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Emili Turú - La Valla: casa de la luz

Emili Turú
Superior general



 

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Boletín marista - Número 253

 

Mensaje del Papa Benedicto XVI a los jóvenes (Polonia, 27 mayo 2006)
29/06/2006

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Queridos jóvenes amigos:
¡Os doy mi más cordial bienvenida! Vuestra presencia me alegra. Estoy agradecido al Dios por este encuentro con el calor de vuestra cordialidad. ¡Sabemos que dónde dos o tres están reunido en el nombre de Jesús, Él está entre ellos!, cfr Mt 18, 20. ¡Pero vosotros sois aquí hoy muy numerosos! Doy gracias por cada uno y cada una de vosotros. Jesús está, pues, aquí con nosotros. Él está presente entre los jóvenes de la tierra polaca, para hablarles de una casa, que no se derrumbará nunca, porque está construida sobre roca. Es la palabra evangélica que acabamos de escuchar, cfr Mt 7, 24-27.

En el corazón de cada hombre hay, amigos míos, el deseo de una casa. Cuanto más en el corazón de un joven hay el gran anhelo de una casa propia, que sea sólida, a la que no solamente se pueda volver con alegría, sino en la que se pueda acoger con alegría a cada huésped que llega. Es la nostalgia de una casa en la que el pan cotidiano sea el amor, el perdón, la necesidad de comprensión, en la que la verdad sea el manantial del que brota la paz del corazón. Es la nostalgia de una casa de la que se pueda estar orgullosos, de la que nadie tenga que avergonzarse y de la que no se tenga que llorar nunca el derrumbamiento. Esta nostalgia no es sino el deseo de una vida llena, feliz, de éxito. ¡No tengáis miedo de este deseo! ¡No lo evitéis! No os desaniméis a la vista de las casas derrumbadas, de los deseos frustrados, de las nostalgias despistadas. Dios Creador, que infunde en un joven corazón el inmenso deseo de la felicidad, no lo deja luego en la pesada construcción de aquella casa que se llama vida.

Amigos míos, una pregunta se impone: ¿Cómo construir esta casa?” Es una pregunta que indudablemente ya se ha asomado muchas veces a vuestro corazón y que todavía volverá muchas veces más. Es una pregunta que es preciso hacérsela a sí mismo no solamente una vez. Cada día tiene que estar ante los ojos del corazón: ¿cómo construir aquella casa llamada vida? Jesús, cuyas palabras hemos escuchado en el relato del evangelista Mateo, nos exhorta a construir sobre la roca. Solamente así en efecto la casa no se derrumbará. ¿Pero qué quiere decir construir la casa sobre la roca? Construir sobre la roca quiere decir ante todo: construir sobre Cristo y con Cristo. Jesús dice: Por tanto quienquiera que escucha estas mis palabras y las lleva a la práctica, es parecido a un hombre sabio que ha construido su casa sobre la roca, Mt 7, 24. No se trata aquí de palabras vacías pronunciadas por una persona cualquiera, sino de las palabras de Jesús. No se trata de escuchar a una persona cualquiera, sino de escuchar al propio Jesús. No se trata de cumplir cualquiera cosa, sino de cumplir las palabras de Jesús.

Construir sobre Cristo y con Cristo significa construir sobre un fundamento que se llama amor crucificado. Quiere decir construir con Alguien que, conociéndonos mejor de lo que nosotros nos conocemos a nosotros mismos, nos dice: Tú eres alhaja a mis ojos,... eres digno de consideración y yo te amo, Is 43, 4. Quiere decir construir con Alguien que es siempre fiel, aunque nosotros faltamos a la fidelidad, porque él no puede renegar de sí mismo, cfr 2 Tm 2, 13. Quiere decir construir con Alguien que se inclina constantemente sobre el corazón herido del hombre y dice: No te condeno; vete y de ahora en adelante no peques más, cfr Jn 8, 11. Quiere decir construir con Alguien, que de lo alto de la cruz tiende sus brazos, para repetir por toda la eternidad: Yo doy mi vida por ti, hombre, porque te quiero. Construir sobre Cristo quiere decir por fin fundamentar en su voluntad todos mis deseos, las esperanzas, los sueños, las ambiciones y todos los propios proyectos. Significa decirse a sí mismo, a la propia familia, a los amigos y al mundo entero y sobre todo a Cristo: Señor, en la vida no quiero hacer nada contra Ti, porque Tú sabes qué es lo mejor para mí. ¡Sólo Tú tienes palabras de vida eterna, cfr Jn 6, 68. Amigos míos, no tengáis miedo de apostar por Cristo! ¡Tened nostalgia de Cristo como fundamento de la vida! ¡Encended en vosotros el deseo de construir vuestra vida con Él y por Él! Porque no puede perder el que apuesta todo al amor crucificado del Verbo encarnado.

