Inicio > Biblioteca > Boletín marista > Número 299 (14/06/2007)

 

 


Para recibir noticias sobre el Capítulo en su correo, haga clic aquí y rellene el formulario

 


 



 


Emili Turú - La Valla: casa de la luz

Emili Turú
Superior general



 

FMSI

Conectarse

Hermanos maristas

RSS YouTube FaceBook Twitter

 

Foto de hoy

Australia: Día de Reflexión de Laicos Maristas - Sídney

Hermanos maristas - Archivo de fotos

Archivo de fotos

 

Últimas novedades

Archivo de novedades

 

Calendario marista

23 octubre

Santos:Juan de Capistrano, Servando

Calendario marista - octubre

Boletín marista - Número 299

 

Entrevista al arquitecto Joan Puig-Pey autor del “Plan Director para el Hermitage”
14/06/2007

Bajar WORD

El 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor en el templo y la purificación de María, popularmente conocida como “la candelaria”, estuvieron presentes en Roma los arquitectos autores del Plan Director para la remodelación de l’Hermitage, Joan Puig-Pey y Jaume Pujol, junto con Elsa Pereira, arquitecta portuguesa colaboradora. Su finalidad fue presentar al Consejo General la propuesta de actuación arquitectónica que han elaborado en su estudio de Barcelona. Tanto Joan como Jaume son antiguos alumnos de los colegios maristas de Barcelona. Se conocen desde la escuela y comparten estudio y trabajo desde 1983.
Después de su presentación al Consejo General, los tres arquitectos, accediendo a las solicitudes de los hermanos de la comunidad de la Administración general, se prestaron amablemente para exponer de nuevo los resultados de sus estudios y propuestas.
Despertó gran interés la maqueta en la que se concretan las grandes líneas de lo que convendría hacer en la finca y en las construcciones adyacentes a la casa construida por Champagnat para convertirla en un santuario marista. La visualización a través de la maqueta se concretó con proyecciones de planos que delimitan espacios y funciones de la casa. Al concluir esta presentación pudimos mantener con él la siguiente conversación.



AMEstaún. ¿Quién es Joan Puig-Pey?
JPP.
Un catalán del mundo. 50 años. Arquitecto desde 1983. Casado con Dolors. Tres hijas y un hijo. Vital e inquieto. Maratoniano en activo. ¿Dios? La compasión y la misericordia encarnan el rostro de mi Dios. Como Elías, lo intuyo en la brisa suave, más que en el huracán. Vivo y celebro esta experiencia en pequeña comunidad. He conocido a Champagnat por su obra y por hermanos maristas de carne y hueso con los que he compartido mucha vida. Busco la belleza en lo oculto, en el alma de las personas y de las pequeñas cosas. Sin embargo, una buena fachada resulta imprescindible, ¡y muy agradable! Estoy enamorado de mi profesión. Sirvo con ella a la sociedad. Las pasadas navidades unos clientes-amigos me escribieron en un punto de libro: “Gracias porque con tu trabajo y dedicación has cambiado nuestras vidas”.

Nos acabas de presentar el “Plan director” de la actuación que el Consejo general y la Provincia l’Hermitage se proponen realizar en la finca y casa donde reposan los restos de san Marcelino. ¡Habéis recorrido una buena maratón hasta llegar a concretar este Plan director!
¡Ya lo creo! Estoy trabajando en él desde 2004. Todo empezó a raíz de la fusión de la antigua Provincia de Catalunya con las dos de Francia, que dio como resultado la actual Provincia l’Hermitage. El primer Consejo empezó a vislumbrar una actuación global en los lugares maristas de origen: Notre Dame de l’Hermitage, La Vallà, Le Rozey-Marles y Maissonettes. Me llamaron a consultas. Y me enganché. En verano de 2005 se entregó un borrador. El Plan director presentado ahora corresponde al primero de los lugares, Notre Dame de l’Hermitage.

