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Emili Turú - La Valla: casa de la luz

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Boletín marista - Número 307

 

Asamblea Internacional de la Misión Marista - Fase final
06/09/2007

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AMEstaún

Todos los caminos de la Congregación se dirigen hacia Mendes
Desde enero de 2006 en que se inició la fase local de preparación de la Asamblea internacional de misión marista, más de 1.000 grupos locales de hermanos y laicos, sumando un total de más de 20.000 participantes, han recorrido juntos un largo camino institucional que hoy tiene como meta Mendes (Brasil). Todo está preparado ya en Mendes para recibir a un centenar largo de participantes en esta Asamblea internacional que se celebrará del 3 al 12 de septiembre de 2007.
El acontecimiento es una novedad en la historia de la Congregación. Por primera vez se reúnen hermano y laicos en pie de igualdad para compartir las experiencias que han vivido en el ejercicio de la misión como hermanos o como laicos maristas. En varias ocasiones habían participado los laicos en los Capítulos generales maristas, pero únicamente como invitados, porque la estructura canónica del Capítulo general únicamente prevé la participación de los hermanos como miembros de derecho con voz y voto. El XX capítulo general pidió al Consejo general que «Cree las estructuras que considere necesarias para asegurar, en el Instituto y como apoyo a la misión compartida entre hermanos y laicos y al servicio educativo evangelizador a los niños y jóvenes más pobres y excluidos... la puesta en marcha de algún foro internacional de misión marista» (Optamos por la vida 48.6). Esta Asamblea internacional de misión marista es un nuevo espacio, creado por el Consejo general marista, en respuesta a la solicitud del Capítulo general, para dar cabida a los numerosos laicos que colaboran con los hermanos en todas las obras del mundo a través de un significado grupo de representantes.
La Asamblea quiere ser ocasión de compartir la vida de los participantes y celebrar juntos la llamada de Dios a la Misión Marista. No tiene como objetivo la elaboración de un documento, aunque no se descarta que elabore algún tipo de mensaje o presente algunas conclusiones al próximo Capítulo general.
Se espera que la Asamblea sea una oportunidad propicia para presentar experiencias significativas de misión marista, compartir convicciones, orar juntos y realizar procesos de discernimiento en común aprovechando la riqueza de la variedad geográfica, cultural y de campo de procedencia.
La preparación de esta Asamblea internacional se ha desarrollado a través de un proceso de etapas locales, provinciales y regionales. El calendario concreto de las etapas local y provincial lo ha ido fijando cada provincia, de acuerdo a sus propias posibilidades y necesidades. Además de las Asambleas locales y provinciales, se han celebrado también 3 Asambleas regionales: una en Europa, otra en Brasil y otra en Oceanía.

Una vieja hacienda al servicio de la formación marista
Desde 1903 la casa marista de Mendes, enclavada en medio de una extensa propiedad, ha servido como lugar de formación marista. Ha albergado juniores, postulantes, novicios y escolásticos durante décadas. Fue también durante unos pocos años la casa que acogía a los hermanos ancianos. En las últimas décadas se ha acomodado para retiros, convivencias y encuentros. Algo tiene ese lugar que desde el primer momento cautivó al hermano Adorátor, según cuenta en su libro “Vinte anos de Brasil”, donde recoge sus memorias de los primeros veinte años de la fundación marista en ese país. Esa obra está llena de anécdotas contadas con una literatura elegante y atrayente. Hoy, que esa casa acoge un acontecimiento de gran importancia para el futuro marista en el mundo puede resultar estimulante recordar lo que fueron los primeros años en Mendes, calcados del espíritu de la La Valla y l’Hermitage.
“Todos los hermanos que vivieron el primer año en Mendes no lo olvidarán nunca. Ese año primero nos dejó muchos recuerdos y nos gusta rememorarlos. Nos faltaban muchas cosas que, en condiciones ordinarias de vida, parecen indispensables. Pero no sufríamos por su carencia o muy poco. En Mendes, en los meses de junio, julio y agosto hay días fríos y las noches lo son más. El termómetro llega a marcar algunos grados bajo cero. Para los brasileños es frío intenso. En la ciudad de Río la mínima es de 14 grados. Para soportar esa temperatura, las señoras se cubren de pieles y los hombres de capotes.
Estas explicaciones ayudan a comprender la necesidad que teníamos de mantas. Recordemos que los hermanos tenían apenas una toalla doblada para preservarse del frío y un mal colchón de hierba seca apoyado sobre travesaños de hierro.
Los novatos encontraban en todo esto muy duro. Fue necesario pasar así casi un mes. El 10 de julio pude distribuir a los hermanos treinta mantas. Para todos fue una gran alegría; éste es el motivo por el que recuerdo aquella fecha. En cuestión de alimentación funcionábamos con lo estrictamente necesario: arroz, frejoles, un poco de carne y una naranja. El pan era muy caro: a un franco el kilo.
Economizábamos todo lo que podíamos. Como bebida podemos decir que a penas bebíamos agua clara: muchas veces venía turbia, a causa de los animales o por las lluvias. En la pobreza de nuestro régimen no perdíamos el buen humor.
Cuando leíamos en la vida de algunos santos que no bebían vino y a penas agua fresca, no podíamos dejar de reír. Nos parecía que eso no era gran ejemplo de mortificación. En el recreo siguiente, no faltaban las reflexiones sobre nuestros progresos en santidad. ¡Cuantas risas no repetirán los ecos de la Hacienda! El café era nuestro lujo. Había buena provisión. El administrador tenía recogido maíz, arroz, café. Tenía hermosa piara de puercos, ovejas y gallinas. Al comprar la hacienda por cuarenta “cuentas” (dinero de la época), aumentamos cuatro cuentas más para adquirir también todo lo que pudiera tener, incluidas las legumbres y la huerta.
Bien o mal instalados, nos pusimos a trabajar. Trabajo manual, trabajo intelectual, arremetíamos con todo. Tratábase de afrontar el portugués y la vegetación gigantesca que tenía invadida la Hacienda. No había ni frutales, ni tierra cultivada, ni prados. Parte de la casa fue transformada en granero, establo y depósito de todo tipo, pues era necesario colocarlo todo en buen estado. Divididos en equipos, fue posible ejecutar todo tipo de trabajo”.

