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Emili Turú - La Valla: casa de la luz

Emili Turú
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Boletín marista - Número 267

 

Un hermano marista catalán en el corazón de Argelia
27/10/2006

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Mientras desde África llegan a las costas de España o de Italia cayucos llenos de personas que buscan horizontes de esperanza y bienestar, algunos europeos van en contra dirección al sumergirse en realidades africanas y vivir al lado de la gente. No son turistas accidentales que se apuntan a un safari, sino personas que quieren compartir la vida y el trabajo con los nativos de cada país donde van. Más allá de la cultura y de las costumbres, encuentran una razón profunda y un lenguaje universal que les permite comunicarse y amar a la gente que les acoge. Es el caso del hermano Josep Maria Rius.
Nació en 1952 en Miralcamp, comarca de El Pla d’Urgell, en Lleida (España). Al ser alumno de los maristas descubrió el carisma de Marcelino Champagnat y se sintió llamado a vivir esta vocación de servicio a los niños y jóvenes a través de la fraternidad. Es maestro y estudió Teología Pastoral en Roma. Ha trabajado como profesor de religión, como delegado de pastoral y como director del colegio Maristas Valldemia de Mataró. Sus aficiones son la música, el deporte, charlar con los jóvenes... Ha impartido cursos sobre la oración profunda, personal, a través del silencio y del cuerpo. Desde el año 2002, vive en Argelia. En este país había en el año 1903 un total de 17 colegios maristas que tuvieron que cerrar por la famosa ley francesa de aquel mismo año.

Después de un período de vacaciones en Cataluña, ¿qué le motiva a regresar a Mostaganem?
Ahora, aquí, me encuentro fuera de lugar. Una vez encarnado en el pueblo argelino, que se hace querer, quiero continuar mi labor de acogida de estudiantes subsaharianos y de trabajo en realidades de la diócesis de Orán. Vivo en Mostaganem, capital de una provincia agrícola, con unos 150.000 habitantes. Tiene puerto de mar y es una ciudad muy tradicional. La gente es muy sencilla y acogedora.

¿Cuál es la presencia cristiana en esta ciudad?
Los únicos cristianos somos los tres hermanos y una quincena de subsaharianos, que integramos una parroquia. No hay ningún sacerdote, pero un sacerdote de Orán viene dos veces por semana. Nosotros acudimos cada domingo a Orán, situada a 80 km, para encontrarnos y celebrar la fe con la comunidad diocesana. Tenemos libertad de culto pero no podemos invitar a nadie a que se haga cristiano.

¿Qué sentido le encuentra, entonces, a su presencia en este entorno?
La labor de la Iglesia en Argelia implica compartir la vida con los argelinos y argelinas, y trabajar de manera conjunta por su promoción humana y social. La Iglesia dispone de plataformas como bibliotecas, cursos de formación para la mujer y colaboraciones con asociaciones de discapacitados y y de actividades solidarias.

¿Cómo les consideran los habitantes musulmanes de Mostaganem?
Todos los habitantes de la ciudad son musulmanes. Es sorprendente que, cuando la mayoría aspira a ir a Europa,
nosotros decidimos vivir con ellos. Están contentos de nuestra presencia y nos los muestran a menudo de muchas maneras.

La fe cristiana, ¿les cuestiona de alguna manera?
Lo primero que les llama la atención es que seamos tres hombres, no casados, viviendo juntos y que hacemos las labores de la casa cuando esto es un trabajo de mujeres para su cultura. Nos preguntan si rezamos y cómo lo hacemos. El tema de Dios sale de manera natural en las conversaciones. El tema del perdón cristiano resulta incomprensible a su mentalidad, ya que, para ellos, nunca tiene que sustituir al castigo o a la venganza.

¿No hay ningún otro argelino católico?
En Mostaganem, ninguno. Una conversión al cristianismo provocaría un rechazo de todo su entorno familiar y social.

¿Cuál es su relación con las mujeres?
Tenemos que acatar las normas sociales del país. Por ejemplo, un hombre no
puede entrar en casa de un amigo si su mujer está sola. En grupo, no hay problema. En nuestra casa, han venido grupos de mujeres estudiantes para preguntarnos sobre el cristianismo o sobre lo que hacemos. Dialogar con una mujer a solas no está bien visto. Las chicas son como las de aquí, pero tienen pocas oportunidades para salir de casa, especialmente las casadas.

