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Boletín marista - Número 272

 

Religión y cultura en las escuelas católicas - Cardenal George Pell de Sydney
30/11/2006

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La conferencia anual de la Comisión de Educación Católica Australiana, que tuvo lugar el pasado septiembre, analizó el tema de las escuelas católicas en la Australia del siglo XXI cada vez más multicultural y multirreligiosa.
El Cardenal George Pell de Sydney ofreció una ponencia marco y propuso una serie de cuestiones a los educadores para que reflexionaran en torno a la religión y la cultura en las escuelas católicas. También lanzó el reto de establecer estrategias para hacer más accesibles los centros católicos a las familias de rentas más bajas.
Aunque el discurso del cardenal de Sydney se refería a la situación de Australia, pensamos que puede ser interesante para todos lo que trabajan en la educación católica de la juventud. Por lo tanto, reproducimos aquí la parte final de su reflexión.



“El profesor James Franklin de la Universidad de Nueva Gales del Sur ha publicado este año un libro excelente que se titula Valores católicos y realidades australianas.
El autor comienza su prólogo con estas palabras: “Los católicos australianos han tenido una imagen distintiva. Lealtades tribales irlandesas, políticas socialistas pero anticomunistas, infancias de culpa e incienso. Pero su distintivo tiene más aspectos. Su principal aportación al pensamiento australiano es la visión objetiva de la ética”.

El sentido de culpa estará siempre con nosotros, aunque sea irreconocible y emerja como un odio a sí mismo y a la sociedad. El incienso quemado también se sigue usando en los funerales católicos y en nuestras catedrales. Pero la visión objetiva de la ética ha desaparecido en las jóvenes generaciones católicas, así como las lealtades tribales irlandesas. Las cosas están cambiando.
Soy consciente de que este bosquejo del catolicismo en la cultura australiana que os he ofrecido requeriría otra segunda charla de igual duración para tratar de lo que se puede o se debe hacer. Felizmente para vosotros, esa charla no la voy a dar hoy.

No me he propuesto ser anodino y conformista con nuestras realidades como tampoco tengo intención de pasar por alto nuestros logros y nuestras notables fortalezas. Quiero mucho a las escuelas católicas como para hacerlo.

Durante cinco años he visitado más de 100 de las 163 escuelas que tenemos en la archidiócesis de Sydney. En su gran mayoría son lugares felices de aprendizaje, que sirven y satisfacen sus objetivos, generalmente con buenas instalaciones, en las que el gobierno federal coopera subvencionando el 50 por cien de los costes, y el gobierno de Nueva Gales del Sur cubre los intereses del dinero aportado por la comunidad local y la organización. No hay crisis de inquietud y baja moral en las escuelas católicas y los resultados de los exámenes reflejan la calidad de estos centros y el nivel socioeconómico de los alumnos, que suele ser mejor que el término medio nacional.

Me doy cuenta de que no estoy hablando a una parroquia local, sino a los gestores de la educación católica de toda Australia, que tienen que escuchar las buenas noticias junto con las menos buenas. Estamos viviendo un complejo y turbulento proceso de cambio. Mañana la generación del relevo será también diferente y tendrá sus propias particularidades como ha sucedido con todas las anteriores.
Es probable que los católicos quedemos reducidos a una cuarta parte de la población en una Australia cada vez más secularizada. Aunque nuestro Dios es un Dios de sorpresas, nosotros tenemos una capacidad limitada para transmitir nuestra tradición y preservar nuestra identidad. Tenemos que clarificar nuestros objetivos y aprender las lecciones de los errores cometidos.

Los secularistas pugnan por retirar la religión del dominio público y recluirla en el ámbito privado, donde las opciones religiosas individuales reflejan las preferencias personales sin relación con la verdad y los principios generales. Ellos ven la religión como una oferta más dentro del área del consumo.

Para nosotros, los católicos, la preocupación principal es la presentación de la persona de Jesús, con su llamada al arrepentimiento y a la fe. Nosotros nos abrazamos al cristianismo de la crucifixión que lleva a la resurrección y a la convicción de que todos estamos abocados a los cuatro novísimos de muerte, juicio, infierno y gloria. El catolicismo llama a la fe y la razón, al amor y la esperanza. Esto resulta hoy en día profundamente contracultural.

La decisión de creer en Cristo es misteriosa e individual. Pero las escuelas pueden impartir los conocimientos, educar en el pensamiento claro, la búsqueda constructiva y la sed de respuestas. Tenemos que inculcar el respeto a la razón y a la tradición, así como la llamada a la fe, la esperanza y el amor.

Ésta es una gran tarea, pero tratar de llevarla adelante es una maravillosa vocación. La catequesis y la evangelización, especialmente en nuestro retador entorno, no son solamente un deber sino una aventura y un desafío, ciertamente una gran obra del Espíritu Santo.
Yo os doy las gracias por lo que hacéis y os animo a continuar en ese camino con toda la sabiduría y perseverancia posible.

Termino con algunas preguntas que pueden serviros de ayuda en vuestras reflexiones y debates.
1. ¿Mantienen hoy las escuelas católicas su capacidad de fortalecer la fe y mejorar las costumbres de sus alumnos, como lo han hecho en el pasado?
2. ¿Se transmite la doctrina católica a los alumnos de manera secuencial y comprehensiva durante los 13 años que permanecen en el colegio? ¿Conocen los alumnos las 4 ó 5 verdades fundamentales de nuestra fe? ¿Cómo se utilizan los textos de religión?
3. ¿Qué estrategias pueden contribuir a reducir o eliminar el relativismo moral reinante? ¿Cómo se pueden defender las verdades católicas sobre la vida, el matrimonio, la familia y la justicia social?
4. ¿Qué estrategias se pueden adoptar para fortalecer la fe cristiana y quizá ganar las almas entre ese 23 por ciento de no católicos que tenemos en nuestras escuelas?
5. ¿Qué estrategias contribuirían a hacer las escuelas católicas más accesibles para las familias de rentas bajas? ¿Deben los colegios de “élite” ofrecer más becas para los desfavorecidos?
6. ¿Es preocupante que sólo haya unos pocos colegios católicos en las listas de los mejores centros académicos?
7. ¿Hay suficiente diversidad entre las escuelas católicas?
8. ¿Hay que hacer más en favor de la educación religiosa de los católicos en los centros estatales?
9. ¿Qué debemos hacer para preparar la siguiente generación de líderes que dirijan las escuelas católicas?
10. ¿Cómo podemos atraer a los ex-alumnos comprometidos de las escuelas católicas a la profesión docente?

Las palabras del Papa Juan Pablo II en su mensaje de apertura del tercer milenio cristiano pueden servirnos de colofón: “¡Navega mar adentro! Estas palabras siguen resonando para nosotros también hoy, y nos invitan a recordar el pasado con gratitud, vivir el presente con entusiasmo y mirar al futuro con confianza: ‘Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por siempre ‘(Hb 13:8)”.
Amén a todo ello.”



Se puede leer el discurso entero (inglés)

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