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Boletín marista - Número 250

 

Entrevista al hermano Clemente Ivo Juliatto, Rector de la PUC de Curitiba
08/06/2006

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La mañana del uno de abril de 2006 el Papa Benedicto XVI recibía en audiencia a los participantes en el Seminario internacional sobre: “El patrimonio cultural y los valores de la Universidad europea y el atractivo de la educación superior europea”, promovido por la Congregación para la Educación Católica en colaboración con la UNESCO – CEPES. El discurso del Santo Padre insistió en la importancia de la universidad y de la ciencia que deben estar siempre al servicio del hombre y de sus valores fundamentales.
El hermano Clemente Ivo Juliatto, Rector de la Pontificia Universidad Católica de Curitiba ha participado en este Seminario tenido en Roma. A su paso por la Casa general nos ha ofrecido la oportunidad e conversar con él.


AMEstaún. Hermano Clemente, uno de los temas que ha resonado insistentemente en este Seminario es la declaración de Bolonia. Me gustaría que nos hiciera una pequeña síntesis histórica del proceso que se ha suscitado en el ámbito universitario europeo a partir de dicha declaración.
CIJuliatto. El proceso de Bolonia fue la motivación central del seminario. Se trata de un movimiento universitario que engloba prácticamente toda Europa con el objetivo de unificar algunos de los procesos estructurales de sus universidades. La Universidad se organizó ofreciendo grados diversos, diplomas y programas diferenciados y esta actuación multiforme se concretó en realizaciones peculiares en cada uno de los países. El movimiento se denominó “Proceso de Bolonia” precisamente por tratarse de la primera universidad creada en Europa, hace más de 900 años. El proceso se inició propiamente en 1992. Los gobiernos de los países miembros de la Comunidad Económica Europea, viendo la importancia de la Universidad para el desarrollo y la unificación de Europa decidieron que había que unificar también, hasta un cierto punto, el trabajo de la Universidad. A partir de ahí, se inició un proceso con reuniones de distinto nivel. Uno es el nivel de los Gobiernos a través de sus ministerios de educación los cuales han señalado algunos puntos de trabajo con intereses comunes y han elaborado una agenda para ir dando soluciones y respuestas. Una segunda línea de actuación es la organización de seminarios interuniversitarios, para reflexionar sobre la finalidad propia de las instituciones universitarias. Y un tercer elemento propende a enfatizar un intercambio académico, fomentando la movilidad interuniversitaria de profesores, investigadores y estudiantes. Entonces, la reunión que hemos tenido aquí en Roma se ha convocado para impulsar todo este proceso.

Antes de seguir, ¿puede puntualizar cuáles son los rasgos, las características de esta convergencia universitaria? ¿Cómo va a ser la universidad europea del futuro? ¿Qué características van dando unidad a la nueva universidad europea?
Es un proceso de aproximación. Es difícil llegar a una convergencia total porque la diversidad tendrá que ser respetada. Lo que se pide es que haya una cierta unidad dentro de la diversidad, de manera que la universidad respete su tradición pero al mismo tiempo presente algunas características comunes que posibiliten un trabajo integrado. Más concretamente se busca la unificación de los tipos de diplomas y de grados que se ofrecen (bachillerato, maestría y doctorado) y de criterios comunes en lo relacionado con la carga de actividades de los estudiantes. Esta correspondencia va a facilitar el reconocimiento de los créditos académicos cursados y el traslado de estudiantes de una institución a otra. Otro factor que también se busca es la garantía de la calidad de la educación en todas las instituciones.

La Universidad europea del futuro permitirá un intercambio de estudiantes y profesores con títulos equivalentes.
Eso es exactamente lo que se busca. Pero de modo que “no tenga cada nación su Bolonia propia, sino que haya una Bolonia europea”. Es decir, que todas las universidades en sus respectivos países y en el continente busquen algunos criterios comunes sobre todo en la calidad y en el servicio que la Universidad ofrece a la sociedad.