¿Qué es un plan director, para un arquitecto?
Te digo la teoría: Es un instrumento básico para ordenar y planificar. Se concreta en un documento. En nuestro caso un denso expediente que se circunscribe a un fragmento de territorio del municipio Saint Chamond, en el límite del Parc Naturel du Pilat, y al conjunto de edificios que hay en él: Notre Dame de l’Hermitage. Su proceso de elaboración es riguroso: estudiar preexistencias; ordenar ideas; establecer criterios y líneas maestras de actuación, de acuerdo con un programa de necesidades; establecer un calendario preciso y dar un presupuesto aproximado. Un buen Plan Director, optimiza muchos recursos. Para un arquitecto es un instrumento imprescindible para el tipo de actuación que se pretende en l’Hermitage.

¿Cuáles son las características de este Plan Director del Hermitage?
Las características se trabajaron conjuntamente con una Comisión Internacional de hermanos creada a tal efecto en el periodo 2003-2005. Una vez la Comisión definió el programa (le cahier de charges) , el Plan estableció siete objetivos:
Primero: Reencontrar la memoria histórica del lugar. Segundo: Ordenar las funciones de acuerdo a las necesidades de la comunidad residente; a las del huésped; y a las del visitante de un día. Tercero: Disponer para la comunidad zonas de intimidad, tranquilas y bien orientadas. Cuarto: Convertir el “itinerario Champagnat” (primer piso del edificio histórico) en un espacio de alta calidad espiritual. Quinto: Racionalizar las circulaciones interiores por los edificios y suprimir barreras arquitectónicas. Sexto: Centralizar los servicios e infraestructuras (cocina, almacenes, calderas, lavandería, talleres,…). Séptimo: Estabilizar forjados y muros, y dotar al conjunto de un grado de confort adecuado a nuestros tiempos y sensibilidad, dentro de una línea estética de elegancia y sobriedad.
El Plan determina unos criterios a seguir, a nivel de anteproyecto. Criterios funcionales, de seguridad, estéticos y de racionalidad económica en el diseño de soluciones y elección de materiales. Ciertamente un cóctel de proyectos complejo de elaborar, que requiere mucho trabajo.

¿Y qué perspectivas se entrevén para la realización de estos posibles proyectos?
¡Perspectivas abiertas y muy luminosas! Veo la voluntad firme de llevarlos adelante. Además, por lo que conozco, esta reforma se inserta en un proyecto de futuro para el Instituto mucho más importante y ambicioso, el Projet Hermitage. Como laico marista me siento muy ilusionado de participar en él. Un proyecto que permitirá en la casa madre una experiencia de vida comunitaria nueva en nuestra Provincia. Pero como profesional y técnico, veo también un futuro luminoso, pues si bien siento la enorme responsabilidad de un gran proyecto arquitectónico, constato la alegría y empuje que embarga a todos los que nos encontramos metidos en él.

¿Cuándo empezarán su elaboración?
Ya nos hemos puesto en marcha. Se ha dividido el conjunto en 4 proyectos independientes, pero complementarios: El Edificio Principal o Histórico, construido en parte por el propio Champagnat, cuyo origen es de 1825. “Le Rocher”, antiguo escolasticado, de 1898. El conjunto ecléctico de edificaciones de “Le Cèdre”, del siglo XIX y XX. Y los espacios exteriores.
O sea, que ¡estamos trabajando!

¿En Barcelona?
En nuestro estudio de Barcelona, un equipo desarrolla los proyectos básicos (projet permis de construire). En paralelo he formado otro equipo, técnico, totalmente francés, con arquitectos, ingenieros y economistas (el equivalente a nuestro aparejador), técnicos de organización y construcción; de seguridad y salud; y de control, con Bureau Veritas. Un amplio equipo, de acuerdo con la legislación francesa. Técnicos independientes, la mayoría de Lyon, de los cuales yo seré el cabeza visible. He asumido, con respeto pero con profunda alegría, que durante unos años viajaré con frecuencia, pues mi vida estará repartida entre las dos capitales.