¿Hay alguna situación que les rebele o les indigne?
El país es muy rico a nivel macroeconómico, pero la mayor parte de las familias viven con mucha austeridad porque los sueldos son bajos y hay mucho paro. El mantenimiento de las cosas públicas, la limpieza de la ciudad, son aspectos mejorables.

¿Cómo ve la religión musulmana de su entorno?
La práctica es diversa, no es monolítica como se acostumbra a pensar desde Europa. La mayor parte vive un islam muy popular, sencillo y tradicional. Es verdad que hay algunos grupos más radicales pero son minoritarios. Existe también la práctica de las cofradías sufíes, a tener muy en cuenta. En este sentido, tenemos una estrecha relación con la cofradía, en árabe zawïa, que se basa en el diálogo, en la colaboración en acciones solidarias, en asistir a la oración.

Sí, pero en 1994 fue asesinado Henri Vergès, un hermano marista de Francia, por el hecho de ser religioso, tal y como aseguró quien le mató...
Es cierto. Además de a él, asesinaron a 18 religiosos y religiosas en todo el país. Fue una movida general que se llevó consigo también a personas de cultura, imanes... argelinos, sin ningún tipo de justificación. Durante esos años de terrorismo, el decenio de los noventa, la Iglesia hizo opción de
permanecer aquí y hacerse solidaria con el sufrimiento del pueblo argelino. Henri Vergès continuó trabajando en la biblioteca de la casba de Argel en la atención a los chicos y jóvenes del barrio antiguo, que no tenían lugar en casa para estudiar ni medios para comprar libros. Para nosotros, se ha convertido en un ejemplo y un testimonio de encarnación y de compromiso con el pueblo argelino.

¿En qué consiste la presencia marista?
Somos una comunidad de tres hermanos, dos catalanes y uno mexicano, responsables de la parroquia, es decir, del acompañamiento humano y espiritual de los jóvenes estudiantes subsaharianos. Otra labor es la colaboración con la diócesis de Orán, carente de mucho personal y con personas de avanzada edad. Personalmente, cada hermano intenta encontrar un trabajo para contribuir a los gastos comunes. En mi caso, doy clases de castellano en el Instituto Cervantes, que tiene una sede en Mostaganem. Es una manera de entrar en contacto con los argelinos. En casa, hemos empezado a dar repaso escolar y hemos iniciado unos cursos de introducción a la informática. Nuestro proyecto consiste en trabajar con los niños y jóvenes del barrio en el ámbito extraescolar y del tiempo libre. Para ello se necesita tiempo y hacerlo conjuntamente con jóvenes argelinos. El hecho de que nuestra comunidad esté formada por religiosos y extranjeros facilita que algunos argelinos vengan a nuestra casa para hablar de religión, de trabajo o de problemas personales.

¿En qué idioma hablan?
Fundamentalmente en francés con la gente mayor y en árabe argelino con los pequeños.

¿Es difícil aprender árabe?
Hace falta tiempo y paciencia, con la dificultad añadida de que la lengua hablada es diferente de la lengua oficial, que es el árabe clásico o literario. No sólo para nosotros, también para los argelinos. La educación primaria y secundaria se imparte en árabe, pero las carreras técnicas, como medicina, en francés.

¿No vive momentos de soledad? ¿Qué papel juega Dios en su vida?
En un ambiente como el descrito, la oración comunitaria y personal se convierte en un elemento imprescindible que da sentido a mi vida. Además, contribuye a ello la vida de fraternidad, sencilla y entusiasta. El discernimiento comunitario, realizado de forma continuada, me ayuda a superar las dificultades del día a día.

¿Cómo ve la situación de nuestro país, concretamente la presencia de musulmanes en Cataluña?
Es muy diferente la relación con los musulmanes en Argelia, donde se encuentran en su casa, que aquí en Cataluña, donde vienen en busca de oportunidades. Al estar fuera de su país, estrechan más los lazos de unión entre ellos para protegerse de un entorno que, según sus tradiciones, es hostil al Islam. Hay que acercarse a ellos sin complejos para favorecer su integración a partir del conocimiento mutuo entre personas del propio barrio y no con declaraciones gradilocuentes. Se puede observar que chicas que no llevan pañuelo en su país, cuando llegan aquí se lo tienen que poner por exigencia del imán o del entorno social. Un tema complejo.

Lleva cuatro años en Argelia. ¿Ha fijado fecha de regreso?
No. Una opción como ésta no tiene una fecha determinada. Me encuentro muy bien allí y espero quedarme muchos más años.

H. Lluís Serra i Llansana

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