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Boletín marista - Número 247

 

Noviciado de Matola - Mozambique
18/05/2006

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De Kutama a Matola, éxodo del noviciado
Por Alexander Chimera (2º año de noviciado, Malawi)

Era un sábado, 15 de enero de 2006, cuando el noviciado empezó a emigrar de Rothwell Farm en Kutama, Zimbabwe, camino de Matola en Maputo, Mozambique. Los perros ladraban y los gallos se arremolinaban. Se podía ver en las caras de la gente que a la población local no le agradaba esta marcha.
Los parroquianos se quedaron mudos cuando nos vieron marchar sin esperanza de retorno. La presencia de los hermanos en Rothwell Farm significaba mucho para ellos, sobre todo por los servicios que hacíamos. Es duro decir adiós, ciertamente, pero tuvimos que afrontarlo.
Exactamente a las seis de la mañana, el H. Raymond Denis animaba a los hermanos conductores: “A toda vela, mes chers frères”. Viajando a la velocidad de las palomas salimos e Kutama rumbo a Maputo. El H. Dostie Fernand y el H. Aaron Mazhambe desafiaban a la distancia sacando pleno rendimiento a los motores. El sol se cansó de iluminar el día y se fue a descansar a la cama. Después de cubrir un itinerario de 450 kilómetros nos paramos en Chimoio, una de las ciudades de Mozambique.
A la mañana siguiente, bastante temprano, nos ajustamos los cinturones de seguridad camino de Maputo. Con los pies de los chóferes amarrados al acelerador, nos parecía que viajábamos a la velocidad del torbellino. Pero no avanzamos demasiado, ya que la carretera estaba llena de agujeros. Las plantaciones de coco nos mantenían despiertos. Yo estaba admirado, al ver tanto bosque de cocoteros a los lados de la carretera que une Beira y Maputo. Pudimos apreciar la belleza del país con sus plantaciones de un verdor perenne.
Dar la cifra de 1.100 kilómetros puede parecer exagerado. Mejor es decir que tardamos más de 22 horas en llegar desde Chimoio a la tierra prometida de Matola. “Están ustedes en casa, mis queridos hermanos”, declaró Arcanjo Domingos, uno de los novicios mozambiqueños. A pesar de la fatiga de los dos días de viaje, nos daba alegría ver lo bonito que era el sitio. Y la cálida acogida nos llenó de fuerza. Dos semanas después, el anterior postulantado de Matola quedaba oficialmente inaugurado como Noviciado de Matola de la provincia de África Austral. En estos momentos nos vamos amoldando a la vida de aquí, con la lengua portuguesa como reto principal.


El viaje al desierto de Matola
Por Passmore Tenga (novicio de 1er. año, Zimbabue)