En la presentación del Plan director te hemos escuchado que destacas una serie de valores que como arquitecto te llaman la atención en esa casa, en esa finca y en su entorno. ¿Puedes significarnos estos valores?
Como arquitecto lo primero que debo reconocer es que l’Hermitage, para mi cliente, tiene el valor especial por ser el punto de partida de su fundación, su cuna. Forma parte de su patrimonio material y espiritual. Para entender a mi cliente debo descubrir qué tiene de especial el sitio, la finca.
En segundo lugar, ya en términos tangibles, destaco su emplazamiento aislado, en medio de un entorno contenido de escala muy humana, con elementos de alto valor natural y paisajístico.
En tercer lugar observo que los edificios más antiguos, presentan una composición arquitectónica muy elemental. Además sus volúmenes, de relativa entidad, se colocan excéntricos en relación al pequeño valle, junto a la orilla derecha del cauce del río Gier. Esta disposición asimétrica da dinamismo y ligereza al conjunto, pues lo aleja de los cánones clásicos de ordenación. El hecho de no obedecer a ningún orden interno de composición, le resta armonía, pero también impide la rigidez que imprimen los ejes de simetría, las jerarquías de relación, y las proporciones académicas entre hueco y macizo. A la hora de mi intervención tengo mucha más libertad para hacer y deshacer, abrir y cerrar. Puedo “transgredir” y acercarme fácilmente a los postulados de composición, por ejemplo, de la pintura cubista de los primeros años del siglo XX. Sobre todo cuando toque las fachadas del edificio histórico. Dependerá hasta donde suba el listón de la modernidad.
Le Rocher, en cambio, es más académico. Todo ello se observa muy bien desde el fondo del campo de fútbol, en el camino junto al río.
En cuarto lugar, me llama la atención la topografía trabajada y manipulada, con los edificios maclados con la Roca esculpida, emergiendo del suelo como gigantescos cristales minerales.
Destaco también, en resonancia con el film sobre la Gran Chartreusse “El Gran Silencio”, la quietud de la noche, rota sólo por el murmullo del agua…
Todo me va llevando, poco a poco, a descubrir una identidad. Una arquitectura-única-para-un-lugar-único.

¡Un Hermitage ideal!
En absoluto. ¡Un Hermitage muy real! Pero enmascarado. Si recupero ciertas imágenes potentes del conjunto de finales del XIX, depurando añadidos superfluos y acentuando contrastes, voy a facilitar un encuentro.

¿Con qué, con quién?
El hermano Seán, Superior General, no se cansa de repetir: “We have to reclaim the spirit of the Hermitage” (tenemos que apropiarnos, reencontrar, el espíritu del Hermitage). Para mí, arquitecto, ¡esto es una petición metafísica! Pero asumo el reto: en la memoria del Plan Director señalo, en su anexo de contenido ideológico, que quien entra hoy en este entorno con cierta sensibilidad, puede encontrar al primer arquitecto del Hermitage, Marcelino. Pero hoy se precisa mucha sensibilidad y vista. Es difícil de percibir, porque la historia y el uso han ocultado y transformado mucho este hecho. Todo el equipo trabaja para que en ese lugar se pueda re-descubrir el Edificio, y con él a su Autor. ¡La obra de sus manos, de su coraje, de una visión, de una locura, de su espíritu. Ver la piedra cortada, manufacturada y convertida en edificio, donde luego se “vivieron” los primeros pasos, los primeros consejos, donde vivió y murió el propio Marcelino. Esta es mi respuesta al hermano Seán: “Hermano, hoy hay Vida: Sentirse acogido, “habitar” en el Hermitage, será encontrarse con la Vida, con el propio Marcelino”. Conviene que esto quede muy claro: No voy a hacer una arquitectura de cartrón-piedra, bonita pero vacía, sin espíritu. Ni un museo. En pleno siglo XXI, si llevas a Marcelino dentro de tu corazón, lo encontrarás en SU casa. Yo, simplemente, voy a ayudaros poniendo los medios…