Construir sobre la roca significa construir sobre Cristo y con Cristo, que es la roca. En la primera carta a los Corintios san Pablo, hablando del camino del pueblo elegido por el desierto, explica que todos bebieron... de una roca espiritual que los acompañó, y aquella roca fue el Cristo, 1 Cor 10, 4. Ciertamente los padres del pueblo elegido no supieron que aquella roca fue Cristo. No fueron conscientes de ser acompañados por Aquel que, cuando llegó la plenitud de los tiempos, se habría encarnado, asumiendo un cuerpo humano. No necesitaron comprender que su sed habría sido satisfecha por el Manantial mismo de la vida, capaz de ofrecer el agua viva para saciar la sed de cada corazón. Bebieron sin embargo en esta roca espiritual que es Cristo, porque tuvieron nostalgia del agua de la vida, necesitaron de ella. En camino por las calles de la vida, quizás a veces no somos conscientes de la presencia de Jesús. Pero justo esta presencia, viva y fiel, la presencia en la obra de la creación, la presencia en la Palabra de Dios y en la eucaristía, en la comunidad de los creyentes y en cada hombre redimido por la preciosa Sangre de Cristo, esta presencia es el manantial inagotable de la fuerza humana. Jesús de Nazaret, Dios que se ha hecho Hombre, está junto a nosotros en la buena y en la mala suerte y tiene sed de esta unión, que es en realidad el fundamento de la auténtica humanidad. Leemos en el Apocalipsis estas significativas palabras: He aquí que estoy a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y me abre la puerta, yo vendré de él, cenaré con él y él conmigo, Ap 3, 20.

¿Amigos mío, qué quiere decir construir sobre la roca? Construir sobre la roca también significa construir sobre Alguien que ha sido rechazado. San Pedro habla de Cristo a sus fieles como de una piedra viva rechazada por los hombres pero elegida y preciosa ante de Dios, 1 Pt 2, 4. El hecho innegable de la elección de Jesús de parte de Dios no esconde el misterio del mal, a causa del cual el hombre es capaz de rechazarle a Él que le ha amado hasta al final. Este rechazo de Jesús de parte de los hombres, mencionado por san Pedro, se prolonga en la historia de la humanidad y también llega hasta nuestros tiempos. No hace falta una gran agudeza de mente para divisar las múltiples manifestaciones del rechazo de Jesús, incluso allí dónde Dios nos ha concedido crecer. Muchas veces Jesús es ignorado, es burlado, es proclamado rey del pasado, pero no del hoy y mucho menos del porvenir, es arrinconado en el trastero de cuestiones y personas de las que no se debería hablar en voz alta y en público. ¡Si en la construcción de la casa de vuestra vida encontráis a los que desprecian el fundamento sobre el que vosotros estáis construyendo, no os desaniméis! Una fe fuerte tiene que pasar por la prueba. Una fe viva tiene que crecer siempre. Nuestra fe en Jesús Cristo, para permanecer como tal, tiene que enfrentarse a menudo con la falta de fe de los otros.

¿Queridos amigos, qué quiere decir construir sobre la roca? Construir sobre la roca quiere decir ser conscientes de que se tendrán adversidades. Cristo dice: Cayó la lluvia, desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se abatieron sobre la casa... , Mt 7, 25. Estos fenómenos naturales no son solamente la imagen de las múltiples adversidades de la suerte humana, sino que indican también la normal previsibilidad de los mismos. Cristo no promete que sobre una casa en construcción no caerá nunca un chubasco, no promete que no faltará una ola que arrase lo que es más querido para nosotros, no promete que los vientos impetuosos no se llevarán lo que hemos construido a veces a precio de enormes sacrificios. ¡Cristo comprende no sólo la aspiración del hombre a una casa duradera, sino que es plenamente consciente también de todo lo que puede reducir a ruinas la felicidad del hombre. No os asombréis, pues, de las adversidades, cualesquiera que sean! ¡No os desaniméis por causa de ellas! Un edificio construido sobre la roca no equivale a una construcción sustraída al juego de las fuerzas naturales, inscritas en el misterio del hombre. Construir sobre la roca significas poder contar con la conciencia de que hay una fuerza segura en la que se puede poner la confianza en los momentos difíciles.

