de Nueva Zelanda una biografía de Pompallier en inglés, que comencé a traducir y que, sin ocultar los fallos de este monseñor, me daba una idea bastante más positiva de él. Me puse manos a la obra, ya que no había nada sobre él en francés, salvo alguna breve noticia en los 4 volúmenes del P.Coste.
En agradecimiento yo le mandé a la señora neozelandesa (Kate Martin) los 3 volúmenes de mi obra Né en 89. Y ella, a su vez, me remitió una vida de Suzanne Aubert escrita poco antes del 2000, y que había sido denominado el libro del año. Un gruesa biografía de 400 páginas con más de 100 páginas dedicadas a notas y referencias.

Hace unos momentos ha dicho que hay un detalle, leído en un libro de la biblioteca del Hermitage, que le ha llamado la atención porque relaciona la infancia de Suzanne Aubert con Marcelino.
Cuando Suzanne tenía unos 4 años (1839) y Champagant estaba en su penúltimo año de vida, sucedió que alguien llevó a la niña (su madre, supongo) a la casa de los padres maristas de Lyon y, de entre ellos, a la pequeña le cayeron bien Cholleton y Champagnat.

El rostro cautivador de Marcelino atrajo la atención de esta niña curiosa sin duda. ¿Nos puede adelantar una síntesis de los capítulos que ya ha traducido?
En cuanto llegó a ser una jovencita tuvo la idea clara de que quería ser religiosa, y rehusó una proposición de matrimonio que le hacían sus padres. Como Ars no estaba lejos, ella se puso bajo el acompañamiento del Cura de Ars, que le manifestó que debía irse a Nueva Zelanda, donde debería superar muchos obstáculos, pero que finalemnte fundaría allí una congregación. Hasta le hizo la descripción de la casa que encontraría.
Así que la joven les dice a sus padres que se quedará con ellos hasta que tenga los 25 años, pero que luego se irá. Es hacia 1860 cuando Pompallier viene de Nueva Zelanda, donde piensa volver prontamente, y predica en Lyon hablando sobre las misiones de Oceanía. Ha llegado el momento. Una tarde, se despide de su padre, que se imagina que ella va a Ars a la tumba del Cura, muerto el año anterior, como tantas otras veces. En realidad es el adiós definitivo. Felizmente -dirá ella después-, estaba oscureciendo, si no él habría visto cómo lo estaba pasando yo, era la muerte, peor que la muerte. Ya no volveríamos a vernos. Porque ella se marchaba no a Ars, sino a París. Y de allí, a Nueva Zelanda.
Suzanne se considera ya una religiosa. Pompallier que, se ocupa de las Hermanas de la Misericordia en Auckland, la introduce en esta congregación, pero algunos años después ella separará a las 4 hermanas francesas de las demás para formar un grupo independiente, más o menos equivalente a una Tercera orden marista, en la línea de Françoise Perraton. De todos modos, Pompallier vuelve a Francia en 1868 y el grupo se disuelve, porque las otras ni siquiera tienen vocación. Ella continúa con una maorí, Peata (=Beata), que también es muy fervorosa. Y poco a poco les llegan vocaciones. Suzanne tiene la convicción firme de que ha de consagrarse ante todo a los maoríes, y escribe y suplica que se les otorgue un sacerdote. Finalmente, gracias a la muerte de un padre marista, Séan, un santo hombre un poco al estilo del Cura de Ars, un joven llamado Soulas se ordena de sacerdote en Francia y parte para Nueva Zelanda.
Ellas son ya varias hermanas que deben buscarse recursos, porque lo que les llega de la Propagación de la Fe resulta insuficiente. Han recibido un terreno de 50 hectáreas donde van a plantar unos 1000 árboles frutales, lo que supone un trabajo manual considerable.
Otro acontecimiento: habían podido construír una iglesia, pero un día un incendio arrasa todo. Durante meses Suzanne sale a los caminos para hacer una colecta. Eso la lleva a conocer a mucha gente generosa y poco a poco comprende que su consagración debe orientarse hacia los maoríes, por supuesto, pero sin descartar a los coloniales.
Otro momento: una epidemia la mueve a elaborar un remedio hecho a base de plantas locales -es tan activa enfermera como inquieta farmacéutica-, y el producto tiene un éxito enorme. Pero esto todavía no es el fin, sino sólo un medio que os puede despistar.
Suzanne ha empezado a recoger a niños abandonados y esta vez sí se va acercando al fin, pero le van a a decir que tiene que limitar el número de los recogidos. Finalmente el fin se perfila nítidamente. Hay alrededor enfermos tan impedidos o que dan tanta repugnancia que los hospitales no los acogen. Ella, con sus hermanas, será la que los acepte.
El obispo Redwood, neozelandés pero formado en S. Chamond y luego en Irlanda e Inglaterra, es un marista abierto que le brinda su confianza. Mientras muchos curas critican a estas hermanas que plantan árboles, venden fruta, fabrican remedios y los venden, él acude al lugar en el que viven, observa, y saca en conclusión que este tipo de formación nueva, con muchas actividades diversas en una vida de oración que repara de la actividad, es excelente. Él viene a verlas a su sitio para poder juzgar.
Pero ahora que la misión está clara, con los niños abandonados y los enfermos más repelentes, Redwood mismo le dice a Suzanne: vuestro fin es demasiado diferente del de los otros terciarios maristas que están en las islas de Oceanía. Yo me hago cargo de vuestra congregación y le vais a dar un nuevo nombre. Estará muy bien el de Hijas de Nuestra Señora de la Compasión.
Inclusive el obispo estaba de acuerdo en que aceptaran allí a niños y enfermos de cualquier confesión que fueran, o incluso no creyentes: es decir cabían todos los credos y ningún credo.
El sucesor de Redwood va a querer recortar ese acuerdo.
Me falta terminar una traducción, pero sé en líneas generales lo que me falta por traducir.