¿Desde el punto de vista paisajístico, ecológico, qué destacarías en el Hermitage?
Lo apuntaba un poco. El Hermitage por su situación en el fondo de un pequeño valle, no destaca especialmente, ni por sus vistas ni perspectivas abiertas. Esto que es un handicap desde el punto de vista comercial, en nuestro caso es un valor añadido. Nuestra sociedad es hoy muy sensible a la naturaleza. Aquí hay un río de agua corriente en medio de la finca; frentes de cantera; todavía, un huerto en funcionamiento; el bosque al alcance de la mano; ausencia de bullicio... Mensajes sin palabras que, por contraste a los que venimos de la ciudad, nos llama la atención. Cuando entras en el ámbito del Hermitage descubres el jardín perdido.

¿Cómo se encuentra un arquitecto cuando entra en el Hermitage?
Distingo entre lugar y casa. Del lugar ya he hablado. En cuanto a la casa entrar en ella produce una sensación de caos. Es muy confusa. Hay una razón: El Hermitage es un conjunto de edificaciones que ha ido creciendo y adaptándose, sin ningún criterio global, a las necesidades que iban surgiendo. ¿Necesitamos habitaciones? Construimos habitaciones. ¿Necesitamos una capilla? Construimos una capilla. ¿Una cocina? Pues venga, tiramos una y hacemos otra, y así sucesivamente, creciendo y modificando según el espacio que se disponía. Sin una visión de conjunto, el resultado es difícil de entender. Aparecen barreras arquitectónicas, escalones por todas partes porque los niveles no coinciden. Hay escaleras que se quedan a mitad de trayecto. ¿Porqué no continúa hasta la planta baja, uno se pregunta? En medio de todo ello, sin embargo, uno descubre piedra y una arquitectura de madera, medio oculta. Me digo: Aquí está lo genuino, un valor estético a resaltar si es posible.

¡Ya salió la estética! ¿Cómo vibra la sensibilidad estética en un contexto histórico?
Para mí, la lectura de la historia escrita en las piedras, en la madera, genera en el hombre una profunda emoción, pues entra en resonancia con su propia historia y su cultura. Lo dije hace mucho tiempo, en Les Avellanes: No son las piedras las que hablan, es el corazón el que habla. Son mis ojos los que escriben la historia. Por eso conviene ser consciente que una piedra vieja o un edificio llamado histórico en sí mismos no tienen ningún valor. Mi sensibilidad en un “contexto histórico”, ante un objeto, por sencillo que sea, vibra cuando puedo reconocer en ellos la huella de la inteligencia y de la expresión artística de quien lo trabajó. En ellos me descubro a mi mismo.

¿En el caso concreto del Hermitage, cómo vibra tu sensibilidad?
La sensibilidad vibra ante la belleza. Un objeto, por simple que sea, que sólo tiene lo que precisa para cumplir su función, es bello. Mira, por ejemplo, la escalera de piedra junto a la Gran Chapelle. ¡Que belleza! Y no tiene nada! Solo unos toscos escalones de piedra tallada… Esta escalera es de 1835, o sea que se hizo en vida de Marcelino! Cuando él y sus colaboradores iniciaron las construcciones que hoy todavía podemos ver, no buscaban concesiones estéticas. Solucionaban problemas funcionales con los medios de la época y con los escasos recursos económicos que disponían, sin valores añadidos de ornamentación ni decorativos. Construcción funcional cien por cien. ¡Postulados que revindicarán las vanguardias arquitectónicas del movimiento moderno en la Europa de los años 30 del siglo XX, imagínate!.
Eran prácticos. Si en el bosque había árboles de ocho metros de altura, pues se talan y se construyen vigas de ocho metros. Y el edificio no será más ancho y en este espacio se distribuirá una sala, un pasillo y habitaciones, etc...
El reto para nosotros los técnicos de hoy al emprender un trabajo de rehabilitación y restauración en estos contextos, es resolver con sensibilidad las nuevas necesidades, con los materiales y la técnica de hoy, sin traicionar su identidad. Algunos admitirán la reconversión; otros no y se tendrán que derribar.