¿La formación permanente forma parte también del programa de la universidad europea del futuro?
Este fue uno de los puntos al que se le dio mucho énfasis en el Seminario, el de la formación permanente. Y esto aparece cada más como una necesidad de los nuevos tiempos de explosión del conocimiento. El proceso de la educación del ser humano nunca está concluido, de modo que quien ha sido formado por la universidad, de una manera o de otra, ha de regresar a ella de nuevo.

El tipo de estructura que se está gestando en la Universidad de la Comunidad Económica Europea se va a seguir en otros países? Concretamente, ¿Brasil está interesado en plantearse las directrices que emanen del proceso de Bolonia? ¿Desde Brasil se mira más hacia la Universidad de Europa como referencia o más hacia la de Estados Unidos?
La influencia americana en el campo universitario fue muy grande en América latina. Brasil tiene su reforma universitaria marcada por el modelo americano. En épocas pasadas estábamos más propensos a mirar hacia Estados Unidos. Ahora con la unificación lograda por la Comunidad Económica Europea, Europa despunta en el mundo como un poder grande que hará y ya está haciendo equilibrio con EEUU en la influencia mundial. Además nuestros lazos culturales y orígenes migratorios con Europa son muy fuertes. La política de nuestra propia universidad tiende ahora a mirar más hacia Europa.

La Universidad de Curitiba se va a hacer un planteamiento de sus estructuras académicas de créditos, de carreras, de títulos para ofertar a los alumnos una estructura que pueda intercambiarse con la Universidad europea?
Sí. En realidad ya tenemos muchos de los requisitos que se están exigiendo, en lo que se refiere a créditos académicos, carreras y títulos. En la PUC, por ejemplo, ya tenemos los mismos niveles académicos de bachillerato, maestría y doctorado. Con esta correspondencia nuestros estudiantes que quieran completar sus estudios en Europa no tendrán dificultad para que les reconozcan la equivalencia de sus títulos y de sus diplomas.

¿Por qué ha sido invitada la Pontificia Universidad Católica de Curitiba a participar en este Seminario? ¿Cuáles son las razones por las cuáles participa su Rector en este Seminario?
No es que la Universidad haya sido convidada a participar en este encuentro de Roma. Por mi formación, realizada en EEUU, conozco bien la realidad universitaria americana, además del sistema brasileño. Es que personalmente tengo mucho interés en conocer la Universidad europea. Y esta fue la razón por la cual yo he sido el único representante de Brasil. Había cuarenta y dos países representados y cerca de doscientos cincuenta participantes, pero de América éramos pocos.

Profundicemos un poco en la temática principal de este encuentro. Aparte de los aspectos formales y estructurales de la Universidad, ¿cuáles han sido las ideas de mayor calado que han compartido?
Fue un encuentro para avanzar en la formación de la mentalidad y la unificación de criterios de convergencia. Pero el punto de mayor discusión se centró en el tema de la herencia cultural y los valores de la Universidad europea y al mismo tiempo se analizó el grado de atractivo que ejerce. Hay dos cosas. Primero, que queden claros los valores en que se asienta la universidad europea, que le dieron origen y sustento. Y esa reflexión fue muy interesante. En realidad todo se originó aquí en Europa, la ciencia, el libro, la biblioteca, el conocimiento como se presenta hoy y la propia universidad. Europa fue un nexo de la cultura occidental, un nexo con la universidad, un nexo con todo tipo de ciencia. Todos estos temas fueron tratados y entre ellos se destacó de forma muy significativa la cuestión de los valores humanos y éticos que han sustentado la civilización occidental; la contribución de la Iglesia, que creó las primeras universidades, fue muy importante.
La iniciativa de la Santa Sede de patrocinar este Seminario en el Vaticano ha tenido como finalidad demostrar el reconocimiento, el cariño, el aprecio que la Iglesia tiene para con las universidades. Las universidades católicas en el mundo pasan de mil y las universidades pontificias pasan de una centena. Hay que recordar que la Iglesia fue la iniciadora de la Universidad en Europa y que todas las primeras universidades fueron creadas por decreto papal. Otra realidad que hay que tener en cuenta es que en el Seminario se enfatizaron de una manera notable los valores humanos y éticos, no solamente por la Iglesia, sino también por representantes de ministerios, por universidades públicas y por estudiantes que también estuvieron presentes.