Si estuviésemos en un avión, podríamos haber oído a la azafata diciendo: “Abróchense los cinturones”, pero como estábamos pisando tierra fue la bocina la que nos avisó. Miramos los relojes. Eran las 5 de la mañana del 27 de enero de 2006 cuando salíamos del noviciado de Kutama. Los viajeros éramos trece jóvenes procedentes de Zambia, Zimbabue y Malawi.
Los dos hermanos, Succeed Nyuke que llevaba el microbús y Axensio Dickson al volante de la furgoneta Mazda, enfilaron rumbo al sur de Zimbabue. Todos nos habíamos imbuido de la idea de que nos íbamos a Matola, después de esperar incansablemente que nos llegaran los visados. El sol se levantó en un cielo resplandeciente de llamas de fuego rojo anaranjado cuando estábamos en Chivhu. Desde Chivhu a Masvingo, donde repostamos alimento, tardamos hora y media. Salimos de la ciudad y desayunamos en las afueras. La región es cálida y la mayoría íbamos durmiendo, los Hermanos eran los únicos que no podía permitírselo. Teníamos la esperanza de que la temperatura se suavizara un poco, pero cuanto más abajo viájabamos más subía el termómetro. Como ya no aguantábamos dentro de los vehículos, tomamos unos refrescos en el Elephant Hotel de la Provincia de Matebeleland. Luego, durante el trayecto, la gente iba de nuevo dormida, algunos quizá soñando que estaban tumbados en una hermosa playa hablando portugués. Llegamos al paso fronterizo de Beitbridge hacia las 3 de la tarde.
Ahora estábamos oyendo otra lengua y por la vegetación podíamos deducir que estábamos en otro país. Cuando pasamos a la altura de Johannesburg estábamos todos bien despiertos, admirando la alfombra verde de la tierra y la vista panorámica que hay después de Messina. Para decirlo en pocas palabras, yo describiría este país como Canaán, pero si hubiésemos sabido que era un territorio peligroso disfrazado de suelo bendecido, a lo mejor no habríamos cruzado por allí.
El sol bailaba entre los matorrales y los árboles, cuando llegamos al albergue de San`bonani, donde hicimos parada y fonda. Sacamos los equipajes de los coches, y algunose fueron a tomar una ducha, otros a preparar algo de comer, y los espíritus orantes estaban meditando en las maravillas de Dios que habían contemplado a lo largo del viaje. Cuando nos agruparon los hermanos se veía en las caras que los estómagos se estaban quejando de hambre. En el momento en que empezaron a ir hacia la casa los que estaban disfrutando de la brisa de la tarde pensamos que nuestra oración había sido escuchada, ignorando el contratiempo con que nos íbamos a encontrar. Nos reunimos en una sala y el Hermano Nyuke nos comunicó sin rodeos que nos habían robado en pleno día. Cuando terminó su informe, nos dirigimos a nuestros cuartos y allí permanecimos mudos hasta el sábado por la mañana.
Salimos de aquel lugar temprano, a las seis y media, y llegamos a Peitersburg hacia las nueve. Tomamos un copioso desayuno para resarcirnos del toque cuaresmal de la noche anterior. Cuando nos acercábamos a Pretoria cayó un buen aguacero que entretuvo nuestra vista a la vez que admirábamos los paisajes campestres de Suráfrica. Disfrutamos de la brisa refrescante que nos mantuvo despiertos hasta llegar al paso de frontera de Ressano Garcia. Eran las seis de la tarde. Desde allí hasta el Noviciado sólo tardamos una hora. Gracias, Jesús, María y José, por protegernos. Glorificado sea el Señor.


Apertura oficial del noviciado marista
Por Billy Mustafa (novicio de 1er. año, Malawi)

“Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”. Era el día 2 de febrero de 2006, a las 9 de la mañana. Sucedía exactamente aquí, en Matola, uno de los distritos de Maputo, capital de Mozambique. Estábamos procediendo a la apertura oficial del noviciado marista que alberga a los novicios de África Austral. Con tal ocasión nos vimos acompañados del H. Christiano Da Costa, el P. Manolo y la Hna. Nicoletta. El invitado de honor fue el propio Provincial, H. Lawrence Ndawala, que representaba al conjunto de los Hermanos Maristas de África Austral.
La ceremonia comenzó con la Santa Misa oficiada por el P. Américo, de la congregación de Marianhill. Después de la comunión, el H. Godfrey Mbawa, maestro de novicios, invitó al Provincial a pronunciar el discurso inaugural del noviciado. Tras él, el P. Manolo, de la congregación de los servitas y párroco de San Gabriel, que es nuestra parroquia, dijo unas palabras para expresar el gozo que sentía al tener el noviciado marista en la zona de su parroquia. Rematando la faena, el oficiante manifestó su alegría por ser el capellán del nuevo noviciado, aunque añadió que tendría alguna dificultad para celebrar la misa en inglés. Acabada la misa nos felicitamos los unos a los otros con la sonrisa en la cara.
La gente no se iba a marchar sin pão e água, así que los visitantes fueron también invitados al lunch de honor. Se sirvieron deliciosos manjares y bebidas, mientras una música ambiental realzaba el momento. Nadie pasaba de largo sin probar de aquellas delicias que parecían bajar sobre la mesa como el maná de las Escrituras.
Verdaderamente fue una jornada llena de alegría y colorido.


Dulce y cálido Mozambique
Por Tererai Marcellino Gijima (novicio de 1er. año, Zimbabwe)