Sin duda que lo que queda por traducir es tan interesante como lo que nos ha explicado
Suzanne conocía bien lo que era la capacidad de resistencia. Por ejemplo, en cierta ocasión le comunican que a uno de sus niños recogidos (de 10 años) hay que hacerle una amputación. La idea rápida era más o menos: éste es un niño que no tiene futuro, que se le ampute un miembro no va a cambiar mucho las cosas. El hecho sucede en Jerusalén (Hieralinharama en maorí) a 500 km. de donde ella vive entonces (Wellington). Sin pensárselo dos veces, viaja a Jerusalén en tren, va derecha al hospital, y se dirige a la enfermera: ¿Puede darme la ropa del niño? La otra responde: Voy a preguntar a la hermana. Replica Suzanne No, no, deme su ropa. La conocen lo bastante como para saber que no hay quien se la resista. Ella misma se pone a vestir al niño que no puede hacerlo solo, pero que se confía en cuanto se da cuenta de que aquella era la mujer que para él fue su verdadera madre. Los médicos saben también que con ella no pueden, pero tratan de advertirla un poco: va a cargar usted con mucha responsabilidad… Yo ya sé lo que hago Y se lleva al niño a Wellington donde dirige ahora una nueva casa para niños recogidos y enfermos repulsivos. El niño se curará poco a poco, sin requerir amputación, y más tarde cuando llegue a adulto ocupará un puesto relevante en la política local.
Así pues, esta acción la lleva a cabo en tiempo del nuevo obispo. No hay nada que hablar sobre ceder en cosas que quedaron ya muy claras con Monseñor Redwood: los de todos los credos y los sin credo. Y si es preciso iré a la Santa Sede. Ella, que teme al mareo como una prueba insoportable, se embarca. Se encontrará con Pío X -era en 1914-, que le dice: Usted siempre ha confiado en el Cura de Ars. Para mí es un santo excepcional. Récele. Él le dará lo que le pida De hecho, expone allí su problema y la Santa Sede otorgará a su congregación el derecho pontificio, aprobando especialmente sus fines: los enfermos de todos lo credos y los sin credo.
Como son tiempos de guerra, Suzanne va a estar sin poder viajar de regreso varios años. Prácticamente ha prometido al Señor no volver jamás a Francia, pero como ya no le queda familia le dicen que puede ir a visitar su país con tranquilidad de conciencia; creo que lo aprovecha para recoger ayuda económica.

Usted, que ha tenido tanto interés en los orígenes de la Congregación como historiador, seguramente encontrará en la vida de Suzanne alguna relación con lo marista.
¿Relación con la congregación marista? En principio, Suzanne durante varios años se siente marista. No es ella la que cambia, es monseñor Regwood el que piensa que ella ejerce una misión muy diferente de la que llevan las otras pioneras y que, al depender solamente de él, se verá más libre en su acción. Sobre todo no tendrá que relacionarse con otros maristas que le serán menos favorables.
Yo veo particularmente una gran similitud entre la obediencia inteligente y audaz de Suzanne y la de Champagnat. Recordemos lo que Marcelino dijo al arzobispo, cuando hubo aquellos intentos de fusionarnos a los hermanos de San Viator: “Tal como veo yo las cosas, monseñor, no creo que pueda en conciencia prestarme a esa medida. Si vuestra ilustrísima lo ordena, me resignaré, pues ése es mi deber, pero temo por lo que pueda venir después”. Como bien sabemos, el arzobispo no siguió adelante. Poco más tarde, él mismo le diría a Champagnat: le felicito...
En un momento delicado, Suzanne teme que monseñor Regwood pueda dejarla en la estacada. Ella no se lo piensa dos veces: emprende viaje a Roma. Es la única manera de poner su obra bajo protección segura. Aquella decisión audaz fue muy bien acogida, incluso por el mismo papa Pío X en persona.

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