¿La participación era mayoritariamente de representantes de universidades de la Iglesia?
No. Era muy plural. Había representantes de la Sagrada Congregación de la Educación católica, del Comité europeo para llevar adelante el proceso de Bolonia y de las universidades. La participación de la Iglesia no fue mayoritaria pero fue muy fuerte inclusive por el tratamiento que la Santa Sede dio a los participantes. Notable, primero porque el Seminario se realizó dentro del Vaticano; después tuvimos también una sesión magna en la Universidad Gregoriana que es un símbolo también de la promoción de la cultura y de la ciencia por parte de la Iglesia; nos ofrecieron un concierto especial en la basílica de Santa María Mayor, una visita organizada a la Capilla Sixtina y a las Logias de Rafael y una cena de gala dentro de una de las galerías del Museo Vaticano. Todo este tratamiento especial demuestra el cariño que la Iglesia tiene por la Universidad.

H. Clemente, usted se lleva de Roma una buena experiencia para la universidad de Curitiba, para los profesores, para los alumnos.
Para mí personalmente ha sido una gran satisfacción ver la contribución que la Universidad europea hace al fomento de la ciencia y del desarrollo. Por otro lado me ha dado también mucha satisfacción ver el crédito dado por todos los países a la idea de que la ciencia va a ser como una palanca que va a impulsar el progreso de la Unión Europea. Y mucha alegría también comprobar que la Iglesia tiene universidades a las que atiende con mucho cariño. Por otro lado también ver que la Universidad no puede ser solamente un motor de desarrollo económico sino también que ha de fomentar el desarrollo humano. Los valores humanos, los valores éticos que son la base del humanismo cristiano que preside nuestra universidad de Curitiba interesan y están también muy presentes en otras universidades.

Cambiemos de tema. Vamos a reflexionar sobre los trabajos del “I Encuentro mundial de universidades maristas” que se realizó en Curitiba en noviembre de 2004. ¿En qué perspectivas se está caminando en las universidades maristas después de ese primer encuentro?
Considero una iniciativa muy feliz el hecho de que el Consejo general organizara el primer encuentro mundial de las universidades maristas. En muchos lugares del mundo marista hubo iniciativas aisladas tanto en América como en Oriente de creación de instituciones de enseñanza superior. Tenemos universidades en diversos países del mundo. Por tanto fue muy feliz la idea de favorecer un primer encuentro. El Consejo general apoyó esta iniciativa con el objetivo inicial de conocernos. En Curitiba tuvimos la gran alegría de recibir a los hermanos y a los representantes de las diversas instituciones universitarias maristas, algunas incipientes otras ya consolidadas. Fue muy reconfortante, tanto para los hermanos participantes como para los laicos que han abrazado este ideal de Champagnat, ver que este trabajo educativo está en el corazón de la Congregación marista.

¿La educación superior también es un campo para la presencia educativa marista?
Ese fue uno de los puntos a los que llegamos en nuestro intercambio. Es importante saber que los hermanos están plenamente integrados en el campo de la educación en todos los niveles. No solamente en la educción elemental o media o en otros campos educativos sino también en la última etapa del proceso educativo que es la universidad. La presencia de los hermanos en la etapa universitaria de la educación garantiza la continuidad del proceso. Y aquí hay que destacar otro punto importante. Hay que tener en cuenta que la universidad da formación a los profesores que, a su vez, darán continuidad a los principios educativos en la educación elemental y en la educación media.