¿Por ejemplo?
Uno: en el Hermitage es un clamor general, el disgusto que producen las fachadas del edifico histórico, su textura áspera, su color gris. Pero, sin embargo, en su momento esto fue la mejor solución. Hoy no sirve. Sin embargo, a su lado tenemos un elegante y estilizado edificio “Le Rocher”. Es preciso actuar buscando una unidad, armonía visual, de textura y cromática.
Dos: El conjunto de pequeños edificios de “Le Cedre” no ayudan en nada a la comprensión del conjunto. Mi sensibilidad me permite intuir que el realzar los dos edificios históricos, implica la transformación radical de estos pequeños edificios de “Le Cedre”.
Tres: El patio central. Hoy es un espacio sórdido del que te escapas enseguida. Mi propuesta es cubrirlo a una altura considerable, con un techo resistente pero que permita el paso modulado de la luz natural. Un espacio que mi sensibilidad indica que puede adquirir una alta calidad arquitectónica.
Cuatro: Los espacios conocidos como la “habitación del Padre Champagnat”. Remodelados no hace muchos años, es una zona que hoy disgusta a casi todos. Un punto a pensar, dialogar y trabajar en profundidad.
Quinto: La columna de toilettes, en plena fachada principal. Hoy fuera de uso. Sin comentarios.
Hay muchos más…

¿Y qué piensa ofrecer el arquitecto Puig-Pey a los maristas del futuro que vendrán al Hermitage?
Te voy a declarar mis intenciones, dentro de un tiempo ya te podré enseñar planos concretos. Voy a movilizar lo mejor de mi mismo para proyectar su casa, de modo que encuentren SU lugar. Una casa que satisfaga sus necesidades físicas, intelectuales y espirituales ¿Cómo hacerlo? Poniendo en el empeño mi saber hacer de arquitecto, todo mi arte, y complicidad con todos mis colaboradores. ¿Método? Escuchar y comprender necesidades. Luego, diseñar. Después, en fase de obra, dirigir con humanidad y firmeza, aspectos bien compatibles. Y sobre todo, si es posible, contagiar mi entusiasmo a mis colaboradores, para que todos descubramos lo esencial de la casa. “Aquello que solo se ve con los ojos del corazón.”

¿Marcelino Champagnat sería un buen cliente para un arquitecto?
Seria un cliente difícil, exigente. Me acotaría perfectamente el trabajo y me pediría un alto grado de compromiso. Pero a la vez sería muy comprensivo.

Desde el punto de vista espiritual, él que decía que “si el Señor no construye la casa en vano se afanan los constructores”...
¡Por eso, en efecto! El salmo 127...

¡Lo recuerdas muy bien!
Sí, sí. Este salmo lo tengo en mí estudio: Si el Señor no construye la casa en vano se afanan los arquitectos. Lo tengo como referencia: En momentos de duda, que los hay y muchos, en momentos de incertidumbre, estas palabras me invitan a levantar los ojos y tener la confianza de que no estoy solo, que hay alguien más. Poder hacer este gesto de humildad, me humaniza. El arquitecto está siempre tentado de endiosarse. Y ¿sabes que descubro? ¿Quién es este Señor? ¡Mi equipo, mis colaboradores! Una obra arquitectónica lleva mi impronta personal, pero es trabajo de equipo. En este sentido es como yo interpreto las palabras si el Señor no construye la casa: tu comentario, tu apreciación, tu talento, esta contrariedad expresada, tu aliento y calor humano…; construir una casa es una obra conjunta. Creo que Champagnat lo tenía clarísimo. Por eso cada mañana, en la obra, empezaban el trabajo recitándolo. ¡Elemental!

Joan, te deseamos que Marcelino siga haciendo un buen equipo contigo y con tus colaboradores para que un día nos podáis ofrecer un Hermitage – santuario en el que la arquitectura esté al servicio de la espiritualidad marista. Muchas gracias por tu aporte y por tus respuestas.

4466 visitas