El letrero BEMVINDO À MOÇAMBIQUE te recibe cuando entras en este dulce y tranquilo país. Largas ramas de cocotero ondean y susurran cuando pasas. La suave brisa oceánica alivia tu rostro sudoroso, invitándote a adormecerte, a pesar de tus esfuezos, cada vez más débiles, por mantenerte despierto. Además de las bellas panorámicas naturales, la gente de Mozambique es afable y amistosa. Hay, por supuesto, un único modo de vida que vale la pena conocer.
El hermoso país de Mozambique, que tiene forma de nube en cúmulonimbos, se halla situado abajo al este del mapa del sur de África. Su territorio interior bordea seis naciones, que son Malawi, Tanzania, Zambia, Zimbabue, Suráfrica y Swazilandia, y su litoral se baña en las aguas del océano Índico, que abastece al pueblo con todas las variedades de peces y dota a Mozambique de una maravillosa hilera de playas arenosas.
Hay diez provincias, y la capital es Maputo que se halla en la parte sur del país. Tres grandes ríos, el Save, el Limpopo y el Zambezi atraviesan Mozambique camino del océano. También hay otros ríos más o menos grandes en el país. La parte norte son tierras altas en las que se trabaja la agricultura intensiva. La región central está dedicada especialmente a las plantaciones comerciales de té, cítricos, papayas y piña. Las plantaciones de coco y nuez de anacardo van en aumento según se baja hacia el sur. Las reservas de vida salvaje están repartidas por todo el país y contienen numerosas especies de animales. En los ríos y lagos abundan los cocodrilos y los hipopótamos.
Mozambique es una antigua colonia de Portugal. La cultura y la lengua portuguesa dominan todavía por doquier, de tal manera que hay jóvenes en la ciudad que no saben su lengua materna. Las comidas se preparan al estilo portugués. Al contrario que en la mayoría de los países subsaharianos, aquí el plato favorito no es el nsima/sadza, sino la pasta y el arroz. Los mozambiqueños son gente cordial. Siempre están deseosos de aprender de los extranjeros a la vez que les enseñan su estilo de vida y por supuesto su lengua oficial, el portugués.
Por lo que he visto en mi corta experiencia, Mozambique es un hermoso y rico país que vale la pena visitar para contemplar su dulce geografía luminosa y cálida. El trabajo del Creador abre ante tus ojos una visión sorprendente por cualquier dirección en que mires.


La primera fiesta de cumpleaños en Matola
Por Symon Chiona (novicio de 1er. año, Malawi)

Después de la llegada de los novicios del segundo año a Matola, el 16 de enero de 2006, y de los del primer año el 28 del mismo mes, nos tocó en marzo la primera fiesta de cumpleaños. Fue el día 4, fecha en que nos reunimos para celebrar el día natalicio de un hermano y cuatro novicios.
El hermano al que cantamos el ‘Happy Birthday to You’ y ‘Akhale Moyo’ con guiños en la cara era Angel Mansoa, nuestro submaestro. Ángel nació el 21 de febrero de 1935, así que ya ha marcado 71 tacos de calendario.
Los cuatro novicios que también celebraban el 4 de marzo el día en que vieron los rayos del sol, o la lluvia que estaba cayendo, o la sombra de las nubes grises, o la oscuridad de la noche como grandes obras de Dios, eran Arcanjo Pires, nacido el 23 de enero de 1981, o sea 25 años; Richard Dumbo Chidothi, nacido el 19 de febrer de 1978, lo que significa 28 años. El más jovencito del grupo de festejados era Tererai Gijima, nacido el 3 de marzo de 1986, por tanto de 20 años.
La fiesta estuvo salpicada de poemas, comedias, chistes y bailes. Los protagonistas recibieron una bonita camiseta como regalo.
Los maestros de ceremonia ó MCs, Jamal Mualinqué y Eugene Chimba se encargaron de que no faltara la animación en ningún momento. La fiesta, que había empezado con una oración, terminó con el canto de la Salve Regina.


Día de la admisión oficial
Por Reuben Lungu Banda (novicio de 1er. año, Zambia)

Fue el lunes 6 de marzo de 2006, a las 17’00 horas, cuando fuimos admitidos como novicios maristas de primer año. Hasta ese momento éramos todavía postulantes o prenovicios. No solamente fuimos admitidos, también nos dieron la sotana por la que tanto suspirábamos y un ejemplar de las Constituciones y Estatutos de los Pequeños Hermanos de María, o Hermanos Maristas. ¿Podéis imaginaros el colorido que tuvo la ceremonia?
Todo sucedió en nuestra pequeña capilla comunitaria, en presencia del Hermano Antonio Sanasana, Consejero provincial para el Sector de Mozambique que representaba al Hermano Provincial. En cuanto el coro de los novicios de segundo año con sus formadores hubo ejecutado el armonioso himno de entrada, nuestro maestro Hermano Godfrey Mbawa, junto con con el Hermano Sanasana, empezó a llamarnos a cada uno por nuestro nombre en orden alfabético invitándonos a pasar delante. Al llegar al altar hacíamos una genuflexión ante el Señor, y de cara a los hermanos hacíamos una sencilla presentación con dos o tres frases. Creedme que ni uno solo de nosotros quince mostró el menor atisbo de vacilación. La razón era que todos teníamos mucha moral y habíamos suspirado por la llegada de este día milagroso.
A continuación, después de unas palabras pronunciadas por el hermano consejero, nos hicieron la entrega de las sotanas. Verdaderamente estaban limpitas, planchadas y muy bien dobladas. En cuanto la recibimos, pasamos a la sacristía, nos la pusimos y volvimos a salir. El hábito nos sentaba como si nos lo hubieran hecho a la exacta medida. El coro de los hermanos interpretaba una alegre canción de acogida al tiempo en que nos íbamos alineando junto al altar. Parecíamos ángeles enviados a proclamar la segunda venida de Cristo. El Hermano Eugene andaba muy ocupado con su cámara. Lo hacía con tanta seriedad que estaba empeñado en que ni un solo cabello ni un dedo del pie quedase fuera de la foto.
Cuando me dieron las Constituciones recordé cuál era mi gran anhelo en los días del postulantado de Mtendere: “Ya llueva, o truene, o venga lo que venga, yo vestiré la sotana”.