¿En este encuentro se hicieron un plan de trabajo para el futuro? ¿En qué perspectiva se está trabajando ahora?
A partir de este primer encuentro nos propusimos realizar un trabajo serio sobre la misión educativa marista también en el nivel universitario. Se está trabajando en algunas comisiones para preparar los temas del próximo encuentro. La cita se había previsto celebrar en Filipinas, pero a consecuencia de la situación política de ese país se decidió transferirla a Guadalajara, en México. Allí se presentarán tres temas. Uno de ellos es la explicitación de los principios pedagógicos maristas aplicados a la enseñanza superior. Se estudiará cómo la pedagogía de Champagnat, ya tradicional entre nosotros, puede ser aplicada en la universidad. En estos momentos estamos escribiendo un documento que va a ser presentado en Guadalajara para que sea enriquecido con las contribuciones de los participantes.
Otro aspecto que apareció muy claro es el de comenzar a formar ya una red de instituciones maristas. ¿Por qué no ayudarnos? Algunas universidades maristas han caminado más otras menos; necesitamos compartir nuestra experiencia sobre los procesos pedagógicos, pero también sobre la administración. Interesa mucho que se forme esta red marista mundial siguiendo el ejemplo de lo que hacen otras congregaciones, sobretodo los jesuitas y los salesianos, que se reúnen periódicamente. Mientras tanto hay una comisión encargada de ver cómo dar continuidad para crear alguna estructura por mínima que sea para que estos encuentros tengan continuidad.

¿Cómo se fomenta la solidaridad desde la PUC de Curitiba? ¿Qué atención se le presta a esta dimensión educativa dentro de sus estructuras?
Existe una cierta visión dentro de la Congregación de que la enseñanza universitaria es muy selectiva, que los estudiantes de nuestras universidades no proceden de las clases sociales menos favorecidas. Pero eso no es verdad. En nuestra Universidad de Curitiba el 40% de los estudiantes tienen algún tipo de ayuda financiera, total o parcial. Incluso ofrecemos una bolsa de estudios que nosotros llamamos “bolsa rotativa”, en el sentido de que ellos ahora tienen una ayuda financiera y que después de formados van a reponer el dinero que se les ha prestado como financiamiento para que otro estudiante necesitado pueda recibir la misma ayuda.
De todas formas pensamos que no es suficiente ofrecer educación superior a aquellos que no tienen posibilidades económicas, porque muchos de los alumnos que vienen a nuestra universidad tienen posibilidad de pagarse holgadamente los estudios. Por eso creemos que es importante que la universidad sea agente de transformación de todos sus estudiantes de manera que se conviertan en colaboradores y sean educados para ser solidarios con la sociedad.
Por eso introdujimos, y en esto creo que somos los únicos en Brasil, como actividad para todos los estudiantes, la obligatoriedad de realizar un proyecto social, por llamado por nosotros “Proyecto comunitario”. Durante una semana, o sea, 36 horas, los estudiantes tienen que realizar alguna actividad social, sea en la periferia, trabajando con niños, visitando enfermos en los hospitales, sea organizando programas de todo tipo; una actividad que tiene que ser planificada y evaluada a través de la presentación de un informe. Son educados con esa finalidad y su actividad social les cuenta como un crédito académico.
Esa fue la manera que encontramos nosotros en nuestra universidad para dedicarnos no solamente a fomentar una ayuda económica a algunos estudiantes, sino intentar crear mentalidad. Porque la gente percibe que la ventaja no es solamente de aquel que recibe la asistencia sino también para todo estudiante, lo cual para muchos es un descubrimiento. Hemos tenido ejemplos maravillosos de estudiantes que cambiaron su modo de ver las cosas cuando estuvieron junto a los pobres. Y muchos, después de hacer esa semana de servicio social continúan comprometidos como voluntarios. Conocemos algunos casos de padres o madres que dicen: mi hijo en casa solamente habla de ese proyecto. ¿Podemos participar nosotros también? Eso fue un descubrimiento muy estimulante.
Con ocasión de la canonización de Champagnat, en 1999, comenzamos en la universidad con la apertura de centros de acción comunitaria y ambiental, que nosotros llamamos “Pro-Ação”. Hasta el momento hemos abierto seis centros, tres en el área metropolitana de Curitiba y tres en el litoral del estado de Paraná, hacia donde canalizamos los esfuerzos de nuestros profesores y estudiantes para el trabajo social. Y allí tienen asistencia médica, odontología, apoyo social y actividades de desarrollo de todo tipo.
Así interpretamos nosotros la solidaridad para ser más positivos y para ser más formativos para nuestros alumnos.