Amigos míos, permítanme insistir: ¿qué quiere decir construir sobre la roca? Quiere decir construir con sabiduría. No sin motivo Jesús compara a los que escuchan sus palabras y las llevan a la práctica con un hombre sabio que ha construido su casa sobre la roca. Es necedad, en efecto, construir sobre la arena, cuando se puede hacer sobre la roca, teniendo así una casa capaz de resistir a cualquier tormenta. Es necedad construir la casa sobre un terreno que no ofrece las garantías de seguridad en los momentos más difíciles. Tal vez, quizás sea más fácil fundamentar la propia vida en las arenas movedizas de la propia visión del mundo, construir el propio futuro lejos de la palabra de Jesús, y a veces hasta contra ella. Todavía hay que añadir que quien construye de este modo no es prudente, porque quiere persuadirse a sí mismo y los otros de que no se desencadenará tempestad alguna en su vida, que ninguna ola golpeará su casa. Ser sabio significa saber que la solidez de la casa depende de la elección del fundamento. ¡No tengáis miedo de ser sabios, es decir no tengáis miedo de construir sobre la roca!

Amigos, una vez más: ¿qué quiere decir construir sobre la roca? Construir sobre la roca quiere decir también construir sobre Pedro y con Pedro. A él en efecto le dijo Dios: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, Mt 16, 16. Si Cristo, la Roca, la piedra viva y preciosa, llama a su Apóstol piedra, significa que él quiere que Pedro, y junto a él la Iglesia entera, sea señal visible del único Salvador y Dios. Aquí, en Cracovia, la ciudad predilecta de mi predecesor Juan Pablo II, las palabras sobre el construir con Pedro y sobre Pedro no asombran ciertamente a nadie. Por eso os digo: ¡no tengáis miedo a construir vuestra vida en la Iglesia y con la Iglesia! Estad orgullosos del amor a Pedro y a la Iglesia a él confiada. ¡No os dejéis engañar por los que quieren contraponer Cristo a la Iglesia! Hay una única roca sobre la que merece la pena construir la casa. Esta roca es Cristo. Sólo hay una piedra sobre la que merece la pena apoyar todo. Esta piedra es aquél a quien Cristo ha dicho: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, Mt 16, 18. Vosotros jóvenes habéis conocido bien al Pedro de nuestros tiempos. Por tanto no olvidéis que ni aquel Pedro que está contemplando nuestro encuentro desde la ventana de Dios Padre ni este Pedro qué hora está delante de vosotros, ni ningún Pedro sucesivo estará nunca contra vosotros, ni contra la construcción de una casa duradera sobre la roca. Más bien, empeñará su corazón y ambas manos en ayudaros a construir la vida sobre Cristo y con Cristo.

Queridos amigos, meditando las palabras de Cristo sobre la roca como fundamento adecuado para la casa, no podemos dejar de notar que la última palabra es una palabra de esperanza. Jesús dice que, a pesar de desencadenarse los elementos, la casa no se ha derrumbado, porque se fundamentó en la roca.

En esta su palabra hay una extraordinaria confianza en la fuerza del fundamento, la fe que no teme ser desmentida porque ha sido confirmada por la muerte y resurrección de Cristo. Ésta es la fe que, después de años, será confesada por san Pedro en su carta: He aquí, yo pongo en Sión una piedra angular, elegida, preciosa y quien cree en ella no quedará confundido, 1 Pt 2, 6. Ciertamente no quedará confundido... . Queridos jóvenes amigos, el miedo del fracaso puede frenar a veces hasta los sueños más bellos. Puede paralizar la voluntad y hacernos incapaces de creer que pueda existir una casa construida sobre la roca. Puede persuadirnos de que la nostalgia de la casa es solamente un deseo de juvenil y no un proyecto para la vida. Junto a Jesús decid a este miedo: No puede caer una casa construida sobre la roca! Junto con san Pedro decid a la tentación de la duda: Quien cree en Cristo no quedará confundido!. Sed testigos de la esperanza, de aquella esperanza que no teme construir la casa de la propia vida, porque está seguro de poder contar con el fundamento que no se derrumbará nunca: Jesús Cristo nuestro Dios.

© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana

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