La vida en el nuevo noviciado de Matola
Por Benjamin Machinga (novicio de 2º año, Zimbabue)

El hasta ahora postulantado de Matola se convirtió en noviciado este año, en enero pasado. Después del “Gran Viaje” desde Zimbabue, los formadores y los novicios de 2º año estábamos a la espera de los postulantes. Mientras tanto, todos nos afanábamos en la limpieza y mantenimiento de la nueva residencia. Los postulantes llegaron el 28 de enero, de noche, en compañía de los Hermanos Auxensio Dickson y Succeed Nyuke, en un itinerario que los llevó a través de toda Suráfrica. El primer grupo lo había hecho cruzando Chimoio.
¿Quién dijo que la vida religiosa sólo tiene que ver con la oración y el trabajo? También hay espacio para la diversión. Los hermanos maristas vivimos en amor, paz y armonía, siguiendo el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret. Sonrisas había en abundancia el día de la Anunciación, cuando inauguramos oficialmente la Senda del Hermano Adrien. Fue el H. Antonio Pisco quien dio comienzo al acontecimiento cortando la cinta que abría la marcha a tres competidores de carrera de sacos. Los corredores representaban a distintos grupos por edades, entre los veinte y los ochenta y tantos años. Samson Mahlangu, el hermano Godfrey Mbawa y el hermano Adrien eran los sprinters y ciertamente lo hicieron bien. El ganador de la carrera fue el más veterano, es decir el hermano Adrien Beaudoin. Todos estábamos sobre alfileres cuando el H. Adrien dirigió la palabra a los jóvenes, exhortándonos a no mirar en todas direcciones, sino a centrar la atención en la vocación. El momento más alegre del día fue cuando el H. Angel Mansoa puso la corona a los tres olímpicos. Todos nos partíamos de risa. Pero ¿qué había detrás de ello? Estábamos construyendo la vida comunitaria del noviciado con gozo en esta gran fiesta de la Anunciación, a la vez que nos animábamos a andar por la senda que habíamos trazado.


El viejo noviciado
Por Crisple Tom Mkwani (novicio de 2º año, Malawi)