¿Participan también los profesores en ese proceso?
Todo está estructurado y organizado para que también ellos puedan participar. La idea es que los “Pro-Ações” se tornen centros de solidariedad y de voluntariado para todos, incluso para personas de la comunidad no directamente vinculadas a la universidad.

¿Cómo se atiende la pastoral vocacional en la PUC?
Esta siempre fue una preocupación. Aún no tenemos los resultados esperados. Pero nos fiamos del potencial grande que tiene la universidad en este sentido. Varias congregaciones han conseguido vocaciones de entre los alumnos de nuestra universidad. Nos preguntamos por qué los maristas no las tenemos. Pero en este año estamos reorganizando toda la pastoral de la universidad para complementarla con la pastoral universitaria.
Tuvimos la satisfacción de encontrar un hermano que fue destinado para actuar dentro de la universidad, en contacto con los estudiantes que participan en la pastoral universitaria. La universidad tiene también una parroquia a cargo de los padres maristas que tienen allí su seminario. En la universidad tenemos muchos grupos de las congregaciones religiosas y de las diócesis que traen sus candidatos para ser formados en la universidad en filosofía y teología. De manera que colaboramos de forma muy importante con la Iglesia. El año pasado abrimos en Londrina otro curso de teología y este año en Maringá un curso de filosofía para los seminaristas de las diócesis del Norte del Paraná que ahora hacen su formación con nosotros.

¿Cuántos hermanos trabajan en la PUC?
Hasta hace unos días éramos ocho. De ahora en adelante seremos siete, pues un hermano acaba de fallecer. Trabajaba en el hospital universitario. Somos, pues, siete hermanos para veinticinco mil alumnos. Invitamos a otros hermanos a que vengan a ayudarnos. Esperamos muy ilusionados su presencia entre nosotros. El trabajo es inmenso. Atendemos cinco campus. Además del campus central que está en la ciudad de Curitiba donde también atendemos el de São José dos Pinhais y en los cuatro últimos años abrimos otros tres: Londrina, Toledo y Maringá.

Desde el punto de vista científico, ¿cuáles son los aportes más significativos que hace la PUC a la sociedad y a la ciencia?
Hemos tenido un desarrollo muy grande en el campo de la investigación en los últimos años. Están funcionando más de cien grupos organizados de investigación dentro de la PUC reconocidos ante el Ministerio de Educación. Pero destacaría de manera especial los esfuerzos realizados en el campo de la salud. En el área de la medicina contamos con cuatro hospitales universitarios que trabajan conjuntamente con la PUC. En el sector de biología celular tenemos un laboratorio avanzado donde se hacen investigaciones importantes sobre transplantes de válvulas cardíacas revestidas con las células propias del futuro receptor; de cultivo de células que producen insulina para que sean implantadas en enfermos con diabetes; y de multiplicación de células musculares para injertarlas en el corazón que sufrió el infarto para reforzar el músculo cardiaco. Esos son algunos ejemplos. Pero la PUC conduce importantes investigaciones también en el área de tecnología y de la informática.

¿Cuál es el momento más feliz de un rector marista en su Universidad?
El motivo de mayor alegría es poder decir que la Universidad sirve a la Iglesia y a sociedad y que procura ofrecer una educación de calidad para los estudiantes. Un momento de rara felicidad fue cuando recibimos el honroso título de “Pontificia” en 1985. Yo no era rector pero participé activamente del proceso. Eso reforzó todavía más nuestro compromiso con la Iglesia. Tuve una felicidad muy grande ahora cuando tuvimos la primera promoción de los estudiantes del Campus de Londrina, creado hace cuatro años.
La gente está feliz de haber participado en todo el proceso de desarrollo de la Universidad. En ese sentido he sido privilegiado pues cuando hace treinta años llegué a la PUC la Institución no tenía más que cuatro mil alumnos y ahora tenemos más de veinticinco mil y estamos muy bien consideramos por parte de la sociedad. Hemos comprobado que la universidad es una palanca fuerte de desarrollo y al mismo tiempo una de las fuerzas mayores del Instituto Marista y de la Iglesia.

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