Ir. Adorátor Vinte anos de Brasil p.206 – 207

Hermanos y laicos juntos
Al acercarse la celebración de la Asamblea me imagino que, quién más quién menos, se habrá creado sus expectativas o habrá realizado algunas reflexiones sobre la misma. Mi reflexión personal ha deambulado, con diversa intensidad, sobre varios temas que el acontecimiento suscita buscando destacar aquello que pudiera suscitar mayor interés desde el punto de vista informativo. Pero, por otro lado, me ha nacido el temor a irrumpir en un terreno en cultivo y pretender coger frutos que todavía no han madurado. No obstante puedo adelantar algunas apreciaciones personales sobre esta gran reunión mundial marista.
Una primera idea que ha acudido a mi mente es la de que todos los participantes en la Asamblea lo hacen en pie de igualdad. Es un dato muy positivo y muy interesante. El Consejo general ha decidido crear este espacio de encuentro internacional en el que todos, hermanos y laicos, laicos y hermanos, van a tener voz y voto en los temas que traten. Tal vez para muchos este dato sea un dato significativo a destacar en esta realización. Yo no dudo de que tenga gran importancia. No obstante esta circunstancia no pasa de reducirse a una pura legalidad de un modo de reglamentarse las relaciones y los trabajos que realizarán los participantes. En cambio, me parece más importante destacar que, el primer principio que ha movido la convocación de esta Asamblea es el hecho de que, laicos y hermanos, como miembros de la misma Iglesia, se sienten juntos, por primera vez a este nivel, a reflexionar sobre cómo responder a los retos que plantea la misión marista hoy.
La fidelidad al compromiso del bautismo es una responsabilidad fundamental de todo cristiano. Hermanos y laicos comparten la vocación cristiana. El bautismo y la confirmación han sido los gestos comunes que han concretado la opción por Jesucristo y su Iglesia para siempre. Afirmar que hermanos y lacios se reúnen en pie de igualdad pone de manifiesto la maduración de unos procesos de vida eclesial muy significativos. La adhesión a Jesucristo y la entrega a su Iglesia son los gestos sacramentales con los que se adquieren los derechos y las obligaciones fundamentales con las que los participantes en esta Asamblea ponen sus ideas y sus experiencias en común. Creo que esta sí que es una noticia importante que refleja la vitalidad del carisma marista en el mundo de hoy. Por eso la expectativa que se suscita en mí es eminentemente eclesial.

Hermanos y laicos ante la misión marista hoy
Un dato significativo de esta Asamblea es la dignificación de la vocación del laico y del hermano. Solamente por el hecho de participar y participar de la forma intensa y amplia en que se ha hecho nos indica que vivimos dentro de una Iglesia que ha avanzado mucho en este camino. Leo en el primer tomo de “Storia del concilio Vaticano II”, dirigida por Giuseppe Alberigo (p.188) que en la preparación del Concilio solamente participó un laico en la comisión para los estudios y los seminarios; a pesar de los esfuerzos del presidente y del secretario de la comisión no se nombró ningún laico, ni siquiera para participar en la comisión sobre el apostolado de los laicos. Han pasado más de cuarenta años. Seguramente muchos de los participantes en la Asamblea llegaban a este mundo y empezaban a tomar conciencia de lo que ocurría a su alrededor en los años en que sucedían estos acontecimientos. La Iglesia que vivimos hoy es, en gran parte, la que suscitó el encuentro de los padres conciliares durante el Vaticano II.
En numeroso escritos que se han publicado antes de este encuentro, algunos de ellos en esta web, hay decenas de “historias de vida” de laicos que han compartido su camino interior marista. No hubiera estado por demás añadir algunas decenas de “experiencias de vida” de hermanos para compartir sus vivencias junto a los laicos a lo largo y lo profundo de su vida marista. En muchas de esas “historias de vida” que se han dado a conocer se puede observar el camino eclesial que han recorrido los protagonistas junto al carisma marista compartido con muchos hermanos. Vivimos una hermosa realidad de Iglesia. La Asamblea es una bella celebración de este acontecer callado vivido durante tantos años.
Ha sido un gran acierto introducir la misión marista dentro del corazón, porque es ahí donde se fraguan las fidelidades al carisma. Al compartir junto en la Asamblea, hermano y laicos, se pone de manifiesto, una vez más la trascendencia de la vocación del hermano y del laicos al servicio del carisma marista.

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