El noviciado estuvo en Zimbabue desde 1989 hasta enero de 2006, en que fue trasladado a este país de habla portuguesa, Mozambique. No era el primer cambio de noviciado que se hacía en esta Provincia. Primero funcionó en Malawi, luego en Zambia. Posteriormente se pensó que Zimbabue era el mejor país para ponerlo. El emplazamiento estaba a un kilómetro de distancia de la Robert Mugabe Road, a unos 7 kilómetros del Colegio de Kutama. Las instalaciones habían sido construidas tiempo atrás y fueron utilizadas como centro de formación para la Archidiócesis de Harare. El terreno se conoce como Rothwell Farm que es propiedad del arzobispado.
Allí había un cierto número de actividades que se añadían al programa propio del noviciado. Éste es el asunto que nos interesa aquí. Siguiendo las directrices establecidas por las Constituciones y Estatutos, artículo 100.19, el lugar estaba aislado, lleno de silencio y propicio a la oración. Su entorno campestre era ideal para el noviciado. El maestro de novicios solía organizar acciones solidarias que nos llevaban fuera del noviciado, nunca más allá de dos semanas. Nos mandaba en grupos de tres a diversos lugares dentro de la ciudad de Harare. Generalmente íbamos al Hogar Infantil San Marcelino, al Hogar Infantil Emerald Hill y a una casa para indigentes en Mbare. En San Marcelino tuvimos una maravillosa experiencia con los pequeños seropositivos. Eran momentos de encuentro personal con Jesús en un mundo que sufre. Sí, se acabaron aquellos días en que nos dedicábamos a los niños y niñas que están más necesitados de cuidado y amor familiar.
Cuando se acercaba el tiempo de Navidad, toda la plantilla de nuestro querido Hospital Misionero Padre O’Hea, el único de confianza en la zona de Kutama, esperaba ansiosamente nuestra ayuda durante largo tiempo prometida y siempre llevada a efecto. Nuestro servicio, o, dicho con sencillez, nuestro trabajo de caridad, era simple y de tipo no profesional. Hacer un poco de limpieza, visitar a los enfermos, rezar con ellos personalmente o en grupo, organizar la misa. Sin embargo nos lo agradecían en el alma, en medio de expresiones que no nos merecíamos. Era una prueba de aquel viejo dicho que tanto me gusta: “Lo que cuenta no es lo que das, sino el amor que genera el sentimiento de dar”. ¿Volveremos a vivir estas experiencias en el nuevo noviciado? Dejemos que lo diga el futuro según se vaya abriendo ante nuestros ojos.


Visita oficial del hermano Antônio Ramalho
por H. A. Mansoa (formador, España)

Justo a los dos meses de nuestra llegada a Matola nos vimos honrados por la visita de uno de los miembros del Consejo General de Roma. Su nombre es Antonio. Su apellido Ramalho, que se pronuncia más o menos “ramalyou”.
El H. Ramalho estuvo con nosotros una semana. Él está de gira por el mundo marista (76 países), visitando las casas de formación, para ver cómo se trabaja, dar ánimos y buenos consejos para mejorar la formación a todos los niveles.
El Consejero, brasileño de nacimiento, se reuió con los formadores y con los novicios, tanto en grupo como en entrevistas personales (no menos de media hora con cada uno). Considerando que somos 4 los formadores y 24 los novicios, le tuvimos bien ocupado durante aquellos cinco días. Él nos informó sobre la vida marista en el mundo y nosotros le informamos sobre la vida marista en Matola. A través de este contacto el hermano Antonio podrá sacar sus conclusiones finales que redundarán en beneficio de todos.
Como Consejero encargado de la formación en el Instituto Marista, le corresponde verificar si los programas de aspirantado y pre-postulantado se desarrollan bien por los diversos lugares, lo mismo que las etapas de postulantado, noviciado y post-noviciado. En nuestra Provincia de África Austral, el postulantado, 1 año, está en Malawi; el noviciado, 2 años, en Mozambique; y la formación de post-noviciado, 4 años, se efectúa en Nairobi, Kenia.
El H. Ramalho vino aquí después de visitar Madagascar, y luego partía para Malawi y Nigeria. Recordemos que Madagascar y Nigeria, juto con África Austral y África Centro-Este son las cuatro provincias maristas del continente africano, que suman un total de 348 hermanos profesos y 38 novicios.


La vida en el pre-postulantado y postulantado de Matola
Por Felizardo João Celestino (novicio de 1er. Año, Mozambique)

El pre-postulantado de Matola recibió a 13 candidatos a la vida marista: ocho en la 12ª clase y cinco en la 10ª. Los aspirantes fueron acogidos en la segunda semana de enero de 2005. Procedían de diferentes puntos del país, 1 de Tete, 4 da Zambezia, 2 de Maputo, 2 de Beira, 3 de Nampula y 1 de Inhambane. Todos ellos llegaron con mucho ánimo y creatividad, según las palabras del Hermano Zeferino, su formador.
De vez en cuando, los hermanos nos proporcionan momentos de ocio juntos para ir profundizando en nuestra vida de comunidad. En uno de esos pasatiempos organizados tuvimos la oportunidad de conocer el Distrito de Bilene, donde funciona la escuela marista de Namaacha junto a la frontera con Swazilandia y Suráfrica. Los hermanos nos ofrecieron un almuerzo distinto al de los otros días en el que disfrutamos de la alegría de la confraternización. A todos nos quedó un recuerdo muy grato de aquella jornada.
Comenzamos un camino de vida religiosa con la idea de ser hermanos maristas. Cada uno tiene su historia, su familia, su modo de ser, pero todos tenemos un mismo ideal: «servir a Dios y trabajar por su Reino».

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