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Boletín marista - Número 309

 

Año de espiritualidad - Agua de la Roca
27/09/2007

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Desde el 7 de octubre de 2007 a octubre de 2008 viviremos un año de “espiritualidad marista”.

¿De qué se trata?

Responderé citando los objetivos que nos han movido a organizarlo:

* Profundizar en la espiritualidad marista que es mariana y apostólica
* Vivir la espiritualidad marista de manera más vibrante y hacerla más conocida y amada.
* Dar continuidad a la primera llamada del 20º Capítulo general que pedía a los hermanos y a los maristas en general que centraran sus vidas en Jesucristo.
* Crear procesos de formación espiritual que puedan continuar más allá del año 2008.
* Proporcionar una estructura que facilite el conocimiento del documento Agua de la Roca y su difusión efectiva en el Instituto.

Es un programa en cinco puntos que constituirá una llamada constante a volvernos más hombre y mujeres de Dios, en sintonía con la Espiritualidad marista que brota de la tradición de Marcelino Champagnat (subtítulo de Agua de la roca).

Empezando por el final, debemos dar a conocer el documento Agua de la roca, sobre todo desde una dimensión de experiencia. “Conocer para amar”, dice un viejo aforismo teológico. Lo contrario también es cierto: “Amar para conocer”. Tenemos delante un desafío exigente. No se trata de leer el documento y relegarlo luego a la biblioteca, sino de adquirir un conocimiento amoroso que nos lleve luego a difundirlo en el mundo marista. En el fondo es vivir esa espiritualidad y testimoniarla en torno nuestro. Sólo así será fecundo el carisma marista.

Subiendo en la escala, el cuarto objetivo habla de procesos de formación espiritual que continúen más allá del año 2008. Hacemos una llamada a la iniciativa, a recoger sugerencias, imaginar dinámicas y adaptar esquemas, sin esperar a que todo nos venga hecho y dado. En la página web oficial habrá un espacio dedicado a compartir con los demás toda esa riqueza.

Con ello se pretende revitalizar aquella “vieja” llamada del 20º Capítulo general que nos invitaba a centrar nuestras vidas en Jesucristo. A “cristificarnos” como decían los antiguos padres de la Iglesia. Suena un poco anacrónico, pero es plenamente vigente. San Pablo hablaba de vivir “en Cristo”. No es un objetivo fácil. En síntesis, ésa es la invitación del evangelio: Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (cf Mt 5, 48).

Vamos hacia el segundo objetivo: vivir la espiritualidad marista de manera más vibrante y hacerla más conocida y amada. Si nos identificamos con ella, si nos entusiasmamos con ella, seremos también buenos comunicadores de ella. Con el peso de los años, puede que no sea fácil conservar la alegría y entusiasmo de los primeros tiempos. Quizá este Año de espiritualidad nos ayude a renovarnos en el primer amor al carisma que Marcelino trajo a la Iglesia. Puede ser una excelente ocasión para entrar, como Israel, de nuevo en la intimidad de Dios (cf Os 2, 16-17) y ser luego “luz de las naciones” (cf Is 49, 6).

Eso nos lleva al principio. Solo podremos comunicar con credibilidad si profundizamos en la espiritualidad marista que es mariana e apostólica. “Nadie da lo que no tiene”. Del mismo modo podemos decir que ninguno testimonia lo que no vive. El Año de espiritualidad es una llamada a la coherencia. No podemos ser maristas, hermanos y laicos, sólo de nombre. Tenemos que renovarnos en ese “ser maristas”, a imagen de Marcelino. San Pablo hablaba de pasar del “hombre viejo” al “hombre nuevo” (cf Col 3, 5-17). El documento Agua de la roca nos invita a beber de las fuentes, saciar nuestra sed y pasar esa agua a los demás, con el entusiasmo de quien no puede reservarse esa riqueza para sí solo. Es lo mismo que hizo María.

H. Teófilo Minga
Secretario de la Comisión de Vida Religiosa.

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